La homofobia que aún perdura en el mundo

El 28 de junio de 1969 marcaría un antes y un después en la lucha por los derechos de la comunidad LGTBI+ (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales). En el bar Stone Wall Inn, situado en el barrio neoyorkino de Greenwich Village, una de las tan habituales redadas policiales contra personas de este colectivo desencadenó violentos disturbios y protestas. Puesto que se considera la primera lucha moderna organizada contra la homofobia, se celebra cada año el Día Internacional del Orgullo LGTBI+.

El activismo enfocado en la consecución de estos derechos ha tenido desde entonces un largo recorrido, en general, lleno de obstáculos, problemas y polémicas. Por mucho que ciertas personas o grupos aseguren que la homofobia ha desaparecido (o está desapareciendo) y que la igualdad ya ha sido reconocida y alcanzada, esto está muy lejos de ser una realidad, incluso en el mundo occidental. No hay más que ver la reciente polémica con el videojuego The Last of Us Part II, de la afamada compañía Naughty Dog, donde el protagonismo de personas abiertamente homosexuales ha generado una oleada de quejas que incluso piden que se rehaga el juego por completo.

Los datos son claros: según el reporte sobre discriminación y violencia con base en orientación sexual e identidad de género publicado por la ONU en mayo de 2015, los crímenes de odio por homofobia representan el 20,8% de los cometidos en los Estados Unidos, el segundo motivo más común después de la discriminación racial (que representa el 48,5%) e incluso un motivo más frecuente que la discriminación religiosa (que se estima en el 17,4%).

Además, se destacan los siguientes datos:

  • Entre 2008 y 2014 fueron asesinadas 1,612 personas transgénero en 62 países.
  • La Comisión Inter-Americana de Derechos Humanos reportó, además, 594 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgénero) en los 25 países miembros de la Organización de los Estados Americanos entre enero de 2013 y marzo de 2014.
  • En Brasil, la homofobia y la transfobia motivó el asesinato de 310 personas en 2012.
  • En los Estados Unidos, ocurrieron 18 casos de crímenes de odio con desenlace mortal y 2.001 incidentes de violencia anti-LGBTI+ en 2013.

Al tenor de estos datos preliminares, resulta pues evidente que incluso ahí donde no se persigue a nadie legalmente por su orientación o identidad sexual, subyacen discriminaciones que afectan muy negativamente a personas de este colectivo. Y es que la homofobia o la LGTBIfobia son cuestiones enquistadas aún culturalmente, como sucede con el racismo o el machismo.

Antecedentes históricos

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Muestra de amor homosexual en detalle de la Tumba del Tuffatore (480 – 470 a. C.) en el Museo Arqueológico de Paestum, Italia. Autor: Carlo Raso. Fuente: Flickr. Dominio público.

Durante la época clásica, la diversidad en la orientación sexual no parece que estuviera perseguida. Prácticamente hasta el siglo V, la distinción de las relaciones sexuales en función de si se realizaban o no con el mismo género o sexo no era algo relevante. Tanto en China, como en Roma, Grecia, Mesopotamia, Egipto… en general, no importa en qué cultura o sociedad nos remontemos: la homosexualidad era habitual y aceptada. Incluso a veces ha resultado difícil el estudio de la misma por la poca relevancia que ha tenido su mención.

En el norte de América, incluso muchas culturas indígenas desempeñaban roles y costumbres masculinas y femeninas, lo que incluía vestir y desempeñar tareas que no se correspondían con el sexo con el que habían nacido. Existen registros de personas transexuales tanto masculinas como femeninas en más de 130 tribus. Estas personas eran conocidas con el apelativo de “dos espíritus”.

Incluso ya en la Edad Media, en Japón o en el Impero Maya, en el Inca o los toltecas, la homosexualidad se vivía con normalidad, con pocas excepciones.

Uno de los antecedentes más claros de homofobia tiene lugar en el Imperio Asirio, bajo el reinado de Tiglath-Pileser I, entre los años 1114 y 1076 a.C.. Es el registro más antiguo sobre la prohibición de la homosexualidad.

Dado que Judá e Israel eran reinos vasallos del Imperio Asirio, la población judía asumió estas prohibiciones, que se plasmaron en los textos bíblicos más tarde adoptados por el cristianismo. En la Biblia se hace mención a la “sodomía”, en la historia de “Sodoma y Gomorra”. Interpretaciones de estos textos a partir del siglo IV y V llevaron a deducir que era pecado toda aquella relación sexual que no sirviera para la reproducción. Esto influyó notablemente en la percepción de la homosexualidad y la transexualidad como un pecado en el todas las religiones abrahámicas, como el islam, el judaísmo y el cristianismo.

Con el establecimiento del cristianismo como religión oficial en el Imperio Romano en el 380, pronto las prácticas homosexuales comenzaron a ser mal vistas. Pero no es hasta el siglo VI cuando comienzan a prohibirse bajo el delito de “sodomía”, en el Imperio Bizantino, bajo el mandato de Justiniano. La ley preveía como castigo la castración y el paseo público por las calles. Hoy se sabe que sus motivaciones fueron políticas y que únicamente se amparó en cuestiones religiosas por puro interés.

A pesar de eso, hasta el siglo XIII las prácticas homosexuales eran habituales y en la mayoría de países del mundo no se castigaba, incluyendo los europeos. Al parecer el Imperio Azteca castigaba la “sodomía” con la muerte, el empalamiento para el homosexual activo, la extracción de las entrañas por el orificio anal para el pasivo y la muerte a garrotazos para las lesbianas. Pero es una notable excepción de la época.

En los países musulmanes no se condenaba este tipo de relaciones, si bien estaban relegadas al ámbito privado. Se han encontrado numerosas referencias artísticas a relaciones afectivas y sexuales entre hombres y se sabe que eran prácticas más o menos cotidianas.

Es a partir del siglo XII y XIII cuando empieza a relacionarse la “sodomía” con la herejía y la Santa Inquisición comienza a perseguirlo y condenarlo de manera abierta. Las acusaciones de sodomía eran habituales (como con la brujería) como excusa para condenar a personas por motivaciones políticas o económicas, como sucedió con la persecución cristiana de los cátaros y los templarios.

La extensión del cristianismo por el mundo llevó a la generalización de este tipo de discriminaciones y a la implantación de un nuevo tipo de moral, considerada la “civilizada” en contraposición a la “bárbara” de otras sociedades, como sucedió en Asia y América. Debido a esto, durante los siglos siguientes la situación no hizo más que empeorar.

Con la aparición del movimiento ilustrado a finales del siglo XVIII, comienzan a abolirse los delitos ligados a la religión en Europa occidental, como la sodomía. El código civil napoleónico, que influyó notablemente en la forma de entender los derechos civiles en toda Europa en el siglo XIX, incorporó la abolición de la sodomía, poniendo fin a la prohibición de las relaciones homosexuales.

Así, coexistieron durante décadas países que prohibían y que permitían este tipo de relaciones, con diferencias de derechos y libertades, lo que empujó a las primeras protestas y a los antecedentes del activismo LGTBI+.

El auge del fascismo italiano y el nazismo alemán en los años 20, así como diversos movimientos de corte totalitario como el franquismo, pusieron fin a los avances que parecían realizarse en esta materia. El ensalzamiento de la moral católica enarbolada por estos movimientos llevaron a una persecución, intolerancia y homofobia crecientes que también se vieron reflejadas en países democráticos pero conservadores, como Estados Unidos, donde la segregación racial coexistía con la homofobia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales el 17 de mayo de 1990. Hace realmente muy pero que muy poco. Hasta entonces, las terapias para la supuesta “cura” para la homosexualidad eran bastante aceptadas, especialmente en los años 50 y 60, donde la psiquiatría hizo todo tipo de barbaridades en un intento de “corregir” estas “desviaciones”. La lobotomía o el electro-shock son algunos ejemplos.

Mención a la epidemia de SIDA, que golpeó particularmente en los años 80 y que contribuyó a la estigmatización del colectivo LGTBI+.

Por lo tanto, existe una relación inequívoca entre la moral judeocristiana y los valores tradicionales asociados a un único modelo familiar y de relación sexoafectiva excluyentes para con el colectivo LGTBI+. El imperialismo y el colonialismo llevaron a estas creencias a extenderse por todo el mundo, imponiendo una visión cuyas consecuencias todavía perduran.

La situación legal de la homosexualidad

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Situación legal de la homosexualidad en el mundo en 2020. Autores: Varios, trabajo inicial por Silje, 2013. Fuente: Wikimedia Commons, bajo licencia CC BY-SA 3.0.

La homosexualidad está perseguida legalmente en, al menos, 69 países de todo el mundo, es decir, prácticamente en la mitad de los existentes. De estos, al menos 33 contemplan penas de cárcel, de los cuales 7 reflejan cadena perpetua, si bien de facto no todos estos países aplican estas condenas. Al menos 8 países contemplan la pena de muerte.

Por otro lado, en el mundo solo existen 30 países que reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo, casi todos europeos. En Asia, por ejemplo, el único país que reconoce el matrimonio homosexual es Taiwán. En otros 13 países, reconocen algún tipo de unión civil o reconocimiento legal en este tipo de parejas. En otros, la situación es ambigua.

La adopción por parte de parejas del mismo sexo es legal en 29 países. Además, si el hijo o la hija es de una parte de la pareja, es legal la adopción independientemente del tipo de relación en Italia, Suiza, Estonia, Eslovenia, San Marino, Suiza y Taiwán. Chile y República Checa permiten la adopción a personas solteras, lo que abre la vía en cierto sentido a que una pareja homosexual adopte.

En el caso de la transexualidad, en 83 países es legal cambiar de género previa solicitud. En otros 33 países es legal pero después de pasar por una terapia de reafirmación de género (comúnmente conocida como de cambio de sexo). De este total, en Estados Unidos, en México o en Australia depende del Estado o la región. Solo 12 contemplan que la sanidad pública cubra gastos sobre estas terapias. En 18 países de la Unión Europea aún se permite esterilizar a personas trans.

Otras situaciones legales son también de relevancia. Por ejemplo, 73 países contemplan prohibiciones expresas en la legislación acerca de la discriminación laboral del colectivo LGTBI+. Además, 42 países contienen penas por delitos de odio en algún sentido. Por otro lado, 32 estados tienen leyes que restringen la libertad de expresión en relación a la orientación sexual, siendo Rusia o China los casos más conocidos. Al menos 41 países plantean restricciones en función de la orientación sexual en la educación u otras cuestiones burocráticas.

Estos y más datos se actualizan todos los años en el informe ILGA, siendo la versión más actual la de 2019.

Lo importante a la hora de interpretar el estatus legal de la homosexualidad es comprender lo que subyace detrás de los textos legales. En una rápida lectura, es fácil deducir que en la inmensa mayoría del mundo la homofobia está normalizada y naturalizada. Pero eso no implica que en los países donde la legislación es generosa con la orientación o la identidad sexual el pensamiento de la sociedad haya cambiado. El primer país del mundo que adoptó la unión civil (que no matrimonio) entre parejas homosexuales fue Dinamarca en 1989, mientras que el primer país en aprobar el matrimonio igualitario fue Países Bajos en 2001.

Es decir, la inmensa mayoría de legislaciones a favor del colectivo LGTBI+ son muy recientes. Aunque es obvio que esto es señal de un cambio en la mentalidad, existe un alto porcentaje de la sociedad donde aún perdura la homofobia.

Discriminaciones por orientación o identidad sexual

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Nivel de aceptación de la homosexualidad en el mundo por porcentaje de población en 2014. Autor: Bleff. Fuente: Wikimedia Commons. Dominio público.

A raíz de lo descrito en los dos puntos anteriores, no es difícil deducir que la homofobia está diseminada a lo largo y ancho del mundo.

La organización Pew Global Research, encargada de llevar a cabo sondeos generalizados por diferentes temas sociales, en 2017 hizo un listado de la aceptación de la homosexualidad por países y además relacionado con el género, los ingresos, la religión y la edad. En general, cuantos menos ingresos, más edad y más religiosa sea la persona, mayor es su homofobia, desde un punto de vista estadístico. Las mujeres tienden a ser menos homófobas que los hombres.

En función de la zona geográfica, Europa sería la región con la mayor aceptación de la homosexualidad, con España, Alemania y República Checa a la cabeza (88, 87 y 80 por ciento de aceptación). Después iría Estados Unidos y Canadá, con un 60 y un 80 por ciento respectivamente, seguida de América Latina, con Argentina (74%) y Chile (68%) como los países más tolerantes. Después, Asia y Oceanía, donde destacan Australia (79%) y Filipinas (73%). Y, por último, Oriente Medio y África, donde los países más tolerantes son Israel (40%) y Sudáfrica (32%). Países como Rusia, China o India, que agrupan casi la mitad de la población mundial, la aceptación no llega al 25%, siendo Rusia uno de los países más homófobos del mundo, con un 16% de tolerancia a la homosexualidad.

Pero es que países teóricamente más democráticos y modernos como Estados Unidos o Japón, entre el 55 y el 60% de la población piensa que la homosexualidad debería tolerarse, es decir, apenas algo más de la mitad de la gente.

Nigeria aparecería como el país más homófobo del mundo, junto a países como Malasia, Pakistán, Indonesia o Egipto.

El dato que llama la atención es que, incluso en los países que más aceptado está el colectivo LGTBI+, hay un porcentaje nada desdeñable de población, entre el 10 y el 20 por ciento, que admite su homofobia abiertamente en una encuesta.

Sin embargo, lo relevante de estos datos es entender en qué se traduce la homofobia o, lo que es lo mismo, qué consecuencias tiene que parte de la población no acepte la diversidad sexual. Incluso, en qué se traducen las actitudes e ideas homófobas de las personas que dicen aceptar dicha diversidad.

Tipos de homofobia

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Relación entre PIB (vertical) con porcentaje de aceptación de la homosexualidad (horizontal) por países en 2016. Autor: Ecelan. Fuente: Wikimedia Commons, bajo licencia CC BY-SA 4.0.

La homofobia normalmente se divide en varios tipos. Diversos autores proponen clasificaciones distintas. Esta es la que se ha considerado la más completa, propuesta por Elipe, P. en 2019 en su libro Prevención de la violencia interpersonal en la infancia y la adolescencia.

En primer lugar, según el ámbito, existe:

  1. Homofobia institucional: cuando existen leyes contra los derechos del colectivo.
  2. Homofobia cultural: cuando existen normas sociales que discriminan a personas por su orientación o identidad sexual.
  3. Homofobia individual: es la que se da con uno mismo, con actitudes de represión o rechazo de la propia identidad.
  4. Homofobia interpersonal: conductas y actitudes de discriminación entre personas.

En segundo lugar, según la manera de expresar la homofobia, existe:

  1. Homofobia radical: Agresiones o apología de la violencia (insultar, agredir o animar a la gente a hacerlo).
  2. Homofobia prohibicionista: Sistemas de valores, normativos o reguladores que prohíben o condenan la homosexualidad (prohibir acceso al ejército, no reconocer el matrimonio igualitario o la adopción por parejas homosexuales, chistes o humor sobre el colectivo, relacionar el ser gay con actitudes negativas o usarlo como insulto…).
  3. Homofobia negativista: Rechazo del reconocimiento de la existencia de la homosexualidad (ignorarlo, negar la identidad, apartar la mirada ante discriminaciones…).
  4. Homofobia evitativa: Evitar cualquier contacto físico o interacción con personas homosexuales (dejar de ser amigo de alguien por ser gay o trans, o tratarlo de manera diferente, no interactuar físicamente cuando antes sí lo hacías…).
  5. Homofobia mórbida: Percepción de la homosexualidad como una enfermedad o como portadora de una enfermedad, como en el caso del VIH y del SIDA (creer que toda persona LGTBI+ es portadora de SIDA, tratarlas como si tuvieran una enfermedad mental, sugerir que vayan a terapias a que se “curen”…).
  6. Homofobia “tibia”: Estar en contra de que a las personas homosexuales se les otorguen los mismos derechos (“yo acepto que vivan en pareja pero que no lo llamen matrimonio”, “a mí me parece genial pero yo no querría tener un hijo gay”, “me parece bien que mi hija tenga novia, pero a mi casa que no la traiga”…).
  7. Homofobia “velada”: Excusas que justifican diferentes discriminaciones (“no me parece bien que las personas homosexuales entren en el ejército porque podrían tener relaciones con otros hombres e impedir ganar una guerra”, “no me parece bien que adopten porque eso puede afectar negativamente al menor”…).

Entre los ejemplos de homofobia de la vida diaria, tenemos la discriminación laboral: en Europa, técnicamente el lugar menos homófobo del globo, 1 de cada 8 ocho personas dice haber sufrido discriminación laboral por ser LGTBI+ (el 30% para las personas trans). Según la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, un tercio de estas personas considera que revelar su identidad sexual a su entorno profesional podría tener un impacto negativo en el trabajo. Para las lesbianas, los comportamientos de rechazo son aún más graves, ya que combinan homofobia y machismo.

Otro ejemplo lo tenemos en el bullying escolar: Ser persona LGTBI+ es considerado un factor de riesgo para sufrir bullying. Un estudio de 2006 de la Unión Europea concluyó que el 61,2% de las personas LGTBI+ se enfrentan a discriminación en la escuela. Además, 1 de cada 2 sufre homofobia en el seno familiar y al menos el 30% entre sus amistades cercanas.

En 2004, 1.985 adolescentes estadounidenses menores de 20 años se suicidaron, lo que supone alrededor del 40% de las muertes por suicidio en el país en ese rango de edad.

Similares datos encontramos en otras partes del mundo, como en América Latina, siendo Venezuela el país que encabeza la lista de la falta de derechos para el colectivo, seguido de Brasil o Bolivia. Un estudio de 2015 de la ONU asegura que “la violencia física es una de las formas más graves y generalizadas de violación de los derechos de las personas LGBTI, lo que profundiza las desigualdades. Las mujeres lesbianas y bisexuales y las personas transgénero son particularmente vulnerables ante la violencia sexual y basada en el género, a la que también están expuestos los hombres bisexuales y gay.” Y que “otros problemas graves es la violencia verbal y psicológica, así como las amenazas y el acoso. También se mencionaron formas más estructuradas de violencia psicológica, como los tratamientos para transformar a los homosexuales en heterosexuales que
pueden resultar particularmente perniciosos para las personas jóvenes.”

Se observa, pues, que la homofobia está presente y en muy variadas formas y ámbitos, perdurando en la sociedad.

Consecuencias de la homofobia

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Mapa de países que aceptan la adopción homoparental (morado) y países que aceptan de un segundo o tercer padre o madre legal (lila) en 2020. Autor: Kwamikagami, 04/11/2013. Fuente: Wikimedia Commons, bajo licencia CC BY-SA 3.0.

Esto, evidentemente, se refleja en consecuencias muy negativas a nivel personal. Según datos de diversas fuentes, como Stonewall, el colectivo LGTBI+ sufre de mayor abuso de sustancias psicotrópicas y de alcohol y mayor incidencia de problemas psicológicos relacionados con la depresión, la ansiedad, la baja autoestima y las tendencias suicidas. Además, hay una mayor dificultad para establecer relaciones sexoafectivas sanas y duraderas, así como relaciones que impliquen intimidad, una comunicación interpersonal eficiente o entornos familiares sanos. Es decir, ser LGTBI+ dificulta tener redes de apoyo.

Respecto a esto, un demoledor artículo de diciembre de 2019 relacionaba los mayores intentos de suicidio en personas homosexuales, además de con factores ya descritos, con una mayor soledad en comparación a las personas heterosexuales. Un estudio refleja que las personas LGTBI+ tienen de 2 a 10 probabilidades más de vivir solas que en pareja.

Un informe de 2014 aseguraba que el 44% de la población LGTBI+ había tenido conductas autolesivas o habían tratado de suicidarse. El consumo de drogas en el colectivo es siete veces mayor que el de la población general; el exceso de alcohol es del doble de común entre los hombres homosexuales y bisexuales; la dependencia de sustancias es marcadamente más alta; y hay hasta tres veces mayor probabilidad de sufrir problemas mentales.

En un estudio (Rivers, 2004) se afirmó que las víctimas de bullying por homofobia tenían más probabilidades de sufrir depresión en comparación a las víctimas de bullying heterosexuales. En varios estudios (Bontempo y D’Augelli, 2002) se ha visto que los niveles de victimización eran más elevados en alumnado LGTBI+ o que tenían dudas acerca de su orientación. Dentro del tipo de victimización, en general suelen ser más victimizados a nivel verbal (insultos, motes, comentarios despectivos…).

Otras consecuencias tienen que ver con las confusiones derivadas de la propia identidad, la auto-exclusión y la represión.

Todas estas consecuencias han favorecido la aparición de conductas tóxicas y discriminatorias incluso entre el propio colectivo LGTBI+. La homofobia o la transfobia realizada por personas LGTBI+ o desde movimientos activistas afines se ha denunciado en reiteradas ocasiones, si bien no existen datos o estudios claros del porcentaje de incidencia al ser sus manifestaciones mucho más indirectas y sutiles. Existe dentro del propio feminismo ideas que son consideradas excluyentes y discriminatorias hacia las personas trans que están generando en la actualidad un tenso y controvertido debate que parece todavía lejos de resolverse.

Lamentablemente, extraer datos de las personas intersexuales y/o que se identifican con un tercer género o sexo es muy difícil por los pocos estudios que hay al respecto, pero los que existen reflejan problemáticas muy similares. Las anécdotas y experiencias personales que se han registrado también arrojan conclusiones parecidas.

En general, paradójicamente, la mayoría de estos datos están extraídos de países donde la cuestión genera interés y preocupación. Es decir, proceden, salvo excepciones, de lugares donde la aceptación es mayoritaria entre la población y pueden existir registros sobre la evolución de la homofobia. Es de entender que en países como Ganha, Rusia, Irán, India o China, la práctica totalidad de estas problemáticas serán muchísimo mayores y existirá una mayor incidencia de los llamados crímenes o delitos de odio.

Delitos de odio

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Manifestación de oposición al matrimonio igualitario por miembros de la Iglesia Baptista de Westboro en la US Supreme Court en First Street near Maryland Avenue, NE, Washington DC. Autor: Elvert Barnes Protest Photography, 28/04/2015. Fuente: Flickr, bajo licencia CC BY-SA 2.0.

Los delitos de odio agrupan todas aquellas manifestaciones conductuales que dañan física y/o psicológicamente a personas LGTBI+ por su pertenencia a dicho colectivo. Insultar, agredir o atender de algún modo contra personas homosexuales, lesbianas, trans, bisexuales o intersexuales por el mero hecho de encajar dentro de estas definiciones.

Rusia ha sido portada de medios especializados por homicidios, agresiones violentas e insultos reiterados a personas LGTBI+ incluso de forma organizada. Esto es, existen grupos ultraderechistas y movimientos, como Occupy Pedophilia o el portal web Sierra, que se dedican a “cazar” a personas homosexuales, especialmente activistas. Solo en 2017, se contabilizaron más de 100 asesinatos de esta forma.

En este sentido, Brasil, Kosovo, México, Honduras, Venezuela, Albania, Bosnia-Herzegovina y en la mayoría de países africanos, la violencia hacia las personas LGTBI+ es constante. No obstante, en el resto de países, incluyendo en aquellos con menos homofobia, los delitos hacia este colectivo son mayores que hacia la población heterosexual. Un ejemplo lo tenemos en España, donde 4 de cada 10 delitos de odio se producen en el seno familiar.

Un informe de la CIDH destaca que los homicidos a estas personas suelen mostrar altos niveles de ensañamiento y crueldad. Sus cuerpos sin vida demuestran que han sufrido torturas, sus genitales han sido mutilados y sus cuerpos descuartizados y marcados con símbolos que denotan altos niveles de prejuicio.

En Israel, grupos de fanáticos religiosos han ofrecido recompensas de 4000 euros por cada gay asesinado antes de las marchas reivindicativas del Orgullo. También fundamentalistas musulmanes y cristianos profieren amenazas en este sentido cuando se convocan estas marchas.

En Estados Unidos, la Iglesia de Westboro ha protagonizado numerosas manifestaciones en contra de las personas homosexuales por todo el país, con sus ya tristemente conocidos carteles “GOD HATES FAGS” (Dios odia a los maricones).

En este mismo país, en 2011, según una encuesta nacional llevada a cabo en colegios de EEUU en 2011 (National School Climate Survey) el 82% de menores LGBTI+ entre 13 y 20 años habían sufrido acoso verbal, burlas y amenazas en el último año de la escuela por su orientación sexual. Más de un un tercio declaró que el abuso ocurría con frecuencia.

En este estudio, casi 2 de cada 3 estudiantes LGBTI+ manifestaron haber sufrido alguna forma de hostigamiento sexual en el colegio. El 90% de estudiantes LGBTI+ dijeron haber sido excluidos o ¨marginados¨ deliberadamente. Alrededor de la mitad experimentaba esta sensación frecuentemente. Cuando llegó el turno de declarar incidentes de agresiones u hostigamiento en la escuela, el 60% nunca lo había denunciado y el 56% jamás se lo había comunicado a la familia.

Además de aquellos países donde se aplica la pena de muerte por tener relaciones sexuales, como Arabia Saudí, Irán, Sudán o Yemen, diferentes grupos radicales islamistas como Boko Haram o el DAESH, de entre sus muchos e innumerables crímenes, se encuentra la persecución y ejecución de personas LGTBI+.

El último informe del ILGA detectó que únicamente 42 países protegen contra estos crímenes en algún grado. Sin embargo, por ejemplo, únicamente tres países (Brasil, Ecuador y Malta) prohíben las llamadas “terapias de conversión” o “reorientación”, esto es, pseudoterapias destinadas a “volverte heterosexual” mediante métodos muy perjudiciales para la salud física y psicológica. Se ha descubierto que las clínicas o centros donde se imparten dichas terapias a menudo esconden un largo historial de abusos y agresiones, especialmente en el caso de mujeres lesbianas.

Estos datos reflejan lo que se encuentra en la cúspide de toda una pirámide de discriminaciones y que tienen amplias consecuencias en la población LGTBI+. Con la progresiva implantación de medidas legislativas que penalizan los delitos de odio, el número de casos ha aumentado, muy probablemente debido a que la inmensa mayoría de discriminaciones en este sentido permanecían tras un tupido velo, como ha sucedido con la violencia machista. Por otro lado, el reciente aumento de los delitos de odio hasta en un 86% en 2018 en Estados Unidos y un 30% en Rusia se relacionan con gobiernos especialmente homófobos y conservadores, como son el de Trump y Putin.

Representaciones artísticas y culturales

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Foto a la portada de la cinta VHS de la película Titanic de 1997, un ejemplo de cómo el cine tiende a representar parejas heterosexuales. Autor: Jimmy, 10/04/2013. Fuente: Flickr. CC BY-NC-SA 2.0.

Hace muy poco, el cantante español Pablo Alborán confirmó en un vídeo subido a sus redes sociales que era homosexual. Aunque casi todo el mundo, incluyendo a las personas más homófobas, insisten en que esto no debería ser una noticia, es evidente que cualquiera que viva de su fama, ya sea un deportista, un cantante, un pintor, una actriz o una presentadora de televisión, tiene presiones manifiestas por “salir del armario”. El propio cantante Ricky Martin confesó que la industria musical le presionó durante años para que no dijese al gran público que era gay.

La falta de referentes públicos del colectivo LGTBI+ no solo se ven en las personas famosas (que tienden a representar los modelos clásicos de relación y de proyecto de vida), sino también en las expresiones artísticas y culturales.

Un estudio realizado por GLAAD halló que los personajes trans estuvieron totalmente ausentes en las películas estrenadas en 2018, igual que en 2017. De los 110 lanzamientos de los siete estudios más grandes de Hollywood, 20 incluyeron personajes LGBTI+. Aunque es mayor con respecto del 2017 y el segundo porcentaje más alto de filmes inclusivos en los siete años de historia del informe anual del grupo, más de la mitad de los personajes LGBTI+ tuvieron menos de tres minutos de tiempo de pantalla y tampoco hubo una sola película animada o familiar que incluyera un personaje de esa comunidad.

Porcentajes similares encontramos en el teatro, en las series de televisión y en los videojuegos. Sin embargo, tal y como señala esta organización, y aunque esto sería motivo de artículos, libros y mayores estudios, la representación de las personas LGTBI+ a lo largo de la Historia del cine, la televisión, el teatro y los videojuegos ha estado marcada por el estereotipo, la burla, las etiquetas y, en general, perspectivas que ahondaban en la homofobia. La lesbiana excesivamente masculinazada, el mejor amigo gay de la protagonista que le aconsejaba sobre ropa y que tenía excesiva “pluma”, personajes bisexuales que son muy lascivos y lujuriosos, bromas acerca de que las mujeres trans tengan pene, hombres homosexuales que son pedófilos… son algunos ejemplos.

Otro ejemplo visible sería cómo la comedia, en sus múltiples vertientes, se ha apoyado en los estereotipos homosexuales para desarrollar chistes, gags o situaciones humorísticas. En muchos monólogos o películas, el componente gay (ya sea en forma de situación o de un personaje concreto) es el desencadenante de la comedia. Existe hoy en día un controvertido debate acerca de los llamados “límites del humor”, esto es, si la libertad de expresión debe amparar chistes que refuerzan estereotipos sobre los cuales se asientan desigualdades manifiestas.

En los últimos años, debido al progresivo aumento de la popularidad del activismo homosexual en ciertos sectores, es cierto que la cantidad de referentes que contribuyen a mejorar la visibilidad del colectivo LGTBI+ ha aumentado, pero también se da el fenómeno llamado pink washing, que consiste en revestir de gay friendly negocios, producciones artísticas o incluso políticas desde un punto de vista superficial para obtener el apoyo de la comunidad LGTBI+ pero asumiendo profundas contradicciones o sin incidir realmente en la reducción de la homofobia. Que una productora de cine que discrimine a sus trabajadores por su orientación o identidad sexual y que luego participe en campañas pro-LGTBI+ sería un buen ejemplo.

El intento de aumentar la diversidad sexual en las representaciones culturales y artísticas es, paradójicamente, una de las acciones en favor de la gente LGTBI+ que más rechazo provoca entre los sectores conservadores. Directores como Pedro Almodóvar que en películas aclamadas por la crítica como Todo sobre mi madre, donde se retrata la realidad de una mujer trans; o la inclusión de una protagonista lesbiana en el videojuego The Last of Us Part II, han generado aluviones de críticas e incluso acciones de protesta organizadas. En general, raro es que no se den críticas a raíz de la inclusión de personajes que fomenten la diversidad sexual, bajo acusaciones de “politizar” o de querer “adoctrinar”.

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Valoración del videojuego The Last of Us Part II en el sitio web Metacritic, donde se ve que la valoración de los usuarios ha reducido considerablemente su puntuación debido al boicot organizado. Autor: Captura de pantalla realizada el 24/06/2020 a las 17:48h. Fuente: Metacritic.com.

En resumen, aunque personalidades y grupos de diversa procedencia traten de negarlo, desde su mismo nacimiento, las personas LGTBI+ sufren una marcada homofobia, transfobia, lesbofobia y bifobia que les acompaña toda la vida, en mayor o menor medida, independientemente de dónde nazcan, y que les dificulta el llevar una vida plena. Estereotipos, insultos, discriminaciones, miradas por encima del hombro, excusas, falta de apoyo, acoso, palizas, problemas mentales, miedos, confusiones… forman parte intrínseca de ser homosexual, gay, transexual, bisexual o intersexual. Y así lo demuestran los datos, mires dónde los mires, cómo los mires y en qué ámbito los mires.

Fuentes, enlaces y bibliografía:

Foto destacada: Concentración frente al Ministerio de Asuntos Exteriores (Madrid) en protesta por la homofobia institucional de Rusia. Autor: gaelx, 20/04/2006. Fuente: Flickr. (CC BY-SA 2.0)

Adrián Juste

Jefe de Redacción de Al Descubierto. Psicólogo especializado en neuropsicología infantil, recursos humanos, educador social y activista, participando en movimientos sociales y abogando por un mundo igualitario, con justicia social y ambiental. Luchando por utopías.

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