Vox: moción de censura al Partido Popular

«Los españoles no pueden entender de tácticas políticas, no pueden esperar más. Evitemos lo peor y devolvamos la voz al pueblo español». Con estas palabras defendía Santiago Abascal, líder del partido ultraderechista español Vox, la voluntad de su partido de presentar una moción de censura contra el gobierno de coalición del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidas Podemos.

Pero si tan pronto una moción de censura hubiera sido posible, por pura lógica, Pedro Sánchez no hubiera sido elegido presidente del Gobierno. A nadie le ha pasado por alto que es una moción de censura con una aritmética imposible. Y si de eso se da cualquiera cuenta, hay que pensar que el líder de Vox también lo ha hecho.

Si esto es así, significa que la moción tiene un objetivo muy diferente al de tumbar al gobierno. Significa que la moción de censura va más dirigida a los miembros de la foto de Colón (Partido Popular, Ciudadanos y Vox) que a las fuerzas progresistas. Y, especialmente, al Partido Popular, el partido hegemónico de la derecha española desde hace décadas. De hecho, parece que esta moción rompe con el objetivo de su líder, Pablo Casado, de unificar a los grupos de centro y derecha.

Es más, pese a que los números no dan, Vox ha decidido presentar esta moción en septiembre, después de las vacaciones de agosto, con el motivo en teoría de ir sumando apoyos lentamente durante este parón.

La moción de censura en España

Rajoy asiste al debate de la moción de censura al Gobierno. Autor: La Moncloa. Fecha: 31/05/2018. Fuente: Flickr, bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0
Rajoy asiste al debate de la moción de censura al Gobierno. Autor: La Moncloa, 31/05/2018.
Fuente: Flickr (CC BY-NC-ND 2.0.)

El mecanismo es sencillo. Una moción de censura es una manera de que el parlamento quite (o de) la confianza al actual jefe del Gobierno. Además, es una moción constructiva, ya que si sale adelante, el jefe de Gobierno es sustituido por el candidato propuesto por el grupo o los grupos que la impulsan. Es decir, para presentarla, se debe ofrecer una alternativa de gobierno.

Además, se necesita una décima parte de los diputados, actualmente 35. Una vez presentada se deben esperar un tiempo legal (de una a varias semanas) para que se reúna la Mesa del Congreso y se presenten alegaciones a la misma. Pasado este tiempo, el Congreso debate y vota la moción. Si se obtiene la mayoría absoluta de los votos (esto es, 176), la moción de censura consigue su efecto. Si no, es rechazada.

Resultado de las elecciones de Abril de 2019 del Congreso de los Diputados. Autor User:LuisZ9 y Phalbertt. Fecha: 28 de abril de 2019. Fuente: Wikipedia, bajo licencia de dominio público.
Resultado de las elecciones legislativas de abril de 2019 del Congreso de los Diputados.
Autor User:LuisZ9 y Phalbertt, 28/04/2019. Fuente: Wikipemedia Commons. Dominio público.

Actualmente, Vox cuenta con 52 asientos en el Congreso. Sumando a PP y Ciudadanos, sumarían 151 votos. Necesitarían 25 más. Incluso aunque sumaran a todos los grupos que votaron en contra de la investidura de Pedro Sánchez (Junts per Catalunya, Candidatures d’Unitat Popular, Unión del Pueblo Navarro, Coalición Canaria, Foro Asturias y Partido Regionalista de Cantabria) se quedarían en 165. Aún necesitarían 11 votos de los independentistas y regionalistas. Y si ya parece absolutamente imposible que ciertos votos que dijeron que “No” a Pedro Sánchez, como Junts per Catalunya o las CUP, votasen que sí a un candidato de derecha, aún parece más imposible que consiguieran el apoyo de EH Bildu o Esquerra Republicana de Catalunya.

De hecho, la historia no favorece mucho a los que presentaron estas mociones. Se han presentado cuatro: Felipe González contra Adolfo Suarez (1980), Antonio H. Mancha contra Felipe González (1987), Pablo Iglesias contra Mariano Rajoy (2017) y Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy (2018).

De todas ellas, solo una ha sido aprobada por el Congreso: la que llevó al actual Presidente del Gobierno a la Moncloa.

Pese a todo lo anterior, aunque es evidente que es casi imposible que salga adelante, Vox argumenta que está abierto a debatir esta moción de censura con el resto de grupos. E incluso a que otro candidato que no sea de Vox la encabece.

El objetivo: gobernar las derechas, agitación y polarización

Campaña promovida por Vox con el objetivo de protestar en coche contra el gobierno. Una estrategia de agitación y crispación.
Campaña promovida por Vox con el objetivo de protestar en coche contra el gobierno.
Una estrategia de agitación y crispación.

Así pues, si tan evidente resulta que la aritmética es imposible pero Vox continúa adelante, lo lógico es deducir que el fin de presentarla es otro. O quizás varios.

De entre estos hipotéticos objetivos, el primero de ellos es situar a Vox en el centro de las miradas políticas. El partido sigue punto a punto el manual de la alt-right de Steve Bannon y sabe que la polémica y la estridencia al final dan votos. Con esta moción de censura, Vox se sitúa en un punto de visibilidad en un otoño con unas previsiones económicas nefastas para España. E incluso que podrían coincidir con un hipotético adelantamiento electoral catalán. Y el conflicto catalán representa un enorme caladero de votos para el partido verde, que se situó como tercera fuerza en parte por su oposición al movimiento independentista catalán.

El segundo de ellos es seguir polarizando y dividiendo a la sociedad. Al igual que sus homólogos, como Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil, saben que la estrategia de la polarización y crispación política otorga votos y visibilidad.

Además mandan un mensaje claro: el PSOE en el gobierno, Vox la ferra oposición. Un mensaje entendible y sencillo, en línea con el manual de funcionamiento de la nueva alt-right. Crear una dicotomía política en el que el enemigo de la patria son los otros y el salvador de la misma son los propios.

Y, en tercer lugar y más importante, disputan el liderazgo de la oposición al Partido Popular, a la que siempre han llamado «derechita cobarde». Como líder de la oposición, sería Pablo Casado el que debería presentar la moción, lógicamente. Presentarla en su lugar y sin haber consultado a ninguna fuerza política previamente es una auténtica declaración de intenciones.

Este es el verdadero objetivo de Vox tras la moción. Pese a que España hoy presenta un escenario político fragmentado multipolar (es decir, de varios partidos y además con fuertes vetos cruzados entre ellos), los partidos de cada bloque siempre se enfrentar por su primacía dentro del mismo. Es decir, en realidad, Vox no plantea nada que fuera diferente a su estrategia y discurso de siempre: hacer ruido, llamar la atención, crispar y enfrentarse a sus rivales políticos frontalmente.

El fin último de Vox es superar en votos y escaños al PP. Una tarea a día de hoy prácticamente imposible, dados los resultados electorales halagüeños del PP, la gran cantidad de votantes de edad avanzada que apenas tienen movilidad de voto y la enorme implantación territorial de los populares tras décadas de existencia.

Pero, aunque hoy parezca imposible, Vox, como la mayoría de partidos, también pelea el futuro.

El PP ante la encrucijada

Uno de los principales objetivos de esta moción de censura es confrontar a los populares y su hegemonía en el bloque de la derecha conservadora.

Así, el PP se enfrenta a tener que decidir entre jugar a la derecha dura para taponar la herida de Vox por el flanco derecho o al papel de partido moderado de Estado que está intentando jugar Ciudadanos. Y, aunque Pablo Casado pertenece a la línea dura de su partido, los malos resultados de esta estrategia ya se vieron en las primeras elecciones de 2019, con el PP bajando a mínimos históricos. La victoria de Alberto Núñez Feijóo en Galicia en las elecciones autonómicas de este año 2020 demuestra que al PP le va mejor cuando se viste de centrista.

Por esta razón el partido conservador ha salido rápido a declarar que esta moción de censura solo valdrá para reafirmar a Sánchez (cosa que posiblemente sea cierta, al menos en parte) y que no la apoyará si los números no dan. Se calla, por otro lado, que presentar una moción de censura puede reforzar tu papel como oposición.

¿Debería estar el PP preocupado pese a todo? En principio no. Aunque es cierto que la estrategia seguida por Vox estos años lo han llevado a ser terceraa fuerza en España, que Ciudadanos también tuvo un meteórico ascenso en su momento y que Podemos sacó en su momento 69 escaños, últimamente los intentos de la “nueva política” de vencer al bipartidismo del tándem PP-PSOE han acabado en estruendosos fracasos.

Podemos soñaba con un sorpasso al PSOE que fue imposible en 2016 que finalmente acabó con un PSOE fortalecido y un Podemos con unos resultados cada vez más discretos. El caso de Ciudadanos fue todavía peor, ya que de estar a apenas 10 escaños del PP, las elecciones de 2019 pulverizaron a Ciudadanos, dejándolo con 9 asientos y con la dimisión de su presidente, Albert Rivera.

A esto se le suma que el bipartidismo goza de un amplio voto entre las capas de la tercera edad (una población cada vez más grande) y una implantación territorial que ha demostrado el punto débil de la nueva política, cobijada en las grandes ciudades, infrarrepresentadas en el parlamento en comparación a las provincias más despobladas. Además en un país con poca movilidad de voto, donde la gente suele votar casi siempre lo mismo o, como mucho, alternar entre PP y PSOE.

Aún así, hay que destacar que Vox es el primer partido de la nueva política que goza de una implantación territorial trabajada y del cotizado voto rural. Una rareza que podría decantarles la balanza en un futuro.

Viendo otros casos en perspectiva histórica, la moción de censura de Podemos contra el gobierno de Mariano Rajoy no lo catapultó a la victoria, de hecho, esa época fue el inicio del declive del partido morado.

Por todo lo anterior, en principio, la amenaza para el PP, aunque impone cierta presión en el campo popular, no se presenta como un gran problema. Aunque eso sí, dependerá de su estrategia.

Cuando la extrema derecha supera a la derecha: los casos europeos

Primer Ministro François Fillon en el 6º congreso mundial del agua. Auto: Rama. Fecha.12/03/2012. Fuente: Wikipedia, bajo licencia CC BY SA 2.0 Fr
Primer Ministro François Fillon en el 6º congreso mundial del agua.
Auto: Rama, 12/03/2012. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY SA 2.0.)

Sobre los resultados electorales de la extrema derecha contra los partidos de la derecha tradicional hay un par de apuntes que se puede hacer para tratar de establecer analogías con el caso español.

Uno, es que obtienen más victorias en sistemas a doble vuelta o de bipartidismo perfecto (como el caso estadounidense). Esto se debe a su propio “modus operandi”: dado que estas formaciones se mueven bien en la polarización, un sistema con dos opciones principales aumenta sus posibilidades una vez obtienen el apoyo suficiente. La gente cambia de voto de manera más significativa.

Si esto es cierto, entonces un sistema con más opciones plausibles de voto las reduce. De hecho, las democracias con un sistema parlamentario de mayorías han aguantado mejor el envite de la extrema derecha. Los parlamentos pluripartidistas con sistemas proporcionales, aunque han permitido que partidos ultraderechistas tengan representación, en la inmensa mayoría de los casos no han conseguido tocar poder.

Dos, resulta que los partidos de la derecha tradicional pierden opciones cuando aceptan las tesis de la extrema derecha e intentan jugar a ser más duros que ella. Es decir, ante el original y la copia, la gente suele elegir al original.

De ahí que la extrema derecha intenta vender sus discursos a los partidos de la derecha tradicional. Si estos lo copian y asumen, siempre ganan. Además, así consiguen que el espectro político general vire considerablemente hacia sus posiciones y hacen parecer a los partidos progresistas como fuerzas radicales y a los consensos sociales como imposiciones políticas.

Tres, hay que tener en cuenta que los partidos tradicionales de la derecha cargan en general con una pesada mochila política (en forma de descredito, corrupción, malas decisiones, etc…) que también hace que los partidos de extrema derecha aumenten sus posibilidades. Presentarse como un partido nuevo, limpio, moderno, con logos, nombres y colores más atractivos… llama la atención, especialmente de la gente joven.

Esta comunión de factores ocurrió en países vecinos como Francia e Italia. En Francia la Unión por Movimiento Popular del Jacques Chirac, el partido tradicional conservador francés, sufrió graves escándalos y se escoró hacia la derecha con su último candidato, François Fillon (candidato de Los Republicanos, ya que el partido se rebautizó en un intento de renovar su imagen). Como consecuencia, la ultraderechista Marine Le Pen del entonces Frente Nacional adelantó a Los Republicanos y se convirtió en el principal partido de derechas.

Silvio Berlusconi. Autor: paz.ca. Fecha: 9 de Junio de 2013, 16:20:53. Fuente: Wikipedia, bajo licencia CC BY 2.0
Silvio Berlusconi. Autor: paz.ca, 09/06/2013. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY 2.0.)

En Italia, por otro lado, Silvio Berlusconi, quien permaneció en la alta política italiana durante 20 años, fue derrotado por el peso de sus propios escándalos y por la polarización política de Italia, viendo como una formación históricamente minoritaria como la radical Liga Norte ocupó su puesto.

Hay que decir también que El Movimiento Cinco Estrellas (M5S) también tuvo parte de responsabilidad en esto al conformar un gobierno con la Liga y dejar que sus tesis radicales no tuvieran cortapisas, catapultando a la ultraderecha a un enorme resultado electoral y bajando a la mitad los resultados del M5S.

Fuera de estos tres factores, los partidos de extrema derecha no han sido capaces de superar a sus homólogos de la derecha tradicional.

¿Moción perdida? La intención nunca fue ganar

El objetivo de Vox con esta moción jamás ha sido echar a Pedro Sánchez de la Moncloa. El objetivo es mantenerse dentro del foco, llamar la atención y, sobre todo, disputar el dominio del bloque de derechas al Partido Popular. Es decir, a pesar de que Santiago Abascal ha aclamado que «los españoles no pueden entender de tácticas políticas» y que por eso presenta la moción de censura, la realidad es que la propia moción es en sí misma una táctica, una estrategia política para aumentar su techo electoral.

Sin embargo, se ha visto que Vox no lo tiene fácil aquí, al menos en el presente cercano. El PP ha recuperado parte de su popularidad, tiene un suelo de votantes constante y la mayoría de causas de corrupción se mantienen en el pasado. Además, se ha revestido de un papel más moderado que el de hace meses, renunciando en apariencia a adelantar al partido verde por la derecha y tratar de conseguir el terreno perdido por Ciudadanos.

Y, aunque Vox juega a futuros e ir lentamente medrando y ganando terreno a los populares paso a paso, siempre y cuando emplee esta estrategia, en parte dependerá de qué enfoque adopte el Partido Popular: si decide entrar en su juego político, la línea dura y la polarización, Vox ganará enteros. Si se presenta como una alternativa sensata, moderada y de Estado, Vox perderá posibilidades.

La pelota está, pues, en manos de los populares. Si bien Pablo Casado preferiría la línea dura como bien demostró en sus inicios al asumir el liderazgo del partido, las malas experiencias electorales y unos barones bastante avispados posiblemente lleven el partido por otro lado.

De esta forma, a medio plazo, parece poco probable que Vox le coma terreno al PP.

Aunque, como siempre, el futuro está aún por ver.

Enlaces, fuentes y bibliografía:

– Foto de portada: Santiago Abascal conversa con Pablo Casado en el Congreso. Autor: eldiario.es. Fecha: desconocida. Fuente: eldiario.es (CC BY-NC-ND 2.0.)

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

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