Las grandes matanzas del franquismo

Artículo original de Isabel Ginés y Carlos Gonga para Nueva Revolución: Las grandes matanzas del franquismo y el olvido intencionado

Muchas fake news, noticias falsas, dicen que las matanzas del franquismo no ocurrieron o que ambos bandos mataron de igual manera en la Guerra Civil: es mentira. Mucha gente dice que el franquismo simplemente se defendía del bando republicano: tampoco es cierto. Hay también quienes dicen que las muertes eran inevitables: mienten. Incluso los hay que afirman que la represión tras la guerra fue igual para todos: el problema de afirmar sin saber, de hablar sin conocer, es que se dicen estas barbaridades con total convicción.

Se intenta ocultar numerosas masacres, asesinatos en masa, bien para limpiar conciencias o sencillamente para atribuir a la cruel Transición el apelativo de “modélica” y que se olvide lo que pasó. Lo que pasó no se olvida porque las masacres sucedieron, muchas de ellas en supuesto tiempo de paz, y a día de hoy no han sido juzgadas ni enmendadas. No se deben olvidar porque el fascismo que las provocó vuelve a estar muy presente hoy en día en nuestra sociedad.

Se empezará mencionando algunas de las masacres que tuvieron lugar por todo el país… y que no hace tanto tiempo de ello. Mucha gente inocente murió asesinada y no todos mataron mucho: el bando franquista masacró, asesinó vilmente a miles de personas porque consideraban que no todos tenían cabida en su España. Eso por no hablar de la represión y la repercusión que sufrieron.

La matanza de Atocha

La matanza de Atocha ocurrió el 24 de enero del 77. Un grupo de extrema derecha asesinó a tiros a tres abogados laboralistas (especialistas en derecho laboral), a un empleado del despacho donde trabajaban y a un estudiante de Derecho.

Los abogados asesinados fueron Enrique Valdelvira, Luis Javier Benavides y Francisco Javier. El administrativo era Ángel Rodríguez y el estudiante de derecho, Serafín Holgado. También fueron gravemente heridos Alejandro Ruiz Huerta, Miguel Sarabia, Luis Ramos y Lola González. Esta oficina, situada en el número 55 de la calle Atocha, en Madrid, era un despacho de abogados laboralistas de Comisiones Obreras (CCOO) y del Partido Comunista de España (PCE). Los ultraderechistas irrumpieron en él abriendo fuego para asesinar a todas estas personas.

El atentado transcurrió sobre las 22:30 y las 23:00 horas. Buscaban al sindicalista comunista Joaquín Navarro, secretario general del sindicato de transportes de Comisiones Obreras en Madrid por aquel entonces. Joaquín Navarro fue el convocante de huelgas anteriores que lograron desarticular lo que llamaban la “mafia franquista del transporte”. Llamaron al timbre del piso para que les abrieran y así ocurrió pero, al no encontrarle allí, ya que se había marchado unas horas antes, decidieron matar a todos los presentes.

La atrocidad del crimen fue tal que es uno de los pocos crímenes cometidos por la ultraderecha entre 1939 y 1978 que ha tenido un juicio y un reconocimiento. El gobierno italiano, en 1990, vinculó el atentado a la Operación Gladio, un plan orquestado por la CIA para frenar movimientos progresistas en Europa.

La matanza de Badajoz

 Fusilados durante la "matanza de Badajoz" en agosto de 1936. Autor: desconocido. Fuente: ARMHEX
Fusilados durante la «matanza de Badajoz» en agosto de 1936. Autor: desconocido. Fuente: ARMHEX

Nos remontamos ahora a los inicios de la Guerra Civil en tierras extremeñas: la matanza de Badajoz. El genocida Francisco Franco intentó borrarla de la historia dos veces pero no lo consiguió.

La guerra empezó el 17 de julio del 36, cuando Franco y el general Emilio Mola provocaron una sublevación militar para derrocar el Gobierno de Segunda República, elegido democráticamente en las urnas. Casi un mes después, el 14 de agosto del 36, el general franquista Yagüe y sus tropas entraron en Badajoz: querían acabar con la resistencia republicana que plantó cara al golpe de Estado, procedente en su gran mayoría de organizaciones obreras y partidos de izquierda. Cuando comenzó el asalto franquista a Badajoz, la resistencia se encontraba en la catedral, que al final cayó en poder de los legionarios, que fusilaron a todos los antifascistas.

Los moros que acompañaban a Yagüe en este asalto a la ciudad, reclutados por el ejército del general golpista que más tarde sería dictador, se cebaron con la población civil: mataron a todas aquellas personas que estuvieran por las calles, a todos quienes les mostraran oposición. Robaron todo lo que encontraron. Degollaron a muchas personas, violaron en masa a muchas mujeres y mutilaron numerosos cadáveres. Según algunos estudios, se habla de 1.200 a 2.000 ejecuciones durante las primeras horas de la ocupación. Una vez tomada la ciudad, la represión siguió: en el cementerio pacense de San Juan fueron fusiladas multitud de personas.

La plaza de toros de Badajoz fue un centro de reclusión y de asesinato de miles de personas. La masacre de Badajoz fue un aviso para la población de lo que la represión franquista era capaz de hacer. Al mando estaba Yagüe, conocido como “el carnicero de Badajoz”, y apuntan que entre 1.400 y 3.800 personas fueron ejecutadas en esta plaza de toros. Algunos testigos afirmaron que la sangre brotaba por debajo de las puertas hacia el exterior, dada la enorme cantidad de gente que estaban fusilando.

Tras la guerra

A 10 km de Valencia se encuentra el paredón de Paterna, en una zona conocida como El Terrer, donde 2.238 personas procedentes de muchas provincias de nuestro país fueron asesinadas por no tener cabida en la España que Franco había ideado. Cientos de hombres y mujeres que simplemente defendían la libertad del pueblo y el sistema de gobierno de la República fueron detenidos, encarcelados, masacrados y arrojados a fosas comunes, algunas con más de 6 metros de profundidad; todo ello, con la guerra dada ya por terminada. En la mayoría de casos el ejército franquista no permitió despedirse a sus familias.

A lo largo del cauce del riu Sec de Castelló de la Plana fueron fusiladas 970 personas, 530 de las cuales fueron lanzadas a fosas comunes. Procedían tanto de esta misma población como de otros lugares y su supuesto delito no fue otro que el no pertenecer al bando que no se sublevó contra el Gobierno legítimo.

Volvamos a la Guerra Civil: el 23 de agosto del 36, varios camiones salieron en dirección al corral de Valcadera, al 70 km de Pamplona. Allí, falangistas (militantes del partido fascista Falange Española, vigente a día de hoy a través de los distintos sucesores que proclama ser sus herederos) y requetés (las fuerzas navarras que participaron en el bando nacional durante la Guerra Civil) fusilaron a 53 presos republicanos simplemente por querer conservar la libertad que tenían en España. Varios sacerdotes presenciaron la escena fatal. Sus cuerpos fueron enterrados en una fosa común.

La desbandá

Una de las masacres más conocidas por su brutalidad y su inhumanidad fue la Desbandá. El 8 de febrero del 37, en plena Guerra Civil, las tropas franquistas se disponían a entrar en la Málaga republicana. Miles de personas quisieron huir hacia Almería para no sufrir la represión franquista, para evitar que sus familias y ellas mismas fueron víctimas de las violaciones y los asesinatos que estaban cometiendo los franquistas en otros lugares. 

La ciudad de Málaga resistía al asedio del ejército de Franco, seguía siendo republicana, por lo que se sabía que la represión iba a ser muy fuerte allí. Por eso, entre 10.000 y 20.000 civiles quisieron abandonar sus hogares de Málaga y partir en dirección a Almería, protagonizando así uno de los mayores éxodos que se han conocido. Su destino estaba a 200 km a pie por un único camino.

Durante este largo trayecto, miles de niñas y niños, hombres y mujeres, embarazadas entre ellas, y gente anciana fueron bombardeados por los barcos que Francisco Franco dispuso en la costa andaluza. Todo el camino quedó cubierto se sangre y muerte. Miles de personas civiles fueron asesinadas a sangre fría desde la descomunal superioridad de un buque de guerra, por su sensato deseo de exiliarse, de buscar protección junto con sus familias.

Uno de estos barcos fue el Baleares, al que el alcalde de Madrid ha decidido volver a dedicarle una calle de la capital para que todas las personas que pasen por ella se sientan orgullosas de la masacre que ocasionó gracias a los franquistas. Qué orgullo, decir que has quedado o que vives en la calle de un buque que arrasó una carretera llena de familias enteras, desarmadas e inocentes; nótese el sarcasmo. El sadismo es una de las cualidades que más ostentan quienes deciden ignorar la memoria histórica, habitualmente bajo la cobardía del anonimato.

La actual calle franquista madrileña del Crucero de Baleares reemplazó a la del Barco Sinaia. En la imagen podemos ver el Baleares, un buque militar imponente, acorazado, con artillería del máximo calibre y de gran alcance, frente al Sinaia, un barco de vapor francés atestado de republicanos exiliados que pudieron llegar con él a México.

Es una vergüenza que en un país democrático se consienta que se dedique otra vez una calle a un hecho histórico en el que se masacró a varios miles de víctimas inocentes; y es que lo que nos vendieron como “democracia” en el 78, después de morir el genocida, no era tal cosa.

España no condenó el fascismo como hicieron otros países que lo sufrieron. España nunca será un país democrático mientras esto se consienta, mientras se permita y la ley no haga nada por evitar ni reprimir estas exaltaciones fascistas. En la Desbandá hubo cerca de 160.000 personas que huían de Málaga hacia Almería, más de 12.000 de las cuales perdieron su vida en esa carretera. Fue un genocidio. Y quien se sienta orgulloso de un genocidio, no sea capaz de empatizar con el dolor humano y crea conveniente enaltecer a sus verdugos no está capacitado para representar a un pueblo, y mucho menos la capital de un país.

Sospechas y colaboradores

Volvamos a Extremadura: en Helechal, a medio camino entre Córdoba y Badajoz, se produjo la matanza del cortijo del Enjembraero. Los franquistas sospechaban que cuatro hombres colaboraban con el maquis. El maquis era la guerrilla formada por gente que se oponía a la dictadura franquista. Estos campesinos extremeños fueron arrestados por motivos políticos, encarcelados y fusilados el 1 de febrero de 1949 por la Guardia Civil. Sus nombres: Antonio Cortés, Silesio Calderón, Antonio Iglesias y Manuel Merino. Fueron sacados de la cárcel de Castuera, a no más de 20 km de su destino, y asesinados en el cortijo.

La simple sospecha de que una persona estuviese colaborando con el maquis era motivo más que suficiente para los franquistas para acabar con su libertad y hasta con su vida. En Alía, en el término de Cáceres, fueron asesinadas 24 personas de esta localidad y de La Calera, ambas extremeñas, por esta mera intuición. La masacre fue perpetrada el 16 de agosto del 42.

La misma suerte tuvieron los 8 habitantes turolenses de la masacre de Monroyo, en la provincia de Teruel, también conocida como la saca de Monroyo: el 11 de noviembre del 47, 8 habitantes fueron asesinados por la Guardia Civil en una carretera cercana a Alcañiz por ser acusados de colaborar con el maquis o de ser maquis.

En Asturias, más de lo mismo: varias personas fueron asesinadas junto a sus familiares en el pozo de Funeres, en Laviana, a manos de la Guardia Civil, por creer estos que pertenecían a la guerrilla antifranquista. Les llevaron hasta este lugar y allí les asesinaron. Estas tres últimas masacres ocurrieron ya asentada la dictadura franquista.

Se conoce como masacre de Azazeta a una matanza que tuvo lugar durante la guerra en el País Vasco, concretamente en Álava: 16 presos políticos, entre quienes estaba Teodoro González de Zárate, el alcalde republicano de Vitoria, fueron asesinados el 31 de marzo del 37.

Estas asesinatos en masa contrastan fuertemente con los fusilamientos de Zaragoza, en los que 3.543 personas murieron en las tapias del cementerio de la capital de Aragón por profesar la ideología del bando que no era bien recibido en España.

Por otra parte, la cifra de la represión franquista en el cementerio San José de Granada es aún mayor: aproximadamente 5.200 personas perdieron la vida en las tapias de este cementerio por sus ideas políticas.

Las matanzas del franquismo y la justicia

Simplemente se han nombrado algunas de las matanzas, fusilamientos o asesinatos que ejecutaron los franquistas, ya fueran durante la guerra o tras ella. Una considerable mayoría de las tapias de los cementerios de España están cubiertas por agujeros de las balas que mataron cualquier anhelo y esperanza de volver a la democracia. Algunas de ellas, de hecho, están reconstruidas para eliminar los rastros de la represión franquista y en otras, lamentablemente, ya no se pueden apreciar con claridad dichos orificios por el paso del tiempo.

Pero hubo muchas más. A lo largo y ancho del territorio español hay múltiples casos de cementerios, paredones y cortijos donde fueron asesinadas extrajudicialmente, por ser presos políticos y por tener una ideología que no compulsase con el fascismo, miles de personas.

España tuvo un régimen genocida, un totalitarismo que facilitó que una persona que quería el poder asediara pueblos y ciudades, permitiera que los moros que reclutó para que le ayudaran a conquistar el país violaran a sus mujeres, que asesinaran impunemente a miles de personas inocentes y a sus parientes; a muchas mujeres embarazadas, a muchos bebés; que violaran a niñas de no más de 14 años.

Todo esto es lo que se vivió durante años y es lo que se tiene que conocer para superar el pasado pero repararlo bien. Reparar el pasado es conocer lo que pasó para saber reconocer situaciones similares y poder evitar así que no vuelva a suceder; es recordarlo para aprender, no para ponerlo en las calles como recordatorio de un tiempo feliz entre la miseria y la muerte. Más calles “Ana María Matute”, “García Lorca” o “Miguel Hernández” y menos “Baleares”, “General Yagüe” o “Queipo de Llano”, que las calles del pueblo no deben exhibir sangre y asesinatos sino progreso, vida y libertad.

Artículo original de Isabel Ginés y Carlos Gonga para Nueva Revolución: Las grandes matanzas del franquismo y el olvido intencionado

Enlaces, fuentes y bibliografía:

– Foto de portada: Recreación de un fusilamiento. Autor: Germán Zorraquín. Fuente: Asociación Gerediaga Elkartea

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