Plandemia: cómo las teorías de la conspiración te llevan a la extrema derecha

Madrid, 16 de agosto. Como estaba anunciado, se reúne una manifestación con cientos de personas en protesta en contra del uso obligado de mascarillas y en contra de la existencia misma del coronavirus. Aunque, aparentemente, no era nada relacionado con la política, nada más lejos de la realidad.

En la manifestación junto a lemas como Queremos ver el virus, lo que mata es el 5G” o “bote, bote, bote, aquí no hay rebrote, había otros lemas con mucho más contenido de fondo como los niños no se tocan, “el masón al paredón”,la vacuna de Bill Gates por el culo os la metéis hasta algunos directamente políticos como “Iglesias a Prisión”.

Imagen donde se juntan varias teorías de la conspiración. Autor: desconocido. Fuente: pikist
Imagen donde se juntan varias teorías de la conspiración. Autor: desconocido. Fuente:
pikist

Muchos de estos lemas tienen que ver con largas y complejas teorías de la conspiración que se vienen gestando desde hace años en Internet.

Se entiende por teorías de la conspiración a las teorías alternativas que describen la realidad mediante hechos que difieren de los cánones oficiales. Esto no sería más problemático sino fuera porque se nutren en general de hechos acientíficos, desinformación, fake news o sucesos de carácter paranormal, entre otros.

Incluso cumpliendo todo lo demás podría preguntarse por qué es un problema. Pues lo sorprendente es que la mayoría de estas teorías concuerdan punto a punto con el ideario de la extrema derecha, cuando no son promocionadas directamente por ellos..

Pero este hecho no es de extrañar. Hasta el auge del populismo nacionalista y la derecha radical, estas teorías solo encontraban eco en canales supremacistas blancos y foros radicales conservadores de Internet.

Con su crecimiento, las teorías han abandonado las redes y han fluido hacia la realidad, llegando a un público más amplio y sirviendo de caballo de Troya de una agenda ideológica, precisamente de las élites a la que tanto atacan dichas teorías.

No en vano, en el auge del fascismo del Siglo XX, las teorías de la conspiración era un vehículo común de la extrema derecha.

El auge del nazismo y las teorías de la conspiración.

Mapa del interior de La Tierra según las teorías de La Tierra Hueca. Autor: C. Durand Chapman.
Fuente: The Goddess of Atvatabar de William Bradshaw (1892). Dominio público.
Mapa del interior de La Tierra según las teorías de La Tierra Hueca. Autor: C. Durand Chapman. Fuente: The Goddess of Atvatabar de William Bradshaw (1892). 
Dominio público.

El propio nazismo, en su nacimiento a lo largo de los años 20 y 30, se basó en teorías conspirativas, un arma que utilizaría también el fascismo italiano y el franquismo español. Y no solo eso, sino que también se basaron en pseudociencias.

Desde una supuesta conspiración judeo-marxista para corromper el estado alemán hasta el “contubernio judeo-masónico-comunista internacional”, estas teorías que ponen frente a la sociedad enemigos imaginarios contra los cuales deshumanizar a sectores de la población para convertirlos en enemigos del estado y así justificar sus políticas, está en el propio génesis de la extrema derecha.

Sin ir más lejos, las teorías sobre la supuesta superioridad de la “raza aria” y que conforman el epicentro de la ideología nazi para justificar el ultranacionalismo y el supremacismo contra otros pueblos no germanos proviene de historias mitológicas que se desarrollaron en el seno de sociedades secretas elitistas donde la clase alta alemana debatía sobre política, paganismo nórdico y ciencias ocultas.

Uno de estos grupos fue la llamada Sociedad Thule, a la que pertenecía Anton Drexler, fundador del Partido Obrero Alemán (DAP) en 1919, que en 1920 pasaría a llamarse Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP o, simplemente, partido nazi) con Adolf Hitler al frente. La Sociedad Thule (y buena parte de estos grupos ocultistas) usaban la esvástica como símbolo al ser asociado al concepto de “raza aria”.

Lo interesante de este concepto es que surgió como un término lingüístico, pues se pensaba que todas las culturas e idiomas del mundo tenían un origen común (una sociedad protoindoeuropea) y que habría una especie de civilización primitiva a la que llamaron “los arios”. Dado el extendido uso de la esvástica por múltiples civilizaciones y religiones y ser uno de los símbolos más antiguos del mundo, se asociaron ambos términos.

No obstante, la ultraderecha alemana distorsionó el término para teorizar que la población germana descendía de los arios y que, por lo tanto, era más “pura”, defendiendo que su origen provenía de algún continente perdido (Atlántida, Hiperbórea…) y reivindicando cultos paganos, la magia nórdica y el supremacismo nacionalista.

Es por eso que parte de la extrema derecha actualmente sigue empleando símbolos como las runas nórdicas antiguas o la cruz celta. Y es que, no se puede tender el nazismo sin teorías pseudocientíficas, a las que se suman el darwinismo social o la eugenesia.

Teorías de la conspiración, descredito y acientifismo

La extrema derecha y las teorías de la conspiración coinciden en explicar la realidad afirmando que existen pequeños grupos de poder generalmente contrapuestos a la masa social (bien vs mal) sin grises ni matices. Una visión clásica que traduce procesos muy complejos de manera muy simplificada, identificando a supuestos enemigos, traidores que amenazan el bienestar general.

En las teorías de la conspiración, estos grupos pueden ser desde élites privilegiadas (población judía, clases muy altas) a entes sobrenaturales (reptilianos, annunakis, etc). La retórica del populismo nacionalista, con objetivo político, suele prescindir de los elementos más sobrenaturales y se centra en pequeñas y malvadas élites que se encuentran detrás de cada movimiento histórico. Casualmente esas élites son siempre sus enemigos ideológicos.

Esta visión minimalista carece de rigor histórico, ya que la historiografía demuestra cómo los hechos suelen ocurrir por una multiplicidad de factores.

Y sin negar que ciertos grupos tengan influencia y ansíen beneficios, el poder y las oscuras intenciones que se les achaca en distintos procesos históricos parece desmesurado. Es decir, no tiene sentido que todos los acontecimientos importantes sean fruto de la decisión de un grupo de personas poderosas quienes, además, no tienen por qué tener los mismos intereses.

La pregunta es por qué tienen un auge tan potente en la actualidad si siempre nos han acompañado. Y como siempre, se juntan distintos factores que da lugar a su gran protagonismo en la actual vida pública:

En primer lugar, viene el descrédito de distintos organismos y grupos de las democracias liberales: instituciones, expertos y medios de comunicación.

Las instituciones y la política se ven como seres lejanos, que fallan constantemente, decepcionan o mienten por sus propios intereses, de una manera totalmente categórica y sin matiz alguno.

De los expertos se observa que fallan (aunque obvian que también aciertan) y que han sido incapaces de prever crisis o de tomar medidas para corregirlas, por lo que su conocimiento pierde valor.

Los medios de comunicación no se perciben como neutrales sino serviles a una agenda política. Esto ha causado una mengua en su influencia que hace que se busquen vías de información alternativa

En segundo lugar, conectado con lo anterior, viene el auge de las redes sociales. Las redes dan un altavoz a cualquier persona pudiendo optar por dar su explicación personal de la realidad. Además, permiten poner en conexión a múltiples individuos con distintas ideas que antes permanecían apartados forzosamente a, uniéndose en foros y grupos y quedando atrapados en cámara de eco” donde sus mensajes se repiten y se popularizan.

De este cóctel de desconfianza en los expertos, en las teorías consolidados y la rápida búsqueda mediante las redes de información alternativa, nace el tercer supuesto, el acientifismo.

La negación de la realidad científica (generalmente nacido de un absoluto desconocimiento sobre cómo funciona la ciencia) es cada vez más común. Se ponen en duda consensos científicos, consensos de instituciones (como la ONU o la OMS) generalmente porque no coinciden con la opinión formada por teorías alternativas del que escucha.

Al final, se cae en una cuestión de que todo es opinable y subjetivo. Y desde ahí, no se puede hacer otra cosa que navegar en los mares de las teorías de la conspiración.

Masonería, illuminatis, Nom, Bill Gates y Soros

Izquierda: George Soros en la 47ª conferencia de Munich de 2011. Autor: Harald Dettenborn, 04/02/2011. Fuente:
Wikipedia, bajo licencia CC BY 3.0 DE // Derecha: Escuadra y Compás, obra confeccionada por un artesano de la 
Masonería Chilena. Autor:Deucaleon, 23/04/2015. Fuente:Wikipedia
Izquierda: George Soros en la 47ª conferencia de Munich de 2011. Autor: Harald Dettenborn, 04/02/2011. Fuente:
Wikipedia, bajo licencia CC BY 3.0 DE // Derecha: Escuadra y Compás, obra confeccionada por un artesano de la 
Masonería Chilena. Autor:Deucaleon, 23/04/2015. Fuente:Wikipedia

En la retórica de las teorías de la conspiración podemos hallar tres grupos de poder, cada uno con sus propios personajes más comunes que tienen sus propias teorías de la conspiración: las sectas y órdenes (Illuminati y los Masones), personajes de las élites (Soros y Bill Gates) y los organismos burocráticos, generalmente supranacionales (el Nuevo Orden Mundial).

Sobre las sectas y órdenes, los Illuminati (o iluminados de Baviera) fueron una organización política secreta que se oponía al catolicismo y al poder del estado. Tuvieron un gran éxito y se disolvieron rápidamente, perseguidos por la Iglesia. Sobre la historia queda la duda de si se disolvieron o pasaron a la clandestinidad.

Los Masones son una organización de carácter secreto y espiritual que se ha opuesto a la religión católica y, en general, ha estado vinculada a valores progresistas y a la filantropía.

En lo que respecta a las élites, los centros de todas las teorías de la conspiración recaen en George Soros y Bill Gates, dos de las mayores fortunas mundiales visibles.

Ambos multimillonarios destacan por su carácter filantrópico y se les acusa de llevar a cabo una agenda progresista o que busca manipular a la sociedad (migraciones, experimentación humana, cambio climático, feminismo, etc…). En estos grupos también se nombra asiduamente a los Rockefeller y Rotschild, pero en menor medida

En lo que organismos burocráticos se refiere, aunque hay un descrédito de la mayoría (el Estado, la Unión Europea, la ONU), estas teorías eclosionan en El NOM.

El NOM (o NWO en inglés) es la idea que existe un plan globalista, para crear un único gobierno mundial de enorme poder y de carácter burocrático manejado por “las élites”.

Lo sorprendente de estas tres categorías es que las organizaciones o personas que se señalan se contraponen férreamente a los ideales de la extrema derecha.

Tanto en el caso de los Illuminati (aunque esta organización carece de funcionamiento desde hace dos siglos) como de los masones (en activo) estas organizaciones han luchado contra la religión cristiana y contra sus supuestos teóricos. La masonería siempre ha estado en el punto de mira de la extrema derecha (la conspiración judeo-masónica de la que hablaba el dictador español Francisco Franco es un buen ejemplo).

En el caso de las élites (sin querer defender como han conseguido sus fortunas, que eso sería motivo para otro artículo) destaca que a los que se señala no sea a los granes propietarios de corporaciones que destruyen el planeta, sino a los que realizan obras filantrópicas e intentan de una u otra manera apoyar ciertas causas relacionadas con la justicia social.

En los organismos supranacionales, la teoría del NOM es el culmen del rechazo a los organismos supranacionales y una alegoría a las teorías liberales de reducir los Estados a la mínima expresión.

La terrible teoría del surgimiento de un gobierno mundial está otra vez casualmente en consonancia con el carácter profundamente nacionalista y local de la extrema derecha, opuesta a cualquier tipo de globalismo. De hecho, han demostrado una y otra vez su repudio a los organismos internacionales y supranacionales (ONU, UE, etc.) no por motivos de justicia social como en ocasiones sucede con fuerzas de izquierda, sino por la única razón de que le impiden desarrollar su agenda reaccionaria.

En un mundo cada vez más conectado, con escasos recursos, que requiere la solidaridad y cooperación para enfrentarse a los próximos grandes problemas globales y con un potencial de guerra capaz de aniquilar al conjunto de la raza humana, que los diferentes estados y organizaciones hablen entre ellos y estén más conectados no debería ser algo malo, especialmente si los objetivos tienen que ver con la igualdad y la justicia social y ambiental.

Y es curioso porque este discurso contra las élites ha sido sostenido por personas izquierdistas (y todavía es así en algunos sectores, sobre todo desde el anarquismo). Muy especialmente durante la crisis económica de 2008, se sostuvo que el Nuevo Orden Mundial, los Roschild, los Rockefeller y otros grupos de poder (como el Club Bielderberg) buscaban construir un gobierno tiránico, autoritario y basado en el neoliberalismo e incluso diezmar a la población.

Así, la extrema derecha, especialmente desde la nueva alt-right, cuya estrategia es revestirse de rebeldía, antisistema y contraria al establishment, se ha apropiado de estas teorías quitando el componente más afín al progresismo. El NOM ya no quiere un gobierno tiránico sino imponer una agenda progresista. A los Rotschild o a los Rockefeller ya casi no se les menciona. Por poner unos ejemplos.

En definitiva, lo curioso de las grandes élites que se presentan como los grandes enemigos que alimentan la conspiración es que todas ellas se contraponen a las ideas conservadoras y de extrema derecha.

Marxismo cultural, ideología de género y negacionismo del cambio climático

Manifestantes limeños (la mayoría del movimiento conservador Con mis Hijos no te Metas) en la Marcha por la Vida de 2018, Perú. Autor: Mayimbu, 5/05/2018. Fuente: Wikipedia, bajo licencia CC BY-SA 4.0
Manifestantes limeños (la mayoría del movimiento conservador Con mis Hijos no te Metas) en la Marcha por la Vida de 2018, Perú.
Autor: Mayimbu, 5/05/2018. Fuente:Wikipedia, bajo licencia CC BY-SA 4.0

Se ha descrito brevemente a los actores que según estas teorías mueven los hilos globales. Es momento de hablar de los terribles planes que manejan para el conjunto de los seres humanos del planeta.

Empezando por el marxismo cultural, esta es una teoría de la conspiración del siglo pasado que habla de cómo el marxismo se infiltra en los distintos niveles de la sociedad para crear una sociedad global, igualitaria y sin diferencias características entre sus miembros, que estarían mestizados. Se usa también por tanto como forma de atacar el multiculturalismo.

En siguiente lugar estaría la ideología de género, posiblemente uno de los grandes monstruos del saco de la extrema derecha. Este concepto es un uso peyorativo para atacar a los estudios de género que llevan en vigor desde buena parte del siglo XX relacionándolos con una teoría de la conspiración que los reduce a desproveerlos de su carácter científicos para presuponerles un sesgo ideológico, señalando que su objetivo es destruir la familia natural y la sociedad en su conjunto (a través del feminismo y los grupos LGTB).

A menudo se relacionan ambas teorías anteriores y se habla defemimarxismo cultural.

Por último, aunque menos relacionado, se encuentra también el negacionismo del cambio climático. Como su nombre indica, los negacionistas del cambio climático rechazan la existencia de éste o, en algunos casos, que sea como producto de la actividad humana.

Generalmente se argumenta que el cambio climático viene a someter a las sociedades occidentales para que consuman menos, para destruir su industria e incluso para limitar la libertad individual de elección. En algunos casos, incluso se argumenta que hay potencias externas que buscan promover este sometimiento.

Sobre las dos primeras teorías de la conspiración, lo destacable (y que no debería causar ninguna sorpresa) es que ambas nacen en la pasada década de 1990, en círculos católicos y ultraconservadores, como una respuesta a las políticas de inclusión e igualdad.

Así, pretenden limitar la lucha de la igualdad o la existencia de las personas LGTB y sus derechos a una cuestión meramente ideológica, cuestionando todo los estudios detrás y sirviendo para poner a estos estudios en el mero campo de la opinión, pudiendo atacarlos desde ahí. Sorprende que las teorías que se contraponen sean las de “la familia natural” o el complementarismo, ambas fundamentadas simplemente en valores religiosos y conservadores.

Sobre la última, el negacionismo climático ha sido una batalla más de la ultraderecha. Es apoyado por sus buenas relaciones con las grandes fortunas porque es un problema de corte global (y chocan con los discursos nacionalistas) y porque limita la soberanía y potencia de sus países, además de con los intereses de las clases altas, que verían su actividad económica sometida a regulaciones ambientales.

Pese a eso esta lucha ha ido en franca decadencia, incluso llegando a ser semiaceptada por grupos derechistas, pero reconvirtiéndola a sus postulados (proteger la naturaleza de la nación de las olas migratorias mediante fronteras, limitar el comercio internacional y apoyar lo local, etc.,).

Sobre todo las dos primeras han calado fuerte en el mundo conspiranoico y más allá. En buena parte de América y auspiciados por las iglesias y sectores ultraconservadores, el uso de estos términos en política es una realidad aceptada.

Plandemia, negacionismo de la Covid19 y el 5G

Portada del documental Plandemic. Autor: captura de pantalla realizada el 25/06/2020 a las 19:30h. Fuente: Youtube.com
Portada del documental Plandemic. Autor: captura de pantalla realizada el 25/06/2020 a las 19:30h. Fuente: Youtube.com

La pandemia de coronavirus que todavía sufrimos ha auspiciado toda una nueva hornada de teorías de la conspiración que recorren los foros y las redes sociales y que se han filtrado a la sociedad, como se pudo ver en la manifestación de Madrid o en Alemania.

La primera de ellas es la teoría de la conspiración sobre el 5G. Se basa en que esta nueva tecnología aplicada a las telecomunicaciones puede causar daños a la salud humana. Sobre dicha teoría hay muchas versiones. Algunas de ellas son que supone un mayor peligro por aumentar los niveles de radiación a puntos dañinos o la electrificación de la tierra.

Con la llega del coronavirus, el siguiente nivel llegó con la teoría de que es el 5G el que transmite el coronavirus y/o que produce su sintomatología. O que podría controlar los chips que en un futuro se inocularán a los seres humanos a través de las vacunas contra el virus y así poder manipular el comportamiento humano.

Pero en el centro de las nuevas teorías de la conspiración se encuentra el negacionismo de la crisis sanitaria. Esta teoría tiene varias fases: algunas niegan la mayor (no existe el virus), mientras que otras dicen que no es tan letal (ya que se combina con otras conspiraciones sobre la necesidad de las élites de querer reducir la población humana) o que las medidas tomadas son insuficientes.

También se cuestiona si la enfermedad merece el recorte de libertades de los confinamientos en nombre de la salud comunitaria, si bien esta reflexión parece más lógica y es, por lo tanto, más compartida entre personas de diferentes ideologías. Al menos hasta cierto punto.

Y ahí la teoría evoluciona a la Plandemia. Esta es una compleja teoría que sirve como colofón y permite tejer un hilo conductor entre todas las anteriores. Así, las élites, capitaneadas por Bill Gates, Soros o el Nuevo Orden Mundial (o todos juntos), han supuestamente causado una crisis pandémica masiva. Esta crisis no es gran cosa, pero sirve para atemorizar al pueblo e insuflar depresión y miedo al futuro. Además, de que la gente deje de ser libres y acepten las distintas medidas contra el virus, como la restricción de movilidad, el confinamiento o el uso obligatorio de mascarilla.

Además, la crisis destruirá muchas economías, obligará a los países y personas de a pie a endeudarse. Un momento donde estas élites puedan adueñarse (quien sabe de qué forma) de la riqueza de las naciones o del control total de la población.

Esta gigantesca teoría también incluye el sostener que el virus no existe o no es tan grave, una supuesta falta de oxígeno en el cerebro por culpa del uso de mascarillas que facilitaría el control y la manipulación de la gente, una censura de la gente que sabe “la verdad” y una ocultación de remedios (como el hipoclorito sódico) para el coronavirus para que así las farmacéuticas puedan ganar dinero a costa de la comercialización de la vacuna.

Todo perfectamente hilado en una teoría demencial que responde a la conspiración con conspiración y donde el azar, los movimientos de masas y la geopolítica de bloques no tienen nada que ver antes esas todopoderosas élites.

Y casualmente este guión coincide con los designios de los grupos ultraderechistas, sea porque lo fomentan o porque lo consideran parte de su ideario.

En Brasil y Estados Unidos, para no dañar la economía, Jair Bolsonaro y Donald Trump han hecho un absoluto negacionismo de la pandemia, diciendo que era solo a una gripecita”, “que pasaría sola” o que lo importante “es recuperar la economía” y que hacer algo contra ella sería mucho peor que no hacerlo.

Los resultados en ambos países están a la vista, ocupando ambas potencias el podio de muertes y estando sus economías dañadas por la crisis. El negacionismo ha llegado a tal punto que la Covid y las medidas de confinamiento son una cuestión política en EEUU: los Estados republicanos con medidas laxas y sin confinamiento, los Estados demócratas con confinamiento.

En Europa este carácter ambivalente con la pandemia también se ha visto por parte de la extrema derecha, de negar que sea un gran problema a pedir que se tomen fuertes medidas o incluso a decir que la solución es peor que la enfermedad.

Y la Plandemia resume punto por punto las teorías de la conspiración vistas: unas élites internacionales atacan al pueblo porque quieren imponer su ideología y quitar las libertades, los recursos y la soberanía a las naciones y sus habitantes.

La potencia radicalizadora de las teorías de la conspiración

Desde luego, parece mucha casualidad que las teorías de la conspiración tengan muchas veces como enemigo o como problemas a personas o elementos de carácter progresista. Y más que presente como sustento teórico nociones de nación, raza o basadas en valores religiosos.

Sobre esto se podría debatir si es solamente por una manipulación de la ultraderecha en estos círculos o si las personas de la derecha radical tienen mayor tendencia a las teorías de la conspiración.

Posiblemente sea una mezcla de ambas. De lo que no hay ninguna duda es que la extrema derecha usa como nadie estas ideas, a las que nutre de sustento teórico, moldeándolas y poniendo elementos de su propia corriente ideológica.

Por ende, es posible que una persona que se introduzca y acepte las teorías de la conspiración como algo válido, cambie lentamente su manera de pensar, hasta finalmente poder incluso cambiar de espectro ideológico o moverse a opciones más moderadas.

Hasta ahora, los foros de internet dominados por las teorías de la conspiración (como 4chan o burbuja.info) se han convertido en reductos de la extrema derecha, por lo que su potencial de conversión es una posibilidad seria.

Si bien aceptar cualquier versión oficial de los hechos sin más sería estúpido si las evidencias señalan lo contrario, oponerse a todos los consensos y realidades en nombre de una supuesta enorme conspiración lo es aún más o nos puede trasladar a un mundo de locura donde no sepamos sobre si nada es cierto o no lo es.

Y más sabiendo si meternos en esta realidad paralela puede servir como eje radicalizador desde donde repensar el mundo bajo hechos vagos y subjetivos.

Para no caer en las teorías de la conspiración, se debe poner por delante los hechos probados, la racionalidad, los grandes consensos científicos y la humildad de poner a un lado nuestro ego para no enmendar constantemente a los expertos. No es poca cosa.

Enlaces, fuentes y bibliografía:

Foto destacada: Extracto del vídeo de la manifestación antimascarillas de la Plaza de Colón. Autor: Nacho Pla Pérez, 16/08/2020. Fuente: Twitter.

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

20 comentarios en «Plandemia: cómo las teorías de la conspiración te llevan a la extrema derecha»

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