Yoweri Museveni gana las elecciones en Uganda con el 58,64% de los votos, revalidando así su sexto mandato

Yoweri Museveni, actual jefe de Estado de Uganda y candidato por el Movimiento de Resistencia Nacional (NRM), ganó las elecciones presidenciales del pasado jueves 14 de enero con el 58,64% de los sufragios, según anunció ayer la Comisión Electoral.

En segundo lugar quedó Robert Kyagulanyi, líder de la oposición y cantante conocido como Bobi Wine, quien obtuvo el 34,83% de los votos presentándose como candidato de la Plataforma de Unidad Nacional (NUP), formación de centro izquierda.

Otros candidatos fueron Patrick Oboi Amuriat del Foro para el Cambio Democrático (3,24% de los votos), Mugisha Muntu de Alianza para la Transformación Nacional (0,65%) o Norbert Mao del Partido Democrático (0,56%), siendo en total once candidaturas.

Así, Museveni, con 76 años de edad y en el poder desde 1986, revalidaría para un sexto mandato.

Acusaciones y denuncias de fraude electoral

Robert Kyagulanyi (derecha), más conocido como Bobi Wine, principal opositor al régimen de Museveni. Autor: Mbowasport, 08/08/2019. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0.)
Robert Kyagulanyi (derecha), más conocido como Bobi Wine, principal opositor al régimen de Museveni. Autor: Mbowasport, 08/08/2019. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0.)

Como era de esperar, el opositor Robert Kyagulanyi ha denunciado los comicios por fraude electoral, calificándolo los resultados como del “peor fraude electoral de la historia del país”.

Si bien Simon Byabakama, el presidente de la Comisión Electoral, ha rechazado todas las acusaciones de fraude de la oposición, Bobi Wine ha respondido que mostrará pruebas, señalando en primer lugar que las elecciones se han celebrado con la capital tomada por militares y vehículos blindados y con la red de Internet bloqueada en todo el país.

Por su parte, Nicholas Opiyo, reconocido activista por los derechos humanos de Uganda y arrestado en varias ocasiones por sus críticas al gobierno de Museveni, declaró a Efe que estas elecciones «no han sido ni libres ni justas» debido a los cientos de arrestos de partidarios de la oposición, la violencia contra los periodistas o la alta presencia militar y policial en las calles, especialmente de la capital. Esto «hace que, en mi opinión, estas sean las peores elecciones que Uganda ha visto en mucho tiempo», declaró Opiyo.

Además, debido a que el régimen ha ignorado las recomendaciones e indicadores de observadores internacionales, esta vez apenas se han enviado. En las elecciones de 2016, donde Museveni obtuvo el 60,7% de los votos, ya recibieron acusaciones y denuncias de fraude por parte de observadores de la Unión Europea, de la Unión Africana y de la Commonwealth.

Kizza Besigye, entonces principal opositor al régimen y obligado a exiliarse en la década de los 90, declaró que se había promovido el fraude electoral «utilizando la intimidación de los votantes, el encarcelamiento de los opositores, el sabotaje de los mítines, la entrega tardía de material electoral, el retraso en la apertura de las elecciones Centros, falsificación de votos en centros de registro no revelados, y soborno, entre otras malas prácticas». El propio Besigye fue detenido hasta cuatro ocasiones en febrero durante la celebración de los comicios.

Presencia omnipresente de las fuerzas militares

«Incluso si el día de las elecciones no hubo grandes brotes de violencia ni graves altercados con la policía, la brutal presencia militar y policial no es un símbolo de unas elecciones libres» sino «de la presión por parte del Estado», añadió el activista Nicholas Opiyo.

Y es que la toma de las calles por la policía y el ejército durante las elecciones, unido a las detenciones arbitrarias y a la violencia, suele ser habitual.

El propio líder de la oposición, Bobi Wine, de 38 años y que comenzó su carrera política en 2017, ha sido arrestado en diferentes ocasiones tras convertirse en una de las voces más críticas con el Gobierno.

Uno de los sucesos más significativos tuvo lugar en noviembre de 2020 cuando la policía provocó la muerte de 54 personas para dispersar una protesta que se dio en todo el país contra uno de los arrestos de Bobi Wine, lo que provocó conmoción en toda Uganda.

Por otro lado, también se denuncia que la presencia del ejército en las zonas más rurales y pobres de Uganda ha evitado que Bobi Wine pueda hacer campaña y darse a conocer. Así, en lugares como Karamoja, Museveni ha ganado con entre el 80 y el 90% de los sufragios, mientras el líder opositor ha resultado ganador en las zonas más urbanas y prósperas.

Además, «muchas personas me han dicho que políticos locales del partido gobernante les aseguraron que si no votaban a Museveni podría comenzar una nueva guerra, así que muchas personas le han votado por miedo a esa guerra», explicó a Efe un periodista local que ha preferido mantenerse en el anonimato.

El líder opositor cercado por militares

El último suceso relacionado con el uso represivo del ejército tiene que ver con la orden dada desde el gobierno para rodear la casa de Robert Kyagulanyi e impedir que cualquiera pueda acceder a su domicilio, evitando así que hiciera declaraciones ante los periodistas.

Según lo declarado a Efe por Fred Enanga, portavoz de la Policía de Uganda, esto es “por la propia seguridad del candidato”. Por su lado, el coronel Deo Akiiki confirmó este mismo argumento: “si no dejamos pasar a alguna persona para entrar a la casa de Bobi Wine es por su propia seguridad y la seguridad de las personas que rodean al candidato presidencial

El régimen de Museveni: represión y vulneración de los derechos humanos

Ejército de Uganda, una de las fuentes del poder del régimen de Museveni.
Ejército de Uganda, una de las fuentes del poder del régimen de Museveni.

Yoweri Museveni llegó al poder en 1986 tras iniciar y ganar una guerra civil contra el régimen de Milton Obote primero y de Tito Okello después tras fundar el Movimiento de Resistencia Nacional.

Tras un periodo de estabilización de Uganda, sacudido por conflictos armados durante cinco años, donde el propio Museveni fue acusado de delitos de lesa humanidad por, por ejemplo, usar niños soldado, creó un régimen de partido único con elecciones fraudulentas donde no participaban partidos políticos y todo el sistema electoral era controlado por el NRM.

En el año 2000 se celebró un referéndum para la reforma constitucional que permitiera el avance hacia una democracia representativa multipartidista, pero fue rechazado por el 90% de la gente, si bien la oposición siempre ha denunciado que fue celebrado bajo condiciones poco justas.

Finalmente, para las elecciones de 2006, se permitió la presencia de partidos. Sin embargo, desde entonces, las acusaciones de fraude fueron constantes, siempre bajo el mismo modus operandi: intimidación mediante el uso del ejército por un lado y manipulación de las elecciones por otro.

En 2016, por ejemplo, durante la campaña, el gobierno reclutó a cientos de miles de jóvenes desempleados, aparentemente con el deber cívico de evitar irregularidades y asegurar una elección libre y justa. Sin embargo, Human Rights Watch acusó al gobierno de manipular a los jóvenes para que cometieran actos vandálicos contra la oposición.

Además de la represión social, autoritarismo y la corrupción política, Museveni se ha caracterizado por un profundo fundamentalismo cristiano, lo que se ha traducido en una gran discriminación hacia la población LGTB.

Entre 2009 y 2010 el gobierno realizó varios intentos por aprobar una ley para castigar con pena de muerte las relaciones entre personas del mismo sexo pero, tras varios intentos, finalmente el proyecto de ley fue retirado.

No obstante, desde 2005, se castiga con la cadena perpetua. Esto implica, además, una clara discriminación social e institucional hacia las personas LGTB que se traduce en, por ejemplo, una represión clara hacia el activismo o hacia manifestaciones públicas del pensamiento a favor de relaciones no heterosexuales.

Debido a estas y otras cuestiones relacionadas con los derechos humanos, la comunidad internacional ha presionado y señalado varias veces a Uganda, cuyo régimen se ha visto obligado a introducir diferentes modificaciones para seguir en el poder.

Adrián Juste

Jefe de Redacción de Al Descubierto. Psicólogo especializado en neuropsicología infantil, recursos humanos, educador social y activista, participando en movimientos sociales y abogando por un mundo igualitario, con justicia social y ambiental. Luchando por utopías.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *