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Las «Fake News» y la extrema derecha

El término bulo o “fake news” se ha puesto de moda desde hace pocos años como sinónimo de noticia falsa. Ha cobrado especial fuerza con la irrupción de la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2, aunque también como parte de diversas campañas de desprestigio político orquestadas desde la nueva extrema derecha o alt-right y amparadas por ciertos medios de comunicación, generando toda una guerra de información que está provocando desconfianza e incertidumbre. De hecho, fue elegida palabra del año en 2017.

¿Qué son las “fake news”?

La definición del término no es una cuestión baladí. El debate sobre la supuesta imparcialidad del periodismo y de los medios de comunicación es y ha sido continuo a lo largo del tiempo. Más aún desde que se masificaron gracias a los avances tecnológicos en distintos puntos de su desarrollo. Se podría decir que la mayoría asume que cada periódico, radio, cadena… tiene una línea editorial que marca qué y cómo informar. Pero no hace falta tampoco irse tan lejos. Se asume incluso que un mismo hecho visto por personas diferentes es relatado de manera diferente. Es decir se acepta que las personas que se dedican a informar caen en sesgos perceptivos y cognitivos.

Sin embargo, hay algo más. Existen intereses de todo tipo detrás de una determinada línea editorial. Y esto también se tiende a aceptar. De hecho, por lo general hay, dos posturas sobre este tema:

  1. Que los medios de comunicación deben limitarse a buscar la verdad más objetiva posible, mantenerse neutrales e imparciales. Es decir, deben buscar mecanismos para frenar sus sesgos y los intereses ajenos a la función informativa.
  1. Que los medios de comunicación no deben ser neutrales y cada periodista debe adherirse a unos valores determinados que condicionen cómo informa y para qué.

Cada medio e incluso cada periodista se adhiere a una u otra postura, o bien, una mezcla de ambas, y sigue una línea editorial. Lo que daría lugar a la variedad de opciones para informarnos sobre un hecho o de consultar los sucesos de hoy. ¿Es esto negativo? Siempre que exista variedad y disponibilidad de fuentes, acceso a los datos sobre los hechos y se respete la independencia y ética de las personas que se dedican al periodismo, no tiene por qué. Cuando todo esto peligra es cuando saltan las alarmas.

Este antiguo debate no supone, en sí mismo, un problema. Y esa es la principal diferencia y característica definitoria de los bulos o las “fake news”. Porque hay una diferencia importante entre la parcialidad que refleja un periódico u otro al informar del mismo hecho, a difundir un bulo.

¿Qué es, por lo tanto, un bulo o una “fake news”? Se trata de una afirmación basada en información falsa, o bien en datos falsos, o ambas, que se construye de manera intencionada para otorgarle apariencia de afirmación verdadera y que se difunde a través de herramientas de comunicación, ya sea mediante servicios de mensajería instantánea tipo Whatsapp, redes sociales, periódicos, o cualquier otro que tenga gran alcance. Más concretamente, las “fake news” son un tipo de bulo que precisamente se difunde en forma de noticia como si ésta fuera real.

Típico bulo de Whatsapp. Autor: Captura de pantalla realizada el 18/04/2020 a las 22:01h. Fuente: propia.
Típico bulo de Whatsapp. Autor: Captura de pantalla realizada el 18/04/2020 a las 22:01h. Fuente: propia.

No se trata, por lo tanto, de la lectura interesada o sesgada de un hecho, ni de la interpretación retorcida de unos datos. Las «fake news» son toda una sentencia pre-fabricada con un objetivo concreto: desinformar. Es decir, tienen como objetivo la manipulación mediática e informativa, para perseguir beneficios económicos, sociales o políticos. Por lo tanto, son una forma de engaño directo.

Antecedentes de las «Fake News»

Cartel sobre Jose I Bonaparte
José I Bonaparte fue llamado Pepe Botella. En realidad era abstemio. Autor: Desconocido. Fuente: Wikimedia Commons. Dominio público.

La fabricación de bulos y noticias falsas se ha vivido desde tiempos inmemoriables y se ha utilizado como arma arrojadiza contra enemigos y rivales políticos y/o económicos, para defenestrar grupos sociales o étnias enteras, o para obtener ventaja en una guerra. O incluso sólo con el fin de divertirse.

A pesar de estos antecedentes que ayudan a aclarar los términos, el uso masivo de los medios de comunicación de masas como estrategia de manipulación informativa no se considera que aparece como tal hasta el auge del nazismo en Alemania. Los nazis dedicaron ingentes cantidades de recursos a partir los años 20 y 30 para difundir sus ideas y, para ello, emplearon una buena cantidad de información falsa, bulos, manipulaciones, difamaciones…

Ya en el poder, el partido nazi controló no sólo la prensa y la radio, sino también el cine, el teatro y otras formas de expresión artística y cultural. La propaganda nazi, dirigida por Joseph Goebbels, no consistió solamente en bombardear acerca de las bondades del nazismo, sino también en atacar a sus rivales políticos y esconder las miserias del régimen. Un claro antecedente de las «fake news» que se conocen.

Un ejemplo lo constituye el famoso incendio del Reichstag de 1933, que hoy en día todavía se desconoce si fue producido por miembros del Partido Comunista de Alemania o por los propios nazis, aunque mayoritariamente se acepta esta última versión. El atentado al parlamento alemán fue utilizado por Adolf Hitler para aprobar la llamada Ley Habilitante, que le dio poderes absolutos sobre el país.

Propaganda antisemita durante el régimen nazi. Fuente: David Shankbone, 2017. Fuente: Wikimedia Commons.
Propaganda antisemita durante el régimen nazi. Fuente: David Shankbone, 2017. Fuente: Wikimedia Commons.

Junto a Benito Mussolini y, más tarde, Francisco Franco, dictadores de Italia y España respectivamente, el nazismo tiene el dudoso honor de constituir los antecedentes de lo que hoy se llama “fake news” por parte de la extrema derecha.

Las tácticas de propaganda nazis marcaron un antes y un después, guiando el sendero de gobiernos posteriores en todo el mundo. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945), se continuaron empleando bulos y noticias falsas, que siguieron durante la Guerra Fría (1945 – 1991), donde ambos bloques ideológicos, el capitalista y el comunista, utilizaron información falsa para desacreditar al contrario y arrogarse sus propios logros.

Las «fake news» durante la Guerra Fría

Bloques enfrentados en la Guerra Fría en 1980. Autor: Desconocido, 25/04/2019. Fuente: Wikimedia Commons. (CC BY-SA 3.0.)
Bloques enfrentados en la Guerra Fría en 1980. Autor: Desconocido, 25/04/2019. Fuente: Wikimedia Commons. (CC BY-SA 3.0.)

Es en esta época en la cual la extrema derecha resurge apoyada por el bloque occidental. Puede sonar a teoría conspirativa, pero hoy en día está más que comprobado que, en el marco de la Guerra Fría, bajo el paraguas de la OTAN, la CIA e incluso el M16, se elaboró en los años 60 lo que se conoce como estrategia de la tensión, que tenía como objetivo precisamente la manipulación de la opinión pública con tácticas como la represión, el miedo, desinformación y propaganda.

Esta estrategia hunde sus raíces en el Decreto Nacht und Nebel, que en 1941 buscaba la represión y la aniquilación de cualquier disidencia en la Alemania Nazi y en los territorios ocupados por el régimen nazi. Curiosamente, la estrategia de la tensión fue desarrollada en Italia, según el historiador Daniel Ganser.

Lamentablemente, no existen pruebas físicas de que este antecedente teórico existiera. Hoy en día existe una pugna acerca de si los documentos en los cuales se menciona explícitamente fueron una falsificación por parte de la Unión Soviética o no. Así, historiadores como Peer Henrik Hansen o Hayden B. Peake, se oponen a esta tesis.

Pero lo que sí está probado es que se organizaron dos operaciones: la Operación Cóndor en América Latina y Sudamérica; y la Operación Gladio en Europa.

La Operación o Plan Cóndor tuvo como objetivo el apoyo directo de regímenes autoritarios y dictatoriales de derecha y extrema derecha, así como la colaboración y coordinación mutua entre ellos. Esto explica el ascenso de Augusto Pinochet en Chile (1973), Alfredo Stroessner en Paraguay (1954), Juan María Bordaberry en Uruguay (1973), Hugo Bánzer en Bolivia (1971), Humberto de Alencar en Brasil (1964) o Jorge Rafael Videla en Argentina (1976).

Palacio de la Moneda de Chile bombardeado en 1973 durante el golpe de estado al presidente Salvador Allende.  Autor: Desconocido. Fuente: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. ( CC BY 3.0.).
Palacio de la Moneda de Chile bombardeado en 1973 durante el golpe de estado al presidente Salvador Allende. Autor: Desconocido. Fuente: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. ( CC BY 3.0.).

Por su parte, la Operación Gladio fue desarrollada para entrenar en secreto a grupos paramilitares en Europa para, teóricamente, impedir una eventual invasión de las tropas soviéticas. En la práctica, sin embargo, se dedicaron a acciones terroristas, infiltración, torturas… y un sinfín de acciones en todos los países europeos que tenían como objetivo desacreditar a todos los partidos y movimientos políticos no afines a la política estadounidense. El ascenso al poder de Georgios Papadopoulos en Grecia (1967), diferentes atentados y ataques en países europeos, así como la aparición de grupos terroristas, se relacionan con esta operación, si bien es cierto que no siempre se ha podido probar esta relación.

En ambas operaciones, se sabe que se dio una colaboración estrecha con grupos y partidos de extrema derecha y que se utilizaron diversas estrategias de desinformación. De hecho, en la Operación Gladio se refugiaron antiguos simpatizantes nazis que gozaron del favor del bloque occidental en una especie de extensión de la Operación Paperclip.

Internet y las nuevas tecnologías de la información

Datos de audiencias de los grupos mediáticos españoles. Autor: Elaboración propia. Fuente: Barlovento Comunicación, 2018.
Datos de audiencias de los grupos mediáticos españoles. Autor: Elaboración propia. Fuente: Barlovento Comunicación, 2018.

Con la revelación de toda esta información a lo largo de los años 90, ya con la Guerra Fría finalizada, se comprobó que los países que se autoproclamaban democráticos no han tenido problemas en recurrir a grupos de ultraderecha y a tácticas de manipulación informativa con tal de frenar movimientos e ideas que no se alinearan con las políticas imperantes en el momento. Otro antecedente de las «fake news».

Pero todo eso parece haber quedado atrás. Con la llegada del mundo moderno, el fin de la Guerra Fría, la consolidación del modelo liberal de democracia representativa y el amplio número de opciones informativas existentes, incluyendo la aparición de Internet, lo descrito anteriormente suena a antiguo y desfasado.

Esta manipulación informativa, realizada de forma descarada y basada directamente en falsedades pre-fabricadas y dirigidas por intereses políticos, ha sido sustituida paulatinamente por las líneas editoriales de multitud de opciones, tanto privadas como públicas. De esta manera, cabe retomar al principio del artículo y el debate actual sobre el periodismo contemporáneo.

No obstante, existe un punto de inflexión que demostraría lo contrario.

Con el paso de los años, desde la década de los 80 y los 90, si bien es cierto que la variedad de fuentes de información fueron aumentando, en realidad han estado al alcance de un grupo muy selecto de personas, que además han ido progresivamente agrupándose en amplios conglomerados mediáticos dando una apariencia de diversidad que no es tal. Y si bien es cierto que con la veracidad de sus informaciones ponen en juego su propio prestigio, es evidente que sus sesgos y sus poco sutiles intereses marcan una dirección concreta.

Un ejemplo se vio durante los atentados del 11 de marzo de 2004 en la estación de tren de Atocha de Madrid. Incluso cuando se demostró que fue una célula yihadista como represalia por la entrada de España en la Guerra de Irak, ciertos periódicos como El Mundo (uno de los más leídos en España) así como personalidades y políticos (de ideario conservador) insistían en que fue la banda terrorista ETA. Es más, Estados Unidos, Reino Unido y España sostuvieron un gran bulo para justificar dicha guerra, las existencia de las famosas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.

Trozos de portadas de El Mundo difundiendo bulos sobre los atentados del metro del 11M en 2004. Autor y Fuente: Maldita.es, 2020 (CC BY-SA 3.0.)
Trozos de portadas de El Mundo difundiendo bulos sobre los atentados del metro del 11M en 2004. Autor y Fuente: Maldita.es, 2020 (CC BY-SA 3.0.)

Pero no hay que irse tan lejos. Hace poco, por ejemplo, el mismo periódico difundía un bulo ya desmentido en 2016 sobre el partido político Podemos. En la misma semana, el diario digital El Español publicaba una viñeta de Pablo Iglesias, líder de dicho partido y actual vicepresidente segundo del gobierno, disparándose con un revólver.

Se indicaba al principio de este artículo que siempre que exista variedad y disponibilidad de fuentes, acceso a los datos sobre los hechos descritos y se respete la independencia y ética del periodismo, en principio no hay problema. Pero esto ha ido peligrando, dándose una degeneración progresiva de la calidad de la información ofrecida y a una precarización del periodismo. Y que acabaría por desembocar en las «fake news» actuales.

Este punto de inflexión lo marca la generalización de Internet. Internet ofrece la posibilidad de que las personas de a pie ya no sean meras receptoras de la información. Ahora también emisoras y creadoras de contenido. El aumento de sitios web ha sido exponencial, pasando de 17 millones de páginas en 2000 a 255 millones en 2010 y a unos 1.750 millones en la actualidad, con un aumento del 1000% de personas con acceso a Internet. Un punto de inflexión que recuerda mucho a la generalización del uso de la imprenta en el siglo XIX.

La crisis financiera de 2018 y el papel de Internet

Evolución anual de personas usuarias por porcentaje de población (2000 - 2018). Fuente: Unión Internacional de Telecomunicaciones. Informe sobre el  Desarrollo Mundial de las Telecomunicaciones/TIC (CC BY 4.0.)
Evolución anual de personas usuarias por porcentaje de población (2000 – 2018). Fuente: Unión Internacional de Telecomunicaciones. Informe sobre el Desarrollo Mundial de las Telecomunicaciones/TIC (CC BY 4.0.)

Pese a los datos anteriores, ha sido recientemente cuando Internet ha comenzado a ser utilizado como una herramienta de comunicación de masas efectiva. Los grandes medios de comunicación así como los principales lobbies económicos y políticos, han tardado en adaptarse. Mientras la ciencia del márketing digital, las campañas de Twitter, influencers de Instagram y CMs de las empresas se estaban gestando, durante un breve lapso de tiempo Internet fue territorio de las personas usuarias, erigido como un bastión de contrainformación durante las protestas globales que sacudieron al mundo entre los años 2011 y 2014 a raíz de la crisis financiera de 2008.

De hecho, el año 2008 es también el comienzo de la generalización del uso de las redes sociales. Según un estudio, entre 2006 y 2012, la población estadounidense que se informaba principalmente a través de Internet pasó de un 9% a un 31%. Y hasta un 43% para 2016. La campaña del ex-presidente de Estados Unidos Barack Obama de 2008 es un claro ejemplo.

Es decir, Internet contribuyó a democratizar la información. Quitó la careta a muchos de los grupos mediáticos y profundizó en una mayor calidad informativa. Todo gracias a la gran disponibilidad de fuentes y a la interconexión entre personas usuarias. No es de extrañar que en el lapso de esos años surgieran multitud de intentos para legislar sobre la circulación de información en Internet.

Algunos ejemplos son la Ley SOPA o la Ley PIPA (EEUU), la Ley Lleras (Colombia), la Ley Döring (México) o la Ley Sinde (España). Estas leyes, bajo el argumento de proteger los derechos de autor, buscaban aprobar mecanismos de control de información en muchos casos ajenos al poder judicial. No hace falta decir que esto provocó innumerables protestas.

Banner de protesta del sitio Wikipedia. Fuente: Wikipedia, 2012 (CC BY-SA 3.0.).
Banner de protesta del sitio Wikipedia. Fuente: Wikipedia, 2012 (CC BY-SA 3.0.).

Con la mayor parte de los países capitalistas hundidos en una crisis social, económica y política y con el auge de movimientos alternativos y nuevas maneras de informar, los pasos que seguirían a continuación deberían haber sido positivos. No sólo fueron aumentando las opciones políticas, sino también la cantidad de personas que se unían a movimientos de protesta.

La crisis produjo un descontento hacia el sistema que, gracias en parte a Internet, se ha traducido en la aparición de numerosas opciones políticas alternativas. Estas, con mayor o menor acierto, plantean un cambio de paradigma. Unidas Podemos en España; Francia Insumisa en Francia; Partido Pirata en Alemania; SYRIZA en Grecia; Movimiento de Regeneración Nacional en México; Movimiento 5 Estrellas en Italia; en Estados Unidos, las candidaturas de Bernie Sanders y Jill Stein; o el Frente Amplio en Chile. Además de multitud de colectivos y movimientos activistas: #YoSoy132 (México), 15-M (España), Occupy Wall Street (Estados Unidos) o los movimientos estudiantiles de Chile.

Cabe destacar que las ideas y propuestas de la mayoría de este descontento es variada. En ciertos casos, incluso aprovechadas y/o impulsadas también por lobbies o grupos de presión. No es el objetivo de este artículo analizar esto. Lo relevante es el cambio de paradigma político que supuso la irrupción de nuevas opciones o el ascenso de otras hasta entonces poco o nada relevantes. Y que esto no hubiera podido ser posible sin la pluralidad de opciones informativas que supuso Internet, amén de otras variables.

El desprestigio de los medios tradicionales

Varios periódicos en España con las portadas iguales. Imagen: Gumersindo Lafuente, 2015. Fuente: elDiario.es. (CC BY-SA 2.0.)
Varios periódicos en España con las portadas iguales. Imagen: Gumersindo Lafuente, 2015. Fuente: elDiario.es. (CC BY-SA 2.0.)

La generalización de Internet supuesto un punto de ruptura. Fue el gran instrumento que permitió establecer estrategias encaminadas a la crítica y la contra-información a raíz de la crisis de 2008. Pero, a pesar de esto, el poder mediático siguió concentrándose cada vez más en menos manos. Mientras, fue adoptando estrategias para hacer de Internet otro medio de masas más, como sucedió con la imprenta, la radio o la televisión. Así, cuando antes con pocos recursos se podía conseguir más alcance que un medio tradicional, ahora quien tiene más recursos puede eclipsarte también en Internet.

Un ejemplo se observa en la adquisición de cadenas por parte de los grupos mediáticos. Por ejemplo, en el caso español, Mediaset compró Cuatro en 2010 y adquirió grandes derechos en otras compañías. Solo un año después, Atresmedia haría lo mismo con LaSexta. En México: entre 2013 y 2016, 11 familias acapararon más de la mitad de las cuotas de publicidad y audiencias. En Estados Unidos: en 2008 los grandes medios aprueban su estrategia para ganar presencia en Internet. El caso estadounidense es importante porque sus conglomerados mediáticos influyen notablemente en América Latina. En este estudio se ve quién controla los principales medios en diferentes países del continente.

Porque quien se puede premitir reclutar a un ejército de personas, cuando no, de bots, para desterrar lo irrelevante; o cuando puedes comprar a influencers para que te hagan la campaña, sucede una nueva regresión de la calidad informativa.

Los medios de comunicación y partidos tradicionales intentaron (e intentan) desprestigiar, criminalizar, atacar o ignorar de muchas maneras las nuevas opciones políticas y movimientos sociales que surgieron a raíz de la crisis. Si bien analizar su grado de fracaso o de éxito no es el objetivo de este artículo, el acceso a las instituciones o al poder en varios de estos casos se traduce en un éxito agrio de estas campañas de desprestigio. Esto se debe, como se ha indicado anteriormente, a la falta de estrategias comunicativas a través de Internet. Pero también a otras variables, como ciertas líneas rojas que medios y/o partidos se han negado a traspasar para no poner en peligro su prestigio.

Y es que en la década de los 2000 ya se habían experimentado estrepitosos fracasos a la hora de fabricar noticias falsas. El ejemplo mencionado anteriormente sobre la Guerra de Irak es un buen ejemplo, pues le costó las elecciones al gobierno de José María Aznar (Partido Popular).

Las «fake news» en el mundo moderno

Aumento de cifra de ventas de Boiron, principal distribuidor de productos homeopáticos, entre 2010 y 2017. Autor: Elaboración propia. Datos: Boiron.
Aumento de cifra de ventas de Boiron, principal distribuidor de productos homeopáticos, entre 2010 y 2017. Autor: Elaboración propia. Fuente: Boiron.

La extrema derecha, al contrario que los medios y partidos tradicionales, no tiene ningún prestigio que perder y, por lo tanto, ninguna línea roja. Y es que, dentro de la estrategia consolidada de ciertos lobbies económicos y políticos para frenar movimientos que puedan quitarles cuota de poder, no basta sólo con tirarlos por tierra, sino que es necesario ensalzar alternativas. Famosa es la cita de Josep Oliu, presidente del Banco de Santander, cuando declaró en 2014 que “necesitamos un Podemos de derechas”.

Y es en este preciso instante cuando la extrema derecha vuelve a resurgir. Relegada en muchos casos a posiciones políticas minoritarias y marginales, continúa contando con muchos recursos. Y sigue estando apoyada, en unos casos por lobbies económicos, personalidades importantes y, en otros casos, por el aparato del estado, total o parcialmente. Y cuando no, países o gobiernos extranjeros. Esos recursos le otorgan una ventaja táctica clara. Porque el objetivo siempre ha sido y es el mismo: frenar aquellos movimientos e ideas que no casan con sus intereses.

Se reactiva entonces la estrategia de desinformación y aparecen las palabras “fake news”, aprovechando un nuevo punto de inflexión: la generalización del uso de smartphones y de las aplicaciones de mensajería instantánea, como Whatsapp o Telegram.

Evolución de personas en millones que usan Whatsapp (2013 - 2017). Imagen: Captura de pantalla realizada el 19/04/2020 a las 21:01h. Fuente: Statista, 2018, estudio realizado por Facebook, 2018.
Evolución de personas en millones que usan Whatsapp (2013 – 2017). Imagen: Captura de pantalla realizada el 19/04/2020 a las 21:01h. Fuente: Statista, 2018, estudio realizado por Facebook, 2018.

Pese a que la ciencia ha desmentido muchísimas creencias falsas (y demostrado que las vacunas salvan vidas, que no existen las razas dentro de la especie humana o que llegamos a la Luna), existe un evidente repunte de creencias sin evidencia científica que se han propagado como bulos imperdonables en los años recientes. Esto se debe a que las estrategias de desinformación han sido paulatinamente copiadas y refinadas al tiempo que la interconexión ha pegado un salto con la generalización de estas tecnologías, con lo que la cantidad de información se ha visto difícilmente manejable para la mayoría, convirtiendo la opinión personal en un baluarte inexpugnable al que la evidencia no siempre tiene acceso. Como ya sucedió con la explosión informativa de finales del siglo XIX: además de multiplicar la pluralidad de ideas, también multiplicó la cantidad de charlatanes, el amarillismo y el sensacionalismo.

Otro gran ejemplo se ha visto con las teorías de la conspiración ligadas a la pandemia de Covid19. Resulta muy curioso, además, que todas estas teorías encuentran refugio, sean alentadas o beneficien de alguna manera a la ultraderecha, tal y como sucede por ejemplo con el negacionismo hacia el cambio climático. Curiosamente, dos de los mandatarios de ultraderecha más conocidos, Donald Trump (EEUU) y Jair Bolsonaro (Brasil) han tratado de negar las consecuencias nefastas de la pandemia, lo que les puede costar el puesto tanto a uno como al otro.

Porque si los bulos pseudocientíficos pueden distribuirse tan fácilmente aprovechándose de la falta de conocimiento, cultura y manejo de la información de la sociedad, ¿por qué no podría la extrema derecha volver a sus orígenes y socavar nuestras libertades a golpe de falacia?

La aparición de la alt-right

Richard_B_Spencer_2016_and_Steve_Bannon
Richard B. Spencer (izquierda) en una conferencia en 2016. Autor: Vas Panagiotopoulos, 19/11/2016. Fuente: Filckr. (CC BY 2.0.). Steve Bannon (derecha) en 2018. Autor: Mike Licht. Fuente: Flickr. (CC BY 2.0.).

Así entra en escena la “derecha alternativa” o alt-right. Este término hunde sus raíces en un libro de 1982 llamado La Nueva Derecha que surgió como una crítica al llamado neoliberalismo, un conjunto de teorías económicas que marcaron la política de finales de los 70 y principios de los 80 tras la baja popularidad del keynesianismo producida en parte por la crisis del petróleo de 1973, pero no es hasta que el supremacista blanco Richard B. Spencer, presidente de una de las fundaciones supremacistas más grandes de Estados Unidos, el Instituto de Política Nacional, se apropiaría de él dándole el significado actual.

Quienes se identifican con la alt-right desarrollan su principal actividad en Internet y a través de redes sociales. Entre sus ideales destacan su oposición a cualquier tipo de ideología progresista, promoviendo el antifeminismo, anticomunismo, antiinmigración, racismo, antisemitismo y nacionalismo, pero también haciendo énfasis en el proteccionismo económico y, de forma vaga, contra el liberalismo y los movimientos conservadores actuales, a los que consideran vendidos al establishment, por ser demasiado liberales y progresistas.

Así pues, la alt-right no deja de ser un compendio de ideales políticos de extrema derecha que han surgido como protesta ante la popularidad de ciertos ideales progresistas (como el feminismo), que se organiza de manera descentralizada a través de Internet y que desconfía en general de los medios tradicionales y de los gobiernos actuales. Aparece lo que decía Josep Oliu: un Podemos de derechas.

Es más, no puede entenderse la extrema derecha moderna sin el uso de «fake news». Las ideas afines a la alt-right encontraron su nacimiento en foros de Internet como 4chan o Reddit, pero encontraron hueco en los medios digitales como Breitbar News y Radix Journal. El primero estuvo muy asociado a Steve Bannon, uno de los mayores ideólogos de la nueva derecha radical y quien dirigió la campaña electoral de Trump en 2016; y, el segundo, está relacionado con el mismo Richard B. Spencer.

Ambos medios, amplios difusores de noticias falsas con ideas racistas, xenófobas, supremacistas, antifeministas y anticomunistas, encontraron el apoyo de influencers y youtubers que, a día de hoy, han creado toda una red de difusión de ideas reaccionarias. Uno de los más famosos es Milos Yiannopoulos, de Estados Unidos aunque de origen británico, aunque se ha extendido por toda la geografía. Y esto es muy peligroso porque mucha gente joven encuentra en este falso discurso unas ínfulas de rebeldía contra un supuesto establishment que no es tal. Y en el que han convertido a los sectores privilegiados en las víctimas.

El crecimiento de los populismos de derechas y ejemplos modernos de «fake news»

Mapa de representación de la extrema derecha en Europa
Mapa de representación de la extrema derecha en Europa en 2020. Autor: Elaboración propia. Fuente: Datos oficiales de los países representados.

Con todo este polvorín, Donald Trump irrumpe con su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos en 2016. Sus posturas e ideas ampliamente conocidas, así como los grupos y personalidades de los cuales se rodea, lo sitúan en la extrema derecha. Y muy cercano a la alt-right.

Estos hechos son importantes porque Donald Trump retomó la estrategia de la propaganda masiva mediante bulos y “fake news” como base principal, pero utilizando las redes sociales o Whatsapp, un terreno el cual no sólo estaba el mundo más adaptado, sino que las personas afines a la alt-right conocían muy bien. Mediante procedimientos de minería de datos, se enviaron de manera masiva mensajes específicos que contenían falsedades sobre inmigración, cambio climático, armas, economía, etc. en función de los gustos personalizados de las personas usuarias.

Se estima que llegaron aproximadamente al 36% de la población. En cambio, su principal rival, Hillary Clinton, se centró en lanzar sus mensajes de campaña a través de los medios tradicionales. Medios tradicionales a los que, por cierto, tanto Trump como afines a la alt-right acusan de tendenciosos, falsos y vendidos al establishment. Una forma de capitalizar así el descontento hacia los mismos.

Se puede observar claramente cómo la extrema derecha utiliza las estrategias empleadas por otras ideologías para captar a su público. El ejemplo lo tenemos en el hecho de presentarse como contrario al establishment o en el uso de las redes sociales.

Sin embargo, Donald Trump se quedaría corto ante el que sea, probablemente, uno de los políticos que más ha utilizado las “fake news”: Jair Messias Bolsonaro, actual presidente de Brasil desde 2018 por Alianza por Brasil. Las declaraciones de Bolsonaro, entre las cuales se encuentran ensalzar las torturas a comunistas o la dictadura militar de 1964, así como sus políticas, lo ubican claramente en la extrema derecha. Durante su campaña se apoyó en el servicio de mensajería de Whatsapp para difundir hasta 1.000 mensajes al día con datos y noticias inventadas. Se divulgó un ataque reiterado, masivo y denigrante a los medios tradicionales, además de bulos sobre temas diversos.

En España, sucedió el conocido caso como “las cloacas del Interior” y que implica al ex-ministro del Interior Jorge Fernández Díaz quien, durante el gobierno de Mariano Rajoy del Partido Popular, se rodeó presuntamente de una serie de personalidades dentro de los mandos policiales (entre ellos el ex-comisario José Manuel Villarejo, en prisión por diferentes casos de corrupción), la llamada “brigada patriótica”, a los que (presuntamente) se les encargó fabricar pruebas e información falsa para atacar a rivales políticos, que después serían filtradas a diferentes medios de comunicación afines, entre ellos, OkDiario y ElConfidencial, y que han sido fuentes de “fake news” y bulos que aún hoy en día circulan.

De esta forma, se emitieron “fake news” contra Podemos y contra partidos políticos independentistas catalanes entre 2016 y 2018 que cobraron fuerza durante la celebración del referéndum de autodeterminación de Catalunya del 1 de octubre de 2017. Durante ese periodo se difundieron masivamente bulos y noticias pre-fabricadas inteligentemente aprovechadas por un partido político de extrema derecha hasta ese momento con amplia irrelevancia política: Vox.

Bulo difundido por Vox sobre supuestas pagas recibidas por los Menores Extranjeros No Acompañados. Autor y fuente: Maldita.es, 2019, (CC BY-SA 3.0.)
Bulo difundido por Vox sobre supuestas pagas recibidas por los Menores Extranjeros No Acompañados. Autor y fuente: Maldita.es, 2019, (CC BY-SA 3.0.)

Diversos análisis y estudios, entre ellos, uno realizado por la Unión de Seguridad de la Unión Europea, ha concluido que Vox ha utilizado amplios recursos para manipular las redes sociales con bots y cuentas falsas para la difusión de información falsa y en mensajes a través de Whatsapp. Mensajes y «fake news» centrados especialmente en datos falsos sobre políticos y partidos rivales, sobre inmigración, sobre el feminismo y sobre hechos concretos.

Interesante destacar que, a diferencia de otros partidos y personalidades de extrema derecha de otros países, Vox ha recibido un trato por parte de los medios tradicionales mucho más benévolo. Por ello, han sido acusados en reiteradas ocasiones de “blanquear” su discurso y en ofrecerle un altavoz también en los medios tradicionales para la difusión de sus bulos.

Algunos ejemplos más se ven en la campaña por el Referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea de 2016, donde el Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP) de Nigel Farage, conocido también por sus posiciones ultraderechistas, contribuyó a la difusión de bulos; también en el plebiscito de los Acuerdos de Paz de Colombia de ese mismo año por parte de Centro Democrático; o también en Polonia, por parte del Partido Ley y Justicia, que actualmente gobierna el país imponiendo duras leyes anti-LGTB.

Destacar que, especialmente en América, existen organizaciones de extrema derecha pero cuyos discursos, ideas y votantes a menudo son asumidos por partidos de amplio espectro de derecha conservadora y neoliberal. De la misma forma, asumen también el uso de «fake news». Es el caso del Movimiento Demócrata Social de Bolivia o Chile Vamos en Chile.

En total, se estima que más de 30 países han sufrido esta plaga en los últimos años. Mayoritariamente por parte de partidos y movimientos de extrema derecha.

La extrema derecha y la posverdad

Imagen de campaña de Vox
Imagen de la campaña electoral de Vox de 2019. Se representa a sí mismo enfrentando diferentes colectivos activistas, sindicales y medios. Fuente: Twitter

A esta estrategia se le ha llamado “posverdad”. Describe el hecho de fabricar noticias de manera sistemática y organizada en base a la distorsión de la realidad o a la creación de datos falsos para apelar a las emociones y bajos instintos de la gente y así desarrollar un imaginario o incluso una “subcultura” o “corriente” que favorezca la manipulación de las personas hacia un determinado objetivo político, económico y/o social.

En esta posverdad hay un patrón: culpabilizar a los sectores más débiles de la sociedad. Y así poder vender la mentira de que los grupos privilegiados de la misma son, en realidad, las víctimas. Para ello, suele culparse especialmente a sectores cuyas demandas estaban empezando a ser escuchadas y a los movimientos que los apoyan. Como por ejemplo: personas inmigrantes, trabajadores, colectivo LGTB o las mujeres. Y, de esta forma, que luchen por conservar sus privilegios y así dividir a la sociedad. Lo que el nazismo comenzó con la población judía en los años 20.

Una estrategia que, aprovechando la desconfianza, los miedos y la falta de cultura general, ahondan en el antiintelectualismo, el desprecio al diferente y en la pérdida de derechos. Desconfianza y miedo alimentado por los medios.

Así, de pronto se han popularizado un conjunto de mentiras alentadas por la ultraderecha que, aunque fácilmente desmontables, desdibujan en cierto modo la realidad. Mentiras como que el fascismo o el nazismo son de izquierdas, que la seguridad social en España la creó Francisco Franco, que el golpe de estado que provocó la Guerra Civil Española lo promovió el PSOE y un largo etcétera.

En resumen, aunque evidentemente organizaciones de toda ideología han utilizado en algún momento las “fake news”, son los partidos y movimientos de extrema derecha los que mayoritariamente han despositado sus triunfos en este tipo de estrategias y en aquellos grupos que han permitido o han alentado de alguna forma que las pudieran usar, ya sea mediante recursos, apoyos explícitos o simplemente sin hacer nada al respecto, algo que ha sucedido históricamente, pero también actualmente, para frenar otro tipo de ideologías que no interesan. Es por eso que muchos partidos ultraderechistas han atacado a los sitios encargados de verificar información, tachándolos de censura y de manipulación. Incluso Vox propuso en España legislar en contra de los verificadores de bulos.

Desde los años 20 hasta la actualidad, diferentes contextos y herramientas, pero mismos objetivos: perpetuar los privilegios de unos pocos en detrimento de la mayoría, dejando un reguero de sangre por el camino si hace falta.

CJ: ¡Gracias a vosotros!

Adrián Juste

Jefe de Redacción de Al Descubierto. Psicólogo especializado en neuropsicología infantil, recursos humanos, educador social y activista, participando en movimientos sociales y abogando por un mundo igualitario, con justicia social y ambiental. Luchando por utopías.

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