Por qué la ultraderecha odia el feminismo

El año 2018 es recordado como uno de los años clave para el feminismo en todo el mundo. Además de organizarse la primera huelga feminista de la Historia a escala internacional, millones de personas en todo el mundo marcharon por las calles exigiendo igualdad entre mujeres y hombres. En muchos países, como España, la movilización del 8 de marzo destacó como una de las protestas más secundadas de las últimas décadas y marcó también, durante los siguientes dos años, un éxito del movimiento en países de América Latina como Chile, México, Argentina o Colombia.

Al mismo tiempo, estos años están siendo exitosos también para fuerzas políticas de extrema derecha. El golpe de estado de Bolivia, la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, de Donald Trump en Estados Unidos, Victor Orban en Hungría o el amplio aumento de apoyos de partidos como Vox (España), Alternativa por Alemania (Alemania), Agrupación Nacional (Francia) o UKIP (Reino Unido) marcan una tendencia clara.

Pero, lo más curioso, es que uno de los pilares fundamentales del discurso de estos partidos es el ataque al feminismo. Un ataque que se refleja en muchos frentes: derogación de leyes que protegen a las mujeres, negación de la violencia de género, justificación de conductas machistas, agresiones verbales, criminalizar las movilizaciones del 8 de marzo… son algunos ejemplos.

En una época donde el feminismo parece estar creciendo, esto debería ser contradictorio. De hecho, organizaciones de todo tipo (partidos políticos, empresas, ONGs, asociaciones…) están incorporando estos últimos años el discurso feminista. O, al menos, parte de él (aunque muchas veces sea por una cuestión de imagen). Hasta partidos conservadores, como el Partido Popular (PP) en España o la Unión Demócrata-Cristiana (CDU) en Alemania, aceptan y firman leyes igualitarias.

Entonces, ¿qué está pasando?

Feminismo: conceptos básicos

Percentage of students that take advanced courses in mathematics and physics, by sex, Grade 12
Porcentaje de estudiantes que optaron por estudios avanzados de Matemáticas por género. Autor: UNESCO, 01/01/2017. Fuente: UNESCO, bajo licencia CC BY-SA 3.0.

El feminismo es una ideología y movimiento social y político que busca la igualdad de derechos entre mujeres y hombres a través de la emancipación y liberación de las mujeres. Es decir, se parte de la idea de que las mujeres, debido a circunstancias sociales, vive en una situación de desigualdad con respecto a los hombres.

A partir de aquí, las perspectivas y puntos de vista sobre el feminismo son muy variadas. De hecho, desde colectivos activistas, suele hablarse más de feminismos, en plural, e incluso que hay tantos feminismos como personas, unidos por un objetivo común: la igualdad.

En general, existe un consenso académico acerca de este término, recogido incluso en el diccionario de la Real Academia Española y apoyado por diversos estudios.

Género, sexo, machismo y patriarcado

Como sucede con la práctica totalidad de movimientos sociales, el feminismo maneja un vocabulario propio para describir la realidad a la que se enfrentan. Y es importante comprender algunas definiciones básicas.

El sexo es, a grandes rasgos, las características biológicas de las personas (y animales). Está definido por los órganos sexuales externos (genitales) e internos (ovarios, vesículas…), características sexuales secundarias (pechos…) y los cromosomas (XX, XY…).

El género es el papel, rol o diferenciación creada por la sociedad. Son construcciones sociales que establecen los atributos que cada sociedad considera que debe de tener una persona dependiendo de su sexo. Se transmiten a través de la educación y varían dependiendo de la cultura. Es, básicamente, lo que la sociedad espera de una mujer o de un hombre.

El machismo es el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias que promueven (directa o indirectamente) la superioridad de los hombres sobre las mujeres. Lo contrario del machismo sería el hembrismo.

La misoginia o la misandria/androginia (odio o rechazo a las mujeres y a los hombres, respectivamente) se diferencian del machismo y del hembrismo en que estos últimos conceptos están ligados a unas creencias colectivas, mientras que la misoginia o la misandria son individuales.

El patriarcado es un constructo teórico que se utiliza para describir la existencia del machismo como algo estructural. Esto significa que existe una organización social que, asentada sobre creencias y valores machistas, produce una opresión sistemática (y sistémica) por parte de los hombres hacia las mujeres. En base a este concepto, el hembrismo no existiría en la actualidad.

Así, no solo existen creencias y actitudes sociales machistas que pasan de generación en generación, sino que se dan también dinámicas sociales que promueven una diferenciación en base al género que se da en todos los ámbitos de la sociedad. Y que, debido a esto, todo el mundo tiene alguna actitud o creencia machista.

Existen más conceptos, como el de micromachismo, pero estos serían los más básicos.

Tipos de feminismos

Es difícil clasificar los diferentes enfoques del feminismo, ya que se encuentran en constante evolución y la mayoría de las personas no se encuadran en un único espectro. No obstante, esta sería grosso modo una de las clasificaciones más aceptadas. No es el objetivo de este artículo ahondar en los conflictos entre los tipos de feminismo, sino comprender teóricamente en qué se basan.

Feminismo radical

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Uno de los símbolos del Movimiento Alemán de Mujeres de los años 70 y que sería utilizado por el feminismo. Autor: Desconocido. Fuente: Wikimedia Commons. Dominio público.

El feminismo radical o RadFem buscan la igualdad entre mujeres y hombres mediante la abolición del género y, al mismo tiempo, reconocer los atributos femeninos de los cuales las mujeres no pueden desprenderse y que les generan algún tipo de desigualdad. Desde el feminismo radical, que tiene su origen en los años 70, se defiende que la existencia del patriarcado como un sistema que genera relaciones desiguales de poder entre mujeres y hombres.

Así, el feminismo radical defienden que toda discriminación hacia las mujeres es producto de aprendizajes sociales interiorizados (agresiones sexuales, violencias machistas, problemas laborales, violencia obstétrica…) por el mismo hecho de ser mujeres y sostenidos alrededor de los hombres como grupo social privilegiado.

El feminismo radical se opone también, normalmente, a la cosificación y mercantilización del cuerpo de las mujeres. Esto incluye la prostitución, la pornografía o los vientres de alquiler.

A menudo, el feminismo radical también señala al capitalismo como uno de los sistemas sobre el que se apoya el patriarcado para imponer desigualdades.

Transfeminismo

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Símbolo del transfeminismo. Autor: DaddyCell, 14/03/2016. Fuente: Wikimedia Commons, bajo licencia CC BY-SA 4.0.

El transfeminismo o TransFem busca ampliar el objetivo del feminismo más allá de las mujeres cisgénero, es decir, entiende que el patriarcado no solo oprime a las mujeres cis, sino que genera un orden social que oprime también a las mujeres transexuales y al colectivo LGTBI+ (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales). Es por eso que a menudo se refiere a este sistema como heteropatriarcado.

No busca tanto la abolición del género, sino replantearse la dirección del mismo. El transfeminismo denuncia el llamado binarismo de género, es decir, buscan ampliar la definición de roles de género y desligarlo completamente de la biología. Por ejemplo, bajo este punto de vista, una mujer puede tener pene y un hombre puede tener vagina. O, incluso, una persona puede tener un género distinto al de hombre o al de mujer (género no binario).

El transfeminismo afirma que este binarismo de género también representa una opresión.

Suele sostener que el empoderamiento de las mujeres puede lograrse mediante la apropiación de dichos roles y la aceptación de un amplio abanico de luchas. Es por eso que no suele haber manifestaciones abiertamente en contra de la prostitución o de la pornografía, argumentando que estas actividades pueden realizarse de forma que no generen opresión.

A menudo, el transfeminismo apoya la teoría queer, que es la idea (o ideas) de que no solo el género es una construcción social, sino también la propia sexualidad humana. No obstante, no están necesariamente relacionados.

Feminismo interseccional

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Logotipo del sitio web del colectivo Afroféminas. Autor: Captura de pantalla realizada el 02/07/2020 a las 13:34h. Fuente: Afrofeminas.com

El feminismo interseccional agrupa un conjunto de ideas sobre el feminismo que tienen en común creer que todas las opresiones que existen en la sociedad actual tienen raíces comunes.

Es decir, que existe todo un sistema social que genera opresión a mujeres, colectivo LGTBI+, personas racializadas, minorías étnicas, personas trabajadoras e incluso a los animales.

Esto tiene varias implicaciones: por un lado, significa que luchar por una causa social que, a priori parece no tener nada que ver con el feminismo, puede ayudar a conseguir igualdad entre mujeres y hombres; y, por otro lado, que no tiene sentido ni sería deseable prestar atención a una única causa e ignorar el resto.

Según el feminismo interseccional, sería reprobable no tener en cuenta a las personas negras o el medio ambiente a la hora de construir la agenda feminista. Esto ha desencadenado todo un conjunto de pequeñas corrientes: feminismo negro, ecofeminismo, feminismo antiespecista, etc.

Esta perspectiva entiende que la confluencia de dos tipos diferentes de discriminación genera características propias que hay que atender. Por ejemplo, una mujer negra recibiría una discriminación diferente a la de una mujer blanca y a la de un hombre negro. Y esta discriminación daría lugar a la configuración de una nueva opresión que no seria resultado de la simple suma de ambas, sino que generaría un discurso necesariamente diferenciado.

Feminismo liberal

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Retrato de Mary Wollstonecraft, considerada la primera feminista. Autor: John Opie, 1797. Fuente: NPG 1237. Dominio publico.

El feminismo liberal busca la equiparación de derechos entre mujeres y hombres centrándose en la propia capacidad de las mujeres para conseguir las mismas libertades que los hombres.

Aunque el feminismo liberal entiende que el machismo es un conjunto de falsas creencias sociales que se transmiten a lo largo de los años, rechaza la existencia del patriarcado y no se centran, por lo tanto, en las estructuras de poder subyacentes que teóricamente dan lugar a las desigualdades.

Suele establecer una relación necesaria entre género y sexo, por lo que no busca ni la abolición del género ni su deconstrucción.

Por lo tanto, si bien entienden que las mujeres deben apoyarse entre sí y abogar por reformas legales que pongan fin a la desigualdad, creen que son las propias mujeres, de forma individual, las que deben demostrar su propia capacidad para llegar a hacer lo mismo que un hombre.

En general, el feminismo liberal sostiene que la lucha colectiva y las leyes que favorecen a las mujeres y/o que buscan corregir discriminaciones estructurales impiden a las propias mujeres demostrar su capacidad y supone la victimizarlas.

Además, también suele argumentar que afirmar la existencia de algo como el patriarcado, supone criminalizar a los hombres por el hecho de ser hombres.

Pone a menudo la cuestión de la existencia de la violencia de género, los micromachismos u otros conceptos más ligados al feminismo radical. O, cuando se aceptan dichos términos, no se muestran a favor de leyes específicas dedicadas a frenarlos.

Básicamente, lo que diferencia a las corrientes feministas tiene que ver con responder a la pregunta de qué significa ser mujer y en qué debe enfocarse el movimiento. De esto se deduce que cada uno de estos enfoques tiene su momento y su época, ligados al progreso social, a las evidencias científicas y a la evolución de la mentalidad.

Se podría decir mucho más de cada uno de los enfoques del feminismo, pero este sería un resumen muy básico para poder comprender lo que viene a continuación.

El feminismo de Tercera Ola

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Protesta feminista en Toronto en 2011. Autor: Anton Bielousov, 03/04/2011. Fuente: Slutwalk (Toronto, ON), bajo licencia CC BY 3.0.

El movimiento feminista tiene una larga tradición histórica y una evolución a lo largo de siglos. Siendo sus antecedentes más cercanos alrededor del siglo XVII, el feminismo moderno se considera que se inicia a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en la llamada Primera Ola.

Desde entonces, se han aparecido sucesivas “olas” de este movimiento que, según personas expertas en el tema, han tenido sus propias características y objetivos. Siguiendo esta misma lógica, ahora mismo el mundo se encontraría desde la década de los 90 viviendo la Tercera Ola del feminismo.

Mientras que la Primera Ola vivió el auge del feminismo liberal y en la Segunda Ola creció el feminismo radical, la Tercera Ola está viendo un crecimiento del transfeminismo y del feminismo interseccional. Aunque esto es simplificar muchísimo la situación actual del movimiento, parece claro que la agenda política feminista ha apartado definitivamente al feminismo liberal.

Aunque fue clave en los inicios del movimiento feminista para conseguir cuestionar el papel de las mujeres en la sociedad, con autoras relevantes como Clara Campoamor o Mary Wollstonecraft sin las cuales no puede entenderse el feminismo, desde el resto de corrientes se considera que su enfoque está caduco y que existe suficiente evidencia como para sostener que las discriminaciones hacia las mujeres son estructurales. También se argumenta que los últimos estudios sobre género han demostrado la construcción social del mismo.

Otra crítica común es acusar al feminismo liberal de centrarse únicamente en un tipo de mujer, concretamente, mujer blanca cisgénero e incluso de cierta posición social. Lo cual tiene sentido, pues el feminismo liberal nació hace más de un siglo, cuando el racismo o la homofobia estaban plenamente interiorizados, o cuando el determinismo biológico dominaba el panorama científico.

Esto ha provocado que el feminismo liberal sea más comúnmente adoptado por las derechas, mientras que las otras corrientes son más progresistas. Esto, en la práctica, ha supuesto que los movimientos, espacios y grupos activistas sean feministas radicales, interseccionales o transfeministas, o una mezcla de los tres.

Un rápido vistazo a los sitios web de las principales entidades feministas, como la Federación de Organizaciones Feministas del Estado Español (La Coordinadora Feminista), refleja este hecho. Otro ejemplo se puede ver en que los partidos políticos de derechas no son bienvenidos a las marchas feministas más señaladas.

Por su parte, las fuerzas políticas de derechas argumentan que están plenamente a favor de la igualdad. Algunas, manifiestan públicamente rechazar el “feminismo hegemónico” al que tachan o bien de “feminazi” o de “supremacista”. Y otras, declaran ser feministas, pero de la corriente liberal, reclamando su propio espacio dentro de colectivos y protestas feministas.

La cuestión es, ¿la derecha y la extrema derecha tienen razón en que, simplemente, tienen otra opinión totalmente válida?¿O es todo una excusa para justificar su antifeminismo?

La extrema derecha como reacción al feminismo

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Javier Ortega Smith, secretario general del partido ultraderechista Vox (España) es increpado por una víctima de violencia de género. Autor: eldiario.es. Fuente: Lasexta, bajo licencia CC BY-SA 3.0.

Históricamente, se ha visto que, cuando un movimiento social crece, surge una reacción en contra de corte conservador que busca ponerle freno, normalmente apoyada por sectores que no quieren asumir cambios que pongan en peligro sus privilegios, ya sean de clase o por su color de piel.

Un ejemplo es el Ku Klux Klan, que nació con el objetivo de que la gente negra en Estados Unidos no tuviese los mismos derechos que la gente blanca cuando se abolió la esclavitud en 1865. Los golpes de estados organizados por Estados Unidos en los años 60 y 70 en América Latina (el Plan Cóndor) tuvieron también el objetivo de evitar que movimientos izquierdistas controlaran los gobiernos. Todo vale con tal de detener el avance social, incluso apoyar grupos antidemocráticos.

Por mucho que un movimiento social triunfe, siempre hay una parte de la población muy reacia a los cambios y que se siente violentada cuando sus creencias son cuestionadas y señaladas. En los años 20, mucha gente estaba en contra de considerar que las mujeres deberían tener derecho al voto y bastantes murieron en consecuencia de perseguir este derecho que hoy es tan básico.

La Historia está marcada en buena parte por grupos sociales que buscan poner fin a este tipo de relaciones de poder y su lucha contra quienes no quieren ceder ese poder.

Sin embargo, aunque es evidente que mucha gente tiene actitudes, ideas y pensamientos machistas (consciente o inconscientemente), prácticamente nadie dice estar en contra de la igualdad. Especialmente en Europa y Estados Unidos, si preguntas a la gente, nadie es racista, ni machista, ni clasista.

El deseo de mantener unos privilegios al tiempo que se agita la bandera de la igualdad ha llevado a fuerzas de derecha a buscar estrategias para justificar sus postulados antifeministas. De la misma manera que la extrema derecha asegura renegar de los radicalismos, evita su identificación con el fascismo y las dictaduras ultraderechistas y adapta su discurso a los nuevos tiempos, utiliza el feminismo liberal y todo un vocabulario propio para denostar cualquier medida o acción (legal, económica, social…) que esté a favor de la igualdad entre mujeres y hombres.

La ultraderecha, consciente de que no está (por fin) socialmente aceptado renegar de la igualdad entre mujeres y hombres, ha fabricado un discurso al que cierto porcentaje de la población que realmente no quiere la igualdad (en mayor o menor medida) puede agarrarse para desplegar sus posiciones conservadoras.

De esta forma, es muy habitual que digan que el feminismo actual no busca la igualdad, sino que busca el hembrismo; que la igualdad ya está conseguida y que no hacen falta leyes para luchar contra ella; que las asociaciones feministas solo buscan subvenciones; que la violencia se da independientemente del género; que el feminismo es intolerante y anti-hombres; que las mujeres aprovechan las leyes contra la violencia de género para denunciar en falso… muy a pesar de que todos los datos que se manejan digan todo lo contrario.

Muy similar al “yo no soy racista, pero…” o al “yo no soy homófobo, pero…”, llega el “yo creo en la igualdad, pero…” o el “ni machismo ni feminismo, igualismo”. Formas de justificar o negar las desigualdades existentes evitando el rechazo social.

Y si tienen que usar el feminismo liberal para ello, lo utilizarán.

Conclusiones

Puede decirse que la ultraderecha odia el feminismo porque desafía directa y abiertamente sus postulados ideológicos, pero también porque es de los pocos movimientos sociales que ha sido capaz de marcar la agenda política hasta de los partidos más conservadores.

De hecho, en casi todos los países donde las fuerzas de derecha radical tienen fuerza, señalan la debilidad o traición de los partidos conservadores tradicionales al aceptar medidas feministas o pro-LGTBI+. Vox en España ha llamado al PP “derechita cobarde”, por ejemplo.

A base de mucho trabajo, el feminismo está consiguiendo poco a poco sus objetivos y tener un papel relevante. Además, actualmente está cuestionando la raíz de muchas de las discriminaciones que la civilización lleva sufriendo desde hace siglos: el racismo, la homofobia, la transfobia, la xenofobia… hasta el punto de condicionar leyes de muchos países.

El movimiento Black Lives Matter en Estados Unidos, por ejemplo, a pesar de que el racismo es su principal objetivo, ha adoptado la interseccionalidad del feminismo en la lucha. Como dijo Alicia Garza, una de las fundadoras: “Es un reconocimiento de que las mujeres negras siguen soportando la posibilidad de un asalto implacable a sus hijos, y sus familias, esos asaltos son un acto de violencia de Estado. Negros homosexuales y personas transgénero llevan una carga única en una sociedad hetero-patriarcal que dispone de nosotros como basura y al mismo tiempo nos fetichiza.”

En resumen, este marcado odio que la ultraderecha tiene contra todo aquello que considera antinatural o antipatriota seguirá desplegándose como una cruzada contra todo aquello que desafíe su defensa del statu quo de las clases más privilegiadas. Y demostrará su mayor fuerza y reacción contra las ideas y movimientos que más gocen de implantación social. Si hace falta mentirán, utilizarán bulos y fake news y emplearán todos los recursos a su alcance para frenar el avance social, como ya están haciendo.

Fuente, enlaces y bibliografía:

Foto destacada: Marcha 8 de marzo de 2020 en México. Autora: Samantha Pantoja, 08/03/2020. Fuente: Flickr (CC BY 2.0.)