Jessica Fillol: “El papel de Vox es resquebrajar los consensos sociales”

Jessica Fillol Morales es una activista feminista catalana, dueña del blog jessicafillol.es, de un canal de YouTube y redactora y administradora de la exitosa revista digital locasdelcoño.com entre 2015 y 2017, medios a través de los cuales hace divulgación de temas variados. Jessica también es una de las tantas activistas feministas que ha sufrido el ataque organizado de grupos reaccionarios que han intentado silenciarla.

La entrevista se realiza de manera telemática a través de Jitsi, grabada en audio y transcrita después.

Al Descubierto: Muy buenas, Jessica, vamos a comenzar. Como medio especializado en el análisis e investigación de la extrema derecha y grupos afines, consideramos que los movimientos sociales y activistas que se enfrentan a ella tienen un papel fundamental. Para la gente que no te conozca, eres Jessica Fillol Morales, activista dueña del blog jessicafillol.es conocida sobre todo por artículos feministas, aunque también por tocar muchos otros temas como racismo, derecho de las personas trabajadoras, etc., Y bueno, tienes también una faceta divulgadora a través de tu blog y de un canal de YouTube, hablando de política, sociología, temas de actualidad….

Jessica Fillol: Sí, bueno, es un blog personal, donde hablo de todo aquello que me interesa, pero con una visión feminista y de izquierdas.

AD: Sí y, además, bastante completo en nuestra opinión. Además, tienes un largo historial como activista, has sido militante activa del Partit Socialista de Catalunya (PSC).

JF: Sí, lo fui en su día.

AD: Y también has sido administradora y una de las redactoras del sitio feminista Locasdelcoño.com entre 2015 y 2017, un blog que alcanzó de hecho bastante notoriedad. Lo primero, agradecerte que hayas aceptado la entrevista, esperemos que sea interesante y un placer tenerte aquí. Antes que nada, ¿cómo te definirías tú?¿Quién es Jessica Fillol según Jessica Fillol?

JF: La verdad, cuesta definirse a una misma. Aparte de ser una persona de izquierdas y feminista. Intento aportar mi granito de arena para dejar un mundo mejor dentro de lo que puedo y de lo que mis conocimientos me permiten. Salvo eso, ser un ser humano implicado.

AD: Además de lo mencionado, ¿en qué más sitios o por qué causas has desarrollado tu activismo?

JF: En su día fundamos Red Progresista. Cuando empezó todo esto de la web 2.0. e Internet empezó a ser accesible al gran público y no únicamente limitado a un grupo reducido de técnicos o ingenieros para poder crear contenido en Internet (lo que sería la web 1.0), supuso que la ciudadanía pudiera, sin tener estos conocimientos, poder expresarse. Es el nacimiento de los blogs, de Facebook y demás. Entonces a través de esta Red iniciamos el activismo buscando influencia en el mundo online. Aunque tendamos separar mundo online de offline, a través de uno puedes influenciar al otro.

“Intento aportar mi granito de arena para dejar un mundo mejor dentro de lo que puedo y de lo que mis conocimientos me permiten.”

También participé en lasideas.es, colaboré en socialdemocracia.org y en distintos sitios web de generación de conocimiento para promover el cambio social. He dado también cursos de formación de redes sociales, charlas, por ejemplo sobre cómo aprovechar el potencial de las redes para el activismo ciudadano y para el empoderamiento.

AD: De hecho, Jessica, has estudiado marketing y eres profesional del mundo de la comunicación.

JF: Sí y ahora estoy estudiando Ciencias Sociales. Estudié marketing pensando en la ciudadanía como consumidores y ahora Ciencias Sociales para estudiar a la sociedad como colectividad humana.

AD: Muy interesante. Se te conoce especialmente por el activismo a través de tu blog, jessicafillol.es. Artículos como “Objeciones cuñadas sobre la Ley de Violencia de Género”, por ejemplo, tuvieron bastante repercusión. Cuéntanos, de dónde surge la idea del blog, cuál era tu intención, cómo ha llegado a ser lo que es…

JF: El primer blog que abrí fue hace ya tiempo en la plataforma blogspot.com, alrededor del año 2004 y de ahí ya me pasé a WordPress. Yo siempre he dicho que escribo a golpe de cabreo (ríe). Escribo sobre aquello que quiero explicar, porque si lo hiciera en casa estaría constantemente soltando un mitin (ríe). El blog es una manera de descargar toda esa carga mental. Aunque últimamente le intento dar un formato más divulgativo, mi principal motivación para escribir es el cabreo.

El artículo que mencionas vino a raíz de haber tenido muchas discusiones sobre la Ley Integral de Violencia de Género (LIVG) y tener que explicar una y otra vez lo mismo. Entonces al final dije, vamos a poner el tema sobre la mesa, punto por punto, con datos sacados de la ley y de organismos oficiales y no con lo típico de “es que yo tengo un amigo que su mujer le denunció y acabó en la cárcel”.

AD: Sí, además, el blog refleja un poco ese estilo, de explicar de manera clara y sin tapujos, que es lo que en parte ha hecho que sea conocido, para bien o para mal. Hablando de Internet, háblanos un poco de Locasdelcoño.com. Cómo surgió, si esperabais tantísima repercusión, cómo acabó…

JF: El nacimiento fue por un post llamado “¡Qué niña tan bonita!” publicado por Ro de la Torre en su Facebook. En él desarrollaba una serie de estereotipos que recibimos las mujeres, desde que somos niñas y nos ponen los zapatos rosas y el primer lacito en el pelo, a lo largo de toda nuestra vida, toda nuestra evolución a golpe de inputs que recibimos que acaban configurando una sociedad machista, misógina y sexista.

El artículo, que fue escrito a modo de desahogo personal, se compartió masivamente y fue reportado en masa por trolls, por lo que Facebook decidió borrarlo. Así que un grupo de activistas decidimos que eso no se podía perder. Y la única manera de que eso no volviera a pasar era alojarlo en un sitio web propio. Hicimos un brainstorming entre las 15 personas o así que éramos y en una tarde lo montamos.

El nombre de “locas del coño” empezó como una broma. Todos los nombres para el sitio que buscábamos estaban cogidos, así que me dio por buscar ese porque me hizo gracia y estaba libre. Lo comenté al grupo y les encantó. Compré el dominio, instalé el WordPress y a compartir.

A partir de ahí, cada una empezamos a usar el sitio para compartir nuestras vivencias, experiencias y demás, pues como yo en mi blog, como una forma de desahogo, por placer. Decidimos abrirlo para que fuera algo colectivo y no únicamente de las fundadoras y que la gente enviara sus artículos.

Lo que sucedió después es lo que se llama “morir de éxito”. Tuvo tanta aceptación y tanta repercusión que nos sobrepasó y nos acabó superando. Al menos ese es el análisis que yo hago. Teníamos tanto éxito, tantos artículos que revisar y que publicar que generaba muchísimo trabajo. Hay que agradecer, eso sí, a todo el grupo original, que con su empeño y su cariño consiguió que el proyecto tuviera ese alcance, que todo estuviera trabajado, revisado, que las imágenes fuesen las adecuadas… pero claro, nos consumía muchísimas horas.

Hicimos contenido muy potente, como “La guía feminista para las Navidades”, en donde pedimos colaboración de Feminista Ilustrada para las imágenes y que tuvo mucho éxito. Pero claro, eran muchas horas de trabajo y eso a su vez provocaba roces, tensiones, desencuentros…

AD: Y además totalmente voluntario, sin cobrar nada.

JF: ¡Claro! Totalmente, totalmente. Al final dijimos de poner AdSense a esto, porque claro, yo además estaba poniendo dinero de mi bolsillo para el hosting. Que, además, con el tráfico que tenía la web, cada vez demandaba más y más. Cuando publicamos “La guía feminista para las Navidades” recuerdo que estaba de vacaciones en Londres y esa semana tuve que ampliar el hosting dos veces porque tenía tantas visitas que la web se caía.

AD: Vaya.

JF: Aparte de eso, sufrimos también varios ataques. Nos hicieron un deface, es decir, nos quitaron la foto de la portada de la web por otra, en fin. Imagínate con todo eso… no teníamos tampoco un sistema de gestión interno para resolver las diferencias de criterio, lo que provocaba a veces discusiones bastante agrias. Entonces acabó petando. Unas se acabaron marchando y otras intentamos tirarlo adelante como buenamente pudimos.

Luego hubo un desencuentro en cuanto al modelo. Lidia, una de las administradoras, era partidaria de sacarle todo el potencial a la página, de forma totalmente legítima, como había hecho Pikara Magazine, por ejemplo, que ahora tiene su empresa y su modelo de negocio. Mi opción era mantenerlo de una forma totalmente voluntaria, pero bueno, entiendo que mi opinión ya nos había dado problemas.

AD: Claro.

A raíz de todo esto, el equipo se acabó rompiendo y se fue renovando. Mi salida al final fue porque no teníamos un modelo claro de hacia a dónde queríamos ir. No solo si queríamos ser un negocio o no, sino en cuanto a la línea editorial. ¿Éramos regulacionistas?¿Abolicionistas?¿RadFems?¿Éramos de la corriente transinclusiva? Y claro, eso no lo teníamos trabajado tampoco.

AD: Claro porque tú eras más partidaria de dar un poco acogida a todas las corrientes feministas y poder hablar un poquito de todo, ¿no?

JF: Exacto. Pero se evidenció al final que las diferentes corrientes no podían compartir espacio, sobre todo por el veto de una de ellas. Entonces yo dije que si se mantenía ese veto, eso sería incompatible con mi visión. Así que me aparté del proyecto.

AD: Con tres años ya desde aquello, ¿cómo ha evolucionado el proyecto?

JF: Creo que lo único que sigue en pie es la cuenta de Twitter. El dominio original lo he conservado yo, ellas lo cambiaron a otro con el mismo nombre de la cuenta de Twitter, locarconio.com, que ya no existe tampoco. Se mantuvo durante unos meses pero no lo renovaron. El caso es que el proyecto acabó muriendo.

AD: Bueno, cosas que pasan…

JF: Sí, los proyectos tienen su ciclo de vida. Nacen, crecen, se reproducen y algunos mueren.

AD: Sí, lo importante es que la contribución en su momento del portal fue bastante interesante.

JF: Yo creo además que su legado aún perdura. Éramos muy punkis (ríe).

AD: Coincidió además en plena explosión del feminsimo y eso hizo que funcionara bastante bien. Hablando por cierto de los movimientos que están ahora en auge, que no todos son buenos por desgracia. Estamos en un momento donde la extrema derecha está creciendo. En los últimos diez años, prácticamente se ha duplicado el número de países europeos con presencia de fuerzas ultraderechistas, lo que va acompañado de una serie de ideas, como el racismo, machismo… Y por supuesto tenemos a gente como Donald Trump o Jair Messías Bolsonaro. Como activista implicada, ¿consideras que esto es un peligro real?¿Es un bluff?¿O podemos llegar a revivir momentos del pasado muy difíciles?

“La extrema derecha es una reacción contra una serie de cambios que producen miedo. Y el miedo es un motor muy potente.”

JF: Si fuera un bluff no tendríamos a Donald Trump, no tendríamos a Bolsonaro, no tendría Vox aquí 52 diputados. No es un bluff. Yo lo veo un peligro real. Precisamente de la debilidad de los movimientos sociales es de donde surge toda esta potencia de la ultraderecha. Son una reacción contra una serie de cambios que les producen miedo. Y el miedo es un motor muy potente.

AD: Y, ¿qué ha pasado? Hace solo 5 años, de hecho, Vox era un chiste. Se hacían bromas de Vox y de su líder Abascal porque eran residuales y ahora son tercera fuerza. ¿Crees que esto tiene que ver con una reacción a los movimientos de izquierda o que tiene que ver con algo más?¿Qué factores crees que ha propiciado esto?¿De dónde sale ese apoyo popular?

JF: En parte, han recogido parte de su apoyo de haberlos convertido en un chiste. Anonymous, por ejemplo, ¿cuál era su lema principal? FortheLulz. Hay una muy buena parte de la gente, jóvenes especialmente, que vota a Vox por las risas, por los loles. Evidentemente toda su fuerza no viene de ahí, pero sin duda el creer que no van a conseguir nada al final sí que tiene repercusión y nos afecta a todos.

Eso por un lado. Por otro lado, antes eran un partido residual y eran un chiste porque estaban representados en el PP. Aznar era el representante de la derecha que era cada vez más derecha. Él se presentaba como “la derecha sin complejos”. ¿Qué significa ese “sin complejos”? Sin miedo a presentarse abiertamente racista, clasista, machista, ultraconservadora, del sector católico más reaccionario… eso significa “sin complejos”. Cuando existe cierto consenso social sobre temas como el divorcio o el aborto, el papel de la mujer en la sociedad, el reparto de tareas en el contexto familiar… que tienden a que exista cada vez más igualdad, Aznar se presenta diciendo “no tengo complejos en decir que todo ese consenso social es basura progre”.

“Aznar se presentaba como “la derecha sin complejos”. ¿Qué significa ese “sin complejos”? Sin miedo a presentarse abiertamente racista, clasista, machista, ultraconservadora, del sector católico más reaccionario…”

Y eso arrastra a toda la gente que piensa igual, esa gente que dice “no voy a decir que soy abiertamente racista (yo no soy racista, pero…) porque sé que eso me va a poner en contra a la gente que me esté escuchando” cuando hay gente que sí que defiende esto abiertamente, el consenso social se resquebraja. Y ya puedo presentarme como “yo no soy racista, yo soy ordenado” y no se va a ver tan mal.

Porque, de hecho, el consenso social contra el racismo ya no existe, se lo han cargado. Pues ese es el papel de Vox. No vienen a hacer propuestas, ni a construir nada. Vienen a resquebrajar los consensos sociales que ya teníamos construidos.

AD: De hecho, en Europa la ultraderecha también ha cogido mucho ese discurso, sobre todo a raíz de la crisis de los refugiados y demás. ¿Crees que hay diferencias entre el caso español con Vox con por ejemplo Alternativa para Alemania o el Frente Nacional de Francia?

JF: Creo que el miedo es universal y la reacción a ese miedo también. El contenido y los protagonistas de ese miedo ya es particular de cada una de las sociedades dependiendo de sus diferentes contextos.

En España por ejemplo tenemos la reacción visceral contra la Ley de Violencia de Género o contra cualquier mujer que haya sido agredida sexualmente (la idea de que se lo inventa, de que lo que quiere es ganar protagonismo, de que quiere una paguita, de que quiere joderle la vida a alguien, de que la mujer es manipuladora por naturaleza…), pero en cuanto al hecho de que vengan inmigrantes a violar a nuestras mujeres, ahí ya no hay ese miedo a que se lo inventen o a que quieran joderle la vida a alguien. Esta dualidad es muy característica del caso español.

En el caso de Reino Unido tienes el tema del Brexit, donde está la creencia de que vienen de fuera a robarnos el trabajo… bueno, en Francia también existe esa línea, de que los inmigrantes de segunda y tercera generación no se integran (con muchas comillas), todo esto de “libertad, igualdad, fraternidad” no lo tienen asumido, todo el tema del uso del hiyab en espacios públicos… cada sociedad tiene su particularidad. Pero el miedo es universal. El miedo y la reacción para combatir ese miedo.

AD: Claro, de hecho, una cuestión muy paradójica que mucha gente se pregunta es, ¿cómo puede ser que hemos visto una explosión de movimientos activistas, como la Tercera Ola del feminismo, el ecologismo con Greta Thunberg… que están generando cierto consenso social y, a la vez, haya un renacer de la ultraderecha y de un discurso totalmente contrario?

JF: Creo que el auge de esos movimientos sociales y de ese activismo en las calles tipo 15-M, viene precedido de la caída en desgracia, de la pérdida de legitimidad de los partidos políticos. La ciudadanía entonces empieza a movilizarse por su cuenta al margen de los partidos, en asociaciones, en grupos de interés… de ahí viene el caldo de cultivo de movimientos como el 15-M. Vienen precedidos de Democracia Real Ya y de toda este serie de grupos que piden más participación ciudadana, de más política, pero no necesariamente a través de los cauces institucionales de los partidos políticos.

Esa pérdida de legitimidad y de confianza hace que la ciudadanía que quiera cambiar cosas se implique en otra serie de movimientos. Esto por un lado. Mientras la sociedad en general intenta promover el cambio social, la extrema derecha lo que intenta es conservar el poder. Y saben perfectamente cuáles son los mecanismos que tienen que activar. Y los mecanismos hoy en día pasan por partidos políticos fuertes.

“Mientras la sociedad en general intenta promover el cambio social a través de movimientos sociales, la extrema derecha lo que intenta es conservar el poder mediante partidos políticos fuertes.”

Es decir, los mecanismos para el cambio social tiene que ver con lo que comentaba de los movimientos sociales como el 15-M, que supuso un cambio de paradigma y de mentalidad. Nos dijeron que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y dijimos “¡Basta! ¿Cómo? ¡No!. Esto no es una crisis, es una estafa”. Y así se conforma un discurso político al margen de los partidos.

Pero, para conseguir mantener el poder y frenar todos estos avances, se siguen necesitando partidos políticos, al menos en nuestro orden institucional. Partidos capaces de ganar elecciones, de movilizar a votantes y, llegado el caso, de establecer pactos entre ellos para lograr el poder. En España, la extrema derecha tiene tres ofertas: PP, Ciudadanos y Vox. Pero luego entre ellos van a llegar a un acuerdo que les garantice el poder, frenar el avance de los movimientos sociales y perpetuar ese pensamiento reaccionario.

AD: Pero la ultraderecha no es solo cuestión de partidos, sino que se ve en múltiples facetas. Ha habido un aumento de delitos de odio, de agresiones, de discriminaciones… que al sentirse más legitimadas pues aumentan. Como activista has sufrido directamente el acoso organizado de personas, sobre todo hombres, debido a tu perspectiva feminista. Cuéntanos qué ataques has sufrido y cómo te has enfrentado a ellos.

JF: En mi caso particular estuvo relacionado con mi activismo en defensa de la Ley Integral contra la Violencia de Género (LIVG). Considero que es una ley que ha aportado muchísimo y que ha generado un cambio de actitudes a nivel educativo, mediático y social muy importante, aunque sigue necesitando un fuerte empuje institucional. Yo misma soy testigo de los vacíos legales que ha dejado esta ley.

A partir de que yo cuento mi caso, ejemplifico estos agujeros y empiezo a pedir que se proteja a las mujeres que denuncian violencia de género y a las que no llegan a denunciar, planteando qué es lo que hace que no tengan confianza en las instituciones, en la policía, en la justicia o en la sociedad en general o por qué no tienen el apoyo que necesitan para llegar a denunciar, me convierto en objetivo de los grupos que están en contra de la ley.

“Cogieron mi foto de perfil de Twitter, mi imagen de cabecera y replicaron mi cuenta y se pusieron a decir gilipolleces. Con mi cara y con mi nombre, decían “Animo a las mujeres a poner veneno en la comida de vuestros padres, maridos y hermanos”.”

Entre ellos, hay una asociación que se llama GenMad que dicen ser “hombres víctimas de la LIVG”. ¿Por qué víctimas de la ley? Porque les han denunciado. Y, a muchos de ellos, les han condenado. Consideran que su comportamiento con sus parejas era legítimo, que un juez no tiene por qué inmiscuirse y se ven como víctimas. Pues yo me convertí en un objetivo al que abatir por este tipo de grupos. Me estuvieron amenazando durante muchísimo tiempo, intentaron captarme para hacer activismo por su causa…

AD: ¿En serio?

JF: Sí, sí. Me hicieron una propuesta argumentando que estaban en contra de las denuncias falsas porque perjudican a las verdaderas mujeres maltratadas. Y yo les dije: “no, no me vais a estafar por ahí” (ríe).

En cuanto al tema de la suplantación de identidad, lo veo como un precedente de todas estas fake news, de todo este movimiento de generar titulares periodísticos que no buscan informar, sino hacer captura de pantalla y a compartirlo por redes sociales y Whatsapp, con el objetivo desinformar.

Entonces, cogieron mi foto de perfil y replicaron mi cuenta de Twitter, cambiando la “l” final de “Fillol” por una “i” mayúscula, de forma que era casi igual. Y, a través de esa cuenta, se pusieron a decir gilipolleces. Algunas podían tener cierta gracia, como un tweet que se hizo muy famoso, en el que supuestamente decía que la palabra “himen” incita a la violación porque en inglés significa “Hi, men”.

AD: Cierto, conocemos ese tweet, se hizo muy famoso.

JF: Sí, de hecho, cuando fui a los Mossos d’Esquadra a poner la denuncia por suplantación de identidad, el agente que me atendió dijo “¡Ostras, eso yo lo he visto!¡Es de Forocoches!”.

AD: Qué fuerte.

JF: Claro, y de ahí surgieron campañas de acoso. Pero este no fue el peor, este podría ser hasta cierto punto divertido. Había otros que, con mi cara y con mi nombre, decían “Animo a las mujeres a poner veneno en la comida de vuestros padres, maridos y hermanos”. O sea esto ya…

“Según la ley, que repliquen tu cuenta de Twitter y se hagan pasar por ti no es una suplantación de identidad, sino que se encuentra dentro de la libertad de expresión como una cuenta parodia. Te lo compro, pero lo que ha venido a raíz de ahí no es una parodia, es una campaña de acoso organizado.”

AD: Claro, eso ya es muy serio.

JF: Pues varios tweets así de ese estilo. La cuenta la suspendieron en cuestión de horas, yo demostré que la “l” era una “i” mayúscula y a raíz de la denuncia investigaron el caso y en doce horas ya la habían eliminado. Resultó que, según la ley, no es suplantación de identidad porque para eso se requiere que firmen un documento legal en mi nombre, sino que se encontraba dentro de la libertad de expresión como una cuenta parodia. Que yo dije, vale, te lo compro, pero lo que ha venido a raíz de ahí, ya no es una parodia, es una campaña de acoso organizado.

Pues eso pasó en 2016. A día de hoy, me siguen llegando mensajes de países de habla hispana, donde no se me conoce, donde se comparten esos tweets como si fueran reales. La cuestión es, si de verdad yo o alguien dijera esas barbaridades, no tendrían que inventarse una cuenta de Twitter falsa. Además, siempre pongo mi cara, mi nombre y mis apellidos por delante. No soy “femizorra49”, por decir algo. Soy una persona identificable y verificable y me he expuesto a este tipo de situaciones de amenazas, de suplantaciones y mil historias.

AD: Sí, además, esto sucede a más personas. Tenemos el ejemplo del acoso de Pablo Iglesias en la puerta de su casa que tiene un origen muy similar y tantos otros activistas o amenazas veladas que se ven en redes, que es una tónica muy común en la extrema derecha.

JF: Las amenazas génericas pretenden crear un estado de opinión y las amenazas a personas concretas lo que pretenden es silenciarlas: que dejen de escribir, de opinar, de publicar y que deje de participar en el debate y de generar opinión.

AD: De hecho, activistas feministas que han tenido que cerrar su cuenta por este acoso hay muchas…

JF: A Feminista Frívola, por ejemplo, contó que estaba estudiando en la biblioteca y fue un tipo a interrumpirla, porque le apetecía, con intenciones de ligue e invitarla a un café. Y ella protestó en redes sociales diciendo “pero si estoy en la biblioteca, dejadme en paz, es que no hay ningún sitio del que pueda huir de este tipo de situaciones”. Bueno, pues la ola de acoso que le generó fue tan brutal que tuvo que cerrar la cuenta.

“Las amenazas génericas pretenden crear un estado de opinión y las amenazas a personas concretas lo que pretenden es silenciarlas.”

A Barbijaputa constantemente lo mismo, siempre están intentando averiguar cual es su identidad, que hay quien dice que es Escolar, que me hace muchísima gracia… o a Feminista Ilustrada, que hasta han sacado los datos de una pareja con quien estuvo con 16 años en el instituto que dice que no se comportó como debería… pues así, constantemente.

AD: Si, de hecho, lo hemos escuchado bastantes veces. Cómo se puede dedicar tanto tiempo y esfuerzo en odiar y acosar a alguien, a veces sin saber ni por qué, por pura visceralidad…

JF: Porque en el fondo el objetivo es que se callen. Están diciendo cosas que no me gustan y quiero que se callen.

AD: Como persona y desde los colectivos activistas, ¿cómo podemos hacer frente a esto? Cómo lo has hecho tú y cómo crees que se debería hacer.

JF: No es fácil. A nivel individual, entiendo a quien acabe tan agotada que le compense más desistir y hacer activismo a otros niveles, con un nivel de exposición mucho menor y no tanto en las redes sociales donde al final estás expuesta a cualquier colectivo o a cualquier degenerado. Lo entiendo.

Mi opción ha sido optar por la cabezonería, seguir a lo mío, seguir opinando y no dejar que cumplan con su objetivo, que era callarme. Pero esa ha sido mi opción. Entiendo que otras personas sientan que el acoso es excesivo y que decidan apartarse, descansar y optar por autocuidados antes que activismo. Aportamos lo que podemos, pero nunca a costa de nuestra salud mental.

A nivel colectivo yo creo que se está haciendo muy bien. Los nuevos movimientos sociales que han surgido van en esa línea y se están consiguiendo cosas. Cuando en la legislatura de Zapatero se aprobó la ley del matrimonio igualitario, tenían un apoyo del 65%. Hoy está por encima del 90%. Si recuerdas, en aquella época había manifestaciones cada semana: por la ley del matrimonio igualitario o por la ley del aborto, que permitía que chicas de 16 y 17 años en un contexto de violencia familiar pudieran abortar sin pedir la autorización a sus padres. Pues todo eso que hoy parece tan obvio, entonces generaba un rechazo brutal. Y los movimientos reaccionarios estaban en la calle porque no tenían el poder. Ángel Acebes, que después fue ministro, estaba en la cabecera de todas las manifestaciones.

AD: Sí, es cierto.

JF: Por eso, a nivel de conseguir un cambio a través de movimientos sociales, se está haciendo un trabajo tremendo.

Y, a nivel institucional que me parece la parte más preocupante y que es donde tenemos un gran agujero, creo que necesitamos más protección. Por ejemplo, tu vas a denunciar un acoso organizado porque recibes una avalancha de amenazas o por ejemplo que filtren tu número de teléfono… ¡A mí me ha pasado! Tengo el teléfono de activistas feministas, se han filtrado nuestros teléfonos, nos meten en un grupos de Whatsapp para avasallarnos, donde veo que hay compañeras que conozco, para que sepamos que tienen nuestros números de teléfono y para poder insultarnos y acosarnos.

Recuerdo estar en la playa hace un par de años y salir del agua y el móvil ardiendo porque en un momento tenía 5.000 mensajes. Una barbaridad. Que te sales del grupo, bloqueas y ya está. Pero en el fondo lo que quieren decir es “tenemos tu teléfono y vamos a por ti”. Se filtra el teléfono, la dirección… claro, eso te genera una situación de vulnerabilidad terrible. Y vas a denunciar todo esto y lo que te dicen es que si eres mayor de edad, te las apañes. Tal cual. Nos dejan completamente desprotegidas.

“Se han filtrado teléfonos de activistas feministas, nos meten en un grupo y se dedican a insultarnos, amenazarnos y avasallarnos. Recuerdo estar en la playa hace un par de años y salir del agua y el móvil ardiendo porque en un momento tenía 5.000 mensajes.

Hemos recibido amenazas a través de redes sociales, donde hemos recibido por ejemplo imágenes de pistolas, como diciendo “voy a por ti”, vas a denunciarlo y te dicen que las amenazas tienen que ser: concretas, creíbles y realizables. ¿Son concretas? Sí, te están diciendo que te van a matar. ¿Son creíbles? No, porque vive a lo mejor a 200 kilómetros, tendría que venir. ¿Son creíbles? Bueno eso ya es más subjetivo. Entonces no puedes hacer nada.

Con la Ley de Violencia de Género uno de los cambios que contempló es que, antes de su aprobación, si tu ibas a denunciar, la policía te decía “señora, es que hasta que su marido no le haga algo, no podemos hacer nada”. “Vale señora, su marido le ha amenazado, pero es que, si le denuncia, se va a enfadar aún más. Vuelva a su casa, hágale la cena, que se tranquilice, no le ponga nervioso… y cuando le haga algo, entonces venga y denuncie, mientras no podemos intervenir”. La ley cambió eso.

Pero con las amenazas que recibimos constantemente, no hay un mecanismo legal o institucional que nos proteja. Estamos en la misma situación que aquellas mujeres maltratadas que no tenían protección.

AD: Claro y, además, las leyes actuales no están muy adaptadas a Internet todavía. Por ejemplo, con el tema de la suplantación de identidad, porque las redes sociales tienen sus normas internas para evitarlo, pero a nivel legal parece que vivamos todavía en un mundo analógico e Internet es un poco como la ley de la selva.

JF: Sí, al final es un poco como una jungla. Es cierto que Facebook y Twitter tienen sus mecanismos, pero son mecanismos orientados a mantener la conversación dentro de la red social, no a mantener la paz o la tranquilidad de la gente que la utiliza. Su negocio consiste en que pases cada vez más tiempo ahí y que generes cada vez más contenido, mientras que el que tú te sientas cómoda y no recibas ataques está provocando menos interacción.

AD: Jessica Fillol, ¿qué papel crees que juega el feminismo a la hora de enfrentarse a la ultraderecha? O cuál crees que podría ser.

JF: Por un lado, tenemos una necesidad de hacer pedagogía muy grande, de huir de discursos muy academicistas que están muy lejos del sentir mayoritario utilizando palabras que no conectan con la gente de a pie. Entiendo la necesidad del concepto académico, pero hasta pronunciarlo a mí misma me cuesta. Conceptos como por ejemplo “interseccionalidad”, buá, esto no aparece con una amiga tomándote un café en la vida salvo que esté metida en esos círculos. O hablamos por ejemplo del “cisheteropatriarcado”, si la persona no está metida en esos movimientos sociales, te pone cara rara.

Entonces, tenemos que bajar el discurso a pie de calle y hacer una labor de pedagogía muy grande, creo que muchas veces no alejamos. El activismo está enfocado a adolescentes ya muy mentalizados o a estas activistas feministas que salen de los últimos años de instituto o en los primeros años de la universidad que están ya muy concienciadas. Y no. El activismo debe estar dirigido a sus madres. Y muchas veces no se entiende. Hay una brecha generacional que exige que debamos trasladar ese discurso a sus madres.

Y es el activismo que yo hago. Además, yo en breve haré 40 años, entonces creo que poco tengo yo que aportar a las generaciones que vienen. En todo caso, me tendrán que aportar ellas casi más a mí. Pero a la generación que tengo por encima, pues sí, intento trasladar ese discurso a palabras que puedan comprender. Tenemos una necesidad de que se nos comprenda, de que no nos consideren el enemigo.

“El feminismo tiene que bajar el discurso a pie de calle y hacer una labor de pedagogía muy grande. Necesitamos que se nos comprenda, de que no nos consideren el enemigo.”

Mira, las dos últimas huelgas feministas que hemos hecho, la del 2018 y la del 2019, se planificó como una huelga de cuidados, laboral, estudiantil y de consumo. “Si nosotras paramos, se para el mundo”. Es clave, es súper básico y todo el mundo lo puede entender. La huelga la siguió hasta mi madre. Hablamos de que dejarle a mi padre una lata de fabada para calentar en el microondas con un papel que ponía “estoy en huelga”.

AD: ¡Vaya!

JF: ¡Esto es súper potente! La frase “si nosotras paramos, se para el mundo” es fácil de comprender. O: “en una huelga feminista, los hombres sois la patronal”. Podemos hablar luego de muchas cosas: del trabajo reproductivo no pagado, del reparto de las tareas domésticas… pero ese tipo de discursos son súper potentes. Y creo que es el trabajo que tenemos que hacer.

AD: Entre los muchos conflictos a los que se le acusa a la izquierda, son las divisiones internas. En este caso, el feminismo no está exento de estas polémicas entre corrientes ideológicas. ¿Hasta qué punto has vivido esto?¿Te alineas con alguna corriente concreta?¿Hay alguna solución para enfocarse en la misma dirección?

JF: (ríe) Tengo la sensación de que la izquierda en ese sentido no tiene arreglo. Nos centramos muy poco en lo que nos une y mucho en lo que nos separa.

No me considero parte de ninguna corriente feminista. Estoy en duda permanente. Trato de aprender constantemente de todas las corrientes ideológicas y de comprender cada uno de los argumentos que me ofrecen. Si que es cierto que hay argumentos que puedo comprender y otros con los que no estoy de acuerdo; y hay otros que directamente no te compro porque me parecen una estafa intelectual.

“No me considero parte de ninguna corriente feminista. Estoy en duda permanente.”

En este momento de mi vida, me considero más cercana de la corriente Feminista Radical. En 2015 yo estaba a favor de la regulación de la prostitución porque creía que era el único modo de conseguir derechos, pero escuchando los argumentos y escuchando precisamente a las mujeres que se dedicaban a la prostitución de manera libre y voluntaria, me he ido moviendo cada vez más hacia el abolicionismo porque había discursos y argumentos que no me gustaban y me generaban mucho ruido y otros que directamente no les compraba. Cosas como por ejemplo “es que todos mis clientes son súper educados, amables, me tratan divinamente…”. O sea, que a ti que te están pagando, te tratan mejor que todos los novios que yo he tenido. Hay algo que aquí que no me estás contando. O soy yo muy mala eligiendo mis relaciones o tú muy buena eligiendo los clientes.

Es como argumentos del tipo “es que en esta situación no me puedo pagar un piso, no puedo pedir un préstamo, no puedo declarar…”. Y es, “perdona, ¿tú quieres pagar impuestos?”. Y dicen “ah, no no, el estado proxeneta”. Ah, entonces, ¿qué me estás contando? Si quieres regular tu situación, te puedes dar de alta de autónoma y hay un apartado donde pone “Otros” y ya está, o en el tipo que más se parezca, no necesitas una ley específica para eso. Con eso ya puedes cotizar.

Por eso ya a partir de ahí empecé a cambiar mi firma de pensar. Y todavía lo sigo haciendo. Como te he dicho, estoy en duda permanente, en constante cambio y en constante evolución. Y las propias corrientes también evolucionan.

AD: Además de que las corrientes evolucionan, las personas normalmente tampoco se enfocan únicamente en una perspectiva. Pueden haber personas más cercanas al transfeminismo pero que sean abolicionistas.

JF: Seguro, por supuesto.

AD: Claro, en realidad en el fondo la mayoría de la gente tiene opiniones más heterogéneas. Jessica Fillol, ¿te han perjudicado mucho en lo personal estos conflictos?

JF: Sí. Y los problemas que he tenido a nivel ideológico han acabado llegando a lo personal. Yo creo que, y esto me duele mucho, porque nos desangra, creo que es una manera de quitar capital intelectual brutal, es lo que yo llamo “las enmiendas a la totalidad”: una pequeña diferencia ideológica en algún punto concreto provoca una enmienda a la totalidad de la persona, las políticas de cancelación. No estoy de acuerdo en un punto concreto entonces te cancelo y no quiero saber nada de más de ti en nada.

“Tenemos un problema de la gestión de la discrepancia. Si no sabemos gestionar esas pequeñas discrepancias no podemos avanzar y producir grandes cambios sociales.”

Bueno, yo creo que hasta un reloj parado da la hora correcta dos veces al día. De todo el mundo se puede aprender y todo el mundo tiene algo que puede aportar. Para mí, que no esté de acuerdo contigo en algo no quiere decir que no quiera saber nada más de ti, salvo que ese algo me resulte muy doloroso o una línea roja muy concreta. Y estas líneas rojas son cada vez más estrechas, dejando un espacio cada vez más pequeño. Y en los espacios pequeños cabe menos gente, por lo que terminamos divididos cada vez en más grupos irreconciliables entre sí y esto cada vez hace más difícil la participación y la colaboración y aprovechar las sinergias mutuas.

Tenemos un problema de la gestión de la discrepancia. Si no podemos gestionar estas pequeñas discrepancias… y ojo, esto nos pasó en Locas del Coño, así que yo no estoy exenta de esa crítica. Si no sabemos gestionar esas pequeñas discrepancias, no podemos avanzar y producir grandes cambios sociales.

AD: Es decir, para ti la solución sería aprender a gestionar estas discrepancias y tener unos objetivos comunes aunque tengamos divergencias en otros puntos.

JF: Exacto.

AD: Otra cuestión interesante Jessica Fillol, ya que vives en Catalunya: de entre todos los movimientos sociales que han estallado los últimos años, el movimiento independentista catalán es uno de ellos. Entiendo que lo habrás vivido de cerca y has hecho alguna que otra crítica por ejemplo hacia los partidos “constitucionalistas” o hacia actuaciones como las cargas policiales del referéndum del 1 de octubre. ¿Cómo lo has vivido?¿Crees que la subida de Vox o Ciudadanos tiene que ver con esto?

JF: Sí, es lo que decía antes: el miedo a cualquier movimiento que cuestione el statu quo genera una reacción en contra para intentar mantener las estructuras vigentes. El movimiento independentista ha cuestionado la relación Catalunya – España desde la base y eso genera una reacción para intentar mantener las cosas como están. De hecho, el movimiento independentista ha ido creciendo, al igual que con el 15-M, con la pérdida de la credibilidad de los partidos políticos. Lo que ha pasado en Catalunya es que los partidos o se sumaban al movimiento o eran arrollados por él, como una forma de preservar su autosupervivencia.

“O los partidos políticos se sumaban al movimiento independentista o eran arrollados por él. La coalición Junts pel Sí fue precisamente ese intento de capitalizar el movimiento y conservar el poder.”

La coalición Junts pel Sí fue precisamente ese intento de capitalizar el movimiento y conservar el poder aprovechando la fuerza política de un movimiento que, de lo contrario, les hubiera barrido. Ahora mismo, según la encuesta que mires, el apoyo al independentismo está sobre el 50 o el 55% o por ahí, pero el caso es que el porcentaje de las personas a favor del statu quo es cada vez más pequeño.

Y, de ahí, el auge de Ciudadanos, para evitar que se genere ese cambio. Un partido que nació con un único tema, que es enfrentarse a la inmersión lingüística en Catalunya en las escuelas y luego de ahí plantearon la oposición al nacionalismo catalán y acabó siendo un partido a nivel estatal con un programa mucho más amplio. De ahí viene su fuerza.

AD: Para ir acabando, ¿cómo ves el futuro social y político de todo esto que está pasando con el tema de la ultraderecha?¿Qué piensas que es lo más probable?¿Piensas que lo superaremos y avanzaremos hacia un mundo más justo e igualitario o volveremos a tiempos oscuros?

JF: Quiero pensar que esto será flor de un día y que, tal y como ha crecido, decaerá. Mira, por ejemplo, en las elecciones pasadas no, las anteriores, se creía que Vox podría sacar un resultado muy bueno e incluso que llegaría a gobernar en coalición con PP y Ciudadanos.

“La falta de adhesión y confianza hacia los partidos políticos que pueden llegar a ostentar el poder nos juega en contra.”

Debido a esto, hubo una gran movilización electoral y finalmente el PSOE tuvo la capacidad de gobernar con Unidas Podemos. ¿Qué pasó? Esto no se consiguió, se convocaron nuevas elecciones, aumentó la abstención y el apoyo a partidos más pequeños y esto se tradujo en un auge de la extrema derecha. Aun así, no consiguieron votos suficientes para gobernar, pero hay que ver cómo han crecido. Y esto en parte se debe a esta desmovilización.

Tenemos que comprender que enfocarnos en la movilización social y olvidarnos de los partidos y eso está bien, pero ojo, que el BOE es un mecanismo muy potente para que esos cambios sociales se materialicen. Sí, tenemos una sociedad muy comprometida y con valores que, si se moviliza, puede frenar el avance de la extrema derecha, pero me da la sensación que el descrédito y la falta de adhesión hacia los partidos políticos que pueden llegar a ostentar el poder, esa falta de confianza, nos juega en contra.

Y, si nos descuidamos, podría pasar como con Bolsonaro en Brasil: que lleguen al poder y tener una ola reaccionaria como también está pasando en Estados Unidos o en distintos países de Europa, como Italia. Sí que me preocupa y veo factible que podamos llegar a eso.

AD: Bueno, esperemos que no. Jessica Fillol, muy interesantes todas las respuestas que has estado dando, la verdad es que está siendo una charla muy amena y quedando una entrevista genial y es genial poder conocer tu experiencia como activista de primera mano y no solamente leyéndote. ¿Hay alguna cuestión que quisieras añadir?

JF: No, yo creo que ha sido una entrevista muy completa y también he estado muy a gusto (ríe).

AD: Muy bien, pues un placer y nos seguimos leyendo.

JF: ¡Igualmente!

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