Donald Trump, camino a la derrota

A prácticamente 70 días de las elecciones presidenciales, la campaña electoral estadounidense empieza a moverse con intensidad y en el barro, como no podría ser de otra manera con un candidato tan polémico como el actual presidente del país, Donald Trump.

El mandatario partía como favorito a principios de año. En enero, cualquier idea de derrota era impensable ya que aventajaba a su rival Joe Biden, el candidato demócrata a la presidencia, en un buen número de sondeos, al tiempo que la economía norteamericana se encontraba en su 11º año de crecimiento ininterrumpido.

La agenda del presidente para este año electoral era mantenerse fiel a su estilo conservador, polarizando a sus bases con su característico y agresivo discurso, presentando la buena marcha de la economía como un garante de su gestión y presumiendo de los múltiples tratados internacionales firmados por su administración en los últimos años.

Pero llegó el nuevo coronavirus y todos los planes del presidente se vieron truncados. Ahora mismo la mayoría de encuestas ponen a Joe Biden de 8 a 13 puntos por encima de Donald Trump, que por primera vez ve la derrota como una opción plausible.

Una ventaja enorme teniendo en cuenta que, según la tendencia histórica un presidente de que se presenta a la reelección por primera vez en Estados Unidos suele volver a ganar; que el sistema electoral estadounidense, fuertemente bipartidista, no tiende a abrir profundas brechas entre candidaturas; y que Joe Biden, de entre todas sus virtudes, no está la de entusiasmar, esgrimiendo un perfil como candidato demasiado similar a Hillary Clinton.

Los errores de Donald Trump

Cómo el presidente ha llegado a esta situación se debe a los múltiples errores cometidos durante este mismo año.

El primero y más importante de ellos, se encuentra en la gestión de la crisis sanitaria. Mientras la mayoría del mundo se enfrentaba a la pandemia de Covid19 con mascarillas, confinamientos y distanciamiento social, Trump decidió que esas medidas tan drásticas no se tomarían ya que pondrían en peligro la marcha de la economía, alineándose con su homónimo brasileño Jair Bolsonaro y el primer ministro británico Boris Johnson.

Esto se debe a dos razones: una, que la mala marcha de la economía podría provocar su derrota; y dos, que Trump siempre juega a controlar la situación, mostrarse confiado y superar a su rival. Pero todo eso no vale para nada contra un virus de este calibre.

El negacionismo frente a la pandemia del presidente tenía un objetivo político y, gracias a él, EEUU encabeza el podio mundial de fallecidos por el virus con 177.000 muertes. Donald Trump se ha mostrado confiado con que el virus desaparecería por si solo o que alguna de las curas médicas sería de utilidad. Sin embargo, por ahora, todo eso parece aún lejano en el horizonte no solo para este país, sino para el mundo entero.

Casos de Covid19 en los EEUU a 25 de Agosto de 2020. Autor: Pharexia, 25/8/2020. Fuente: Wikipedia, licencia CC BY SA 4.0
Casos de Covid19 en los EEUU a 25 de Agosto de 2020. Autor: Pharexia, 25/8/2020. Fuente: Wikipedia, licencia CC BY SA 4.0

Además, el coronavirus se ha convertido en un asunto polarizador en América del Norte: en los estados demócratas las medidas de contención del virus son mayores, mientras que en los republicanos, más laxas. Hasta en esto la sociedad estadounidense está dividida ahora. Y los sondeos muestran que la población señala cada vez más como culpable al presidente.

El segundo error de Trump se debe a la gestión de las protestas suscitadas a raíz del asesinato de George Floyd a manos de un policía y que ha desencadenado toda una oleada de protestas como parte del movimiento #BlackLivesMatter. Y esto no se basa en los problemas del racismo estructural del país principalmente, sino en las acusaciones hacia los manifestantes de ser ladrones o vándalos y de aceptar usar toda la fuerza de represión del estado contra ellos, precisamente contra un movimiento que genera tantas simpatías.

La negación de este problema funciona muy bien con su electorado, que está de acuerdo con el discurso del presidente, pero funciona igual de mal con el electorado de indecisos, centristas y demócratas, decisivos para decantar la balanza electoral a uno u otro lado.

Por último, aunque menos importante, el estilo del presidente tampoco genera entusiasmo entre el electorado más indeciso. Principalmente su carácter autoritario y su rechazo de ciertos pilares del estado de derecho enturbia las simpatías hacia un sector de la población que tiende a buscar la moderación.

Qué dicen las encuestas de las posibilidades de Trump

Donald Trump habla en un evento de campaña en Fountain Hills, Arizona, Autor: Gage Skidmore, 19/03/2016. Fuente: Wikipedia licencia CC BY SA 2.0
Donald Trump habla en un evento de campaña en Fountain Hills, Arizona, Autor: Gage Skidmore, 19/03/2016. Fuente: Wikimedia Commonsa (CC BY SA 2.0.).

El presidente Trump generalmente desmiente las encuestas señalando que son fake news y que fallarán como fallaron en 2016, cuando la inmensa mayoría daba como favorita a su rival Hillary Clinton y su candidatura resultó en la derrota de los demócratas. No obstante, esta vez, hay un par de cosas que no dice sobre ellas.

Por un lado, es cierto que en 2016 las encuestas daban por ganadora a Clinton, pero por un estrecho margen. Además, sí que ganó el voto popular, donde sacó casi tres millones más de votos que Trump. Solo ha habido otras tres elecciones presidenciales en toda la Historia de Estados Unidos donde el ganador del voto popular no se ha hecho con la presidencia: Rutherford B. Hayes (1876), Benjamin Harrison (1888) y George W. Bush (2000).

Esto tiene que ver con el sistema electoral de Estados Unidos. Cada estado se considera que tiene un único colegio electoral. Los candidatos que sacan más votos en ese estado ganan todos sus electores del colegio electoral. El candidato que obtiene 270 votos del colegio electoral (de un total de 538) se convierte en el ganador.

Por ahora, todos los sondeos electorales muestran una clara ventaja de Biden de entre 8 a 13 puntos: según el sondeo del The Washington Post, Biden tiene el 53% de intención de voto frente al 41% de Trump; la encuesta de la CNN muestra que en los votantes registrados, el 51% está a favor de Biden y el 42% a favor de Trump.

Ambas, de las encuestas más fiables, señalan que más de la mitad de los estadounidenses consideran que la gestión de la pandemia y el estado de la economía es malo.

Por poner otro ejemplo, la herramienta “270towin.com” señala que de ser ahora las elecciones, los demócratas obtendrían 278 votos de colegio electoral y se alzarían con la presidencia sin demasiados problemas.

La totalidad de las encuestas señalan la ventaja de Biden, pero eso sí, no aciertan el porcentaje, que es como mínimo de 4 puntos.

También es interesante señalar los sistemas de encuestas que históricamente han acertado el resultado de las elecciones en EEUU.

  • Las 13 llaves: Allan Lichtman, profesor e historiador, ha acertado los resultados de victoria y derrota de todas las elecciones desde que empezó a hacerlo en 1984 a través de su sistema. Este asegura que Trump perderá estas elecciones.
  • El informe de la Oxford Economics: ha acertado el 89% de las elecciones en EEUU desde 1948. Asegura que Trump sufrirá una dolorosa derrota.
  • El método primario: Helmut Norpoth profesor de la Universidad de Stony Brook, asegura que la reelección de Trump es posible en un 91%. Este método ha acertado 5 de las 6 últimas elecciones, incluyendo la victoria de Trump en 2016.

Base electoral erosionada

Las posibilidades de la derrota de Trump a tenor de lo que dicen las encuestas se ve con más claridad si se tienen en cuenta factores adicionales.

Por un lado, se podría decir que la gestión del presidente ha erosionado su base electoral, que hasta no hace mucho se mantenía a niveles ligeramente por debajo de 2016. Su estilo causa un gran entusiasmo entre sus seguidores acérrimos, pero no favorece que reciba votos de los votantes republicanos moderados ni de los indecisos, como ya se ha expuesto anteriormente.

Sobre la población más moderada, las constantes polémicas del presidente y su estilo autoritario erosionan la confianza y generan duda a la hora de determinar su voto. De hecho, solo en 2020, el presidente ha realizado los siguientes actos que no han sentado bien a este sector: animar a su parte del electorado armado a protestar contra el confinamiento, acusar de la existencia de un “Estado profundo” dentro de la Casa Blanca que intenta derribarlo (la teoría de la conspiración QAnnon, muy de moda en EEUU), asegurar que el servicio postal de correos para votar es un fraude y que habrá manipulación electoral, intentar retrasar las elecciones y avisar de que no reconocerá una derrota electoral.

Portada de “The Lincoln Project”. Autor: captura de pantalla tomada el 25/08/2020 a las 17:00. Fuente: lincolnproject.us
Portada de “The Lincoln Project”. Autor: captura de pantalla tomada el 25/08/2020 a las 17:00. Fuente: lincolnproject.us

El enfado ha llegado a tal en algunos puntos, que muchos votantes republicanos han formado el “Lincoln Project”, una plataforma formada por ex-votantes y altos cargos republicanos que piden no votar por Donald Trump. Algo inédito en la política americana.

Y por otro lado están los indecisos que, como siempre, pueden mover el resultado de las elecciones de un lado a otro. Y, actualmente, la gente indecisa se ha movido en contra de Trump. Según los últimos datos disponibles, el número de indecisos que ha decidido votar a favor de Joe Biden ha subido un gran 23% entre los meses de marzo a julio.

Por último, Donald Trump ha perdido un grupo social que ayudó en la derrota de Hillary Clinton en 2016: los jubilados. Este grupo, de especial riesgo en la crisis del Covid19, considera que el presidente no ha hecho lo suficiente para enfrentarse a la pandemia. Trump dominaba en este segmento, que ahora maneja Biden. Y no es precisamente un grupo pequeño.

Estados en disputa

En EEUU hay estados tradicionalmente controlados por un partido como Nueva York (Demócrata) o Texas (Republicano). Así que los estados bisagra o en disputa, es decir, aquellos que no tienen un partido fijo y lo cambian de elección a elección, tienden a determinar la victoria electoral, con muy pocas excepciones. Y aquí las cosas no parece que vayan bien para Trump.

Florida es uno de estos estados (que, de hecho, determinó la victoria de George W. Bush en el año 2000). Allí Trump infligió una derrota a Hillary Clinton en 2016, ganando por tan solo 1 punto porcentual. Así pues, según el sondeo de la Universidad de Quinnipiac, ahora la diferencia entra ambos candidatos es de 13 puntos: 51% para Biden y 38% para Trump. Según las personas encuestadas, es la gestión de la pandemia lo que los ha llevado a cambiar de voto.

Seguidamente, en el medio oeste americano, el tema tampoco mejora para el presidente. En algunos de estos estados en disputa clave para la reelección como Míchigan, Pensilvania o Minnesota, las encuestas señalan también la derrota antes Joe Biden.

El ex vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, hablando con los asistentes al Presidential Gun, Iowa. Autor: Gage Skidmore 10/08/2019, Fuente: Flickr. Bajo licencia CC BY-SA 2.0
El ex vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, hablando con los asistentes al Presidential Gun, Iowa.
Autor: Gage Skidmore 10/08/2019, Fuente: Flickr. (CC BY-SA 2.0.).

En Míchigan, Biden obtiene 9 puntos encima de Trump (49% vs 40%), Estado que Trump arrebató a Hillary en 2016. En Pensilvania, donde ocurrió lo mismo, Joe Biden saca 11 puntos (50% vs 39%). Y en Minnesota la perspectiva es aún peor para el mandatario, pues Joe Biden le aventaja por 13 puntos (51% vs 38%). Además, estos resultados vienen de la encuesta realizada por Fox News, el canal generalista más favorable a Trump de la televisión norteamericana. Y estos son solo algunos ejemplos.

Un problema nada menor: Joe Biden

Y con todos estos augurios, ¿cómo puede ser que la mayoría de expertos no den por sentada la derrota de Trump? Pues, entre otras razones, la culpa de esto la tiene su rival político: Joe Biden.

Joe Biden es un político americano blanco de 78 años de edad. Su perfil no ofrece nada nuevo a los demócratas más que el dudoso honor de ser el presidente más viejo que alcanzaría el poder en EEUU si ganara.

Además, el candidato demócrata es conocido sobre todo por no entusiasmar ni a sus bases ni a los votantes indecisos. Y, si Donald Trump tiene algo, es que entusiasma a sus bases. Los demócratas y sus aliados están unidos más bien por su animadversión a Trump, no por el amor a Biden. Y esto puede hacer que mucha gente se quede en casa el día de las elecciones.

Además, la derrota de su rival del ala izquierdista en la primarias, Bernie Sanders, hace que el electorado más joven y a la izquierda del Partido Demócrata no este demasiado a favor de Joe Biden, un miembro del establishment demócrata, como lo fuera en su momento Hillary Clinton.

Otro detalle no menor es el tema de la oratoria de Biden, que siempre ha sido calificada negativamente, acostumbrado a perderse en los discursos o a divagar demasiado. En los próximos debates presidenciales, esto podría ser determinante, pues Trump consiguió sobre ponerse en este punto en las pasadas elecciones.

Pero no todo podía ser malo. Por un lado, Biden procede de una familia humilde, que le puede hacer conectar con el ciudadano de clase media. Además, es conocido por ser un hombre afable y cercano, un perfil muy distinto al de Hillary en este aspecto.

Por otro lado, fue el vicepresidente de Barack Obama, por lo que consigue alta porciones de fidelidad entre el electorado negro y latino (que, además, cada vez más abandona las filas de votantes de Trump)

La senadora estadounidense Kamala Harris hablando con los asistentes a la Convención Estatal del Partido Demócrata de California. Autor:  Gage Skidmore, 01/06/2019. Fuente: Flickr licencia CC BY-SA 2.0
La senadora estadounidense Kamala Harris hablando con los asistentes a la Convención Estatal del Partido Demócrata de California.
Autor: Gage Skidmore, 01/06/2019. Fuente: Flickr. (CC BY-SA 2.0.)

Y, por último, también ha seleccionado muy bien su tándem para este viaje al escoger como candidata a la vicepresidencia a Kamala Harris, una mujer mestiza que fue ex-fiscal en EEUU y que podría ser capaz de infundir en la campaña de Biden la energía de la que él carece.

A favor de Trump: la candidatura de Kayne West

Reunión de Donald Trump y Kanye West en octubre de 2018. Autor: Official White House Photo, 11/11/2019. Fuente: White House
Reunión de Donald Trump y Kanye West en octubre de 2018. Autor: Official White House Photo, 11/11/2019. Fuente: White House

Kayne West, hasta hace poco un férreo defensor de Trump, decidió presentarse a las elecciones. Con un ideario profundamente religioso y conservador, el 4 de julio de 2020 el afamado rapero anunció su candidatura, momento en el que saltaron las alarmas en el Partido Demócrata.

Aunque su ideología en teoría debería robar votos de los votantes de Trump, la realidad es que West tiene poco que pescar entre su electorado. Y mucho en el de Joe Biden, por contra.

Un rapero relativamente joven, a la moda y negro roba votos en el sector de los votantes afroamericanos que lidera por ahora con mucha ventaja el candidato demócrata. Además, la candidatura de West es sospechosa, ya que ha incumplido varios apartados legales y no se sabe si ni siquiera se podrá presentar en todo el país, por no mencionar el hecho de que carece de cualquier posibilidad de ganar. Por último, se descubrió hace poco que agentes y abogados del Partido Republicano están ayudándole a presentar las firmas necesarias y cumplir los pasos legales para formalizar su candidatura.

Por estas y otras cuestiones, se sospecha que la candidatura de Kayne West es una estrategia de los republicanos para restar voto a los demócratas.

Él ha rechazado estas acusaciones, aunque en una de las erráticas entrevistas que concedió, sí reconoció públicamente que su candidatura haría especial daño a Joe Biden.

Aún con todo, la campaña de West (aquejado de bipolaridad) está siendo irregular y ni siquiera está claro que pueda presentarse. Está por ver cuánto daño puede hacerle el rapero, pero seguro que su participación con éxito empujaría en una derrota para los demócratas y una victoria de los republicanos.

Y… ¿entonces?

Por ahora, todos los pronósticos auguran una derrota de Donald Trump. El presidente ha gestionado de la peor manera posible una crisis de salud de la que podría haber salido reforzado como ha pasado con muchos presidentes que optaron por medidas más drásticas.

Y lo peor es que ni siquiera ha conseguido salvar la economía, como muestran los malos datos económicos de EEUU. En un mundo interconectado, el consumo interno resulta insuficiente.

La unanimidad de encuestas muestra cómo el presidente se encuentra bastante por debajo de su rival, hasta el punto que Donald Trump ha moderado algunas de sus posturas y ha hecho ciertos cambios en su estrategia en un intento por recuperar apoyos.

Por otro lado, decir que Donald Trump está muerto sería mentir. Queda el suficiente tiempo para que el tablero político estadounidense dé muchas vueltas. Más aún con un presidente capaz de usar cualquier objeto como arma para mantenerse en el poder y que ha mostrado ser capaz de tener unas estrategias tan aparentemente erráticas como efectivas.

La mala marcha de la economía (que suele ser el factor que más canaliza el voto) y la crisis sanitaria llegarán, al menos, en el mismo mal estado que el actual a noviembre. De hecho es posiblemente que Estados Unidos haya superado las 200.000 muertes para entonces. Y esto hará muy difícil la reelección del presidente.

Por otro lado, su principal oponente deberá concentrarse en no permitir que Trump recorte la distancia con él, no caer en polémicas y en tener un papel digno en los debates televisados. Su principal debilidad es el poco entusiasmo que causa en el electorado. La actuación de Kamala Harris para movilizar a ciertos sectores de votantes demócratas parece esta vez un hecho muy importante.

Lo que se sabe a día de hoy, es que las posibilidades de reelección de Trump con todos estos factores son bajas. Pero en política dos meses son toda una vida y los pronósticos podrían cambiar radicalmente. Si hoy fueran las elecciones el presidente sufriría una derrota. En noviembre todo puede cambiar.

Enlaces, fuentes y bibliografía