Las «Fake News» y la extrema derecha (I)

El término “bulo” o “fake news” se ha puesto de moda desde hace pocos años como sinónimo de noticia falsa. Ha cobrado especial fuerza con la irrupción de la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2, aunque también como parte de diversas campañas de desprestigio político, generando toda una guerra de información que está provocando desconfianza e incertidumbre. De hecho, fue elegida palabra del año en 2017.

¿Qué significa “fake news”?

La definición del término no es una cuestión baladí. El debate sobre la supuesta imparcialidad del periodismo y de los medios de comunicación es y ha sido continuo a lo largo del tiempo. Más aún desde que se masificaron gracias a los avances tecnológicos en distintos puntos de su desarrollo. Se podría decir que la mayoría asume que cada periódico, radio, cadena… tiene una línea editorial que marca qué y cómo informar. Pero no hace falta tampoco irse tan lejos. Se asume incluso que un mismo hecho visto por personas diferentes es relatado de manera diferente. Es decir se acepta que las personas que se dedican a informar caen en sesgos perceptivos y cognitivos.

Sin embargo, hay algo más. Existen intereses de todo tipo detrás de una determinada línea editorial. Y esto también se tiende a aceptar. De hecho, por lo general hay, dos posturas sobre este tema:

  1. Que los medios de comunicación deben limitarse a buscar la verdad más objetiva posible, mantenerse neutrales e imparciales. Es decir, deben buscar mecanismos para frenar sus sesgos y los intereses ajenos a la función informativa.
  1. Que los medios de comunicación no deben ser neutrales y cada periodista debe adherirse a unos valores determinados que condicionen cómo informa y para qué.

Cada medio e incluso cada periodista se adhiere a una u otra postura, o bien, una mezcla de ambas, y sigue una línea editorial. Lo que daría lugar a la variedad de opciones para informarnos sobre un hecho, o de consultar los sucesos de hoy. ¿Es esto negativo? Siempre que exista variedad y disponibilidad de fuentes, acceso a los datos sobre los hechos y se respete la independencia y ética de las personas que se dedican al periodismo, no tiene por qué. Cuando todo esto peligra es cuando saltan las alarmas.

Este antiguo debate no supone, en sí mismo, un problema. Y esa es la principal diferencia y característica definitoria de los bulos o las “fake news”. Porque hay una diferencia importante entre la parcialidad que refleja un periódico u otro al informar del mismo hecho, a difundir un bulo.

¿Qué es, por lo tanto, un bulo o una “fake news”? Se trata de una afirmación basada en información falsa, o bien en datos falsos, o ambas, que se construye de manera intencionada para otorgarle apariencia de afirmación verdadera y que se difunde a través de herramientas de comunicación, ya sea mediante servicios de mensajería instantánea tipo Whatsapp, redes sociales, periódicos, o cualquier otro que tenga gran alcance. Más concretamente, las “fake news” son un tipo de bulo que precisamente se difunde en forma de noticia como si ésta fuera real.


Conocido bulo que aún circula. Fuente: Tuit de Arturo Pérez Reverte


Captura de pantalla de típico bulo de Whatsapp, 18 de abril de 2020. Fuente: propia.

No se trata, por lo tanto, de la lectura interesada o sesgada de un hecho, ni de la interpretación retorcida de unos datos. Las «fake news» son toda una sentencia pre-fabricada con un objetivo concreto: desinformar. Es decir, tienen como objetivo la manipulación mediática e informativa, para perseguir beneficios económicos, sociales o políticos. Por lo tanto, son una forma de engaño directo.

Antecedentes de las «Fake News»

La fabricación de bulos y noticias falsas se ha vivido desde tiempos inmemoriables y se ha utilizado como arma arrojadiza contra enemigos y rivales políticos y/o económicos, para defenestrar grupos sociales o étnias enteras, o para obtener ventaja en una guerra. O incluso sólo con el fin de divertirse.


José I Bonaparte fue llamado Pepe Botella. En realidad era abstemio. Fuente: Wikimedia Commons

A pesar de estos antecedentes que ayudan a aclarar los términos, el uso masivo de los medios de comunicación de masas como estrategia de manipulación informativa no se considera que aparece como tal hasta el auge del nazismo en Alemania. Los nazis dedicaron ingentes cantidades de recursos a partir los años 20 y 30 para difundir sus ideas y, para ello, emplearon una buena cantidad de información falsa, bulos, manipulaciones, difamaciones… Ya en el poder, controlaron no sólo la prensa y la radio, sino también el cine, el teatro y otras formas de expresión artística y cultural. La propaganda nazi, dirigida por Joseph Goebbels, no consistió solamente en bombardear acerca de las bondades del nazismo, sino también en atacar a sus rivales políticos y esconder las miserias del régimen. Un claro antecedente de las «fake news» que se conocen.

Un ejemplo lo constituye el famoso incendio del Reichstag de 1933, que hoy en día todavía se desconoce si fue producido por miembros del Partido Comunista de Alemania o por los propios nazis, aunque mayoritariamente se acepta esta última versión. El atentado al parlamento alemán fue utilizado por Adolf Hitler para aprobar la llamada Ley Habilitante, que le dio poderes absolutos sobre el país.


Propaganda antisemita durante el régimen nazi. Fuente: David Shankbone para Wikimedia Commons, 2007.

Junto a Benito Mussolini y, más tarde, Francisco Franco, dictadores de Italia y España respectivamente, el nazismo tiene el dudoso honor de constituirlos antecedentes de lo que hoy se llama “fake news” por parte de la extrema derecha.

Las tácticas de propaganda nazis marcaron un antes y un después, marcando el sendero de gobiernos posteriores en todo el mundo. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945), se continuaron empleando bulos y noticias falsas, que siguieron durante la Guerra Fría (1945 – 1991), donde ambos bloques ideológicos, el capitalista y el comunista, utilizaron información falsa para desacreditar al contrario y arrogarse sus propios logros.

La Guerra Fría

Es en esta época en la cual la extrema derecha resurge apoyada por el bloque occidental. Puede sonar a teoría conspirativa, pero hoy en día está más que comprobado que, en el marco de la Guerra Fría, bajo el paraguas de la OTAN, la CIA e incluso el M16, se elaboró en los años 60 lo que se conoce como estrategia de la tensión, que tenía como objetivo precisamente la manipulación de la opinión pública con tácticas como la represión, el miedo, desinformación y propaganda. Esta estrategia hunde sus raíces en el Decreto Nacht und Nebel, que en 1941 buscaba la represión y la aniquilación de cualquier disidencia en la Alemania Nazi y en los territorios ocupados por el régimen nazi. Curiosamente, la estrategia de la tensión fue desarrollada en Italia, según el historiador Daniel Ganser.

Lamentablemente, no existen pruebas físicas de que este antecedente teórico existiera. Hoy en día existe una pugna acerca de si los documentos en los cuales se menciona explícitamente fueron una falsificación por parte de la Unión Soviética o no. Así, historiadores como Peer Henrik Hansen o Hayden B. Peake, se oponen a esta tesis.

Pero lo que sí está probado es que se organizaron dos operaciones: la Operación Cóndor en América Latina y Sudamérica; y la Operación Gladio en Europa.

La Operación Cóndor tuvo como objetivo el apoyo directo de regímenes autoritarios y dictatoriales de derecha y extrema derecha, así como la colaboración y coordinación mutua entre ellos. Esto explica el ascenso de Augusto Pinochet en Chile en 1973, Alfredo Stroessner en Paraguay en 1954, Juan María Bordaberry en Uruguay en 1973, Hugo Bánzer en Bolivia en 1971, Humberto de Alencar en Brasil en 1964 o Jorge Rafael Videla en Argentina en 1976.

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Palacio de la Moneda de Chile bombardeado en 1973 durante el golpe de estado al presidente Salvador Allende. Fuente: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, bajo Licencia CC Attribution 3.0 Chile.

Por su parte, la Operación Gladio fue desarrollada para entrenar en secreto a grupos paramilitares en Europa para, teóricamente, impedir una eventual invasión de las tropas soviéticas. En la práctica, sin embargo, se dedicaron a acciones terroristas, infiltración, torturas… y un sinfín de acciones en todos los países europeos que tenían como objetivo desacreditar a todos los partidos y movimientos políticos no afines a la política estadounidense. El ascenso al poder de Georgios Papadopoulos en Grecia en 1967, diferentes atentados y ataques en países europeos, así como la aparición de grupos terroristas, se relacionan con esta operación, si bien es cierto que no siempre se ha podido probar esta relación.

En ambas operaciones, se sabe que se dio una colaboración estrecha con grupos y partidos de extrema derecha, y que se utilizaron diversas estrategias de desinformación. De hecho, en la Operación Gladio se refugiaron antiguos simpatizantes nazis que gozaron del favor del bloque occidental en una especie de extensión de la Operación Paperclip.

Internet y las nuevas tecnologías de la información

Con la revelación de toda esta información a lo largo de los años 90, ya con la Guerra Fría finalizada, se comprobó que los países que se autoproclamaban democráticos no han tenido problemas en recurrir a grupos de ultraderecha y a tácticas de manipulación informativa con tal de frenar movimientos e ideas que no se alinearan con las políticas imperantes en el momento. Otro antecedente de las «fake news».

Pero todo eso parece haber quedado atrás. Con la llegada del mundo moderno, el fin de la Guerra Fría, la consolidación del modelo liberal de democracia representativa y el amplio número de opciones informativas existentes, incluyendo la aparición de Internet, lo descrito anteriormente suena a antiguo y desfasado.


Bloques enfrentados en la Guerra Fría en 1980. Fuente: Wikimedia Commons, 2009, bajo licencia CC BY-SA 3.0

Esta manipulación informativa, realizada de forma descarada y basada directamente en falsedades pre-fabricadas y dirigidas por intereses políticos, ha sido sustituida paulatinamente por las líneas editoriales de multitud de opciones, tanto privadas como públicas. De esta manera, cabe retomar al principio del artículo y el debate actual sobre el periodismo contemporáneo.

No obstante, existe un punto de inflexión que demostraría lo contrario.

Con el paso de los años, desde la década de los 80 y los 90, si bien es cierto que la variedad de fuentes de información fueron aumentando, en realidad han estado al alcance de un grupo muy selecto de personas, que además han ido progresivamente agrupándose en amplios conglomerados mediáticos dando una apariencia de diversidad que no es tal. Y si bien es cierto que con la veracidad de sus informaciones ponen en juego su propio prestigio, es evidente que sus sesgos y sus poco sutiles intereses marcan una dirección concreta.


Datos de audiencias de los grupos mediáticos españoles. Elaboración propia. Fuente de los datos: Barlovento Comunicación, 2018.

Se indicaba al principio de este artículo que siempre que exista variedad y disponibilidad de fuentes, acceso a los datos sobre los hechos descritos y se respete la independencia y ética del periodismo, en principio no hay problema. Pero esto ha ido peligrando, dándose una degeneración progresiva de la calidad de la información ofrecida y a una precarización del periodismo. Y que acabaría por desembocar en las «fake news» actuales.

Este punto de inflexión lo marca la generalización de Internet. Internet ofrece la posibilidad de que las personas de a pie ya no sean meras receptoras de la información, sino también emisoras y creadoras de contenido. El aumento de sitios web ha sido exponencial, pasando de 17 millones de páginas en 2000 a 255 millones en 2010, y a unos 1.750 millones en la actualidad, con un aumento del 1000% de personas con acceso a Internet. Un punto de inflexión que recuerda mucho a la generalización del uso de la imprenta en el siglo XIX.


Evolución anual de personas usuarias por porcentaje de población (2000 – 2018). Fuente de los datos: Unión Internacional de Telecomunicaciones. Informe sobre el Desarrollo Mundial de las Telecomunicaciones/TIC y base de datos, bajo licencia CC BY 4.0 Internacional

La crisis financiera de 2018 y el papel de Internet

Pese a los datos anteriores, ha sido recientemente cuando Internet ha comenzado a ser utilizado como una herramienta de comunicación de masas efectiva. Los grandes medios de comunicación así como los principales lobbies económicos y políticos, han tardado en adaptarse. Mientras la ciencia del márketing digital, las campañas de Twitter, influencers de Instagram y CMs de las empresas se estaban gestando, durante un breve lapso de tiempo Internet fue territorio de las personas usuarias, erigido como un bastión de contrainformación durante las protestas globales que sacudieron al mundo entre los años 2011 y 2014 a raíz de la crisis financiera de 2008.

De hecho, el año 2008 es también el comienzo de la generalización del uso de las redes sociales. Según un estudio, entre 2006 y 2012, la población estadounidense que se informaba principalmente a través de Internet pasó de un 9% a un 31%. Y hasta un 43% para 2016. La campaña de Barack Obama de 2008 es un claro ejemplo.

Es decir, Internet contribuyó a democratizar la información. Quitó la careta a muchos de los grupos mediáticos y profundizó en una mayor calidad informativa. Todo gracias a la gran disponibilidad de fuentes y a la interconexión entre personas usuarias. No es de extrañar que en el lapso de esos años surgieran multitud de intentos para legislar sobre la circulación de información en Internet. Tenemos ejemplos como la Ley SOPA o la Ley PIPA (EEEUU), la Ley Lleras (Colombia), la Ley Döring (México) o la Ley Sinde (España). Estas leyes, bajo el argumento de proteger los derechos de autor, buscaban aprobar mecanismos de control de información en muchos casos ajenos al poder judicial. No hace falta decir que esto provocó innumerables protestas.


Banner de protesta del sitio Wikipedia. Fuente: Wikipedia, 2012, bajo licencia CC 3.0 Attribution-ShareAlike Unported

Con la mayor parte de los países capitalistas hundidos en una crisis social, económica y política, y con el auge de movimientos alternativos y nuevas maneras de informar, los pasos que seguirían a continuación deberían haber sido positivos. No sólo fueron aumentando las opciones políticas, sino también la cantidad de personas que se unían a movimientos de protesta.


Comparativa Resultados Elecciones Europeas en España 2009 y 2014, donde se ve una dispersión del voto tradicionalmente concentrado en dos opciones políticas. Fuente: Ministerio del Interior, Gobierno de España, 2014, 2009

Accede a la segunda parte del artículo: http://aldescubierto.org/2020/04/20/las-fake-news-y-la-extrema-derecha-ii/