Jeffrey Epstein: la relación entre la pederastia y las élites mundiales

El nombre de Jeffrey Epstein resuena últimamente por casi todos los medios de comunicación. Podría decirse que prácticamente ni necesita presentación. Se trata de un multimillonario estadounidense condenado por tráfico de menores en 2016 y que terminó muriendo en extrañas circunstancias en una celda de aislamiento en 2019, teóricamente debido a un suicidio, si bien existe controversia al respecto.

Jeffrey Edward Epstein, un judío de origen humilde (su padre fue jardinero y su madre asistente escolar y ama de casa), era conocido en Estados Unidos y en buena parte del mundo por ser un financiero e inversor con enorme influencia social entre la clase alta, codeándose con personalidades de ámbitos distintos (mundo del espectáculo, de la política…). Tras su primera denuncia por acoso sexual a una menor de 14 años en 2005, llegó a ser procesado por haber acosado a 36 adolescentes en 2008 con cargos tan graves como prostitución de menores. Finalmente, en 2019, fue detenido de nuevo por este delito, hallado culpable más tarde por el manejo de una red de tráfico de menores, conocida como ‘Lolita Express’ debido al apodo que le pusieron a su avión privado.

El documental de Netflix “Filthy Rich” y las filtraciones de Anonymous del 5 de junio en las cuales se ha publicado la supuesta agenda de contactos de Epstein no hace sino revelar sus poderosas conexiones alrededor de todo el mundo. Aunque no deja de ser una simple agenda y aparecer ahí no implica necesariamente el haber cometido ningún delito, existen certezas de que el multimillonario era la cabeza pensante detrás de una red de prostitución y abuso de menores que operaba desde su isla privada en Saint James para satisfacer las perversiones de gente rica y poderosa.

El origen de su fortuna

Leslie Wexener recibiendo un premio en la Ceremonia de los Premios Woodrow Wilson, 03/07/2008
Leslie Wexner, CEO de Victoria’s Secret, recibiendo un premio en la Ceremonia de los Premios Woodrow Wilson, 03/07/2008. Dominio público.

No se sabe a ciencia cierta cuál es su fortuna y de dónde procede la misma. Las últimas publicaciones estiman que podría trascender las nueve cifras, es decir, que podría tener miles de millones de dólares. Sin embargo, no ha trascendido mucho más.

Epstein destaca por haber tenido un origen humilde, dedicándose a la enseñanza durante un breve periodo de tiempo y más tarde como asistente en un banco de inversión. En 1981 funda su consultoría, Assets Group Inc., en la que ayuda a gente adinerada a recuperar su dinero de inversiones fraudulentas, aunque también ayudó a personas que habían malversado fondos. En esta época tuvo de clienta a la conocida actriz española Ana Obregón a recuperar millones de euros en pérdidas por un fraude.

Lo que poca gente sabe es que, según declaraciones del propio Epstein, fue agente de inteligencia para el gobierno de Estados Unidos en aquellos años. Poseía un pasaporte falso austríaco donde aparecía con nombre falso y con residencia en Arabia Saudita. La periodista de investigación Vicky Ward dijo que en 2017 «un ex alto funcionario de la Casa Blanca» le dijo que el Fiscal federal de distrito de Florida, Alexander Acosta, quien manejó el caso criminal de Epstein en 2008, dijo a los entrevistadores de Trump: «Me dijeron que Epstein ‘pertenecía a la inteligencia’.».

Al respecto, se conoce que en los años 80 viajó repetidas veces a Asia y a Europa tratando con contratistas de defensa.

Trabajó también en el grupo inversor Tower Financial Corporation, que en 1993 quebraría como consecuencia de ocultar una estafa piramidal tipo Esquema Ponzi con pérdidas equivalentes a casi 800 millones de euros para sus inversores. Aunque Epstein la había abandonado en 1989, ha sido señalado por haber participado en dicha estafa.

Es en 1988 cuando funda J. Epstein & Company, su propia firma de gestión financiera. Su idea era atender únicamente a clientes de más de mil millones de dólares patrimonio neto, si bien gente que le conocía se muestra escéptica con que realmente esto fuera así.

De hecho, el único cliente multimillonario conocido de Epstein fue Leslie Wexner, conocido entre otras cosas por ser el CEO de Victoria’s Secret, una conocida empresa de lencería y productos de belleza femenina que emplea a modelos muy conocidas en campañas publicitarias y en desfiles de pasarela. Después de resolver varios enredos financieros de Wexner, en 1991 acabaría siendo su asesor financiero. Para 1995, era director de varias fundaciones a nombre de Wexner, con capacidad para actuar en multitud de operaciones económicas, incluyendo ser intermediario con el personal de la compañía y las modelos y aspirantes a modelos. Al año siguiente, cambió de nombre su empresa a Financial Trust Company y la trasladó a la isla de Saint Thomas, en Islas Vírgenes, para utilizarla de paraíso fiscal y poder declarar muchos menos impuestos. Wexner acabaría rompiendo lazos con él años más tarde.

En 2003 compró la revista New York en la cual también invirtieron otras personalidades, entre ellas, Harvey Wenstein, productor de cine hoy en día también acusado de múltiples delitos sexuales. En 2004 fundó junto a Zuckerman, un editor del New York Daily News, una revista de prensa rosa llamada Radar.

Entre 2000 y 2007 fue presidente de Liquid Funding Ltd., firma inversora pionera en comerciar con activos financieros en función de la supuesta seguridad de rentabilidad a largo plazo. Hoy en día ya sabemos que muchos de estos activos, también ofrecidos por otras firmas, fueron apoyados por las famosas agencias de rating como Standard & Poors o Moody’s que se dedicaban a puntuar la solidez de los activos financieros y que llegaron a poner su calificación máxima (AAA) a activos tóxicos, contribuyendo al famoso crack de 2008 y la consecuente crisis económica y financiera mundial.

También se dedicó a varias inversiones y a la filantropía. Aunque desde sectores del conservador Partido Republicano se le ha asociado con el Partido Demócrata y sectores progresistas, lo cierto es que Epstein regó con su dinero a múltiples personalidades y universidades de todo signo político. Mostró interés también por la investigación científica, concretamente en la eugenesia. Varias investigaciones afirman que Epstein tenía un rancho en New México donde tenía pensado inseminar a 20 mujeres y llevar a cabo mejoras genéticas en la raza humana a partir de su propio esperma.

Aunque la influencia social de Epstein no parece estar discutida, sí lo está su supuesta fortuna. Además de diversas falsedades ya desde los años 80 y proyectos fallidos a lo largo del tiempo, desde medios como la conocida revista Forbes y el New York Times han concluido que probablemente su supuesta fortuna no era tal, que era más una imagen proyectada que una realidad. Señalan que seguramente perdió casi toda su fortuna en la crisis de 2008. Sin embargo, es cierto que su estilo de vida y su alcance hace pensar que sí era multimillonario. Una investigación de Miami Herald concluyó que su riqueza estaba distribuida a lo largo de todo el mundo en una compleja red para huir de miradas indiscretas.

Debido a todos estos factores, se dice que tanto su fortuna como su influencia provenía en buena medida de la clandestinidad gracias a la red de prostitución que dirigía, además del chantaje y la extorsión.

Por otro lado, también es cierto que buena parte del dinero que corría por sus manos no era suyo, sino de socios y clientes relacionados con sus proyectos empresariales.

Influencia en la alta sociedad

Jeffrey Epstein con el príncipe Andrew en una foto de archivo de 2010.
Jeffrey Epstein con el príncipe Andrew en una foto de archivo de 2010. Autor: Fotografía realizada a monitor el 10/06/2020 a las 15:26h. Fuente: Netflix

Lo primero que destaca de Epstein es la gran cantidad de gente poderosa que conocía. Ha sido relacionado con Donald Trump, Rupert Murdock, los Rockefeller, los Rothschilds, Harvey Wienstein, Woody Allen, Michael Jackson, Kevin Spacey, Bill Clinton… también prominentes políticos como Tony Blair o el ministro de Defensa de Israel, así como miembros de la realeza de países como Reino Unido o Arabia Saudí. En la supuesta agenda que se ha publicado sobre sus contactos, hay decenas de nombres.

Sin embargo, su capacidad de influencia se ve desde un primer momento cuando empieza a recibir denuncias por abusos sexuales. En 2008 logró un trato increíblemente favorable de la fiscalía del distrito sur de Florida, entonces dirigida por Alex Acosta, más tarde Secretario de Trabajo con Donald Trump. Este trato secreto, que salió a la luz un mes antes de la muerte de Epstein, reveló que Acosta consiguió inmunidad para él y para toda la red de cómplices y conocidos que pudieran verse involucrados en el caso.

Gracias a este acuerdo, Epstein conseguió una condena de apenas 18 meses de prisión (de los cuáles solo cumplió 13) con permisos para salir de la cárcel doce horas al día. En el estado de Florida, por estos delitos ha habido casos de cadenas perpetuas, además en un país donde la jurisprudencia sienta un precedente muy claro en las sentencias judiciales. Incluso se sabe que se saltaba la libertad condicional para viajar a su isla privada sin que tuviera consecuencias. A cambio, Jeffrey Epstein indemnizó a las víctimas y aceptó aparecer en el registro público de delincuentes sexuales. Le defendieron prestigiosos abogados como Alan Dershowitz, quien defendió también a O.J. Simpson el uno de los casos más polémicos de la Historia.

En aquel momento, Donald Trump hizo declaraciones ya publicadas en varios medios, como que era “un tipo estupendo. Es muy divertido estar con él. Dicen que le gustan las mujeres hermosas tanto como a mi, y muchas de ellas caen del lado más joven. No hay dudas sobre eso. Jeffrey sabe cómo vivir la vida». Tanto él como buena parte de personalidades de renombre, de Hollywood, como políticos, casas reales y del cine y la televisión, frecuentaban de manera asidua sus mansiones.

Esto es solo un indicador de cómo Jeffrey Epstein utilizaba su poder y su dinero para rodearse de personas mucho más influyentes que él y así conseguir impunidad para pertrechar sus crímenes sexuales.

Pero hay mucho más. Es fácil comprobar cómo, por ejemplo, en su momento, los medios de comunicación cercanos a ciertas élites calificaron a las víctimas de Epstein como prostitutas incluso cuando ya había salido la sentencia, cuando esto era mentira. También se ha criticado que la judicatura hizo una clara dejación de funciones para alargar el caso todo lo posible y que fuera olvidado por los medios, llegando a acuerdos secretos para conseguir sentencias favorables (ante la incredulidad de la policía de Palm Beach en Florida). O también se sabe que los abogados de Epstein usaron a detectives privados para rebuscar en la vida de las víctimas y personas que investigaban el caso para posteriormente tratar de desacreditarlas.

Uno de los ejemplos más extremos de esto lo destacó Virginia Roberts Giuffre, una de las presuntas esclavas sexuales del multimillonario (con 17 años en aquel momento), quien le acusó de recibir a modo de regalo de cumpleaños tres niñas de 12 años desde Francia. En el juicio, aseguró que Epstein se jactó, riéndose, de cómo por dinero podías prácticamente comprar cualquier cosa.

Y, sin embargo, consiguió mantener un perfil perfecto para no ser señalado. Solía celebrar fiestas para políticos, empresarios y celebridades en sus mansiones en Manhattan, Palm Beach y Nuevo México. Para probar su influencia, exhibía las fotos de figuras conocidas. Montó incluso conferencias científicas a las que fueron personalidades como Stephen Hawking. Y, sobre todo, movía dinero y supo mantener una imagen de filántropo y respetado financiero comprometido con la sociedad.

El caso del príncipe Andrew

Andrew, hijo de Isabell II y Conde de York, miembro de la Familia Real de Reino Unido, ha sido señalada también por Virginia Roberts. Asegura que fue obligada a acostarse con él en una orgía organizada por Epstein.

Aunque el Conde, quien es el octavo en la línea de sucesión, ha negado siempre las acusaciones y ha declarado haber ayudado a las autoridades en el caso, testigos admiten haberlo visto en compañía de chicas jóvenes en Saint James, la isla privada de Epstein (conocida popularmente como la “Isla del Pedófilo”). Incluso hay fotografías suyas en compañía del multimillonario a fecha de 2010, cuando sus escándalos ya se conocían y varias personalidades habían decidido alejarse de él para lo que mucha gente era bastante obvio.

Pese a ello, su influencia social no se vio especialmente afectada. Lo primero que hizo cuando salió de la cárcel en 2010 fue montar una fiesta en la que asistió muchísima gente conocida, entre ellos, el propio príncipe Andrew. Es decir, a pesar de su condena por múltiples abusos a menores de edad, a parte de la élite económica y política del mundo que lo rodeaba pareció no importarle.

Podrían tratarse solo de rumores, pero la Fiscalía de New York ha decidido que hay indicios de delito por lo que someterá al Conde de York a un interrogatorio el próximo lunes 15 de junio por su relación con la red de abusos. El caso ha supuesto un cisma en la Familia Real, visible en los actos públicos de la misma. De hecho, las relaciones de Epstein con la Casa Real británica no se limitan a Andrew, sino que resuenan nombres como el de su ahora ex-mujer Sarah Ferguson o el de Charles Althorp, hermano de la princesa Diana de Gales, más conocida como Lady Di. Estas personas aparecen tanto en la agenda filtrada de Epstein como en el registro de vuelo de su jet privado.

Se estima que la red de pederastia de Epstein alcanza a empresarios y políticos de alto nivel, incluyendo presidentes de Estados Unidos, sobre los cuales se está investigando.

El papel de Ghislaine Maxwell

Captura Google Maps del Rancho de la isla de Epstein.
Rancho de Jeffrey Epstein en la isla de Saint James. Autor: Captura de pantalla realizada el 10/06/2020 a las 19:37h. Fuente: Google Maps.

Es bastante difícil, por no decir imposible, que Epstein hubiera llevado a cabo en solitario todos los delitos de los que se sospecha es culpable. Ghislaine Maxwell es el nombre que resuena como una de las posibles y principales cómplices. Hija del gran empresario británico Robert Maxwell y de la investigadora francesa Elizabeth Maxwell, tuvo una relación estrecha con Epstein desde hace por lo menos casi 20 años, siendo su pareja sentimental hasta poco antes de su primera condena por abusos sexuales en 2008 (si bien su relación en distintos puntos es un tanto ambigua).

Virginia Roberts asegura que conoció a la pareja por una oferta de trabajo como masajista, convirtiéndose en la esclava sexual de ambos, recibiendo a partes iguales promesas de una vida mejor y amenazas para que no acudiera a la policía.

A pesar de que nunca se le ha acusado como tal de los cargos que se le imputan a Epstein, Maxwell está en paradero desconocido.

No obstante, todos los relatos conocidos de las víctimas de la red de pederastia señalan a Maxwell como la principal cómplice, quien habría estado captándolas, acompañando al multimillonario en sus delitos y amenazando a quienes quisieran denunciar los hechos, al menos desde 1996, si bien se le relaciona con Epstein desde 1993. Se sabe también que fue ella quien, con altas conexiones con la élite británica, le presentó al príncipe Andrew. De hecho, desde la sociedad estadounidense no se entiende por qué no está siendo investigada, especialmente cuando la Justicia determinó en 2016 que su implicación en el caso era evidente.

Por otro lado, el medio estadounidense Page Six afirma que Ghislaine está siendo protegida por el FBI precisamente por toda la información que puede aportar al caso y el gran alcance de los datos que pudiera desvelar. No en vano, se ha dicho también que, para protegerse, Epstein grababa todo lo que pasaba tanto en su isla privada como en su mansión con el objetivo de darse armas para chantajear a quien pudiera amenazarle y así mantener su tapadera. De ser esto cierto, Ghislaine podría estar en peligro y tendría sentido la protección del FBI, más aún teniendo en cuenta las extrañas circunstancias de la muerte de Epstein.

Además de Ghislaine, investigadores citan también a la ex-modelo Nadia Marchinkova, a Sarah Kellen, Adriana Ross o a Lesley Groff como presuntas cómplices y asistentes a las “orgías pedófilas” de Epstein. Por ejemplo, Sarah Kellen es referida por las víctimas con el apodo de “la lugarteniente” por su papel de secretaria y reclutadora de víctimas para Epstein. A día de hoy no han sido imputadas.

Así, y según se ha explicado desde la NBC, el multimillonario contaba con una amplia red de “discípulas” a través de sus empresas y contactos para poder cometer sus delitos.

La red de pederastia

Jeffrey Epstein con una amiga en una fiesta en 2014
Jeffrey Epstein con una amiga en una fiesta en 2014. Autor: Fotografía a monitor el 10/06/2020 a las 15:26h. Fuente: Netflix.

Las múltiples acusaciones de Epstein por parte de, al menos, 50 chicas (aunque podrían ser hasta 80), muchas niñas de entre 12 y 16 años, refieren abusos y agresiones sexuales por parte del multimillonario y personalidades de la alta sociedad tanto de Estados Unidos como de otras partes del mundo.

Todo indica que Epstein utilizaba sus poderosos contactos y cómplices para atraer a sus víctimas, normalmente con promesas de fiestas, de una vida mejor o de pagar sus estudios, aprovechándose de situaciones de vulnerabilidad y pobreza, para después bajo el chantaje, la amenaza o mayores promesas obligarlas a mantener sexo con él en orgías sexuales en las que participaban empresarios, políticos, financieros e incluso miembros de casas reales europeas en sus mansiones. Llegaron incluso a buscar víctimas en la misma puerta de los colegios, engatusando con regalos o con dinero.

Se preocupó de labrarse una reputación de hombre respetable de negocios y filántropo para ganarse el favor de la prensa y de gente poderosa, además de para presentar una imagen amable, cercana y agradable a sus víctimas, quienes aseguran que en privado “se transformaba” para desvelar el depredador sexual que era en realidad.

En los registros efectuados a su residencia no sólo encontraron fotografías con multitud de personas famosas, sino también de menores desnudas en poses sugerentes, una decoración un tanto enfermiza (por ejemplo, tenía un ajedrez cuyas piezas eran moldes del rostro de sus empleadas) y cámaras escondidas que muy probablemente se utilizaron para grabar todo lo que allí sucedía y así poder protegerse las espaldas.

Las personas (periodistas, fiscales, juristas…) que llevan años estudiando el caso insisten en que, en los últimos años, el caso de Epstein era un “secreto a voces”. En Palm Beach, uno de los lugares de residencia habituales, el vecindario más cercano podía ver perfectamente cómo paseaba por el jardín de la mano de chicas “demasiado jóvenes” con las que luego se metía en casa y «bajaba la persiana». En su isla privada, los lugareños habían apodado a su jet privado “Lolita Express” por llevar y traer a adolescentes en su interior. A la misma isla la llamaban la “Isla del Pedófilo”. Las poderosas conexiones del multimillonario y el miedo a las represalias evitaron durante años que nadie emitiera denuncia alguna.

Las circunstancias de su muerte

Cuello de Epstein después de suicidarse
Cuello de Jeffrey Epstein tras su supuesto suicidio. Autor: Federal Bureau of Prisions, 10/08/2020. Fuente: Fox News. Dominio público.

Epstein apareció muerto el 10 de agosto del año pasado en su celda de la Cárcel Metropolitana de Nueva York. Las conclusiones finales de la autopsia, que se realizó de manera confidencial, determinaron el 16 de agosto que se trató de un suicidio por estrangulamiento. No contentos con este veredicto, los abogados llevaron a cabo una investigación independiente, muy especialmente por las irregularidades encontradas durante su estancia en prisión.

Y es que, tres semanas antes de su muerte, el 23 de julio, Epstein había sido trasladado a una celda de seguridad diseñada específicamente para evitar suicidios. Supuestamente fue encontrado inconsciente y con lesiones en el cuello que llevaron a las autoridades a tomar esta decisión. En estas celdas, no solamente se cuida que no haya ni un solo objeto que se pueda usar para cometer suicidio, sino que se dispone de un compañero de celda encargado de vigilar y cada 30 minutos los guardias de seguridad pasan a comprobar que todo esté correcto.

Pero, curiosamente, la noche anterior a su muerte cambiaron a dicho compañero y no lo sustituyeron. Al mismo tiempo, los guardias estuvieron hasta 8 horas sin comprobar su celda, alegando que “se quedaron dormidos”. Por último, las dos cámaras de seguridad más próximas a la celda de Epstein y que podían haber grabado algo, no funcionaban.

Las conclusiones de esta investigación no fueron del todo determinantes, pero sí ahondan en la sospecha. Epstein murió por haberse roto los huesos hioides. Aunque es posible rompérselos mediante un ahorcamiento típico de un suicidio, un estudio aclara que poco más del 5% de los casos de suicidio por estrangulamiento presentan roturas óseas de este tipo. Y que, de darse, sucede cuando hay problemas de desgaste de dichos huesos como consecuencia de tener una edad muy avanzada o alguna patología clínica. Circunstancias que no se daban en el multimillonario. Especialistas forenses concluyeron que era “extremadamente inusual” que dichas fracturas se dieran en este caso, siendo “mucho más comunes” en homicidios por estrangulamiento.

No ayuda tampoco el hecho de que se descubriera que Epstein había firmado su último testamento el 8 de agosto de 2019, dos semanas después de ser encontrado herido en su celda y dos días antes de su muerte. Hasta este momento, Epstein había estado depositando dinero en las cuentas de otros reclusos para evitar ser atacado, algo que no tiene mucho sentido si pensaba suicidarse.

Teniendo en cuenta los delitos imputados y que se encontraron cámaras de vídeo tanto en sus grandes residencias como en su isla privada, no es de extrañar que un muy alto porcentaje de la gente que sigue el caso piense que, efectivamente, no se trata de un suicidio, sino de un intento por que la realidad no salga a la luz. El hecho de que haya trascendido la posibilidad de que Maxwell, su principal cómplice, esté siendo protegida por el FBI o las nuevas filtraciones de Anonymous acerca de las muertes de personalidades famosas, no hacen sino aumentar la especulación.

Conclusiones

Resulta difícil establecer conclusiones firmes acerca de un caso con tantos claroscuros, información contradictoria y especulaciones. Pero sí que parece bastante obvio lo que a sido una gran verdad a lo largo de los siglos y que, pese a todos los avances que hemos vivido, sigue siendo: quien tiene poder, puede gozar de impunidad. Tener dinero, influencia y contactos y pertenecer a una élite con privilegios de facto sobre el resto de la sociedad, genera profundas desigualdades y un abuso de poder que, llevados al extremo, derivan en casos como este.

Porque es impensable que una red tan extendida (y tan evidente) de abuso de menores pueda haber permanecido durante tantos años sin tener las poderosas conexiones que tenía Epstein. Con profunda pesadumbre, los testimonios de las chicas que sufrieron el calvario de este depredador sexual recuerdan a los escándalos de Harvey Weinstein y el de todas aquellas mujeres que declararon haber sido abusadas y acosadas por productores, directores y otras personalidades del mundo del espectáculo con promesas de carrera (el llamado caso #MeToo) en lo que era también un “secreto a voces” que todo el mundo daba por hecho pero del que nadie o casi nadie se atrevía a denunciar.

Entornos de poder, fama, dinero e influencia que luego, evidentemente, se encarga de untar, presionar, dirigir y asesorar a cargos políticos de alto nivel. Que, a su vez, se ocupan de ocultar redes de corrupción, legislar a su favor, manipular a través de los medios y las redes sociales y hacer la vida imposible a quienes están en su contra.

Al final, la red de pederastia de Epstein no es más que una muestra, una alegoría, de la propia maraña tejida alrededor de los poderes fácticos que tratan de que el mundo vaya en una dirección concreta y que la sociedad se pliegue a sus intereses particulares. Una maraña que hay que tratar de dejar Al Descubierto.

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