Machismo, racismo y fútbol: un campo donde juega la ultraderecha

El fútbol, con sus siglos de historia, es actualmente un deporte de masas que se juega en todo el mundo y que tiene una gran afición. En él se da una interacción de todos los estratos de la sociedad dentro de un espacio reducido y en igualdad de condiciones. De esta manera, sirve como espejo social. Además, puede resultar una herramienta fundamental para la transmisión de valores, tanto para los más pequeños y pequeñas como para el resto de la comunidad.

De hecho, los orígenes de este deporte, como casi el de cualquier otro, se encuentra en las pequeñas ciudades y en los barrios, como forma de encuentro y, con el surgimiento de los clubes, también como una forma de conseguir mejorar las condiciones de las zonas más deprimidas. Un objetivo que, afortunadamente, no se ha perdido del todo.

Sin embargo, hoy en día, el fútbol tanto en sus categorías amateur como en las ligas profesionales, presenta una crisis de valores sin precedentes, algo en lo que coinciden muchos amantes del deporte y que a menudo abarca titulares y artículos analizando la cuestión.

La violencia en el fútbol

Una de las principales problemáticas de los últimos tiempos (entre otras) ha sido la cada vez más visible violencia en los campos. Desde hace unos años, se han observado multitud de vídeos que representan escenas racistas, insultos, violencia física… muchos de estos episodios con menores de espectadores o incluso participando.

Un ejemplo ampliamente comentado se da, de hecho, durante los partidos en categorías infantiles o juveniles, tristemente protagonizadas por los padres que, por lo visto, se centran más en que su hijo, en lugar de simplemente disfrutar de un deporte de equipo como medio de fomento de valores positivos, sea el próximo Messi.

Es preocupante pues, el deporte, en general puede ser y es una herramienta magnífica para la transmisión de valores como el compañerismo, el esfuerzo o la lealtad. Sin embargo, y aunque el fútbol sigue siendo un espacio sano para la juventud, tiene que convivir con una mancha cada vez más visible de problemas y conflictos tales como la violencia ultra o el racismo.

La existencia de grupos de fanáticos que protagonizan conflictos violentos en el fútbol data prácticamente desde la existencia del deporte reglado, pero de la forma en como ahora se conoce tiene su origen en los años ‘60. El antecedente más antiguo se da en Reino Unido, donde les conoce como hooligans, término empleado por primera vez en 1898. El término más empleado es el de ultras, pero también se emplea en América Latina el de barras bravas, y cobraron gran relevancia a partir de los años ‘80.

En principio, el objetivo de estos grupos es animar al propio equipo mediante cánticos, exhibiciones coloridas, despliegues de bandera, etc., al tiempo que tratan de desalentar al equipo contrario. No obstante, con el tiempo, han derivado en el uso de la violencia contra los hinchas del equipo rival, impregnando de ideología extremista e incluso territorial (mi ciudad, mi barrio, mi equipo) los partidos de fútbol, un aspecto estudiado por antropólogos como José Antonio Garriga-Zucal.

En España destaca, por ejemplo, los Ultras Yomus, hinchas del Valencia CF; los Boixos Nois, grupo ultra del Barcelona CF; el Frente Atlético, del Atlético de Madrid; o los Ultra Sur, del Real Madrid CF. Todos ellos surgieron en los años 80, son de ideología ultraderechista y han protagonizado actos de enorme violencia, hasta el punto de que su presencia en los estadios ha sido prohibida en los últimos años. El libro Diario de un skin de Antonio Salas (2005) describe desde dentro la organización de los Ultra Sur, su afinidad con el movimiento neonazi y su relación en puestos de poder en empresas de seguridad o en la policía.

Sobre la violencia ultra en el fútbol en América Latina, destaca México, Argentina, Brasil y Costa Rica. En Argentina destaca Los Borrachos del Tablón, barra brava del Club Atlético River Plate; Los de Siempre, barra brava del Club Atlético Colón; o La 12, hinchas de Boca Juniors. En Mexico se puede ver a Los de Arriba, barra brava del Club León; o los Libres y Lokos, barra de los Tigres UANL. La mayoría de estos tienen su origen, a diferencia de España, en los años 20 y 30.

Existen análisis muy detallados de su funcionamiento en trabajos como el de Bernando Buarque, donde desgrana el término “aguante” empleado en las barras bravas, definiéndolo como un conjunto de códigos masculinizados que definen la actitud de estos grupos frente al fútbol y a su equipo.

Y esa es otra cuestión a abordar.

El machismo y la homofobia en el fútbol

Formación inicial del F.C. Barcelona en la final de la Liga de Campeones. Autor: Steffen Proborf, 18/05/2019. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0.)
Formación inicial del F.C. Barcelona en la final de la Liga de Campeones. Autor: Steffen Proborf, 18/05/2019. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0.)

Profundizando en la reflexión, el fútbol es un deporte afectado desde sus bases hasta las esferas más profesionales por un machismo transversal, el mismo que, de hecho, de alguna forma continúa presente en la sociedad, pero de forma más acentuada y evidente. De hecho, es cierto que este problema sucede en todos los deportes masculinizados en mayor o menor medida.

Para empezar, el espacio futbolístico es exclusivamente masculino, pues tanto en el campo (jugadoras, árbitras, personal técnico…) como en las gradas, la presencia de mujeres es menor. Esto se reproduce a través de la exclusión y la discriminación de las mujeres en todos los ámbitos. Se puede encontrar una gran diferencia salarial, una falta de medios técnicos y una cobertura mediática por parte de la prensa deportiva que le dedica menos espacio al sector femenino, cuando no directamente lo ignora. Según elDiario.es, en un periodo de cuatro semanas, repartidas en diferentes épocas del año, las noticias deportivas exclusivamente femeninas no llegan al 5%.

Por otra parte, los valores patriarcales ligados a la competitividad, la agresividad y la confrontación física son acentuados dentro del contexto del fútbol, siendo uno de los puntos a tener en cuenta para explicar las cuotas tan altas de violencia, intolerancia e insultos. Esta conclusión no se realiza a la ligera, sino que ha sido ampliamente estudiada, pues los códigos de conducta dentro de los grupos ultra están muy ligados al concepto de masculinidad y a valores tradicionalmente masculinizados: la hombría, el valor, el orgullo…

La prueba de ello es que los crímenes violentos son en su mayoría realizados por hombres. Y, de hecho, la presencia de hombres tanto en el fútbol como en los grupos ultra es casi absoluta. Resulta imposible no establecer una relación entre ambas cuestiones o, como mínimo, reflexionar sobre ello.

Además, estos valores machistas no solo afectan al género femenino, ya que si se plantea la simple pregunta “¿cuántos jugadores homosexuales conocéis?”, el silencio es atronador.

Al respecto, destaca el caso de Justin Fashanu, que pasó a la Historia como el primer futbolista que declaró abiertamente su homosexualidad en Inglaterra. El documental de Netflix Forbidden games (Juegos prohibidos) relata la vida su vida y realiza una potente crítica sobre la aceptación de la gente LGTBI en el ámbito del fútbol.

Si bien es cierto que, como se ha comentado antes, esto es extrapolable a muchos otros deportes, pero siendo el fútbol un escaparate y un espejo del contexto social, ¿qué tipo de sociedad somos dónde el deporte mayoritario ejerce un rechazo absoluto frente a la diversidad sexual y una discriminación hacia las mujeres?

La corrupción y la mercantilización del deporte

Casa de apuestas Codere. Autor: Olmo Calvo, 16/09/2019. Fuente: elDiario.es (CC BY-NC 2.0.)
Casa de apuestas Codere. Autor: Olmo Calvo, 16/09/2019. Fuente:elDiario.es(CC BY-NC 2.0.)

Por otra parte, se encuentra otra problemática, esta vez inherente al fútbol de élite. Los grandes equipos de primera división (si bien también se da en equipos de segunda) representan unas instituciones que han dejado de ser entidades deportivas ligadas a un barrio o ciudad para convertirse en una mercancía dentro del gran mercado del fútbol moderno.

Los valores deportivos y éticos se quedan así en un segundo plano, dando paso a la lógica económica como gestión principal: fichajes millonarios, blanqueo de dinero, publicidad masiva de casas de apuestas… todo vale con tal de ganar dinero. La mercantilización absoluta del fútbol es un problema grave, puesto que un espacio comunitario con un gran potencial para crear espacios de entendimiento se ve engullido por las frías lógicas del mercado e incluso por comportamientos mafiosos, donde la lealtad de los jugadores se mide por la cantidad de dinero que ofrecen los clubes.

De esta manera, la imperante lógica económica, heredada de la tradición de las corrientes neoliberales (que enfatizan el individualismo) ha atraído hacia este deporte la corrupción y el poder. Los palcos de los grandes clubes son zonas recurrentes de las personas más poderosas de la ciudad o del país. Son círculos exclusivos donde se entretejen grandes contratos y se relacionan las personalidades de la élite económica, social o política. Una vez más el fútbol sirve de espejo social, y la separación entre el palco y la grada simboliza a la perfección la desigualdad en la sociedad actual.

La extrema derecha como ideología predominante

Unai Etxebarria, con la camiseta de apoyo a los detenidos en Alsasua.                                       Autor y fuente: elDiario.es (CC BY-NC 2.0.)
Unai Etxebarria, con la camiseta de apoyo a los detenidos en Alsasua. Autor y fuente: elDiario.es (CC BY-NC 2.0.)

En España, sumado a todas estas problemáticas globales del mundo del fútbol, se encuentra un claro apoyo institucional de la Liga y diversos clubes hacia la ideología de ultraderecha.

El propio presidente Javier Tebas ha reconocido abiertamente su afinidad al falangismo (ex-miembro de Fuerza Nueva y votante del partido ultraderechista Vox).

Que el franquismo sigue presente en muchas instituciones de España incluido el Congreso de los Diputados no es nada nuevo, consecuencia directa de casi 40 años de dictadura militar. Sin embargo, puede ser grave que institucionalmente se apoye y a su vez se penalicen abiertamente las críticas hacia el fascismo, como la protesta hacia Zozulya, jugador de ideología fascista.

Y que, sin embargo, no se haga lo suficiente frente a los cánticos racistas o las banderas de ideología neonazi presente en muchos estadios. El último escándalo de la liga española lo ha protagonizado el Granada FC, el cual ha despedido a su portero Unai Extebarria por posicionarse a favor de los condenados del caso de Alsasua. El fútbol en España lanza el mensaje de que ciertas ideas son bienvenidas y que otras, al menos, no tanto.

Asimismo, como se ha dicho al principio del artículo, el fútbol es un espejo y a su vez un escaparate de valores. Hoy en día, en el caso por ejemplo del fútbol español, se encuentra con unos jugadores que no expresan sus opiniones o que cuando lo hacen son castigados si no concuerdan con los ideales de la Liga.

Este ejemplo se replica en América Latina, donde la ultraderecha tiene su nicho no solo en las oligarquías tradicionales del país y en las organizaciones ultracatólicas, sino también en los grupos ultra y en las asociaciones juveniles.

De esta forma, el prototipo de jugador que muchos niños o niñas tienen como figura ejemplar es la de una persona alejada de las problemáticas sociales, millonaria, con pocos estudios, que anuncia casas de apuestas y obsesionada con la estética… en lugar de una persona comprometida con los problemas de la sociedad y que utiliza su imagen para beneficio de la misma. El texto habla de jugadores porque directamente las figuras femeninas quedan excluidas.

Hace tan solo unos días, los jugadores de la NBA estuvieron a punto de cancelar la competición posicionándose en contra de los abusos policiales hacia la comunidad negra en su país. En España, cuando un jugador ha querido irse del campo harto de escuchar cómo le llamaban “mono”, los propios compañeros en vez de apoyarle intentaban convencerlo para que siguiera jugando. Aunque solo es un ejemplo, las diferencias son obvias.

Estos casos se dan también en Europa, aunque parece que están más concienciados con el tema.

De este modo, las problemáticas presentadas son grandes y, con instituciones próximas a la ultraderecha y guiadas por la lógica netamente mercantil, las dificultades se agrandan.

¿Se puede corregir la tendencia?

Damian Lillard jugador de los Portland Trail Blazers en una manifestación antirracista del movimiento Black Lives Matter. Autor: Mathew Roth, 04/06/2020. Fuente: Flickr (CC BY-NC 2.0.)
Damian Lillard jugador de los Portland Trail Blazers en una manifestación antirracista del movimiento
Black Lives Matter. Autor: Mathew Roth, 04/06/2020. Fuente: Flickr (CC BY-NC 2.0.)

No obstante, a través de la concienciación, de la implicación de los jugadores, la afición y de propietarios moralmente concienciados se pueden enfrentar y solventar.

Afortunadamente, cada vez es más natural que se señalen estas conductas, especialmente las más violentas. En España, los grupos ultra están cada vez más vetados de los estadios y la persecución policial es más clara.

Por otro lado, la visibilización del fútbol femenino también está cobrando importancia debido al auge del movimiento feminista. La diferenciación de los espacios en el recreo en los colegios, donde los chicos ocupan buena parte del patio para jugar al fútbol mientras que las chicas quedan relegadas a un segundo plano, cada vez se critica y se combate más.

Y es que, al final, el fútbol es una gran herramienta de comunidad, un espacio para formar en valores a los niños y adolescentes.

En conclusión, un espacio social dinámico y que se caracteriza por cómo es vivido y comprendido. De esta manera, si el deporte es entendido a través de la solidaridad y la tolerancia nos ayudará a mejorar como sociedad, si es entendido como un negocio o a través de ideologías de extrema derecha se convertirá en una cárcel.

Fuentes, enlaces y bibliografía:

– Foto destacada: Barra de la Ultra Fiel durante el partido final de la Copa Presidente San Pedro Sula Honduras. Estadio Gral. Francisco Morazan. Autor: JVC3ETA, 10/05/2015. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0.)

Álvaro Soler

Articulista. Sociólogo y gestor medioambiental, con suerte de poder compartir vocación y formación. Las Ciencias Sociales son una parte muy importante de mi vida. Considero la divulgación a través de la sociología como una gran herramienta para destapar las injusticias sociales y arrojar luz sobre la actualidad diaria contribuyendo así a ser un poco más libres y justos.

2 comentarios en «Machismo, racismo y fútbol: un campo donde juega la ultraderecha»

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