Cristina Barrial: ‘’Las casas de apuestas y las criptomonedas han sabido capturar un deseo de emancipación de nuestro tiempo’’

Cristina Barrial es una antropóloga y periodista de origen xixonés que se acerca a ese ideal de cualquier científico o científica social que es escribir para que te entiendan tus abuelos. Esto lo plasma en sus artículos en medios como El Salto o La Marea, al tiempo que lo compagina con su militancia en movimientos sociales.

Es una de las creadoras de Invisibles Podcast, un proyecto periodístico independiente de radio que pretende contar esas historias marginadas en la agenda comunicativa, y actualmente redacta su tesis doctoral sobre la organización política de las trabajadoras del hogar en la UOC.

Hoy viene a hablarnos de La apuesta perdida, su nuevo libro redactado a cuatro manos con el economista Pepe del Amo, que aborda el conjunto de fenómenos sociales que atraviesan, superan y hacen posible la ludopatía. El capitalismo tardío, la securitización urbana, el neoliberalismo, la raza o el género emergen en el fenómeno de las casas de apuestas y, también, en la conversación.

Al Descubierto: Antes de comenzar, desde Al Descubierto solemos dejar la primera pregunta para que la persona entrevistada se presente. ¿Quién es Cristina Barrial?¿Cómo te describirías o qué contarías de ti?

Cristina Barrial: Bien, soy Cristina Barrial, vivo en Madrid pero soy de Asturias, de Gijón en concreto. Me dedico a investigar ahora mismo una tesis doctoral sobre organización colectiva en el trabajo del hogar y los cuidados. Vengo de una formación híbrida porque empecé estudiando periodismo y luego continúe con antropología social, siendo lo que yo creo que une ambas disciplinas el gusto por la escritura y la escritura que sea entendible, una cosa difícil de encontrar.

De forma complementaria, milito en distintos colectivos de mi barrio, Carabanchel, vinculados con la lucha antifascista y con la autodefensa laboral y en mi tiempo libre también hago un podcast con unas compañeras que se llama invisibles.

AD: Para empezar, quería interesarme por las razones que os han llevado a ti y a Pepe a escribir este libro. ¿De dónde nacen ese dolor y rabia de los que habláis en las primeras páginas?

CR: Esto es algo que nos gusta contar porque es la primera vez que escribimos un libro tanto Pepe como yo y tampoco fue buscado, nos contactó la editorial Bellaterra. No nos contactó como expertos en la temática, porque podrían haber buscado más bien a un psicólogo o alguien que trabajase en rehabilitación con jugadores, pero no buscaron un perfil que estuviera formando parte de lo que era la Coordinadora contra las casas de apuestas.

Por ello, es un libro que nace de la militancia y también, en relación con la duda que está surgiendo últimamente dentro de los movimientos sociales en torno a la práctica y la teoría, porque muchas veces se hacen las cosas de manera poco reflexiva y por inercia, yo creo que el libro ha sido un ejercicio de ser útil a un movimiento social desde lo teórico que escribimos en esas páginas, pero que nace de lo práctica, en un viaje de ida y vuelta.

Hay temas incluso que surgen de ideas que se plantean en las asambleas, como por ejemplo cuando planteábamos quiénes son los fondos buitres planificando una acción de a quien tienes que señalar como responsable y hay un capítulo que es la explicación de cómo ha sido ese proceso de financiarización.

El tipo ideal o perfil de ludópata es cada vez más joven, tanto desde los que nos dicen los profesionales como desde la publicidad

AD: A diferencia de la tendencia general que hay en la literatura sobre ludopatía, habéis decidido alejar la mirada del individuo para ampliarla a los fenómenos sociales que lo envuelven. ¿Qué creéis que puede aportar vuestro enfoque?

CR: Viniendo de las ciencias sociales, en mi caso desde la antropología social, creo que es importante saber encajar esos problemas que se suelen psicologizar en dinámicas que son sociales, políticas y económicas, y también nace con una voluntad de desestigmatizar a la persona ludópata, porque cuando al final lo entiendes como un problema social le quitas esa carga y ese peso de responsabilidad de la persona que en teoría ha pasado esa línea entre el juego responsable y la adicción.

En esa línea, hacemos una enmienda a la totalidad de esa noción de juego responsable, porque la propia palabra de ‘’responsable’’ ubica la culpa en el ludópata.

AD: Sé tú el responsable.

CR: Claro, esta es la gran medida de las instituciones, que repiten la muletilla de juega responsable en sus campañas. Nosotros creemos que eso es situar la responsabilidad en la persona obviando las condiciones materiales que te llevan a tener un trastorno del juego patológico.

La intención del enfoque era esa y también, como nosotras somos personas que, al margen de militar en el movimiento, tenemos otras muchas inquietudes a nivel político o de lecturas que nos gustan y que compartimos y nos damos cuenta de que muchas cosas que tú puedes leer en otros ámbitos como de la securitización o de la perspectiva de género aplicada al estudio de las adicciones y que se pueden relacionar perfectamente con el auge de las casas de apuestas.

AD: En el imaginario popular un ludópata es un hombre blanco de mediana edad que se deja el sueldo en las tragaperras, pero vosotras explicáis que la edad, la raza o el género han redefinido el paradigma de ludópata a día de hoy.

CR: Por un lado, tenemos esta imagen de un ludópata de un hombre de 40, 50 o 60 años por la imagen que yo misma he presenciado en el bar del barrio que es el hombre que está en frente de la máquina tragaperras. Ahora nos encontramos con que el tipo ideal o perfil de ludópata es cada vez más joven, tanto desde los que nos dicen los profesionales como desde la publicidad, porque al fin y al cabo la imagen que nos construimos de cosas que no conocemos es a partir de los productos culturales que consumimos y cuando la publicidad de Codere, Luckia o Sportium te está lanzando siempre la imagen de un joven que apuesta al Madrid-Barça te quedas también con la idea de que es una cosa de hombres.

Nosotras nos hicimos esa pregunta, ¿qué pasa con las mujeres? En los estudios de género hay una frase muy ilustrativa que dice que no sirve solo con añadir mujeres y revolver, que añadir una perspectiva de género a un objeto de estudio no es solo pensar en el otro 50% de la población, sino pensar cómo opera el género en sí en la problemática.

Por eso yo creo que lo interesante de todo esto al margen de preguntarnos por las mujeres en sí es analizar de qué manera el género opera en la ludopatía, porque te das cuenta de que esta opacidad de género y de considerar que todo lo que hacen los hombres es neutro y universal hace que la masculinidad se de por hecho, no haciendo ese proceso de deconstrucción de esta masculinidad.

El 70% de las mujeres con trastorno patológico de juego son víctimas de violencia de género. Esto nos sirve para ver cómo los espacios de juegos de azar como el bingo, que es el único espacio feminizado de apuestas, se convierten para ellas en los lugares seguros que no encuentran en sus casas.

Cuando lo hacemos nos damos cuenta de que hay múltiples características de esa masculinidad hegemónica que se relacionan con la ludopatía. La impulsividad, la no responsabilización del entorno, el individualismo… son cosas que vinculan completamente con el mundo de las apuestas.

Volviendo a las mujeres, a modo de grandes titulares las mujeres apuestan menos que los hombres pero no apuestan tan poco como se piensa, representan el 30% de las personas que tienen trastorno de juego patológico según la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR). Se piensa que no apuestan porque están invisibilizadas en parte porque no acuden a los recursos de rehabilitación, ahí sí que el ratio disminuye de forma que de cada 10 personas que los utilizan solo hay 1 mujer.

Hay una penalización de género porque hay una vergüenza y muy poco apoyo de la red familiar y social de acudir a rehabilitación. Además, el propio dispositivo de rehabilitación es un entorno tan masculinizado que expulsa a las mujeres, hay mucho abandono de la terapia por su parte. Nos encontramos con que las mujeres son las que en gran mayoría acompañan a los hombres que acuden a terapia, de forma que su papel de cuidadoras se alarga hasta el punto de no cuidar de su propia salud pero sí de la del resto.

Luego también es importante diferenciar los motivos que llevan a una persona o a otra a apostar, donde el género también opera. Los estudios nos hablan de que los hombres en las entrevistas siempre aluden a que van a la casa de apuestas o al bingo o al casino o desde su propio teléfono móvil persiguiendo una ganancia económica pero también en busca de una sensación, de la adrenalina del juego.

Por su parte, las mujeres se refieren sobre todo a una búsqueda de un olvido, de malestares con los que ellas conviven en su día a día y estos establecimientos les sirven para evadirse de ellos.

¿Cuáles son estos malestares? Entre las mujeres hay mucha correlación entre trastorno del juego patológico y depresión y ansiedad, en hombres no es tan alto. Y hay un dato bastante llamativo al respecto: el 70% de las mujeres con trastorno patológico de juego son víctimas de violencia de género. Esto nos sirve para ver cómo los espacios de juegos de azar como el bingo, que es el único espacio feminizado de apuestas, se convierten para ellas en los lugares seguros que no encuentran en sus casas.

AD: ¿Por qué, como contáis en el libro, la mayor concentración de casas de apuestas la encontramos en barrios de mayoría migrante y de clase trabajadora?

CR: La clase social también se puede ver en la empresa de juego. Hay gente que siempre critica todo lo que fue el movimiento, obviamente personas sin conciencia social, diciendo que todo el mundo puede ser ludópata hablando de los casinos o de los bingos de Moncloa (barrio adinerado de Madrid).

Nadie niega que un trastorno de juego lo puedes desarrollar independientemente de tu clase social, pero la clase nunca deja de operar. Al final las casas de apuestas que vemos en los barrios de clase trabajadora, como Codere, Luckia o Sportium, ofrecen ese tipo de apuestas bajas que están reservadas para los pobres.

El antropólogo Clifford Geertz estudia en su obra más famosa las peleas de gallos en la isla de Bali en Indonesia en 1967. Pues había todo un ritual en torno a las peleas de gallos y a la apuesta, no había la una sin la otra. Pero es que alrededor de estas peleas habían otro tipo de apuestas como máquinas y la gente veía ese tipo de apuestas de una forma muy despectiva, como que no formaba parte de la comunidad, como algo reservado para la gente indeseable de la ciudad como los adolescentes o las mujeres. Es decir, esta visión de que hay apuestas de primera y de segunda existe desde que existen las mismas apuestas.

Concretamente en Madrid, donde se ubica el fenómeno que aborda el libro, la patronal del juego decía: ‘’nosotros ponemos las casas de apuestas en Carabanchel, Vallecas o Usera porque el precio del suelo es más barato’’.

Pero en realidad el suelo sigue siendo igual de barato para abrir una tienda de Tous y de Gucci pero no las abren porque no tienen un cliente potencial, para las apuestas sí. En este sentido, el informe de 2019 de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), que estudia el nivel socioeconómico de los barrios donde hay casas de apuestas, el nivel educativo y la tasa de población migrante; evidenció que no era solo una sensación nuestra, sino que era una realidad.

La pregunta entonces es: ¿por qué van? Hay especialistas que tienen una lectura culturalista que te dirían que se debe a que en sus lugares de origen es más común y lo meten todo ahí con calzador, pero nosotros no somos para nada defensores de estas teorías y creemos que responde a las lógicas precisamente del país de recepción.

Trabajos mucho más precarios, menos opciones de consumo de ocio mercantilizado al tener menos poder adquisitivo, más dificultad para acceder a espacios de socialización públicos y municipales de ocio y una privatización del espacio público que si no nos tiene a nadie por usuario legítimo, porque la calle no está hecha para eso y cada vez menos, pues a la población migrante menos aún.

Todo ello acaba haciendo entendible que cuando se abra una casa de apuestas en un barrio migrante y de clase trabajadora los jóvenes lo vean como un espacio seguro.

AD: ¿De qué forma se conecta el discurso neoliberal e individualista con el fenómeno de la ludopatía?

CR: Hay un correlato bastante evidente entre el discurso del mundo de las apuestas y el discurso del trabajo de esta era que nos ha tocado vivir que algunos la llaman neoliberalismo. Sobre todo vinculado con el régimen de incertidumbre, con esta especie de aceleracionismo y con el corto plazo como estandarte. Se ve sobre todo ese hilo cuando analizamos la publicidad de las casas de apuestas. El mensaje que lanzan desde las diferentes empresas, entre ellas Luckia, es que apostar es humano, que es literalmente el lema de una campaña concreta.

Hay uno de estos anuncios en los que presentan una conversación entre dos amigos en la que uno le dice al otro que va a estudiar unas oposiciones y debajo aparece una cuota, 1’2 por ejemplo. Entonces el amigo le pregunta qué oposiciones son y él le contesta que para registrador de la propiedad, por lo que sube la cuota, a lo que el otro le replica que si son para el año que viene y él responde que son para este, subiendo de nuevo la cuota.

Es un paralelismo muy macabro en el que se equipara a cómo son nuestras vidas a nivel laboral, esa exigencia de no conformarte con lo que tienes, de estar invirtiendo todo el rato hasta en tus decisiones; con la lógica de la inversión y de no tener el dinero parado, de que esté en constante movimiento.

Del mismo modo, la imagen del joven que apuesta es el mismo relato que vemos en la del joven emprendedor. Nos meten en la cabeza que si sales de una situación de precariedad es por tus propios medios y no de forma colectiva.

La contracara de todo esto es que las casas de apuestas, y ahora las criptomonedas, han sabido capturar un deseo de emancipación de nuestro tiempo. Incluso podemos hacer una lectura pseudoanticapitalista, porque han salido por el lado individualista del rechazo al trabajo.

Una persona que invierte en cryptos y que quiere que esa sea su forma de mantenerse, por un lado lo está profesionalizando y quiere que ese sea su sustento para pagarse el alquiler, pero por el otro lado quizá también hay ahí un deseo de destinar menos horas al trabajo.

Nosotros lo que defendemos en el libro es que hay que exigir a las instituciones, obviamente, pero no únicamente, y este Real Decreto nos ha hecho pensar que ya está la batalla ganada. No es el caso.

AD: Es una moral capitalista diferente a la moral protestante que describe Max Weber en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo, que es una moral que considera al trabajo un valor en sí mismo y que se ha hecho hegemónica en las últimas décadas, pero que en la moral de las apuestas tiene una de sus fisuras.

CR: Esta ética protestante que comentas se puede ver de forma muy clara en la criminalización de la persona ludópata como alguien que solo quiere dinero fácil. Se cree que el dinero tienes que ganártelo y tienes que ganártelo con esfuerzo, hasta el punto que en el reciente Real Decreto de publicaciones comerciales que regula la publicidad de juegos de azar se alaba esto.

En él se limita la cantidad de anuncios que se pueden emitir y del contenido de esos anuncios. Pues respecto al contenido, aparte de limitar mensajes agresivos como el ‘’apuesta, apuesta, apuesta’’ y vincular la apuesta con el éxito personal o con ser más atractivo, se prohíbe también que el anuncio dé a entender que es mejor ganarse el dinero con las apuestas que con el propio esfuerzo.

Ahí nos la han metido un poco doblada porque el hecho de estar en contra o concienciar sobre los peligros de las casas de apuestas no implica una revalorización del trabajo asalariado. Tenemos que ser un poco inteligentes para saber qué se esconde detrás de esos deseos que se están canalizando hacia el ‘’hazlo tú mismo’’, que se vehicula a través de las casas de apuestas, pero que si nos paramos a mirarlos detenidamente tampoco queremos cosas tan diferentes.

AD: En relación con esto, ¿pensáis que las acciones legislativas que se están llevando a cabo, tanto a nivel estatal como regional están abordando las necesidades de las personas adictas?

CR: La respuesta corta es que no (ríe). Por un lado, a nivel estatal las competencias no son de casas de apuestas sino solo de juego online y publicidad. En el Real Decreto publicado, aparte de no contar para su negociación con el movimiento contra las casas de apuestas, ha servido para limitar el número de anuncios pero ha seguido permitiéndolos en la franja de 1:00h a 5:00h, por lo que hay una gran cantidad de estos anuncios a estas horas en las que precisamente hay mucha población de la que llaman vulnerable viendo la televisión. Nosotros abogamos, desde luego, por la prohibición de este tipo de publicidad, que era lo que se había prometido en campaña.

Por el lado de la Comunidad de Madrid, que es la parte que nos toca, es básicamente un desastre. La movilización contra las casas de apuestas ha descendido y con ella la presión a la institución. Por ello, las casas de apuestas que estén a 100 metros de una escuela ya no tienen que moverse, cuando en el anterior borrador sí que se contemplaba esta medida y en comunidades como la valenciana la distancia es mucho mayor.

Cristina Barrial
Cristina Barrial

La poca legislación que ha habido contra las casas de apuestas ha sido gracias al movimiento contra las casas de apuestas en un sentido amplio, a toda esa gente que ha salido a la calle y no a una persona que han colocado en un ministerio.

Nosotros lo que defendemos en el libro es que hay que exigir a las instituciones, obviamente, pero no únicamente, y este Real Decreto nos ha hecho pensar que ya está la batalla ganada. No es el caso. Como te comentaba antes, tanto las apuestas como las cryptos son un síntoma de época que ahora mismo es la que nos ha tocado vivir pero que no va a desaparecer y se va a transformar mientras los malestares que lo motivan sigan estando.

Si hablamos de que es un problema que está relacionado con cómo está construida la ciudad capitalista, con cómo funciona el mercado laboral en este sistema económico y con las pocas oportunidades que tiene la juventud y la población en general de ocio no mercantilizado habrá otras formas de extracción de renta, con otros nombres, pero respondan a la misma lógica.

Entonces, está bien exigirle a la institución, pero siendo conscientes de los límites del demandismo. Tenemos que ser capaces de imaginar otros futuros posibles que trasciendan estas lógicas.

AD: En ese sentido, ¿cuáles dirías que han sido los aciertos y los errores del movimiento contra las casas de apuestas?

CR: Esto es una crítica que al final es también autocrítica porque he formado parte, no es una crítica externa de decirte lo que no has hecho bien, lo que sería mero oportunismo.

Yo creo que ha sabido captar el momento y estar a la altura de un fenómeno muy nuevo sabiendo politizarlo, aunando sensibilidades muy diferentes ya que lo formaban desde sindicatos a asociaciones de vecinos o asociaciones juveniles. Es muy difícil ver una concurrencia tan intergeneracional y variada a día de hoy.

Además, ha hecho un trabajo muy importante por la visibilización y desestigmatización de la persona ludópata, evidenciándolo como un problema social, y la poca legislación que ha habido contra las casas de apuestas ha sido gracias al movimiento contra las casas de apuestas en un sentido amplio, a toda esa gente que ha salido a la calle y no a una persona que han colocado en un ministerio.

Respecto a lo que hemos podido hacer mal, hay que partir de que la Coordinadora contra las casas de apuestas está parada. Esta reactividad de los movimientos encabezados por la juventud sobre todo y en una comunidad como la de Madrid que no te ayuda para nada, hizo que la gente de diferentes ámbitos y más mayor que se acercó en un principio al movimiento se acabase alejando, por lo que acabó siendo un movimiento muy simbólico en lo que se refiere a la importancia de señalar, ya sea a través de pintadas o ya sea a través de escraches, pero muy de la acción directa y menos reflexivo, ser más consciente de que cerrar las casas de apuestas sea una demanda pero que en el corto plazo se pueden pedir más cosas y eso no implica habernos rendido.

Todo sabiendo siempre que nuestro horizonte debe ser que no haya casas de apuestas en nuestros barrios. Aun así, creo que el deshinche de los movimientos sociales es sintomático y el movimiento contra las casas de apuestas es uno de ellos, pero es una tendencia tristemente al menos en la Comunidad de Madrid, incluso a nivel nacional.

AD: ¿Qué podríamos hacer para no llegar tarde o anticipar esa próxima e inevitable forma de extracción de rentas de la que hablas?

CR: Pues mira me comentaba el otro día un profesor que tuve en la Complutense que hay un matemático que se llamaba Alberto Coto que ha ganado varios premios de cálculo matemático al que llevan a colegios e institutos a explicar el escaso margen de ganancia que hay en las apuestas para quien juega y lo fácil que es perder dinero apostando.

Esta es una visión muy racionalista que te ofrece la información y que te permite elegir, esto es, que te muestra las estadísticas para que al menos lo hagas informado. Esto no deja de estar bien pero creo que a las personas que apuestan no les hace falta una explicación racional de que no van a ganar dinero porque es algo bien sabido por todo el mundo. Hay que tener en cuenta los factores que rodean a la apuesta y que las emociones y el deseo juegan un papel fundamental.

De cara al futuro, con lo rápido que se mueven estos fenómenos, deberíamos ante todo dejar de ser menos moralistas, porque parece que nacemos sabiendo y no nos entra en la cabeza como alguien puede tomar esa decisión, para comprender a qué deseos y subjetividades están apelando y, al mismo tiempo, entender los problemas no sectorialmente, sino insertos en una dinámica global y ver cómo el movimiento contra las casas de apuestas, a pesar de parecer una lucha muy concreta, está relacionado con muchas otras luchas como la lucha por una vivienda digna.

Es decir, enfocar estos problemas desde perspectivas más amplias y buscando las alianzas con otros espacios que ya estén más organizados.

Pero, sobre todo, yo te diría que deberíamos tomárnoslo como algo serio, no creer que son cuatro tíos con el pack completo que aparte de invertir en cryptos son incels, son racistas y son machistas. Plantear el problema de forma seria y como parte de dinámicas transversales y no como decisiones personales o como de carácter.

AD: Para acabar, ¿qué producto cultural recomendarías, aparte de vuestro libro, para entender el fenómeno de la ludopatía?

CR: Hay un podcast de crónicas sonoras que se llama La Colmena en el que en un episodio participa un chico que se llama Alejandro, portavoz de la coordinadora contra las casas de apuestas de Málaga y que ha tenido un trastorno patológico del juego, que es un ejemplo de la falta que hacen referentes que estén en primera línea que hablen desde su propia experiencia.

AD: Muy bien, ha estado genial, ¡un placer y muchas gracias por concedernos esta entrevista!

CR: ¡A vosotros!

Puedes saber más de Cristina Barrial siguiéndola en sus redes:

Cuenta de Twitter: https://twitter.com/cristinabarrial

Vicente Barrachina

Articulista. Apasionado por la Sociología y la Ciencia Política. Periodismo como forma de activismo. En mis artículos veréis a la extrema derecha Al Descubierto, pero también a mí.

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