Bolsonaro, cronología de una caída

Jair “Messias” Bolsonaro ha destacado en estos últimos meses por intentar negar la expansión del coronavirus en todo momento, confiando su reelección al despunte de la economía. Hoy, la tensión política en Brasil se encuentra en máximos y se habla incluso de un sustituto para el presidente ultraderechista. ¿Cómo ha podido pasar?

La llegada del coronavirus a Brasil

Nada hacía pensar en diciembre que el liderazgo de Bolsonaro pudiera estar en duda. Según la encuesta del MDA publicada por la CNT, la aprobación del mandatario se encontraba en el 47,8%. La buena marcha de la economía era su punto fuerte. Si todo seguía así, el líder ultraderechista tendría una reelección tranquila.

En marzo empezaron sus problemas. Mientras el mundo asumía el peligro del coronavirus, el brasileño negaba la mayor. La Covid19 alcanzó Brasil y empezó a aumentar el número de contagios y fallecimientos. Desde el gobierno federal se negaron a adoptar medidas de confinamiento. Los gobernadores locales, en cambio, actuaron por libre y ordenaron cierres masivos como el resto del globo, distanciándose cada vez más del ejecutivo.

Una semana después, a finales de marzo, Bolsonaro se dirigió a la nación. La sorpresa fue mayúscula cuando calificó el virus de “gripecita” y criticó las medidas de confinamiento tomadas por los gobernadores, tachándolas de excesivas. Reclamó la vuelta inmediata a la normalidad y anunció que su gobierno priorizaría la economía. El resultado: Brasil ardió. Durante los siguientes días sonaron caceroladas contra el presidente, incluso, en barrios ricos y feudos bolsonaristas.

Primeros enfrentamientos y rectificaciones

Bolsonaro está acostumbrado a ser un outsider e ir contra el mundo en solitario, así que siguió a la suya. Pero esto alcanzó un nuevo nivel de surrealismo cuando al tiempo que se enfrentaba a los gobiernos locales, su propio ministro de Salud lanzaba mensajes pidiendo distanciamiento social y medidas de precaución.

La misma iglesia brasileña lanzó un duro comunicado criticando el poner la economía por encima de la condición humana y pidiendo a Bolsonaro que rectificara. Incluso los narcos pusieron las barriadas bajo su dominio en aislamiento preventivo, ordenando un toque de queda en las favelas.

¿Su respuesta? Insistir en la falta de peligrosidad del virus y recomendar ahora un “aislamiento vertical”, es decir, solo de mayores de 60 años y personas en riesgo, la misma teoría de Boris Johnson que para esa fecha ya había fracasado. Al tiempo, el gobierno federal empezó a preparar la campaña “Brasil no puede parar” contratando una empresa externa y haciendo un primer comunicado en redes para pedir que todo siguiera en funcionamiento. En Milán, también se lanzó la campaña “Milán no para”. Más tarde, se convertiría en una de las ciudades más afectadas por la Covid19.

Brasil nao poder parar
O Brasil nao pode parar”, eslogan del gobierno. Captura de pantalla realizada sobre la cuenta de Instagram del gobierno de Brasil. 27 de abril a las 23:20:45

Frente a esto, la jueza federal Laura Busto Carvalho actuó de oficio y ordenó bloquear la campaña por ir en contra de las directrices del Ministerio de Salud y por su posible daño contra las personas. Bolsonaro, fiel a su línea, dijo que la citada campaña eran fake news pese a la publicación en las redes del Ministerio y el contrato firmado.

Las acciones del ministro de Salud

Siguiendo con su postura negacionista y un día después de que el Ministerio de Salud recomendara a la ciudadanía quedarse en casa, el mandatario brasileño salió a pasear por Brasilia, la capital del país, buscando el cariño y la complicidad popular, elementos que maneja a la perfección y que fueron clave para auparlo al poder. Allí habló con la gente y argumentó con varios por qué el confinamiento era un error, actitud polémica que no dejaba indiferente a nadie.

Todo esto precipitó que los roces con los distintos estamentos del poder de Brasil se aceleraran. El Ministerio de Salud pidió una vez más el confinamiento, ganándose la desaprobación total de Bolsonaro y sus críticas. El Fiscal General Aras anunció que la justicia actuaría si el gobierno federal llevaba a cabo alguna actividad contra las recomendaciones del Ministerio. Incluso el segundo al mando, el vicepresidente y general Hamilton Mourão, cuestionó el discurso de negación y fue desaprobado por el líder brasileño.


Hamilton Mourao durane la audiencia con representantes de la comunidad brasileña en Boston 6 de abril de 2019, 18:20:28 Romério Cunha para Agencia VPR bajo licencia CC BY 2.0

Cambio de estrategia: Fake news

En este punto, los allegados al presidente se estaban dando cuenta de que este relato escapaba de sus manos y empezaba a jugar en su contra. Así pues, su núcleo duro (conocido por la prensa brasileña como «el gabinete del odio” debido al uso continuo de una estrategia de confrontación ideológica basada en bulos), formado por sus hijos y asesores de confianza, se reunió. Empezó a promover noticias y fake news negacionistas, pidiendo volver al trabajo y desacreditando a los medios, tachando el confinamiento de histeria. Pero la estrategia no dio resultado y la popularidad del presidente seguía bajando tan rápido como subía el número de fallecimientos.

Finalmente, nada más empezar abril, pareció obrarse el milagro. Bolsonaro compareció ante la prensa diciendo que “la Covid es el mayor peligro al que se enfrenta nuestra generación”. Eso sí, no faltó la coletilla: “pero no se puede comprometer la economía. El antídoto no puede ser peor que las enfermedad”.

No obstante, el globo pronto se desinfló rápidamente. A los pocos días, empezaron las disputas a plena luz con el ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta, médico de profesión, que abogaba por las medidas de confinamiento más estrictas. Acto seguido, Bolsonaro lo amenazó en directo con expulsarlo del gobierno.

Luiz Henrique Mandetta
Rueda de prensa de Presidente de la República, Jair Bolsonaro y ministros de estado, 18 Marzo 2020, 15:30:13. Imagen: Carolina Antunes/PR // Palácio do Planalto, bajo licencia CC BY 2.0

Caída de la popularidad y maniobras ocultas

Con el paso de los días, las críticas al líder brasileño no hacían más que aumentar: en el Congreso Nacional recibía agrios discursos, incluso de su propia bancada; en la prensa hasta los periódicos conservadores criticaron su estrategia; el mismo presidente del Tribunal Federal pidió defender el confinamiento; y más del 70% de la sociedad brasileña consideraba la gestión del presidente desastrosa. Así, se evidenciaba que Bolsonaro estaba cada vez más solo.

Y todavía iría a peor. La misma encuesta que desveló que la popularidad del presidente se situaba en un 33%, reflejaba a su vez que el ministro de Salud tenía el respaldo del 76% de la población. Los gobernadores locales, por otro lado, gozaban con una aprobación de entre el 50% y el 60%.

Tras un par de semanas, Bolsonaro finalmente cumplió su amenaza, fiel a su estrategia cuando decide prescindir de alguien: critica, desacreditación pública y expulsión. Así, el jueves 16 de Abril, expulsó al ministro de Salud sustituyéndolo por un oncólogo leal a su persona. Nuevamente, llovieron las críticas, pero esta vez desde la parte militar del gobierno, que progresivamente perdía la fe en el mandatario.

El general Hamilton Mourão empezó a reunirse con gobernadores opositores y con miembros del gobierno. Desde el “gabinete del odio” se temía una maniobra del militar para sustituir al presidente. El riesgo de impeachment empezaba a tomar forma.

Pronto perdió también el apoyo de sectores acomodados (y de otros menos ideológicos pero que en su momento lo votaron para apartar al PT del poder) que protagonzizaban manifestaciones públicas en su contra. Además, varios grandes empresarios conocidos del país le retiraron su apoyo en público.

No obstante, Bolsonaro no parecía estar preocupado: la bancada brasileña en el Congreso seguía siendo mayoritariamente conservadora y la mayoría de la población no quería un cambio de gobierno en medio de esta crisis. Además, el respaldo de sus votantes más radicales, que conforman más de un tercio de sus votantes, seguía intacto.

Bolsonaro paseando
Captura de pantalla hecha en el Twitter oficial de Jair Bolsonaro. Viernes 24 de Abril de 2019 a las 17:52:20

Concentración pro-Bolsonaro en el Congreso Nacional

Así, ignorando todo lo anterior, siguió con su atípica agenda: salió a pasear por la calle o a comprar bollos y comerlos en una panadería (algo prohibido en ese momento) mientras aconsejaba abandonar la cuarentena. Esta vez recibió hasta abucheos desde los balcones pidiéndole que se quedara en casa.

Combativo y orgulloso, el 19 de abril el presidente contraatacó asistiendo a una manifestación frente al Congreso organizada por sus votantes más radicales. Apareció sin mascarilla ni guantes y tosiendo. Una imagen que dio la vuelta al mundo. El eslogan más repetido fue “no queremos negociar nada, queremos acción para Brasil”. Exigían la intervención del ejército, el cierre del Congreso y la vuelta a la normalidad económica brasileña.

¿Por qué, de forma casi inaudita, un presidente celebraría una manifestación golpista contra su propio Congreso? La razón es aparentemente sencilla. El Partido Social Liberal es un pequeño partido que le aupó a jefe del ejecutivo aprovechándose del sistema electoral brasileño. Necesita sí o sí al resto de catorce fuerzas conservadoras para sacar adelante sus proyectos. Y esta enemistado con la mayoría. Incluso abandonó dicho partido por discrepancias internas para crear el suyo propio, Alianza por Brasil. Esta tesitura lo tiene atado de pies y manos constantemente.

Las reacciones en su contra no se hicieron esperar: el Fiscal General de Brasil, Augusto Aras, solicitó a la Corte Suprema una investigación contra él por posible violación de la Ley de Seguridad Nacional.

Sergio Moro
El juez Sergio Moro durante el testimonio en la comisión para la reforma del Código de procedimiento penal. 30 Mazo 2017, 16:20:30. Lula Marques/Agência PT. Bajo licencia CC BY 2.0

Las renuncias de los ministros

La situación empeoraría el 25 de abril con la renuncia de Sergio Moro, ministro de Justicia, de lejos el miembro de su gabinete de mayor popularidad. Juez responsable de la operación “Lava Jato” que encarceló al ex-presidente Luiz Inácio Lula Da Silva y llamado «el justiciero de Brasil», se unió a la campaña de Bolsonaro bajo la promesa de éste de acabar con la corrupción.

Además de la pérdida de apoyos generalizada, la gota que colmó el vaso para Sergio Moro fue la destitución del comisario Mauricio Valiexo, quien investigaba varios casos de corrupción, entre ellos un escándalo relacionado con su hijo y diputado. El ministro de Justicia anunció que esta intromisión en la policía era injustificable y lanzó todo la artillería contra Bolsonaro, acusándole de no luchar contra la corrupción, de querer poner a la policía bajo su servicio y de ser un traidor.

Como respuesta, el presidente compareció en televisión acompañado de 19 ministros confirmando el hecho y soltando pobres excusas que no hicieron más que empeorar la situación.

Los escándalos y problemas prosiguieron. El 26 de abril, tres ex-ministros de Salud de Brasil, de manera histórica, denunciaron al gobierno de Bolsonaro por «potencial genocidio” ante la ONU.

Con todo lo mencionado, el impeachment que era un susurro en marzo ahora corre de boca en boca entre la población. Rumores sugieren que la próxima deserción podría venir del gurú económico de la ultraderecha brasileña, el ministro de Economía Paulo Guedes, que se ha mostrado incómodo con las decisiones de Bolsonaro desde el principio de la crisis. Además, el ministro tenía un ambicioso plan de privatizaciones y recortes que se ha visto aplazado ante el Plan Económico para la Recuperación de Brasil, una última bala de Bolsonaro para salvarse y que necesitará ingentes recursos públicos.

Amenaza de impeachment y problemas judiciales

La popularidad del mandatario en estos momentos sigue en sus horas más bajas según el instituto Datafolha, con un 36%. Su gobierno se ha visto obligado a pasar a la defensiva, perdiendo su habitual influencia en las redes y su capacidad para marcar la agenda.

Como se ha comentado antes, en un último y desesperado intento por afianzarse en el poder, Bolsonaro ha aceptado el Plan Pro-Brasil, un ambicioso proyecto de gasto que le aseguraría el apoyo del centro ante el riesgo de impeachment. Esta estrategia recuerda a la que usó en su momento la presidenta de Chile Michelle Bachelet y que no le sirvió para evitar su destitución (si bien la popularidad de Bachelet era mucho más baja).

El futuro de Bolsonaro parece más oscuro cada día que pasa. El impeachment es hoy una posibilidad real y su familia se enfrenta a varios problemas judiciales relacionados con suss hijos y con su cooperación en el lanzamiento de fake news.

Así pues, la caída de Bolsonaro, un presidente atípico que se ha quejado de la democracia por activa y pasiva y ha añorado la dictadura en público, es una posibilidad real. Pero irónicamente podría no ser tan buena noticia para la democracia como cabría esperar.

Y es que los militares han seguido aumentando su poder en el gabinete, ocupando el hueco dejado por la paulatina caída de los ministros mencionados. El riesgo de que la caída del líder ultraderechista suponga que un general del ejército tome el mando del país es bastante plausible.

Brasil se tambalearía así, transitando a un régimen autoritario y reavivando viejos miedos que se creían enterrados. Y de ahí a algo peor hay solo un paso. Solo el tiempo dirá.

Fuentes y enlaces:

Foto destacada: Jair Bolsonaro discute con la diputada Maria do Rosário en la cámara de los diputados. 14 de setembre de 2016, 11:25:59. Marcelo Camargo para Agencia Brasil Bajo licencia CC BY 3.0 BR

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