Nacer con pene o no: así nos condiciona la sociedad patriarcal

Una pareja entra en la sala de un hospital. Les dominan los nervios, incluso podríamos hablar de cierto temor, pero lo hacen con decisión. En realidad, no es la primera vez que visitan el hospital, es más, en los últimos meses han ido en varias ocasiones. Sin embargo, lo hacen con mucho gusto, porque van a realizar las ecografías periódicas de su bebé. Hoy es un día especial, ya que por fin van a conocer el sexo de su hijo o hija. Lo que no saben, es que este será sin duda el momento más importante para el futuro del bebé, sin ni siquiera haber salido del interior de su madre y sin ser conscientes (normalmente) del papel que jugará nuestra sociedad, una sociedad patriarcal.

A partir de una acción tan inocente como la ecografía en la que se comunica el sexo del bebé, que no es otra cosa que la búsqueda de la presencia o ausencia de falo (nótese la influencia freudiana), se configuran todas las posteriores interacciones sociales de la persona que se está gestando. ¿Le compramos ropa rosa o azul?¿Le llevamos a baile o a fútbol?¿A ajedrez o a canto?¿Muñecas o coches de juguete?

En este artículo, nos pondremos en el caso de que, por azar, este bebé, al que llamaremos René por razones que desvelaremos más adelante, haya pasado a formar parte de ese colectivo que representa el 49% de la población: los hombres.

Así pues, realizaremos un análisis de lo que supondrá para René, como hombre, crecer en una sociedad patriarcal (o heteropatriarcal) como la nuestra y que se organiza de forma binomial alrededor de la dicotomía hombre-mujer, con lo que esto conlleva para el desarrollo del individuo; todo ello desde mi perspectiva, la de un hombre que lo ha vivido en primera persona.

El género a día de hoy: el privilegio en la sociedad patriarcal

Sociedad patriarcal
El género masculino va asociado a una serie de privilegios sobre el género femenino, además de roles diferenciados

Antes de nada, cabe aclarar que este análisis lo realizaremos basándonos en la sociedad occidental y en el momento actual, ya que el género es enormemente dependiente, como veremos a continuación, de la coyuntura histórica.

Aún hay ciertos sectores de la población que afirman que las mujeres son, por naturaleza, o por gracia divina, según se mire, sensibles y refinadas, mientras que los hombres somos valientes e impulsivos. Nada más lejos de la realidad. Si encontramos diferencias entre géneros en lo que respecta al carácter, se debe a que los hombres somos educados y criados de forma distinta a las mujeres. Y viceversa. El gran poder que ejerce la sociedad sobre los individuos modula nuestra personalidad para que los hombres tendamos a ser más valientes e impulsivos y las mujeres más sensibles y refinadas.

A pesar de ello, la situación del género no es la misma hoy que hace 50 años, al menos en las sociedades occidentales. Antaño, por ejemplo en España, los hombres tenían prohibido llorar en público o realizar las tareas del hogar y las mujeres trabajar fuera de casa o practicar un deporte, entre otras muchas normas sociales.

Sin embargo, cada vez hay más personas que se atreven a romper con estas normas y con los roles de género, en gran parte gracias al feminismo, que se niega a aceptar el papel subalterno que la mujer ha tenido a lo largo de las sociedades. Aun así, la sociedad no ha dejado de ser heteropatriarcal, ni mucho menos, ya que las relaciones culturales son una parte sustancial de lo que somos. Solo cambian muy poco a poco, a veces incluso en la dirección contraria de la que consideraríamos deseable. En este sentido, los hombres seguimos gozando de un privilegio y ejerciendo una dominación sobre la mujer que solo aquel o aquella que no quiere ver es capaz de negar por la gran cantidad de datos que demuestran esta desigualdad.

Sin haber acabado de escribir todavía, ya puedo oíros exclamar: ‘’pero todos los hombres no somos iguales’’. En realidad, querido ofendido, esto no va de ti. El privilegio masculino no es algo que podamos aceptar o rechazar, sino que es inherente al sistema. Al igual que una persona blanca estadounidense no elige que disparen mayoritariamente a personas negras en lugar de a ella, los hombres, por muy feministas que seamos, por muy conscientes y concienciados que estemos, no podemos deshacernos de nuestro privilegio.

Aquí, no pretendemos reducir la capacidad del individuo a cero, sino poner de manifiesto una realidad que necesitamos conocer para actuar en consecuencia y que es social.

Los primeros pasos… en el género masculino

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Desde el momento que nacemos, se nos imponen unos determinados roles según nuestro sexo

Volviendo con René, el recién nacido no será consciente de su género inmediatamente, sino que se irá autorreconociendo paulatinamente como un hombre durante su socialización primaria. Este es el proceso en el que los humanos nos desarrollamos como personas en sociedad durante nuestros primeros años de vida y donde se construyen los cimientos de nuestra personalidad y de nuestra identidad.

En el transcurso del proceso jugará un papel fundamental la observación del propio bebé de las relaciones interpersonales de sus padres y seres cercanos, pero también el aprendizaje del habla, ya que las propias reglas gramaticales incorporan la dicotomía hombre-mujer. Papá y mamá, tío y tía o niño y niña, son algunas de las primeras palabras que aprenderá el bebé y, como sus padres lo hacen, él también se identificará como un niño.

Así pues, René, cuyos padres no se cuestionan especialmente la cuestión del género, percibirá irreflexivamente cómo en navidad recibe regalos distintos a los de sus primas, jugará a fútbol con los niños y a ‘’papás y mamás’’ con las niñas, le preguntarán si tiene novia, pero no si tiene novio… y un largo etcétera de pequeñas interacciones sociales heteronormativas a partir de las cuáles René configurará su visión del mundo.

En la infancia en concreto, debemos prestar especial atención al papel de los espacios no mixtos. No hace muchos años, las escuelas segregaban al alumnado por sexo. Esta diferenciación tenía un impacto colosal en los niños y niñas, que pasaban la mayor parte del tiempo solamente con personas de su mismo género, contribuyendo a perpetuar las dificultades para interactuar entre ambos y los mitos de ‘’los hombres’’ y ‘’las mujeres’’.

Además, aunque ahora estas escuelas son minoritarias, los espacios no mixtos se siguen prolongando tanto en los patios de los colegios como fuera de estos, ya que la categorización social de actividades como de niños o de niñas (fútbol, baile, canto…) provoca que ambos se socialicen en espacios y contextos distintos.

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Por lo que al género masculino respecta, el fútbol es el ‘’deporte rey’’ entre los niños, incluso aunque hoy en día exista al menos más variedad que antes. En este deporte se aprenden valores como la cooperación y el esfuerzo, incluso pueden forjarse amistades duraderas. A pesar de ello, se ha convertido en un deporte inherentemente violento, también en sus categorías inferiores, en las que (por ejemplo) es habitual que tanto padres como entrenadores animen a los niños a agredir al adversario o los presionan con virulencia para que se conviertan en el próximo Messi, generando los lamentables espectáculos que todo el mundo conoce.

Estos comportamientos son imitados por los niños, que tratan de emular y complacer a sus referentes e incorporan esta agresividad a su rol masculino. Y sí, hablamos solo de niños, porque estas características hacen del fútbol un espacio poco atractivo para las niñas, que prefieren otros deportes de equipo con menos testosterona. Esperemos que René tenga la suerte de ser alto para poder jugar al baloncesto.

Los grupos de hombres: la cuadrilla

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Los grupos de hombres juegan a menudo un importante papel socializador perpetuando dinámicas que tendrán un fuerte impacto en la vida adulta

Si los padres y familiares cercanos tienen un impacto trascendental durante la infancia en el desarrollo de la personalidad, será a partir de la temprana adolescencia cuando las amistades tomen el relevo durante la socialización secundaria, al monopolizar la mayoría de las conversaciones y del tiempo de ocio de los adolescentes.

Como las amistades se forjan por afinidades en común, los niños son más proclives a hacerse amigos de otros chicos, con los que comparten las aficiones relacionadas con su género que han desarrollado durante la infancia (coches, superhéroes, fútbol…). De este modo, se forman lo que se conoce como cuadrillas: grupos de amigos que están fuertemente vinculados desde la infancia hasta la edad adulta.

En un mundo incierto y volátil, tener amigos a los que poder acudir cuando René se sienta solo o asustado es de un valor incalculable. Pero, en realidad, más que amistades duraderas, en las cuadrillas encontraremos colegas o compañeros con los que poder hablar de fútbol (sí otra vez, los hombres somos muy básicos) o de ‘’lo buena que está’’ una chica, pero rara vez compartir nuestras inquietudes más profundas (emocionales, afectivas…), ya que el rol masculino no lo permite.

Lo heteronormativo es ley y se cumple a raja tabla. Aquel miembro de la cuadrilla que se salga de los límites del género es humillado o apartado por los ‘’machos alfa’’. Estos llevan la voz cantante en el grupo y el resto les siguen el juego, a veces porque los idolatran y otras porque los temen. Insultos y faltas de respeto que ponen en duda la “virilidad” o la orientación sexual suelen ser habituales, incluso como una broma.

Ante este panorama, podéis imaginaros el irrespirable ambiente machista de las cuadrillas de hombres y de el gran problema que genera a corto, medio y largo plazo. Habiéndose criado en una sociedad patriarcal y con la pequeña contribución de la efervescencia hormonal, lo contrario sería sorprendente. Se pasan constantemente fotos de mujeres semidesnudas por Whatsapp, que se acompañan de comentarios machistas, representando una cosificación de manual. Se insulta y se denigra a las ex-novias o ligues de los miembros del grupo. Se acosa a las mujeres, sobre todo en discotecas y fiestas, pero también por la calle. Manosearlas mientras ellas bailan es una práctica frecuente entre los adolescentes, especialmente cuando van en grupo, en cuadrilla. Y son solo algunos ejemplos.

Puede que haya quien piense que ‘’son cosas de niños’’. Sin embargo, hace ya mucho tiempo que sabemos que las cosas de niños, si no se les pone freno, pueden acabar explotando o derivando en algo peor cuando son mayores.

Los miembros del conocido como el Caso de La Manada de Pamplona son un buen ejemplo de esto. La Manada no deja de ser una cuadrilla de amigos, con sus machos alfa misóginos, como El Prenda, y sus subordinados, que presenta las mismas dinámicas machistas que la mayoría de grupos de hombres, llevadas en este caso al extremo.

La raíz del problema es la sociedad heteronormativa

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La sociedad patriarcal define una serie de normas explícitas e implícitas asociadas a los roles de género que constituyen la heteronormatividad

Todo lo relatado (el privilegio masculino, las primeras interacciones sociales de los hombres o las cuadrillas) se inscribe en una sociedad patriarcal y heteronormativa que ampara y mantiene estas dinámicas. La televisión, el cine, la literatura, el empresariado, las instituciones de poder… ocuparía muchas páginas describir qué es la heteronorma., ya que impregna prácticamente todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Algunos ejemplos de esto, serían cómo en las series de televisión, que se hacen pasar muchas veces por comedia, se reproducen comportamientos machistas y solo se nos muestran personajes heteronormativos; o cómo la hegemonía masculina en los altos cargos políticos, judiciales y empresariales configura una estructura de poder que perpetua la discriminación de todo aquello externo a la heteronormatividad y, por supuesto, de las mujeres.

Así pues, en muchas ocasiones, ponemos el foco en el individuo, influenciados por las corrientes neoliberales, pero no nos cuestionamos la raíz del problema, la cuestión social y colectiva. De este modo, nos hacemos las preguntas erróneas, imposibilitando encontrar una solución para superar la sociedad patriarcal.

Por supuesto que los miembros de La Manada son unos violadores que deben ir a la cárcel, pero ¿qué parte de culpa tiene la sociedad en todo esto?¿Cómo podemos cambiarlo?¿Se acaban las violaciones con cadenas perpetuas?¿O con penas de muerte? Es obvio que no. Y no debería sorprendernos que algunos partidos políticos con una ideología reaccionaria aboguen por estas medidas, a pesar de saber que no solucionan nada.

Porque ni a la extrema derecha ni a la sociedad patriarcal le interesa que nos hagamos estas preguntas. Prefieren entretenernos persiguiendo un chivo expiatorio, para que no nos cuestionemos el sistema. No les gusta hablar de violencia de género porque este término hace referencia a un problema estructural, no a uno o dos casos puntuales y, si nos cuestionamos la estructura, el sistema se viene abajo. Por eso se inventan discursos sobre una inexistente agenda política para perjudicar a los hombres por parte de la mal llamada “ideología de género”. Y por eso partidos como Vox asumen posturas antifeministas o ponen el foco en aspectos individuales y no en el problema de fondo.

René

El progreso social y la lucha por la igualdad lleva implícita la lucha contra la sociedad patriarcal, el desaprendizaje de roles y el fin de los privilegios con el paso de las generaciones

El pequeño que nos ha acompañado durante el artículo no se llama René por casualidad. En primer lugar, René es un nombre neutro, es decir, es válido tanto para chicas como para chicos. Cuando René nació, no era ninguna de estas cosas, era simplemente René.

Además, René es un nombre de origen latino que significa ‘’renacido’’. No hay propuesta más atrevida que deshacernos de nuestros prejuicios y renacer con una nueva comprensión del mundo que nos rodea y René reúne todas las condiciones necesarias para lograrlo, para salir de la caverna y ver la luz.

En estas líneas hemos tratado de describir sin reparos la realidad social del hombre hoy en día. Si bien algunas afirmaciones son esencialmente radicales, es porque la única manera de comprender un problema es ir a la raíz del mismo.

Aun así, cualquier hombre con una mínima visión crítica, se sentirá en gran parte representado. Si el hombre es un lobo para el hombre, dejemos al hombre Al Descubierto.

Autor: Vicente Barrachina Lasheras. Apasionado de la Sociología y la Ciencia Política. Periodismo como forma de activismo. En mis artículos veréis a la extrema derecha y a la sociedad Al Descubierto, pero también a mí.

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