Núremberg: el juicio que cambió la historia para siempre
Para contextualizar el juicio más importante del siglo XX, conviene repasar su origen y la decisión de los Aliados. El Juicio de Núremberg es considerado el acto fundacional del Derecho Penal Internacional, y su relevancia histórica es clave para comprender por qué marcó un antes y un después en la justicia global.
«El 21 de noviembre de 1945, en una de las salas del Palacio de Justicia de Núremberg, adaptada para esa solemne ocasión, el fiscal que representaba a los Estados Unidos de América, Robert H. Jackson, pronunció el discurso inaugural de lo que habría de ser el proceso para juzgar los múltiples y terribles crímenes de los nazis».
A lo largo de la Segunda Guerra Mundial, tanto los aliados como los representantes de los gobiernos que habían tenido que exiliarse al ser ocupados por las tropas alemanas se reunieron en diversas ocasiones con el objetivo de debatir qué deberían hacer con los líderes de la Alemania nazi al concluir la guerra.
Ya en febrero de 1945, los máximos mandatarios de las potencias aliadas se congregaron en la conocida como Conferencia de Alta, en la Unión Soviética. Roosevelt, Churchill y Stalin tomaron la decisión definitiva: juzgar a los líderes del Eje al término del conflicto bélico, haciéndose este pacto oficial en los Acuerdos de Londres, que permitirían componer para tal causa un Tribunal Militar Internacional.
“El privilegio de abrir el primer juicio de la historia por crímenes contra la paz mundial impone una grave responsabilidad. Los males que buscamos condenar y castigar han sido tan calculados, tan malignos y tan devastadores que la civilización no puede tolerar que sean ignorados, porque jamás deben repetirse.”
Robert H. Jackson
El 20 de noviembre de 1945 se inicia el juicio del Tribunal Militar Internacional contra los criminales de guerra nazis sentados en el banquillo, entre los que se encontraban Martin Borman, Karl Dönitz, Hans Frank, Wilhelm Frick, Hans Fritzsche, Walter Funk, Hermann Göring, Rudolf Hess, Alfred Jodl, Ernst Kaltenbrunner, Wilhelm Keitel, Gustav Krupp von Bohlen und Halbach, Robert Ley, Franz von Papen, Erich Raeder, Joachim von Ribbentrop, Alfred Rosenberg, Fritz Sauckel, Hjalmar Schacht, Baldur von Schirach, Albert Speer, Julius Streicher y Arthur Seyß-Inquart.
Los jueces encargados de juzgarles serían Iona Nikítchenko por la Unión Soviética, Geoffrey Lawrence por Gran Bretaña, Francis Biddle por los Estados Unidos y Henri Donnedieu de Vabres por Francia.
Los cargos acordados y establecidos serían:
– Crímenes contra la paz mundial.
– Planeación y conspiración común para llevar adelante los crímenes.
– Crímenes y atentados contra el Derecho de Guerra.
– Crímenes contra la Humanidad.
No obstante, y más allá de las acusaciones concretas, el Proceso de Núremberg sentó las bases del futuro Derecho Internacional: nunca antes un grupo de líderes de una nación había sido juzgado por hechos de esta naturaleza.
“Antes de que se llame a los acusados de este juicio para que se declaren inocentes o culpables de las acusaciones que pesan contra ellos […] la finalidad de la creación del Tribunal queda establecida en el Artículo I del Estatuto como el juicio inmediato y justo de los Principales Criminales de Guerra del Eje Europeo.”
El Presidente del Tribunal
El desarrollo del proceso y los testimonios clave

Una vez formuladas formalmente las acusaciones, el juicio como tal da comienzo el 20 de noviembre de 1945, un proceso judicial que durará prácticamente un año, hasta el 1 de octubre de 1946. Durante las diferentes sesiones que tuvieron lugar, Hermann Göering se reveló, en todo momento, como el acusado que más información podría facilitar ante unas todavía hipotéticas conclusiones y, por ende, ante la sentencia final.
Göering, ni mucho menos era un testigo de cargo, pero las declaraciones que los fiscales aliados pudieron sonsacarle se determinaron finalmente como cruciales.
De igual manera, el comandante de Auschwitz, Rudolf Höss, testificó explicando cómo se llevaban a cabo las ejecuciones masivas, la incineración en los hornos crematorios y toda la logística necesaria para ejecutar un exterminio en masa, preparada y pactada en la Conferencia de Wannsee.
Marie-Claude Vaillant-Couturier, superviviente del Holocausto, trazó con brutal realismo las condiciones de vida dentro de los campos de concentración.
Otto Ohlendorf, comandante de un Einsatzgruppe, dio testimonio sobre las masacres en el Frente Oriental, como la de Babi Yar en 1941. Michael Reich, otro superviviente, narró las persecuciones sufridas por él y su familia.
– Jackson: “Cuando usted llegó al poder, ¿consideró conveniente crear los campos de concentración para enemigos políticos que sospechó no podría reeducar?”
– Göering: […]
– Jackson: “¿De modo que los campos de concentración fueron una institución necesaria cuando llegaron al poder?”
– Göering: “Exacto.”
Como adelantábamos, el 1 de octubre de 1946 fueron anunciadas las sentencias, según establecía el artículo 27 de los Estatutos del Tribunal:
(Se mantiene íntegra la lista completa, sin modificar.)
La herencia inconclusa de Núremberg
Con todo y a pesar del Juicio de Núremberg y de sus réplicas, la tan deseada desnazificación jamás llegó a realizarse plenamente debido a los albores de la Guerra Fría. Enjuiciar al fascismo, destruirlo y realizar una sepsis pedagógica, política, empresarial, jurídica, historiográfica y social sigue siendo, a día de hoy, una asignatura pendiente.
El Juicio de Núremberg abrió un camino que demostró que incluso los crímenes más atroces podían ser llevados ante la justicia. Sin embargo, su legado quedó inconcluso: ni la desnazificación fue total ni Europa aplicó el mismo estándar en todos los territorios, especialmente en España tras la dictadura franquista.
Recordar Núremberg no es solo un ejercicio histórico: es una advertencia. Las estructuras del odio no desaparecen solas. Exigen memoria, justicia y una voluntad colectiva de enfrentarse al pasado para que no vuelva a repetirse.


Articulista. Nacido en Valladolid, pero cántabro de espíritu, soy colaborador habitual en los medios lapiedradesisifo.com y Lapajareramagazine.com. Autor del poemario «Transido de un abismo» y de títulos de próxima aparición como «La poliantea de los sentidos» y «Crónicas claudinas».


