Extrema derecha y el secuestro de la verdad: el asalto de Lorca y la Reforma Laboral

En las últimas décadas de siglo XXI hemos observado como la política en general, entendiendo política como el ejercicio institucionalizado que los gobiernos democráticos realizan siguiendo lógicas de gobernanza, cooperación y bien común, se ha desprestigiado hasta límites insospechados a una velocidad vertiginosa. No obstante, existe un punto de inflexión en cuanto al desprestigio y degradación de la política. Ese punto de inflexión es la irrupción de la extrema derecha moderna y, con ella, la radicalización de los discursos y del debate político.

Asimismo, un síntoma inequívoco de este aumento del extremismo sería el acrecentamiento de los discursos de odio hacia inmigrantes, el movimiento feminista, el discurso obrero, los movimientos soberanistas periféricos y un largo etcétera que abarca todo aquello que la ultraderecha considera como diferente, como el «enemigo». Pues para esta ideología política lo diferente es sinónimo de peligro y el peligro es sinónimo de enemigo.

Estos discursos de odio años atrás eran mucho más residuales, pero en la actualidad saltan a la palestra de la opinión pública cada vez con más fuerza. Era difícil imaginar antes de la aparición de Vox en los parlamentos que se pudiera encontrar con tanta facilidad discursos que nieguen la violencia de género, u otros relatos que argumentan en prime time teorías neofascistas como El Gran Remplazo.

Pero estos relatos negacionistas de los derechos humanos que en su origen solo tenían espacio en los foros digitales instrumentalizados por la extrema derecha, ahora han conseguido también ocupar parte de la parrilla televisiva, las emisoras de radio y las portadas de los periódicos. Sin duda, es un síntoma inequívoco de cómo la extrema derecha y sus valores culturales están moviéndose lentos pero seguros en el tablero comunicativo, político, social y cultural.

Además, en el párrafo anterior hemos hablado de negacionismo. Una palabra muy gastada estos últimos dos años a causa de la pandemia de la COVID19. Pero dejadme deciros que el negacionismo quizá esté más relacionado con la irracionalidad y la extrema derecha que con el coronavirus o las vacunas.

Es decir, la pandemia ha sido instrumentalizada por los partidos de extrema derecha y sus brazos comunicativos como youtubers y otros panfletos de desinformación para ganar adeptos. Y digo adeptos porque esta palabra tiene una connotación de afiliación religiosa o adhesión ideológica muy fuerte.

Las personas negacionistas lo juegan todo a una carta, toda su realidad gira en torno a la conspiración que defienden: el feminismo y la supuesta ideología de género, la inmigración y el supuesto peligro que esta conlleva hacia la identidad cultural e histórica de España, la Plandemia, la dictadura progre, el peligro del terrorismo comunista

Si por un momento un adepto a estas teorías deja de creer en ellas, todo su mundo, toda su visión de como es la realidad y de porqué le ocurren a él o ella los obstáculos que le va poniendo la vida se esfuma, quedando así a merced del caos de las dinámicas sociales. Un caos que a veces es difícil de asimilar. Es lo que David Saavedra, autor de Memorias de un exnazi, describe como «la burbuja».

Pero ojo, este negacionismo da un salto fuera de la conspiración. No es solo la pieza fundamental para argumentar teorías inverosímiles. Es un verdadero mecanismo de evasión y también de justificación de las conductas más inmorales posibles. Es por eso que el negacionismo es usado por la extrema derecha como un arma política hasta el punto de ser inseparables e indistinguibles uno de otro. Un arma que se usa para negar la realidad absolutamente en cualquier dimensión, incluido por supuesto la democracia y todo aquello que acontezca en el Congreso de los Diputados.

Estos últimos días hemos vivido dos acontecimientos que materializan esto a la perfección. Por un lado, nos encontramos el asalto por parte de una supuesta protesta de ganaderos, mezclados con votantes de la derecha y la extrema derecha al Pleno del Ayuntamiento de Lorca. Dejando imágenes que han recordado en pequeña escala al asalto del Capitolio que se vio en Estados Unidos. No es casualidad que esta estrategia de negar la realidad para luego justificar la violencia sea una estrategia política originaria de Donald Trump. Uno de los espejos políticos donde más le gusta mirarse a Vox y cada vez más al Partido Popular.

El acontecimiento de Lorca se ha destapado como una campaña de desinformación hacia el sector ganadero de la zona, espolvoreados por afirmaciones falsas como que la nueva legislación iba a provocar el cierre de sus granjas. Ganaderos del propio sector han denunciado dicho acto de manipulación como contaba Alfredo Artero en el diario El País: “Nada de esto tiene ni pies ni cabeza, se quejan por unas normas que son europeas y nacionales, que existen desde hace años. A los ganaderos se los ha manipulado desde el PP y desde Vox, se les han dado datos falsos. Hoy, cualquier ganadero que participó en la protesta, se arrepiente, porque todo ha sido un auténtico disparate”.

Lo descrito es un aviso para todo el mundo. Se está utilizando la manipulación y la negación de la realidad para justificar y alzar comportamientos inconcebibles en democracia, como es el suceso acontecido el pasado 31 de enero, con el asalto del Pleno de Lorca.

Además, otro suceso como el de ayer en el Congreso de los Diputados frente a la reforma laboral, aparte de ser algo digno de una película de Berlanga, es también síntoma confirmatorio de que el negacionismo va a ser la hoja de ruta de la extrema derecha ahora más que nunca. Y es que, lejos de asumir el error del diputado del Partido Popular en la votación, tanto PP como Vox han vuelto a utilizar la carta del golpe de estado y el supuesto secuestro de la democracia.

En pocas palabras, cuando no me gusta el resultado me limito a negarlo, lo impugno y digo que no es válido. No solo eso, tacho a la oposición de enemiga, de secuestradora, de antidemocrática, y así de paso justifico que mis adeptos, los cuales muchos de ellos tienen el pensamiento crítico bastante oxidado, hagan actos como los de asaltar un Ayuntamiento.

Eso sí, luego las consecuencias las pagan únicamente la ciudadanía que de manera inconsciente siguen estas premisas y, juntamente a estos, todos los demás que convivimos en democracia.

En definitiva, el negacionismo trumpista es una herramienta política antidemocrática y destructiva. Este negacionismo es utilizado por la extrema derecha no por ignorancia, rebeldía o justicia, sino que es utilizado por interés, un interés muy claro, que es dividir a la clase trabajadora y en el proceso captar fanáticos para su causa.

Ayer por la noche estaba viendo por tercera vez la película de Los lunes al sol del fantástico director Fernando León de Aranoa. Y volví a pensar en el contexto tan difícil que nos espera como ciudadanos y, sobre todo, como trabajadores. Un contexto donde habrá que superar las dificultades de siempre sumadas a esta creciente espiral de negacionismo y putrefacción de la política por parte de la ultraderecha. Pues como decía el personaje llamado Santa, interpretado por Javier Bardem en la citada obra fílmica:

“Como los siameses que están pegados, pues nosotros lo mismo. Estamos pegados. No lo digo yo, lo dice Amador, si cae uno caemos todos… porque somos la misma cosa… la misma cosa, como los siameses.”

Álvaro Soler

Articulista. Sociólogo y gestor medioambiental, con suerte de poder compartir vocación y formación. Las Ciencias Sociales son una parte muy importante de mi vida. Considero la divulgación a través de la sociología como una gran herramienta para destapar las injusticias sociales y arrojar luz sobre la actualidad diaria contribuyendo así a ser un poco más libres y justos.

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