Ecologismo contra el fascismo: los verdes triunfan en Europa

La segunda década del siglo XX se ha caracterizado por una ruptura con el pasado fruto de la angustiosa crisis financiera del 2008. El periodo ya conocido como “La Gran Recesión” se saldó con una gran crisis global y causó amplias cicatrices en el contrato social establecido, trayendo un empeoramiento de la calidad de vida especialmente notorio en Europa y en América. En este contexto de fracaso del neoliberalismo, la vida política europea se fragmentó con la aparición de nuevos partidos y nuevas sensibilidades políticas. Se ha hablado mucho del auge de la extrema derecha y de cómo ha sido una fuerza beneficiada por este contexto. Pero también hay otro gran beneficiado por este proceso y es una fuerza prácticamente antagónica: los verdes o partidos ecologistas.

Los partidos verdes han asaltado la política pasando de ser fuerzas minoritarias o socios menores a partidos de gobierno o fuerzas relevantes en sus respectivos estados después de haber pasado por muchos años de descenso tras un breve auge en los años 90.

No son un movimiento nuevo, pero si están libres de la pesada mochila de los grandes partidos tradicionales de centro derecha y centro izquierda que hasta La Gran Recesión eran dominantes en Europa.

Y los verdes, junto a su agenda ecológica, han demostrado un profundo rechazo por los movimientos autoritarios y de extrema derecha, normalmente completamente ajenos a las demandas medioambientales e incluso negacionistas del cambio climático.

Breve recorrido histórico: origen e ideología

Logo European Greens desde 2017. Autor: Partido de los verdes europeos. Fecha: 01/12/2018. Fuente: Wikipedia.
Logo European Greens desde 2017. Autor: Partido de los Verdes Europeos, 01/12/2018. Fuente: Wikimedia Commons.

Los partidos verdes europeos tienen su semilla en la Europa de los años 60 y la de los 70 con la aparición de las protestas antinucleares en el contexto de la Guerra Fría, donde ambos bloques, el capitalista y el soviético, producían y acumulaban armas nucleares a un ritmo acelerado. Difundieron una mayor sensibilidad por el entorno, la ecología y la fauna.

En los años 80, estos movimientos protesta se consolidaron como partidos, apareciendo en la mayoría de países ricos del norte de Europa y en Europa central. De hecho, el partido ecologista más antiguo es el Die Grünen (Los Verdes, en castellano), fundado en 1980. Sus raíces ideológicas se centraron en la denuncia de la sobreexplotación de los recursos no renovables, la crítica a la sociedad industrial y su insostenibilidad económica y la denuncia del déficit democrático de occidente.

Además, aunque de tendencia izquierdista, estas formaciones siempre han primado el contenido ideológico de sus propuestas, más que el eje izquierda-derecha. Al principio, fueron sobre todo “partidos protesta” o “partidos anti-partido”.

Hasta llegado el año 2000, aunque los partidos verdes habían obtenido unos resultados relativamente relevantes en algunos sus países de origen, rara vez habían tenido un peso determinante, quizás con la excepción Alemana y el bipartito de Gerhard Schroeder. Aun así, seguían siendo una fuerza minoritaria y prácticamente inexistente en los países del sur de Europa, más pobre y preocupada por la desigualdad social, y la Europa del este, todavía un tanto ajena a los vaivenes multipartidistas tras la caída del muro de Berlín en 1989.

No obstante, la primera década del siglo XX significó para estos partidos el empezar a gozar de mayor atractivo social con la creciente preocupación por el cambio climático y una mayor sensibilidad social hacia la ecología y los animales. Además, en los años 90 se sucedieron diferentes desastres naturales que, con la rápida extensión de la televisión e Internet, llegó a todas partes del mundo.

Además, se encontraron con otras ideologías basadas en la empatía y la solidaridad (feminismo, igualdad LGTB, antirracismo, etc…) con los que pudieron aliarse y extender su base programática.

La Gran Recesión, la gran oportunidad

Manifestación antinuclear en Bonn Hofgarten. Autor: Hans Weingartz. Fecha: 14/10/1979. Fuente: Wikipedia, bajo licencia CC BY-SA 2.0 DE
Manifestación antinuclear en Bonn Hofgarten. Autor: Hans Weingartz. Fecha: 14/10/1979.
Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0. DE)

La crisis, la globalización y la deslocalización golpearon a la vieja Europa, que vio como los partidos tradicionales que habían gobernado cómodamente la vida política sucumbían ante la crisis y la mochilas del descrédito, la corrupción y la desilusión, llevando a una crisis institucional y política que abrió paso a nuevas perspectivas políticas.

Los partidos más antisistema se fortalecieron, incluyendo los de extrema derecha, que vieron su oportunidad para despuntar. Con un discurso que contenía la preservación de la nación como eje central, el miedo al otro y la invocación de un pasado glorioso, empezaron a medrar. Eso sí, revestidos de una nueva imagen y un discurso adaptado a los nuevos tiempos.

Y casi como fuerza contrapuesta, aparecieron los verdes, con un mensaje de esperanza, de aperturismo pese a la adversidad y de preocupación con el entorno.

Desde la Gran Recesión, los partidos verdes empezaron a ganar enteros en Europa, cooptando el espacio de una socialdemocracia que se lamía las heridas. Lentamente aumentaban su porcentaje de voto y su presencia en los parlamentos, aprovechando también un repunte de la conciencia ecologista, que se ha visto también por ejemplo en el movimiento liderado por la joven activista Greta Thunberg o de la sucesión de diferente cumbres para abordar de manera global los efectos de un creciente cambio climático.

2016, año clave para el auge ultraderechista, fue también el primer gran duelo que los reveló como una alternativa seria. 

En ese año ocurrieron las elecciones presidenciales de Austria, que dieron un resultado inédito: los dos grandes partidos tradicionales (el Partido Socialdemócrata de Austria y el Partido Popular Austríaco), se quedaban fuera de la doble vuelta. Los dos contendientes eran pues Alexander Van der Bellen por Los Verdes, con un discurso aperturista, integrador y europeísta, contra Norbert Hofer del ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (en austríaco, FPO), con un discurso nacionalista, euroescéptico y antiinmigración. 

En un duelo muy reñido, los verdes ganaron la presidencia de Austria. Era la señal de que un partido ecologista podía ser una alternativa ante el creciente y aparentemente imparable crecimiento de la extrema derecha en el corazón de Europa.

Los años posteriores conviertieron a los verdes en una alternativa seria, dándoles grandes victorias en las elecciones parlamentarias luxemburguesas, en las elecciones municipales belgas y en varias elecciones regionales en Alemania.

También en los países del norte de Europa conquistarion varios buenos resultados con representación ministerial en Suecia y Finlandia, y la presidencia de Islandia.

Finalmente, las elecciones europeas de 2019 llegaron y sentaron muy bien a estos partidos, que se conviertieron en la cuarta fuerza de la eurocámara. Relevantes por primera vez en la historia del europarlamento con 67 escaños, el peso total de este conjunto sería todavía mayor, ya que habría que sumarles los 38 escaños de la Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde Nórdica.

Esperanza contra el odio: las claves del discurso verde contra la ultraderecha

Alexander Van der Bellen en un mitin electoral de los Verdes en Sankt Pölten. Autor: Christian Jansky. Fecha: 11/09/2008. Fuente: Wikipedia, licencia CC BY-SA 3.0
Alexander Van der Bellen en un mitin electoral de los Verdes en Sankt Pölten.
Autor: Christian Jansky, 11/09/2008. Fuente: Wikipemia Commons (CC BY-SA 3.0.)

La ultraderecha y los verdes son fuerzas prácticamente antagónicas. La extrema derecha se mueve en un discurso de miedo, de ultranacionalismo, de reaccionarismo hacia la modernidad, de solución de los problemas inmediatos y del populismo, además de un rechazo claro cualquier movimiento igualitario, como el feminismo o el antirracismo. Y normalmente, apelando a teorías de la conspiración y postulados pseudocientíficos.

Los verdes, en general, sorprenden usando un discurso prácticamente opuesto.

Si la derecha radical usa el miedo como principal arma (ya sea a la inmigración, al comunismo, a alguna etnia minoritaria, a un supuesto desastre inminente o hacia otros países), los verdes usan la solidaridad. Y es loable, ya que pese al creciente rechazo a la inmigración en toda Europa, los verdes han defendido la integración y los derechos humanos, recogiendo electoralmente buenos resultados.

Frente al nacionalismo, por ejemplo, insisten en la necesidad de Europa, de los organismos supranacionales y de la cooperación entre países para vencer al cambio climático y otros problemas de alcance e incidencia global.

En oposición al ultraconservdurismo y el rechazo al progresismo (o lo que ellos llaman posmodernidad y que engloba el feminismo, el antirracismo y el movimiento LGTB) los verdes se han abiertos a estos movimientos, sumándolos a su causa y entiendo que ningún movimiento social puede hacer la guerra solo, adoptando la llamada interseccionalidad.

Frente a la solución de los problemas inmediatos y el populismo, los verdes han optado por la esperanza y la moderación: han realizado propuestas realistas para mejorar el presente, a la vez que plantean un futuro basado en el desarrollo sostenible que convierta a los países en lugares respetuosos con el medio ambiente (como el Pacto Verde Europeo).

Además, se han opuesto a la globalización destructiva y a los conflictos armados, insistiendo en extender la democracia y el antiautoritarismo.

Sobre los verdes, además, habría que tener cuidado en meterlos automáticamente en el saco de la izquierda. Si bien estos movimientos son naturalmente progresistas, el eje izquierda-derecha les importa menos que su programa. Así, muchos partidos ecologistas han moderado su discurso para atraer al votante centrista y han añadido problemas más generalistas para poder convertirse en partidos hegemónicos. También han alcanzado pactos de gobierno con fuerzas derechistas, como la alianza con el Partido Popular de Austria de Sebastián Kurtz (si bien en países del centro y norte de Europa es habitual que se den coaliciones de gobierno entre fuerzas antagónicas).

Ahí donde la extrema derecha vende odio, miedo, populismo y urgencia en el presente, los verdes venden empatía, solidaridad, moderación y esperanza en el futuro. Y parece que les está funcionando.

Del negacionismo al ecofascismo

Reunión 29 del consejo de los verdes europeos. Fecha: 25/11/2018. Autor: European Greens. Fuente: Flickr, licencia CC BY 2.0
Reunión 29 del consejo de los Verdes Europeos, 25/11/2018. Autor: European Greens. Fuente: Flickr, (CC BY 2.0.)

La contraposición entre los verdes y la extrema derecha es notable. De hecho, ésta ha señalado a las fuerzas medioambientales como agentes globalistas y como histéricos climáticos, tachando al ecologismo de ser un mantra más de la posmodernidad.

Así, las posiciones de la extrema derecha han vacilado entre la negación del cambio climático, la declaración de que el ser humano no tiene acción sobre el mismo, a la falta completa de interés por el tema. Su acción parlamentaria y sus declaraciones en prensa no dejan lugar a dudas de estas posiciones: el informe del Think Tank “Adelphi’, organización especializada en cuestiones climáticas, analizaba a 21 partidos mayoritarios de la ultraderecha desde 2009 a 2018. La conclusión es que la mayoría votaron en contra de todas las propuestas del europarlamento en materia climática.

Según el informe de Stella Schaller y Alexander Carius, expertos del mismo Think Tank, apenas hay partidos de extrema derecha que acepten el cambio climático. De ellos, solo tres se adhieren los consensos climáticos: Verdaderos Finlandeses, Alianza Nacional de Letonia y Fidesz-Unión Cívica Húngara. O al menos, así era hasta 2019, momento en el que la extrema derecha percibió un aumento del interés de la población en las políticas verdes.

Y algunos partidos dieron un giro de 180 grados. Por ejemplo, en Alemania, Alternativa para Alemania (AfD), ha roto con su organización negacionista climática y ha marcado el problema climático como un reto futuro.

En Francia, Reagrupación Nacional (antes Frente Nacional) de Marine Le Pen se ha lanzado a por el voto verde, introduciendo el cambio climático, la sostenibilidad y el mundo rural en su discurso.

Esta progresiva (aunque todavía anecdótica) adopción del ecologismo por la derecha radical normalmente siempre ha sido problemática debido a que la agenda verde ha entrado en conflicto con el discurso “anti-globalista” típico de estos partidos. Para solucionarlo, lo han convertido en un tema nacional. Inspirándose en el ecologismo nazi, que unía la naturaleza al espíritu de la nación, la extrema derecha ha reivindicado la sostenibilidad del medio ambiente como parte indisoluble de la patria. No respetar el patrimonio ecológico es así un daño irreparable e inaceptable a la nación.

Su nueva ideología verde gira alrededor de unas fronteras seguras (para frenar la huella ecológica de las migraciones), del amor a lo local y lo cercano (como el mundo rural tradicional, al estilo Volkisch) y la lucha contra el comercio internacional.

Todo un ejercicio para reconvertir un problema mundial en una cuestión local que aún es pronto para adivinar qué resultado electoral tendrá. Pero lo que es cierto, es que la extrema derecha ya ha puesto sus ojos en la agenda ecologista para ensanchar su base de votantes, de la misma manera que sucede a la hora de ampliar su apoyo entre la clase obrera.

Habrá que ver si esto sirve para atraer nuevo electorado o por el contrario, refuerza a los partidos verdes ante una copia.

Una alternativa de futuro

Partido de los verdes europeos, países con miembros y candidatos. Autor: Hmxhmx. Fecha: 15/10/2016. Fuente: Wikipedia
Partido de los verdes europeos, países con miembros y candidatos. Autor: Hmxhmx. Fecha: 15/10/2016. Fuente: Wikipedia
Partido de los verdes europeos, países con miembros y candidatos. Autor: Hmxhmx, 15/10/2016. Fuente: Wikimedia Commons

Así, los verdes han demostrado su capacidad para convertirse en una alternativa a los partidos tradicionales y oponerse a la extrema derecha.

Lamentablemente, esta alternativa no parece homogénea en todo el territorio de la Unión Europea: los partidos verdes son fuertes en sus países de origen, pero su penetración en los países del sur de Europa, como España, Italia o Grecia, es mucho más difícil, ya que esta zona, más desigual y con problemáticas sociales diferentes, está más preocupada por otras cuestiones.

De la misma manera, las formaciones verdes apenas tienen representación en Europa del este, por la vinculación en el ideario colectivo de estas fuerzas con las ideologías de izquierda, todavía relacionadas con los viejos regímenes comunistas.

También parece que sus resultados son fluctuantes: cuanto más en boga están los temas climáticos, mejor porcentaje de voto y simpatía generan las encuestas y viceversa, por lo que su estabilidad en un futuro puede variar (si bien, los problemas relacionados con el medio ambiente no dejan de crecer, por una cuestión lógica, siendo cada vez más urgentes).

Pese a esto, es innegable el enorme recorrido histórico y gran éxito que esta década ha traído a los verdes: de ser un movimiento contestatario y un partido antisistema, a convertirse en un partido de masas y finalmente entrar en la gobernanza entera de regiones y países.

Ahora queda por ver si son capaces de convertir su ideología verde en partidos hegemónicos capaces de liderar gobiernos. Y aún más, si su discurso no es absorbido y utilizado por otras fuerzas para disputarle el electorado. Aunque generalmente, ante un partido y su copia, la gente suele elegir el original, por lo que está por ver también qué éxito tiene esta estrategia.

Y, con el cambio climático siendo una realidad palpable, parece que los años por venir serán tan buenos para los verdes como esta última década. Al menos, electoralmente hablando.

Enlaces, fuentes y bibliografía:

– Foto destacada: Fridays For Future Alemania. Autor: © Marlin Helene, 25/01/2019. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY SA 2.0.)

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

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