La cruzada «anti-woke»: la rebelión de la extrema derecha contra la diversidad

‘’Gran polémica’’: así comenzaba el famoso youtuber Jordi Wild a comentar en su podcast la nueva serie de Amazon Los anillos de poder, basada en el universo creado por el escritor J. R. R. Tolkien. ‘’Una megaproducción, que va a ser la más cara de la historia. Hasta aquí todo bien’’ proseguía el youtuber catalán que, para quienes no le conozcan, es el creador de contenido sobre actualidad y política con más repercusión en España a raíz de su podcast The Wild Project. Pero lo que a sus ojos ya podía ser debatible era la diversidad y que el elenco de la serie estuviera formado por personajes de distintas etnias.

En realidad, Jordi no está en contra de la inclusión, la considera una moda, pero una moda positiva, dice. Sin embargo, asentía cuando su contertulio, el actor Oscar Dorta, opinaba que la inclusión de personajes racializados en este spin-off de El señor de los anillos era ‘’forzada’’. Dorta iba incluso más lejos y sostenía que no todas las series tenían porque ser Benetton y tener ‘’un negro, un chino y un europeo’’ porque, según el actor el racismo ya ‘’se ha extinguido’’, como si de un lince ibérico se tratase.

El tema escogido para el episodio del podcast no era baladí. Con la llegada de septiembre, mes de inicio del curso escolar y de vuelta al trabajo y la rutina, la mayoría de productoras audiovisuales aprovechan también para estrenar sus nuevas películas y series. Las dos más esperadas por el público eran la serie La casa del dragón, basada en el universo creado por George R. R. Martin y que narra las disputas internas de la cCasa Targaryen 200 años antes de que Daenerys llegase al Trono de Hierro, y la ya mencionada Los anillos de poder.

En ambas producciones, sus creadores han manifestado su intención de enmendar las carencias en materia de diversidad que se le había achacado a sus predecesoras. En el caso de Juego de Tronos, en la primera temporada, todos los personajes con relevancia son blancos, a excepción de los dothraki, que son representados como meros salvajes. Solamente a medida que avancen las temporadas aparecerán algunos personajes racializados con profundidad y peso narrativo, como Missandei o Gusano Gris.

En el caso de El señor de los anillos, la diversidad es directamente inexistente, ya que no aparece ni un solo personaje racializado, ni LGTB, ni con diversidad funcional, etc. Y no es porque los creadores no tuvieran ocasiones para ello, como por ejemplo en la aparición de los Corsarios de Umbar para unirse a los orcos en la batalla. Cualquiera que conozca mínimamente la historia de los piratas sabrá que la diversidad racial en los navíos era la norma, lo ‘’forzado’’ es que entre ninguno de ellos haya un solo personaje negro.

“Nos pareció natural que una adaptación de la obra de Tolkien reflejara cómo es el mundo en realidad. Tolkien es para todos. Sus historias tratan sobre razas ficticias que dan lo mejor de sí cuando dejan atrás el aislamiento de sus propias culturas y se unen” declaró Lindsey Weber, la productora ejecutiva de Los anillos de poder cuando fue preguntada por la diversidad en la serie.

Pero no todo el mundo comparte esta visión y en las últimas semanas se ha dado una reacción contra la inclusión en los productos audiovisuales, con argumentos que van desde la crítica a que no se respeten las obras de los escritores al adaptarlas al mundo cinematográfico hasta que la diversidad en el cine responde a un plan de las élites para destruir la civilización occidental y sus valores, como defiende la teoría de la conspiraación del marxismo cultural.

Así pues, los argumentos y posturas son variopintos, pero todos confluyen en un movimiento anti-inclusivo que se ha rebelado contra diferentes películas, como ocurrió con Lightyear o con She-Hulk, por ser, según su visión una expresión más de la cultura woke, término que la extrema derecha utiliza para intentar ridiculizar cualquier forma de concienciación sobre un problema social. ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en esta cruzada anti-woke?

La diversidad, una asignatura pendiente

Según la visión de muchos de los críticos de la inclusividad en los productos audiovisuales, estamos asistiendo a una época en la que la pantalla está excesivamente llena de personajes de minorías sociales o colectivos discriminados. A ojos de uno cualquier cosa puede ser excesiva, incluso un beso entre dos mujeres, pero si atendemos a los datos, la representación de estos colectivos está muy lejos de corresponderse con su peso real en la sociedad.

Por lo que respecta a la industria cinematográfica estadounidense, la más potente de los países occidentales, esta tiene una larga trayectoria de discriminación delante y detrás de las pantallas. Recientemente, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, conocida mundialmente por entregar los Oscar, se disculpó con la actriz Sacheen Littlefeather por el trató que le dispensó en la ceremonia de entrega de los premios Oscar de 1973.

Sacheen, de origen apache, subió al escenario en representación de Marlon Brando para rechazar en su nombre el Oscar que le habían otorgado por la memorable actuación que el actor había realizado en El Padrino. Las razones que Brando esgrimía para rechazar el premio apuntaban directamente al trato que los nativos americanos recibían en la industria de cine estadounidense.

La de Sacheen y Brando fue una solitaria voz ante la multitud de gritos que trataron de acallarla abucheándola por denunciar el racismo, cuando no agredirla como intentó el actor John Wayne, que tuvo que ser inmovilizado por la seguridad del evento. La actriz india sufrió en sus carnes la verdadera cancelación y, a diferencia de Brando, fue vetada en la industria y su carrera cinematográfica se dio por terminada. La actriz cuenta como el mismísimo John Edgar Hoover, primer director del FBI, amenazó a los productores con cerrar sus producciones si le daban un papel.

Ahora, tanto la Academia como el mundo del cine en general tratan de enmendar algunos de sus errores y algunos directores han empezado a reflexionar sobre la imagen de la sociedad que reflejan sus películas. Como explica el crítico cultural Emilio Papamija, aunque pensemos que la ficción es un retrato de la sociedad, la ficción es en realidad un ‘’referente’’ para la sociedad que la transforma día tras día.

Sin embargo, la agenda inclusiva de Hollywood se queda en mera retórica. En los últimos 10 años Hollywood no ha avanzado prácticamente en materia de diversidad, como refleja un estudio de más de 1100 películas llevado a cabo por la Annenberg Inclusion Initiative. En materia de género, solamente un 31,8% de los personajes que tienen líneas en las películas de la industria estadounidense, ya no digamos que tienen un papel destacado, son mujeres. Una paupérrima mejora frente al 30,6% de media de la última década.

Respecto a la diversidad racial, se mantiene la misma línea, ya que el 70’7% de los personajes con diálogos son blancos, a pesar de que representan poco más de la mitad de la población estadounidense; y lo mismo ocurre con la representación de personajes con diversidad funcional, ya que apenas un 2’5% de los personajes tenían algún tipo de discapacidad.

Asimismo, los actores de estos colectivos denuncian que, a la vez que no se cuenta con ellos para los papeles comunes, los papeles de personas de colectivos discriminados ni siquiera les proporcionan trabajo porque en muchas ocasiones son interpretados por otros actores externos al colectivo, como es el caso de Eddie Redmayne en La chica danesa o en La teoría del todo, donde interpreta a una mujer trans y a un hombre discapacitado respectivamente. Así, acaban por sufrir una doble discriminación, que hace muy difícil que tengan éxito en sus carreras.

En el caso de España, las conclusiones en materia de diversidad son similares. El Observatorio de la diversidad en los Medios Audiovisuales en España, cuyo acrónimo es ODA, realiza un informe anual sobre la diversidad en las películas y series españolas, centrado en la representación en las pantallas de personas LGTB, racializadas y con diversidad funcional. Además, sus autores tratan de ir más allá de los datos y analizan también el mensaje que estos productos audiovisuales mandan a las personas tanto de dentro como de fuera de los colectivos.

De este modo, aunque las cifras en materia de papeles masculinos y femeninos se acercan a la paridad, desde ODA denuncian que se han producido pocos filmes en los que la representación de la mujer no se subyugue a las tramas de los personajes masculinos y las excepciones son habitualmente resultado de una directora o una guionista detrás de las cámaras. La escasez de mujeres en estos puestos provoca que las narraciones con las que las mujeres pueden identificarse brillen por su ausencia.

Sobre los personajes racializados, señalan que la inmensa mayoría de los papeles, un 92’5%, son para personajes blancos, unas cifras que no se corresponden con la diversidad étnica de la sociedad española. Con ello, estos pocos personajes racializados no consiguen escapar de la estereotipación y a la superioridad moral de sus creadores, de forma que los prejuicios que les persiguen se perpetúan.

En materia de diversidad sexual, los personajes LGTB se van haciendo poco a poco un hueco en la pantalla, ya que han pasado de un 7’1% a un 9’3% en tan solo un año. Incluso hemos podido ver por primera vez personajes no binarios en el audiovisual español, 4 en concreto en tres series diferentes. Las cifras son a priori positivas, pero el trasfondo esconde problemas aún por resolver.

Por lo que respecta a los personajes LGTB, su aumento se debe a unas pocas producciones concretas sobre esta temática, por lo que siguen estando ausentes en una gran cantidad de filmes, hecho que desde ODA denuncian como problemático para la concienciación social. Además, sus narrativas suelen ser planas, es decir, son personajes cuya característica principal es ser LGTB, a menudo ligados a experiencias dramáticas, pero raramente con la variedad de registros de la vida real.

En síntesis, la diversidad sexual, racial o de clase en la gran pantalla sigue siendo una asignatura pendiente y lo seguirá siendo mientras mantenga su estructura productiva actual. Los datos reflejados son la expresión tanto de la naturaleza de los directores, en su mayoría hombres blancos de más de 50 años, como de las empresas que financian sus producciones.

Póster promocional de La Casa del Dragon. Autor: HBO, 2022.

La imposición del debate

Ahora bien, la reacción contra los productos audiovisuales inclusivos va más allá de una visión parcial e ideologizada de la realidad. Es sencillo desmontar las falacias que se vierten sobre la representación en el cine, pero en el tiempo que pasa los debates y reflexión sobre la representación de los colectivos discriminados se pierden.

Uno de los aspectos que más ha encendido a los trolls de Twitter es que se representen elfos racializados en Los anillos de poder. Para ellos es un elemento inclusivo forzado y por el que Tolkien debe estar revolviéndose en su tumba. Todo ello a pesar de que Tolkien, quien sentía un profundo desprecio por el nazismo que se alzaba en su época por su carácter racista y antisemita, no especificase el color de piel de los elfos en sus obras.

Ahora bien, no ha generado apenas revuelo en estos sectores otros muchos aspectos que los guionistas han adaptado con mayor o menor atino, como que las enanas sean representadas sin barba, a pesar de que todo fan del universo sepa que las mujeres enanas también tienen barba. Que se haya prácticamente obviado lo último y se haya tildado de sacrilegio lo primero refleja que detrás de esta reacción se esconde el racismo y no la fidelidad a la obra de Tolkien.

Pero en el tiempo empleado, aunque no se requiera demasiado, en desmontar esta falacia, caemos en un debate interesado y que nos desvía del camino hacia la representación adecuada. Es una trampa discursiva similar a la que la extrema derecha utiliza cuando denuncia por ejemplo la okupación. Al explicar que la okupación está lejos de ser un problema que afecte a las personas de a pie, se asume un marco discursivo haciendo concesiones y contribuyendo a plantear una alarma sobre el objeto de debate, que ya se acepta como malo de por sí.

Algo similar ocurre con la teoría conspiracionista de El Gran Reemplazo, que defiende que hay un plan  de las élites europeas para reemplazar a la población blanca por población racializada. Cuando se expone que, siguiendo las perspectivas demográficas, la población europea seguirá siendo mayoritariamente blanca en las próximas décadas, se concede involuntariamente que la mezcla de culturas o de etnias es algo negativo.

Así pues, el efecto de esta cruzada contra la inclusión es por un lado de tiempo, que se pierde en debatir cosas tan básicas como si la inclusión es positiva, algo que la mayoría de la gente tiene claro y en ello se refleja la excelente acogida por parte del público de Los anillos de poder, con 25 millones de espectadores en su estreno. Pero a la vez consigue instalar un imaginario determinado: que la solución para la representación es una cuestión de números.

Por el contrario, más que las cifras, lo que de verdad manda un mensaje a la sociedad es el tipo de representación que existe. Por ejemplo, los personajes homosexuales llevan tiempo presentes en el cine español, pero hasta hace no mucho su rol se limitaba a ser los ‘’maricas’’ de la escena y reproducían en sus líneas los estereotipos que los directores tenían hacia la homosexualidad, perpetuando por tanto los prejuicios del momento.

Y, en realidad, han habido reflexiones profundas sobre las nuevas series del momento y el tipo de mensaje que manda, como la de la periodista Noemí López Trujillo para Newtral, que analiza la representación femenina en la serie de La casa del dragón y la visión masculina del parto. Al artículo le sucedieron respuestas como la del guionista Guillermo Zapata o la de la secretaría de estado de Igualdad Angela Rodríguez Pam en un tímido debate e intercambio de impresiones que se ha visto opacado por la reacción anti-inclusiva.

De todo ello no se desprende que debamos estar ausentes de debates que alcanzan notoriedad en el debate público, sino más bien intentar no acabar en posiciones desfavorables de antemano. Si no lo hacemos, el resultado será la perpetuación de las estructuras de dominación y de prejuicio que pretendemos dejar Al Descubierto.

La cruzada "anti-woke": la rebelión de la extrema derecha contra la diversidad

Vicente Barrachina

Articulista. Apasionado por la Sociología y la Ciencia Política. Periodismo como forma de activismo. En mis artículos veréis a la extrema derecha Al Descubierto, pero también a mí.

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