El franquismo: de la memoria y del olvido

La memoria caduca cuando se inicia el olvido. Para algunas personas, ese olvido es instantáneo. Para otras, dura toda la vida. Pero, aun así, lo cierto es que con el fin de la vida se olvida la memoria. La memoria del franquismo no se olvida fácilmente.

Si eres joven es posible que no sepas gran cosa, tan solo lo que te cuentan o lo que lees. Si eres maduro, puede que hayas padecido el tardofranquismo, sin más complicaciones que cantar el Cara al Sol o algún tibio y caduco acto de ensalzamiento. Si eres mayor es posible que aún recuerdes el hambre de posguerra, las vivencias de donde comen 8 comen 9, las sardinas en salazón envueltas en papel de estraza o del No-do. Si eres muy mayor puede que ya nada te importe… o sí.

El franquismo no tiene la sombra alargada (como algunos lo han definido), más bien es una sombra en sí mismo, oscuridad y degradación. La reinvención (y adulteración) del franquismo por parte de grupos de extrema derecha es un engaño a la inteligencia de un país, muy especialmente a la memoria de los millones de víctimas, sigan vivas o ya estén muertas. No es posible recaer en los errores cometidos, levantarnos escuchando a voceros que dulcifican al dictador y a sus cómplices.

No es de justicia ensalzar al verdugo y denigrar a la víctima. No debemos consentir convertir lo digno en indigno.

De la memoria manipulada y la desmemoria

Rendición de milicianos republicanos en Somosierra, Madrid (España). Suceso tras la Batalla de Guadarrama en 1936. Autor: desconocido. Fuente: Wikipedia
Rendición de milicianos republicanos en Somosierra, Madrid (España). Suceso tras la Batalla de Guadarrama en 1936.
Autor: Desconocido. Fuente: Wikimedia Commons

Si me dicen que Jesucristo fue el Mesías… pues tengo el derecho a dudar: después de 2000 años nadie vive para contarlo ni para creer que los textos “sagrados” no se han reescrito adaptándolos a los intereses de la época. Si me cuentan que Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, fueron puros y gentiles, pues como que puedo dudar: no fui contemporáneo para confirmar o desmentir tales acciones.

Lo mismo ocurre con el último dictador español, Francisco Franco. La generación posterior a su muerte solo saben lo que los abuelos contaban en “sus batallitas” y los nacidos en el milenio solo sabrán lo que los libros cuentan. Y las posteriores generaciones solo verán al franquismo como un hecho sociológico sin mayor interés que el que pudieran tener las guerras carlistas.

Pero hay que recuperar memoria, ahora que todavía no la hemos perdido y que algunos todavía no tienen que acudir a los libros para recordar. Franco fue un traidor a un sistema de Estado al que juró lealtad: la Segunda República. Podría ser imperfecta pero era lo adecuado después del último intento de la monarquía frustrada del abuelo del emérito (actual) que se vendió a una dictadura. Los que se hicieron llamar a sí mismos “bando nacional” no fueron otra cosa que traidores a la patria, traidores que no podían aceptar que la gente eligiera a partidos de ideología diferente a la suya.

Y esa traición sigue sin ser sancionada y reconocida. La desmemoria va acompañada con la [posible] falsificación de la verdad, o como se diría sin adornar la frase: mentira.

De la desmemoria y del revisionismo

Monumento a las Víctimas de la Guerra Civil y el Franquismo en Sanlúcar de Barrameda, Andalucía, España. Autor: Emilio J. Rodríguez Posada. Fuente: Wikipedia, licencia CC BY 2.0
Monumento a las Víctimas de la Guerra Civil y el Franquismo en Sanlúcar de Barrameda, Andalucía, España. Autor: Emilio J. Rodríguez Posada. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY 2.0.).

Las dos primeras acepciones que hace la RAE de la palabra memoria dicen lo siguiente: “facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado”, “recuerdo que se hace o aviso que se da de algo pasado”.

Y si se me permite añadir otra definición, al inicio de este artículo de opinión incorporaré la palabra revisionismo y que, en su acepción 1ª de la RAE, dice: “tendencia a someter a revisión metódica doctrinas, interpretaciones o prácticas establecidas con el propósito de actualizarlas y a veces de negarlas”.

El tiempo borra la memoria y cultiva el revisionismo. Son dos palabras que se complementan en un mundo repleto de engaños y medias verdades. Memoria es recordar a mi abuelo, exiliado el 9 de febrero del ‘39, olvidado en tierra extraña y repatriado del ostracismo en el ‘70 para morir antes que de que lo hiciera el genocida, cubierto de gloria y recordado in aeternum.

Difícilmente la memoria recuperará a los centenares de miles de expulsados de tu patria para formar el amplio colectivo de los apátridas (nunca reconocidos por el cuñadísimo y abandonados a su suerte).

Si miramos al pasado y recuperamos memoria, aprenderemos a no cometer errores, a evitar las milongas y a no caer en el abandono social y político; ese abandono da cancha a los revisionistas y estos a los salvapatrias. Y conforme avanzamos en el camino del tiempo, vamos dejando que el olvido anegue nuestra memoria y comenzamos a ser vulnerables con el presente, sin ser conscientes de lo que nos depara el futuro inmediato.

La manipulación de algunos medios convirtiendo lo rancio en nuevo (aprovechando el revisionismo de la memoria) están favoreciendo la entrada en nuestras vidas de ideales basados en tiempos grises y en dogma folklórico. Estos grupos, mal llamados patriotas, son como dioses: no convierten el vino en agua, más bien la paz en odio, la concordia en discordia y la memoria… en olvido.

La sociedad española es tan sumamente frágil que está siendo excesivamente laxa con los grupos de extrema derecha. Este revisionismo está imperando a sus anchas, no solo con el franquismo: Estados Unidos, Brasil, Hungría, Polonia… España. En algunos gobiernan, en otros son bisagra, pero están surgiendo por todo el planeta. Son como el aceite: por mucho que se oculte vuelven a emerger. De hecho, entre 2010 y 2020, se ha duplicado la cantidad de países con representación de la extrema derecha.

¿Qué estamos haciendo mal? ¡No, esa no es la pregunta correcta!: ¿qué dejamos de hacer bien?

Del revisionismo y la traición permanente

Mapa de fosas de la Guerra Civil Española. Verde: Fosa aún no intervenida. Blanco: Fosa aún no encontrada. Amarillo: Transferida al valle de los caídos. Rojo: parcial o totalmente exhumada. Autor: Ministerio de Justicia de España, 6/04/2011. Fuente: Ministerio de justicia, licencia CC BY 3.0
Mapa de fosas de la Guerra Civil Española. Verde: Fosa aún no intervenida. Blanco: Fosa aún no encontrada. Amarillo: Transferida al valle de los caídos. Rojo: parcial o totalmente exhumada. Autor: Ministerio de Justicia de España, 6/04/2011.
Fuente: Ministerio de justicia, (CC BY 3.0.).

El interés del revisionismo consiste en manipular la verdad histórica, la verdad cotejada por investigadores (historiadores, documentalistas…) de sólido reconocimiento profesional, de moldearla a su antojo y a sus intereses. El revisionismo disecciona con escalpelo lo cierto y lo sustituye por la duda razonable, por la hipótesis inverosímil o simplemente lo elimina de la memoria colectiva.

Y de pronto, una noche te acuestas con la verdad objetiva y a la mañana siguiente te levantas con otra verdad, falsificada y disimulada, diluida y colorida, ya cotejada por sabios revisionistas de medios y reafirmada por entendidos con diplomas de naftalina. La verdad ha sido traicionada, vilipendiada, las víctimas se han convertido en apestados y los verdugos han justificado su acción, son los héroes de este cuento de nunca acabar.

Las víctimas: mi abuelo, el tuyo, tú mismo, han vuelto a la fosa del olvido sin haber visto cómo la justicia ha recuperado la memoria y rehabilitado la verdad, la dignidad. Se revive una nueva traición: la del olvido perpetuo, anegado de tierra en una zanja del ostracismo.

Pasará otra década y renovadas mentes pensantes nos harán ver que lo del franquismo ya está pasado, que hay que cerrar heridas, que hubieron víctimas en ambos lados, que la dictadura fue “un mal menor” y que gracias a ella en España se alcanzó la paz social: todos por igual, los unos y los otros, sin garrotazos, o que incluso se fusiló “con amor”.

Y pasará otra década de estructura franquista: Dios, Patria, Rey, recordando al carlismo y su tradicionalismo. Porque, si te paras a pensar, ¿no vivimos un 2020 con un Estado confesional, por mucho que la Constitución del ‘78 diga lo contrario? ¿No hay hoy más patriotas de banderita en la pulsera (y en la mascarilla) que en los mejores momentos del franquismo? ¿No tenemos “dos tazas” de reyes por falta de uno?

La memoria y la desmemoria, el recuerdo y el olvido, la objetividad y el revisionismo, la lealtad y la traición, la verdad y la mentira. La recuperación de la memoria histórica es un concepto ambiguo y genérico que no se ha sabido (ni podido) desarrollar en tiempo y forma. Se ha creado sin consenso político, porque de donde no hay no se puede sacar. Las víctimas directas ya son pocas y con el fin de su vida se olvida su memoria.

Para muchas personas, la reciente historia gris comprendida desde el final de la guerra, la dictadura, el tardofranquismo y el eterno periodo de transición, no deja de ser una cuarta guerra carlista, atemporal, olvidada, enterrada; para otras, es una fisura en nuestra historia que no se podrá curar si no hay un compromiso serio, si no se reconoce que sigue habiendo sufrimiento moral por falta de justicia. Oír al hombre tranquilo, me refiero al señor Rajoy, enorgullecerse de que “durante los últimos cuatro años hemos destinado a Memoria Histórica… 0 €” es una humillación y una vergüenza a las víctimas del franquismo. Sus comentarios no fueron delito pero sí una inmoralidad.

La sombra del franquismo es una peste

Y parece que es un apestado todo aquel que no porta la banderita en la mascarilla o el que no se enorgullece con el patriotismo de una bandera secuestrada por los herederos del franquismo o quien critica a la Corona impuesta por el mismo franquismo.

Vista frontal de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y su basílica. Autor: Godot13, 30/07/2014, 11:09:23. Fuente: Wikipedia, licencia CC BY SA 4.0
Vista frontal de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y su basílica. Autor: Godot13, 30/07/2014, 11:09:23. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY SA 4.0.).

El franquismo (y los franquistas) crearon una estructura suficientemente sólida como para perpetuarse en el tiempo (todo atado y bien atado). Utilizaron la violencia física y mental para elaborar el olvido y manipularon la memoria para crear la desmemoria. Una peste cuyo antídoto es el mantenimiento del recuerdo y el desenmascaramiento de una ideología totalitaria que nunca tuvo su tiempo pero pervivió con el beneplácito de todos.

Con la ilegalización de toda organización que ensalce el franquismo y la dotación y cumplimiento efectivo de lo contenido en la Ley de Memoria Histórica podremos comenzar a salir de este sinsentido. No se hará justicia, para eso ya es muy tarde, pero al menos habremos sido consecuentes con nuestra historia y con nuestra memoria.

Autor: Manuel Berna Pérez
Facebook: /manuel.bernaperez

Enlaces, fuentes y bibliografía:

– Foto de portada: Homenaje a las víctimas del franquismo en el Cementerio de Torrero. Autor: Pablo Ibáñez para ARAINFO, 14/04/2014. Fuente: Flickr (CC BY-SA 2.0.).

2 comentarios en «El franquismo: de la memoria y del olvido»

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