David Saavedra: “Igual que se hace prevención de las drogas, hay que hacer prevención del radicalismo”

David Saavedra es autor del libro Memorias de un exnazi. Veinte años en la extrema derecha española, y se dedica a la divulgación a través de redes sociales, especialmente YouTube, con la idea de prevenir acerca de los peligros del nazismo, del fascismo y de ideas extremistas que atenten contra los derechos humanos. La particularidad de David es que él mismo estuvo durante veinte años de su vida siendo un neonazi y en grupos neonazis hasta que finalmente abandonó ese mundo y decidió usar su experiencia para ayudar a que chavales como lo fue él no caigan en las garras del discurso ultraderechista.

Al Descubierto: Antes de empezar a entrar en materia, un poco para que la gente te conozca, ¿quién es David Saavedra?¿Podrías hablar un poco de tu recorrido y trayectoria profesional?¿A qué te dedicas?

David Saavedra: Soy David Saavedra, un personaje con una vida un poco peculiar. Por cosas del destino, terminé con mi cuerpo en lo que la gente denomina extrema derecha… yo los llamo negacionistas, sin más, aunque con una vertiente política determinada pero negacionistas al fin y al cabo… y durante mucho tiempo maldije mi suerte, consideré que había tirado un poco mi vida a la basura, pero también me considero hoy en día bastante afortunado de haber visto según qué cosas y de haber podido darle un vuelco a la situación.

Y he escrito un libro para contar lo que es eso o a lo que puede llegar, y la forma en la que poder evitarlo, que es lo más importante de todo.

AD: Se te conoce fundamentalmente en tu faceta de divulgador por haber sido nazi, haber estado involucrado durante muchos años en movimientos neonazis y por haber escrito un libro, Memorias de un exnazi. Veinte años en la extrema derecha española. La pregunta es, ¿cómo empezaste a ser nazi y a participar en grupos neonazis?¿Cómo fue tu experiencia en ese mundo, cómo se vive desde dentro? Sobre todo teniendo en cuenta que estuviste alrededor de dos décadas.

DS: Esto me lo han preguntado muchas veces…

AD: Imagino (ríe)

DS: … y la verdad es que mola, porque cada vez puedo simplificar más la respuesta y yo mismo lo veo todo mucho más claro. Esto es muy sencillo: no se trata de una cuestión ideológica, ni muchísimo menos. En un momento dado de la niñez y de la infancia, entrando un poco en la adolescencia… más o menos sobre los 14, 15 y 16 años… el propio Hitler reconoce que fue a los 15 por ejemplo… compras que en el mundo existe una gran conspiración en base a la que se explica prácticamente todo.

No reflexionamos, no pensamos, no leemos, no llegamos al fondo de las cuestiones, aceptamos lo que nos llega, cada vez nos sesgamos más y más y más… y esto es lo que, en última instancia, lleva a lo que llamáis extrema derecha.

Depende de por dónde vayas, una vez aceptas ese punto, en ese plano donde asumes que eso es así, puedes convertirte en un terraplanista, en un plandemias, en un nazi, en un integrista islámico, etc. Llegas a un cruce de caminos y, depende de por dónde tires, en función de tu carácter, de tu personalidad, de tus vivencias, de la familia que has tenido, de la educación que has recibido o no has recibido, del barrio donde te has criado… tiras por un camino o por otro.

Pero es simplemente una encrucijada a la que llegas y vas para un lado o por otro.

En mi caso, asumí efectivamente que había una gran conspiración de judíos que regían el mundo desde seis o siete familias, que entiendo que quien crea todavía en eso pues supongo que pensarán que estas familias tienen su propio grupo de Whatsapp o de Telegram y ahí deciden pues qué país cae en garras de sus bancos, qué crisis económica va a surgir, qué nuevo virus van a desarrollar, etc., y así pues explican el mundo.

Creo que el propio sistema en el que vivimos, llámalo liberalismo o capitalismo, favorece precisamente este tipo de creencias no por una cuestión ideológica, sino por las dinámicas sociales en las que nos encontramos inmersos. Lo que Jorge Moruno llama “la sociedad de la inmediatez”.

AD: Sí, correcto.

DS: La sociedad del “click”, del “no tengo tiempo”… ahora Whatsapp ha fomentado esto con el tema de aumentar la velocidad de los audios… es decir, es constantemente quererlo todo cada vez “más rápido, más rápido y más rápido”.

¿Qué problema tiene eso? Hombre, tiene sus cosas buenas. Perdemos menos tiempo en según qué cuestiones, pero nos acostumbramos a ello, lo aplicamos a todo y no reflexionamos, no pensamos, no leemos, no llegamos al fondo de las cuestiones, aceptamos lo que nos llega, cada vez nos sesgamos más y más y más… y esto es lo que, en última instancia, lleva a lo que llamáis extrema derecha.

AD: ¿Cómo fue tu experiencia en ese mundo, cómo se vive desde dentro?

DS: Primero no eres consciente de que… “¡oh, me estoy metiendo en la extrema derecha!” o, “¡vaya, qué nazi me estoy haciendo!”. Tú esto lo vives como un proceso natural, de tu desarrollo. No conozco a nadie que se haya hecho nazi con 30 años o a una edad madura. Todo el mundo, absolutamente todo el mundo, cuando se radicaliza lo hace en la adolescencia.

Al principio lo viví todo muy atractivo, porque es un lenguaje que entra muy bien, por los ojos. Siempre se parte desde el punto de la conspiración: hay unos poderes ocultos que están degenerando a la Humanidad y nosotros seríamos el baluarte o la resistencia que resiste ante ese envite corruptor.

Entonces lo primero que recibes son unas consignas, como la defensa de unos valores, de la ética, del honor, del orgullo, la verdad, la razón, la belleza… entonces, claro, cuando tú lees esas cosas, tu mente no lo identifica como algo malo. ¿Cómo alguien va a estar en contra del bien, o de la belleza, o de la justicia?

AD: Claro.

DS: Ahí ya bajas la guardia y cada vez te vas metiendo más y más, adoptando un discurso que, insisto, percibes como algo positivo, buen, de sentido común… y cuando te quieres dar cuenta, ya estás súper radicalizado.

Tú no te das cuenta de que estás radicalizado, si acaso tal vez un tanto alejado de la realidad…

AD: Es muy poco a poco, digamos.

DS: ¡Sí! Es decir, no te acuestas un día normal y te levantas nazi. Esto es un proceso que son años de radicalizarse para llegar a ser nazi. O integrista islámico. El proceso de radicalización hacia una u otra idea es exactamente el mismo.

Y para salir de ahí es también lo mismo. Nadie sale de la noche a la mañana porque, insisto: tú no eres consciente de que estás ahí. Yo a eso le llamo “la burbuja”. Y solo lo ves cuando ya estás fuera.

Ahora por ejemplo cuando me entran mis ex amistades constantemente por YouTube diciéndome que ahora soy de Podemos, reduciéndolo todo al extremo… yo qué sé, cada uno me sale por una cosa.

AD: Sí, o comunista, rojo, lo que sea (ríe)

DS: O que estoy a sueldo de La Sexta y ellos me dicen lo que tengo que decir… no sé, cada cual se inventa lo que quiere. Pero lo peor es que a ti te hace gracia y a mí también, pero piensa que ellos lo creen de verdad.

AD: Claro, es la conspiración que comentabas.

DS: ¡Claro! Y yo pienso cuando yo mismo compraba ese discurso y no entendía cómo la gente no era capaz de verlo. Es muy chungo eso. Ahí ya se me quita un poco la gracia, ¿sabes?

AD: Toda la razón. ¿En qué grupos neonazis estuviste y qué labores desempañaste?¿Llegaste a hacer algo de lo que ahora te arrepientas?

DS: No, yo tuve esa suerte. Hay gente que tiene una mochila muy chunga. Por ejemplo, me movía con gente que a un chaval lo dejaron ciego, a otro no ciego pero sí con daños cerebrales… he conocido de vista que ha dejado en silla de ruedas a personas, conocí al hermano de Josué en Alianza Nacional… que para nosotros, vamos, Josué era tal vez no un héroe pero sí un mártir porque era alguien injustamente encarcelado por defender su vida.

En cuanto a grupos, estuve en Resistencia Aria, que eso no fue nada aunque a nivel virtual su sitio web sí que llegó a ser bastante grande, la segunda más visitada en habla hispana de ese mundo… y después me fui a Madrid.

A raíz de que yo apareciese en los medios y en la televisión, es que me escribieron muchísimos personajes de grupos muy radicalizados e incluso muy violentos de todos los palos: anarquistas, sectas… pero ninguno de la extrema derecha.

Es importante destacar que, en ese mundo, destacas mucho el ego, el narcisismo, y es como que nada es lo suficientemente bueno para que milites ahí, por lo que me dediqué durante un tiempo a probar aquí y allí. Tomé contacto con diferentes grupos, me acerqué muy de lejos a Democracia Nacional; al CEI, que eran herederos de CEDADE que fue de lo más grande que hubo aquí en España y que después se transformó en Devenir Europeo; intenté montar por mi cuenta diferentes grupos, fundamos una revista… y al final, cuando nada funcionaba, nos fuimos a Alianza Nacional, que fue donde estuvimos unos cinco años militando, aproximadamente.

AD: Llega un momento, después de esos 20 años, que te desvinculas de ese mundo. ¿Cómo es ese paso?¿Cómo se dio esa transición y por qué?¿Hay algún momento en el que algo cambia súbitamente, algo te hace click, o fue algo más gradual? O quizá una mezcla de ambas cosas.

DS: Cuando estás metido en estos mundos, y vuelvo a insistir una vez más porque para mí es la clave de todo, adoptas una postura totalmente negacionista.

Cuando yo a mis ex amistades les pongo al mismo nivel que un terraplanista, implosionan, se vuelven locos de la ira. Aceptan que les llames nazis o que les digas que son de extrema derecha o el término hollywoodiense que decidas usar, pero no van a aceptar que les llames negacionistas porque les rompes el cómo se ven a sí mismos: que son especiales, que están por encima de todos los demás…

Compararlos con gente que simplemente está perdida o es vista como friki… les revienta por dentro.

Teniendo en cuenta todo esto, la desconexión de ese mundo no es otra cosa que la vuelta a la realidad. Y eso es complicado. Es difícil, especialmente cuando tu montas toda tu propia identidad, tu personalidad y tu carácter en base a un sentido común que… cómo decirlo, no hablamos de gente que simplemente piensa diferente. Hablamos de gente que piensa a un nivel muy distinto al tuyo. Quien dice que dos y dos son veintinueve, evidentemente tiene una visión de las matemáticas muy diferente a la tuya.

AD: Es otro nivel.

DS: Es otro nivel. Entonces el proceso de desconexión es un proceso largo, muy largo, e igual que no eres consciente de que te estás radicalizando, tampoco eres consciente de que te estás “desradicalizando”, si existe esa palabra.

Un aspecto interesante a destacar es que, a raíz de que yo apareciese en los medios y en la televisión, es que me escribieron muchísimos personajes de grupos muy radicalizados e incluso muy violentos de todos los palos: anarquistas, sectas… pero ninguno de la extrema derecha.

Y además, gente como yo, que haya pasado por algo similar y que se dedique a lo mismo, conozco solo a otros dos en el mundo: un chaval en Estados Unidos que se llama Christian Cipollini que estuvo en los Hammerskins, que eso es otro nivel ya…

AD: Totalmente.

DS: …y luego hay otro en Alemania que lo sigo en YouTube, solo que no lo entiendo pero nos comunicamos a través del traductor de Google. Me han hablado también de un sueco.

Antiguos yihadistas tampoco conozco por ejemplo, pero sí que sé que los hay porque me han enseñado documentales de ellos y les he visto hablando y dicen prácticamente lo mismo, cambiando tres o cuatro conceptos.

Sinceramente, creo que es muy difícil porque no solo está la parte del discurso ideológico, sino lo que hay antes de la ideología, que pienso que se está olvidando y dejando de lado.

Por eso decía que no estaba de acuerdo con Al Descubierto, porque siempre que veo vuestras publicaciones os enfocáis constantemente en la ideología política pero no vais a lo que hay antes, a lo que provoca que alguien se acerque a esa ideología. Y para mí eso es fundamental.

Es como la gente que estudia el integrismo islámico y se dedica a intentar entender el salafismo, que es una de las corrientes más radicales del islam. No se preocupan de ver qué es lo que lleva a esos chavales a abrazar esa doctrina. Te tiran de clichés, como son de familias desestructuradas, y eso no es verdad. Los que se lanzaron con aviones a las Torres Gemelas procedían de familias muy pudientes, tenían estudios universitarios e hicieron lo que hicieron igualmente.

Desde luego, la cuestión ideológica sí que explica una parte, pero no todo.

En fin, me preguntabas por el tema de la desconexión. En mi caso creo que hubo una “tormenta perfecta” porque no fueron ni una, ni dos, ni tres cosas, sino que fueron varias y a la vez.

El punto de partida fue que me ingresaron en el hospital allí en Madrid, la época en la que además estaba más fanatizado con diferencia. Fue la época más radical para mí, junto al primer año que estuve después en Córdoba. Total, que tuve una enfermedad muy grave donde no me fui al otro barrio de milagro. Solamente vivir una experiencia así te obliga a hacer un alto en el camino y empezar a plantearte cosas.

Pero por sí sola, esa experiencia no es suficiente. Es decir, si me hubiera pasado solo eso, yo habría seguido por el mismo camino y ahora pues estaría en la cárcel o lo que fuera.

Después hubo otro punto muy importante. Es importante destacar que todos estos grupos, sean de la naturaleza que sean, tienen un sesgo de información brutal. Solo leen o escuchan lo que coincide con los prejuicios que ya tienen. Por lo tanto, yo no había leído absolutamente nada que no fuese literatura negacionista del Holocausto, libros sobre el Tercer Reich escritos por autores nazis, etc., entonces eso te iba desconectando de la realidad más y más.

Entonces, una persona que fue fundamental para mí en este proceso, un chaval que tenía mucha confianza conmigo, alguien completamente contrario a las ideas que yo tenía por aquel entonces pero que lo hizo muy bien desde el minuto uno, sin atacarme y fingiendo interés incluso, lo que hizo que yo me relajara un poco y al que yo le tenía mucho aprecio y respeto, un día me ofreció un libro.

Me ofreció un libro, el de Crítica a la economía política, de Michael Heinrich, que de alguna manera te ayudaba a entender la figura de Karl Marx y su obra El Capital. Nunca me había leído ese libro, algún texto suelto de autores marxistas, pero nunca El Capital en sí mismo.

Claro, en estos grupos extremistas se utiliza mucho lo que se llama la falacia del hombre de paja: te dicen que el marxismo es de una manera y se dedican a combatirlo con su propaganda, sus libros, sus textos a partir de la idea que han construido sobre lo que se supone que es el marxismo.

Cuando tú lees esa propaganda, entonces das por sentada la idea que ya tienes en la cabeza de lo que es el marxismo. Entonces, al abrir ese libro y empezar a leerlo, me di cuenta de que no coincidía en nada con lo que yo había leído hasta entonces.

Una vez comprendí que el capitalismo era un sistema económico que no necesitaba de una mente detrás empujando y manipulando el escenario geopolítico mundial para que funcione, sino que es un sistema que funciona por sí solo, ahí se cayó un 40% de toda mi lógica.

Esto es para mí importante remarcarlo porque tanto ellos como otra gente me dice “¿entonces eres marxista ahora?”. Y no es así. A mí el marxismo me da igual. Sí que es interesante, he aprendido muchísimo del mundo en el que vivo, pero a mí lo que me hizo “click” en la cabeza fue ver que era imposible casar mi discurso con la realidad. Es como que abrí un poquito la ventana y entró algo de luz.

Hubo también un tercer vector que contribuyó a esa desconexión. En ese momento, tras encadenar fracaso tras fracaso políticamente hablando, me estaba planteando pasar a actos más directos en esa lucha contra el sistema, como le llamábamos. Estábamos pensando en hacer atentados, hablando claro. Y yo tenía miedo. Y no era el único, de hecho, tuvimos varias bajas en el grupo que intentábamos levantar de gente que no lo veía claro.

AD: Es que eso ya son palabras mayores.

DS: No estábamos hablando de ir a hacer pintadas o montar una revista o pegar carteles por la noche. Estábamos hablando de algo mucho más complicado. Esa situación me daba miedo y me hacía estar bastante inestable, tengo que reconocerlo. Había otros que no, que yo los miraba a la cara y estaban completamente decididos, pero yo no lo veía claro.

Se me juntó el tema de la enfermedad, el tema del libro provocando que entrara luz en regiones de mi cerebro que nunca se habían iluminado y el tema este que te acabo de contar. Empecé a no ver las cosas tan claras como las había estado viendo durante toda mi vida.

Todo ello desencadenó un proceso que fue cada vez a más y, al cabo de un tiempo dije, ostras, ¿qué ha pasado aquí? Y así fue.

AD: Esa experiencia te llevó entonces a escribir un libro. ¿De qué trata exactamente y cómo decides dar el paso a escribirlo?¿Te animó alguien, fue una ocurrencia tuya…? Cuéntanos un poco ese proceso.

DS: El libro se dio más bien por una falta de opciones. Mucha gente me dice que soy muy valiente por lo que he hecho pero, siento decirlo, pero no, no es así. Podría aprovechar la situación y vivir de rentas, darme unos golpecitos en el pecho y decir “oh, sí, que valiente que soy”, pero es que no fue así.

A ver si me puedo explicar. Cuando rompes con ese mundo, la primera señal de ruptura la perciben tus colegas, no tú. Mis compañeros de entonces se dieron cuenta de que yo sonaba diferente, que fue cuando me empezaron a acusar de ser de Podemos solo por decirles: es que me he leído este libro de El Capital de Marx y esto que dice Pedro Varela, que es uno de los máximos exponentes del neonazismo aquí en España, junto a Traian Romanescu… en fin, mogollón de autores antimarxistas, no tiene nada que ver con esto.

Es decir, yo los comparaba, les decía “mira lo que está diciendo este y mira lo que decía Marx”. Y no querían saber nada, eso para ellos era como una blasfemia. En ese momento no lograba comprender lo que estaba pasando.

Con Marx, lo que verdaderamente aprendí es la naturaleza estructural del sistema capitalista. Eso ya tiró por la borda la teoría de la conspiración. Ambas posturas no se podían sostener a la vez. Una vez comprendí que el capitalismo era un sistema económico que no necesitaba de una mente detrás empujando y manipulando el escenario geopolítico mundial para que funcione, sino que es un sistema que funciona por sí solo, ahí se cayó un 40% de toda mi lógica.

Ahí se creó un vacío muy importante. Y un vacío en mi identidad. Porque, insisto, no es una cuestión ideológica, se trata de tu identidad, es un agujero en tu persona, es… es muy chungo. A día de hoy, no he encontrado todavía las palabras para describirlo.

AD: Claro, es algo psicológico, emocional…

DS: Mira, es como si te cogen de tu casa y te tiran en medio de un mar de olas de quince metros y el agua helada y no hay nada de donde agarrarte. Imagínate eso durante años. Y cada vez a más, cada vez a más. Las olas cada vez más grandes, te entrada cada vez más agua, te vas ahogando, te vas hacia el fondo, vuelves a salir… ese es el proceso de desconexión.

En ese lapso de tiempo, que estamos hablando de años y en el cual yo cada vez tenía menos amigos porque solo me relacionaba con gente de este mundo, me iba sintiendo cada vez más solo, no sabía cómo explicar muchas cosas…

Hace poco dije incluso, y no me parece ninguna cobardía decirlo, “cómo echo de menos cómo era yo antes”. A mí me dan bajones a veces… joder, ¡es que antes era todo muy fácil! Podía explicar cualquier cosa, cualquier cosa, recurriendo a la teoría de la conspiración. Y si no lo entendías o te ponías muy terco, te decía que es que te habían lavado la cabeza. Y ya está, era así de sencillo.

Y ahora lo sufro en mis carnes (ríe) porque se meten en mi canal de YouTube a decirme eso mismo. Y es como, ¿ahora cómo les respondo?

Total, pasé una época muy oscura, muy chunga. Encima me refugié en el alcohol para ir tirando, que ya llevaba muchos años en mi vida más o menos controlado, pero con todo eso se me fue de las manos totalmente. De la noche a la mañana me vi con un doble problema. De hecho, podría escribir un libro de superación del alcohol porque la verdad es que mi batalla fue doble.

En ese momento de estar hundiéndote, levantándote, solísimo, fatal, horrible… resulta que el chaval este que me había ofrecido el libro me dijo que empezase a seguir en Facebook a gente de todos los palos. Empecé a seguir a gente de Bildu, del PP, de Ciudadanos, de Podemos, de Izquierda Unida, del PCE, de todos lados… que, de hecho, en aquel momento creo que es lo mejor que hice y si alguna vez estoy en la misma posición de poder ayudar a alguien que esté intentando salir de este mundo le recomendaré lo mismo, porque eso es para romper el sesgo de información y poder ver otras posturas, y leer y pensar sobre ellas y así ir rompiendo poquito a poco ese muro y ese hermetismo.

Pues vino una amiga que venía de ahí, de haber hecho eso. Ella era de Podemos. Y me dijo que por qué no ponía por escrito las cosas que yo estaba pensando en ese momento, mis emociones… el típico diario que hacemos de pequeño cuando suspendemos muchas y nuestros padres nos gritan y hacemos un drama y nos aconsejan que pongamos lo que sentimos por escrito… pues eso hice.

Me puse a escribirlo a modo de una especie de autobiografía, intentando calcular cómo había empezado todo esto, los procesos mentales que había seguido, lo que había leído… como una especie de diario pero de mi vida entera. Empecé a escribir y a escribir y cuando me quise dar cuenta ya llevaba 50 páginas y una especie de índice.

Ahí fue cuando me planteé por primera vez un objetivo. Hasta ese momento, miraba al horizonte y lo único que veía era una mancha negra. Hasta que salí de aquel mundo, lo que te planteabas era la conquista del poder político, la lucha contra el sistema y liberar hermanos blancos que están aborregados por la propaganda sionista. Cuando eso desaparece, me quedé sin objetivos.

Absolutamente todo en mi vida estaba condicionado por mi ideología. En mi caso, la ideología era como un cáncer que se había extendido por todo mi cerebro y afectada a todo

Hay gente que, fuera de la política, se plantea pues por ejemplo ser padre o llegar a tal cargo en su empresa… yo no tenía nada de eso. Lo único que yo tenía era la lucha por el nacionalsocialismo. Y eso se había caído.

Entonces me planteé una pregunta muy sencilla: ¿qué hago? O mi vida se ha ido a la mierda porque ya no tengo margen de maniobra para regenerar esto, o lo que he vivido lo convierto en una herramienta útil para la gente.

Y como ya tenía parte del libro escrito con todo lleno de folios por todas partes porque soy de la vieja escuela, lo escribo todo a bolígrafo y luego ya lo paso a ordenador… pues dije, voy a publicar un libro. Y ya está, ahí lo tienes, en la Casa del Libro.

AD: (ríe) Muy bien, muy interesante la historia. Como has dicho, se te queda un vacío a nivel ideológico y a nivel personal, por lo que, si ya no eres nazi, ¿cuál dirías que es ahora tu ideología, o a cual te acercas más?¿Conservas alguna creencia o algún pensamiento relacionado con el nazismo, incluso aunque sepas que proviene de ahí?¿Crees que te sigue condicionando haber estado tantos años ahí?

DS: ¿Qué soy? Esta pregunta me la hizo Jordi Évole a cara perro y yo en ese momento no tenía una respuesta. Pero por no quedarme ahí sin decir nada, dije lo primero que se me ocurrió: que era patriota de izquierdas. Que si te fijas, es lo mismo que decir que eres nacional socialista, pero cambiando los términos: nacional por patriota y socialista por izquierda.

Creo que fue un recurso rápido de mi mente para salir del paso pero en realidad no me considero así. No quiero pecar de ambiguo ni quiero decir que soy ambiguo porque eso me suena a equidistante pero tú piensa que tardas una vida en construir una identidad política.

Entonces, políticamente no sé lo que soy. Sí que puedo mencionarte lo que ya estaba ahí antes de radicalizarme y que de alguna manera me orienta en una determinada dirección. Por ejemplo, la defensa de los animales siempre ha ido conmigo, siempre he tenido una sensibilidad para con la causa animalista, que de hecho era una de mis batallas más brutales en Alianza Nacional porque son taurinos y a mí eso me implosionaba la cabeza.

De hecho, no sé si lo sabrás, pero el nacionalsocialismo tenía una vertiente muy animalista, anti-caza, anti-vivisección, etc., y yo era en lo que me intentaba encuadrar.

Esta es una de las terapias principales que estoy haciendo con mi psicóloga. Absolutamente todo en mi vida estaba condicionado por mi ideología. En mi caso, la ideología era como un cáncer que se había extendido por todo mi cerebro y afectada a todo. Por ejemplo, el perfil de mujer que a mí me gustaba era rubia, con la piel muy blanca, ojos azules… es decir, estaba muy condicionado por esas ideas.

Entonces, claro, ponerte ahora a separar, a hacer como los buscadores de oro que se ponían en el río con ese gran colador y poco a poco ir sacando lo valioso… pues eso es lo que estoy haciendo con mi vida, con mi cabeza.

AD: Muy bien.

DS: Y es lento. Por ejemplo ahora lo estoy haciendo con la música, con los hobbies… y es complicado. Imagínate. Si me haces por lo tanto una pregunta tan compleja como tu creencia política, es muy difícil. Si no sé ni qué música me gusta, ¿cómo te voy a decir eso? (ríe).

A Vox no lo votaría y yo sé que hacia la derecha no estoy orientado. Pero creo que hay que saber ver lo bueno en cada cosa, ¿sabes? En fin, insisto, no me quiero mojar mucho con esta pregunta porque puede dar la impresión de que soy un ambiguo de mierda o que no quiero hablar de eso. Simplemente, aún no tengo la respuesta y no quiero decir nada que se aleje de la realidad.

Estoy bastante convencido de que si hubiera publicado este libro en los años 80 ó 90, o incluso a primeros de los 2000, yo ya no estaba aquí hablando contigo. Pero, seguro, ¿eh? Esto es segurísimo.

AD: Sin problema.

DS: ¿Qué conservo de ese mundo y en qué me condiciona? Es mucho. Mucho. ¿Por qué? Es fácil de entender. Piensa que me he tirado más tiempo dentro que fuera.

Además, siempre he sido una persona que ha leído mucho. Eso que dicen de que el fascismo se cura leyendo es una soberana estupidez. Yo he devorado libros dentro de ese mundo y me han hecho mucho más nazi. Habría que matizar la frase: “el fascismo se cura leyendo estos libros”.

AD: (ríe)

DS: Y cuando quieres que lean algo diferente ya te acusan de querer lavarles la cabeza. No es tan sencillo. No es una cuestión únicamente de ideología, como te he dicho antes.

Acabo de subir un vídeo a mi canal porque me empecé a leer, y me costó porque me provocaba una disonancia muy fuerte leerlo, un libro sobre un superviviente del Holocausto, de un hombre que estuvo dos o tres años en Auschwitz.

Y en el vídeo lo transmito así: desde la página cuatro o catorce que empieza el libro saltando el preámbulo hasta el final, mi cabeza estaba todo el rato: “no me lo creo”, “esto es mentira”, “esto es una exageración”…como una vez hablándome.

Luego comentándolo como amiga diciéndole que esto o aquello no me cuadraba, o cómo puede saber esto o lo otro… o sea, utilizando argumentos revisionistas todo el rato, siempre con la cabeza llena de ellos.

Si esto pasa con algo como el Holocausto, me pasará con todo. Una cosa que me ha obligado mi psicóloga es que cada vez que veía una noticia, me tiraba días analizándola. Porque por ejemplo, veía una noticia sobre los “menas” y mi condicionamiento era tal que yo ya aplicaba sesgos, de forma que lo favorable que hubiera lo percibía como mentira y lo negativo lo percibía como verdad.

De hecho hice un directo una vez en Instagram y un nazi me preguntó que qué pensaba de los “menas”. Y no le respondí porque en ese momento me pasó como con la pregunta acerca de cómo soy políticamente. Esa inercia de responder al momento de una determinada manera porque tienes una ideología establecida, yo no la tengo.

Por lo tanto, tengo que estar mucho tiempo pensando las cosas para decirte “oye, ¿te acuerdas de esa pregunta que me hiciste hace ya tiempo? Pues esto es lo que pienso”. Y todo eso es efectivamente porque hay muchos condicionantes en mi cabeza. Muchos, muchos. Si imaginamos mi cabeza como un Tetris, el 80% de las figuras tienen una esvástica.

AD: ¿Has sufrido represalias después de publicar tu libro? Ya que no has guardado el anonimato y además has salido en varias entrevistas.

DS: Me esperaba algo infinitamente peor de lo que ha sido. Estoy bastante convencido de que si hubiera publicado este libro en los años 80 ó 90, o incluso a primeros de los 2000, yo ya no estaba aquí hablando contigo. Pero, seguro, ¿eh? Esto es segurísimo.

En aquella época, cuando sucedió el asesinato de Guillem Agulló por ejemplo, no se andaban con chorradas. Y eran muchos. Las delegaciones que tenían este tipo de partidos eran de 300 ó 400 miembros y gente muy tarada de la cabeza.

Por otro lado, me he cambiado de ciudad y he adoptado una serie de medidas de seguridad que no te voy a decir cuales, evidentemente…

AD: Evidentemente, sin problemas.

DS: …pero, por ejemplo, no me llamo David Saavedra, no es mi nombre auténtico. Ellos sí conocen uno de mis apellidos auténticos pero todo lo que sea despistar está bien.

Una cuestión muy importante es que, cuando supieron que iba a salir un libro mío, se pusieron muchos muy nerviosos porque se pensaban que iba a dar nombres. A ver, yo idiota no soy. Le he dado una patada al avispero pero llevo un traje de protección de apicultor, no voy desnudo.

AD: Buena metáfora (ríe).

DS: En el libro todos los nombres que aparecen están modificados, incluso los apodos, y las fotografías salvo las mías y de personajes públicos o que han salido en prensa y demás, están pixeladas. Creo que eso frenó bastante las posibles represalias.

De todos modos, cuando salgo a la calle voy pendiente, cuando voy en coche miro el retrovisor, etc.. Y me parece que eso me va a acompañar para siempre.

AD: Confiemos en que cada vez menos. En base a tu experiencia, tanto involucrándote como alejándote del nazismo, ¿qué crees sucede para que un chaval joven termine siendo seducido por estas ideas, y qué crees que hace que pueda salir de ahí? No solo a nivel individual, sino socialmente, qué crees que pasa socialmente para que esto pase. ¿Qué consecuencias negativas crees que tiene meterse en este mundo?

DS: En primer lugar, lo que te he comentado al principio: no se nos enseña a reflexionar. Hace tiempo, yo fui de los primeros que se preguntaba por qué carajo existe la asignatura de Filosofía, y ahora en cambio soy el más acérrimo defensor de esa materia. ¡Enseñarnos a pensar! Esa es la clave del futuro. Es lo más importante que hay.

La falta de reflexión, la falta de curiosidad… no he visto nunca un niño que no sea curioso. Hay algún momento en el tránsito a la edad adulta y a la madurez que nos volvemos gilipollas y perdemos esa curiosidad natural, se nos apaga y nos convertimos en seres que aceptan sin reflexionar.

En segundo lugar está el tema de la educación, que no lo había mencionado hasta ahora en esta entrevista. No se enseña nada en los colegios ni de Hitler, ni del nacionalsocialismo, ni de los fascismos, ni del franquismo. Y si se enseña, es de puntillas, pasando un poco como con prisa, no porque exista una conspiración oculta o algo así, sino por una cuestión de calendario donde se tiene que dar un temario muy extenso en muy poco tiempo.

Cuando empecé a leer este tipo de cosas, y esto me lo confirman otras personas que les ha pasado lo mismo, te resulta muy atractivo. Esto hay que decirlo. Tú ves un desfile, por la noche, con antorchas y la esvástica o la bandera nazi, que es muy atractiva, pues a un chaval de quince años eso le mola, al igual que la imagen de poder, de fuerza, etc.

Pero es que claro lo que yo empecé a leer por primera vez sobre ese tema, que fue en foros de Internte, era ya políticamente nazi. No leí por primera vez algo neutral y objetivo, sino sesgado. Y no tenía herramientas ni educación emocional ni política ni nada para saber que eso estaba ya sesgado, para saber que era información manipulada y orientada a defender unas ideas.

En tercer lugar estaría “la burbuja”, el sesgo, acostumbrarte a pensar en unos parámetros muy simplistas, en teorías de la conspiración. Insisto mucho en ello porque si algo me ha enseñado esto de la “plandemia” es que cuando me pongo a intentar razonar con alguien que dice que el coronavirus es un arma biológica o que no existe y que es todo mentira, me encuentro debatiendo con alguien que es una versión mía, un poco menos violenta y un poco menos agresiva, pero con la misma forma de razonar y de argumentar.

Y de esto no se habla nunca. Se enseña el mensaje, se señala el mural que puso Vox sobre los “menas” en el metro de Madrid, pero no se enseña que la persona que pega ese mural está firmemente convencida de que eso es así y no entiende que la gente no sea capaz de verlo. Esa estructura mental que yo llamo “burbuja” para mí es la clave de todo.

Y el cómo se genera, cómo se produce, cómo se mantiene a lo largo del tiempo y cómo se crea una identidad a alrededor de este sesgo, es la clave de todo este abismo.

Por último, estoy empezando a investigar un concepto que, al igual que las feministas hablan de “micromachismos”, yo estoy empezando a hablar de “microrradicalismos”. De hecho, el “micromachismo” es una cabeza de puente ya ganada de la extrema derecha, que es fervientemente machista. De hecho, tú le dices a cualquiera que es machista y se siente muy ofendido, pero nosotros en ese mundo nos enorgullecemos de serlo, porque defendemos que eso es lo natural.

Decir que las mujeres deben tener hijos y punto, no es nada político ni alarmante. Es la ley de la naturaleza. E ir contra ella es provocar el caos y el colapso social.

Podría hablar de más cuestiones. Al comprender el concepto estructural del capitalismo, pude comprender el concepto estructural del racismo. Eso es fundamental. El día que entendí eso… (ríe)

Vox recibió, como se ha destapado hace poco, financiación y apoyo desde ciertas organizaciones, como El Yunque, Hazte Oír, El Corte Inglés… recibió una inyección de dinero muy potente, muchísimo dinero

AD: (ríe)

DS: …imagínate música de Enya, un montón de luz… es en serio, créeme de verdad, que yo notaba las neuronas haciendo conexiones no había nada, ¿sabes?

El empezar a tener pensamientos en una determinada dirección por la que nunca han discurrido, eso es la hostia. Es como que haces “click”. Por ejemplo, de niño era un negado en las matemáticas. Los problemas estos de “sale un tren de Barcelona a tantos kilómetros por hora, y sale otro…” yo no había manera de que los entendiera, me explotaba la cabeza. Y hubo un profesor que consiguió que lo entendiera, y a partir de entonces los entendí todos.

Pues esto igual. Cuando me di cuenta de que había una estructuralidad del racismo, que está ahí, que no tiene que ver con los partidos que gobiernen, a mí me petó la cabeza a un nivel muy exagerado.

Por lo tanto, yo creo que eso está ahí, que hay “microrradicalismos” que están sembrados por la sociedad y da igual quien gobierne porque son algo social, cultural, construcciones sociales. Otro concepto por cierto que no comprendía. Cuando estaba en ese mundo, mi mente lo traducía como que los “progres” querían convertir algo que era lo natural o biológico, en algo cultural, en algo voluble, que se puede hacer y deshacer en función de mi propia voluntad. Y todo eso encajaba con la conspiración sobre el marxismo cultural y que querían dividir la sociedad en base a unos valores, etc.

AD: Sí, como la “ideología de género”, etc.

DS: A eso le estoy empezando a dar vueltas ahora e intentando definirlo porque me parece muy importante.

Y ya está, son esos cuatro puntos.

AD: Entrando ya más en materia, ¿qué opinión te merece el aumento de la extrema derecha tanto en España como a nivel europeo y mundial?¿Por qué ha sucedido?

DS: En España siempre ha habido un pozo machista, racista, cuñado, irreflexivo, fanático, etc. Simplemente no tenía por dónde romper porque el PP era demasiado moderado para esos parámetros y donde estábamos nosotros estaba demasiado asociado a la delincuencia, a la imagen de “cabezas rapadas”, etc.

Pero surgió Vox, que viene de nuestras mismas coordenadas, porque estando en Alianza Nacional se nos ofrecieron a hacer una plataforma común, que estaba muy de moda y de hecho lo habíamos intentado con La España en Marcha…

AD: Soluciona…

DS: Efectivamente. Pero lo rechazamos porque Vox nos parecía un partido demasiado blando. Demasiado del sistema, porque además defendían a Israel. Pero sí es cierto que habían puntos comunes. Si no, esa plataforma ni siquiera se habría planteado.

¿Qué pasa? Que Vox recibió, como se ha destapado hace poco, financiación y apoyo desde ciertas organizaciones, como El Yunque, Hazte Oír, El Corte Inglés… recibió una inyección de dinero muy potente, muchísimo dinero… y nosotros eso lo veíamos y nos preguntábamos de dónde sacaban el dinero para montar sus carpas, mítines… nosotros que éramos todos pobres, que nos movíamos con cuotas y ya está, sin ninguna otra fuente de financiación, y de pronto empezamos a ver a esta gente por todos lados.

Fue entonces cuando rompieron en Andalucía. Una vez ya se meten en las instituciones, ya tienen una fuente de dinero por lo que te corresponde por la representación política y así siguen hasta ahora.

Siempre he dicho que, si no hubiera vivido el proceso de desconexión que viví, ahora igual tenía un cargo político dentro de Vox. Y si no de Vox, de una escisión más dura, que es algo perfectamente posible que paso.

Esto es algo que yo he señalado mucho. Lo hablé también con un chico que conocí del PCPE. Cuando estábamos en Alianza Nacional éramos perfectamente conscientes de que no íbamos a llegar a nada, pero lo defendíamos porque considerábamos que la sociedad tenía que cambiar y que ese cambio tenía que ser en nuestra coordenadas. Pero éramos conscientes de que no íbamos a convencer a nadie con esto de la defensa de la raza y todo el rollo (ríe).

AD: (ríe)

DS: Nadie se paraba a pensar en eso, ¿no? Pero lo que sí que ha hecho Vox es reducir un peldaño entre la sociedad civil y los grupos como Alianza Nacional. Ahora es mucho más fácil que, si Vox comete un fallo discursivo, aparezca un partido de este estilo como surgió Amanecer Dorado en Grecia, que llevaba 20 años sin comerse nada, y de la noche a la mañana fue tercera fuerza política. Antes de Vox, esto no era posible. Ahora sí es posible.

Ahí ya sí que podréis hablar de nazis. Los que vengan después de Vox sí que serán nazis de verdad.

Me parece también importante señalar lo que te he comentado antes de la “plandemia”. Me meto ahora en redes sociales y ese discurso conspiracionista está desparramado por todas partes. No paro de verlo. O tienen bots, o son muchos.

En otros países, como en Francia, una manifestación negacionista del COVID19 junta a muchas miles de personas. En España no pasan de dos mil o tres mil, no tienen gancho. Pero esa misma forma de no pensar, de irte a lo simple y a lo básico, a lo “me están invadiendo” o “hay un plan para islamizar España”. Ese nivel de simplismo es el mismo que el que te permite sostener que el coronavirus es un arma de China doblegarnos y en contubernio con el PSOE restringir nuestras libertades… ¡y es que se lo creen! Eso es lo peor de todo. ¡Se lo creen!

En Alianza Nacional compramos el discurso de Roma Gallardo.

AD: Sí, sí.

DS: Eso es importante porque esa forma de razonar está también detrás de todo el auge de todos estos grupos.

AD: De hecho, a pesar de que partidos como Vox o Alternativa para Alemania no son estrictamente nazis, ¿crees que su discurso está relacionado con el aumento de las manifestaciones y la creación de grupos neonazis como Bastión Frontal, Hacer Nación, Lo Nuestro, Hogar Social Madrid…

DS: En eso no estoy de acuerdo. Por ejemplo, Bastión Frontal viene del mundo del fútbol y forma parte de un compendio de grupos que han existido siempre. Se han llamado de muchísimas formas, pero son los mismos que cada tres o cuatro años se cambian de siglas y vuelta a empezar.

Pero siempre han sido los mismos y siempre han tenido el mismo número de gente. Es cierto que está Vox ahí, donde coinciden un poco en el discurso y la gente está un tanto más pendiente, pero siempre han estado ahí. No significa que haya un auge de estos grupos.

AD: Entonces tú sostienes que no es que hayan crecido, sino que tienen más visibilidad o hacen más ruido.

DS: Exacto.

AD: ¿Qué opinión te merece la influencia que también ejerce en la población más joven influencers y youtubers que, aunque no sean nazis (o no todos), tienen discursos muy similares? Como por ejemplo…

DS: Roma Gallardo…

AD: Exacto. Roma Gallardo, Isaac Parejo… ¿crees que ejercen una influencia importante o no es para preocuparse?

DS: Sí hay que preocuparse. Roma Gallardo tiene más de un millón de seguidores. Que luego te metes a ver un vídeo suyo y las visualizaciones no se corresponden con ese número de seguidores, es decir, hay cientos de miles que se han suscrito pero que ya no miran nada de lo que dice. Pero sí hay que preocuparse.

De hecho, he grabado un par de vídeos diciéndolo: en Alianza Nacional compramos el discurso de Roma Gallardo. Evidentemente no coincidiremos en cientos de miles de cosas, pero por ejemplo en su postura contra el feminismo, que se reduce en que hay un “lobby feminazi” que trata de perseguir al hombre por el mero hecho de serlo es exactamente lo mismo que decíamos en Alianza Nacional.

Esto es importante señalarlo. Esto es así. Te puede gustar más o menos si eres seguidor de Roma Gallardo, pero es lo que hay.

Luego también el tipo este de “la manada de Pamplona”, el Prenda, le hicieron una foto una vez y tenía una camiseta de Un Tío Blanco Hetero. No sé, yo soy youtuber y un violador se identifica con mi discurso, aunque sea uno…

AD: Sí, de hecho, Un Tío Blanco Hetero con el tiempo empezó a cambiar un poco su discurso porque parece que se dio cuenta por dónde estaba yendo…

DS: Te puedo asegurar que con el discurso que sostengo a día de hoy en YouTube, ninguno de estos, ni ningún nazi, ni ligeramente nazi, se va a poner una camiseta con mi nombre. Segurísimo. Y si se la pone, sus colegas le pegan un palizón.

AD: Se argumenta que los medios de comunicación tienen responsabilidad por el avance del discurso de odio y el discurso ultraderechista en general. ¿Crees que esto es así?

DS: Es evidente que a nivel de medios de comunicación existe una batalla cultural donde hay unos medios afines a unos partidos políticos y otros medios afines a otros partidos, y se enzarzan en defender cada uno sus planteamientos, sus políticas, etc.

Por ejemplo, en Instagram sigo a un chaval que se llama PabloMM, y luego sigo también a Willy Tolerdo.

Hablé con una maestra que me ha ofrecido el año que viene a su instituto a hablar de todas estas cosas y ella me reconoce que, a día de hoy, se sigue sin enseñar lo que es el nazismo, el fascismo, etc. Y si se enseña, se enseña como si fueran los romanos o los griegos, como si fuera una vertiente política más igual de respetable que la defensa de los derechos humanos.

AD: Y son como la noche y el día (ríe)

DS: Sí, sí. Ahora han hecho una publicación cada uno sobre la subida de la luz y son completamente diferentes. Un poco lo que decía antes sobre cuando comparaba las dos versiones que había leído sobre el marxismo, que no tenían nada que ver.

Ahora mismo existe un discurso muy polarizado en la sociedad. Habría que señalar, más que a los medios de comunicación, a los algoritmos de las redes sociales, que constantemente nos están bombardeando con lo que ya nos interesa, lo que hace que cada vez estemos más sesgados.

Creo que estamos llegando ya a un punto… ¡mira Estados Unidos! Allí 70 millones de personas votaron a Donald Trump y no querían saber nada de los otros 70 millones de personas que votaron a Joe Biden.

Siempre ha habido dos corrientes mayoritarias, pero había una zona de consenso donde era posible el acuerdo. Pero eso ya no es así. Hay un barranco muy ancho entre una postura y otra que hace que sea más difícil gobernar en los países. Esto está pasando en todo el mundo y tiene mucho que ver con lo que te he comentado antes: la falta de reflexión, el sesgo, el lanzar una respuesta con la primera idea que me viene…

Estoy convencido de que si sale ahora una “fake news” de que Pablo Iglesias viola bebés en su casa de Galapagar, hay gente que se lo va creer.

AD: Puede ser.

DS: No, no, esto no lo dudes. No puedes dudarlo. Hay gente que se lo va a creer y, además, va a decir: “si ya lo sabía yo, si mira la cara que tiene de violador de bebés”. Es que es así. Hemos llegado ya a ese nivel. La línea roja quedó ya muy atrás.

AD: Ahora mismo, prácticamente desde cualquiera que se considere contrario al nazismo y a la extrema derecha, existe preocupación acerca de cómo se debe frenar su avance. ¿Qué estamos haciendo mal? Tú mismo has dicho que no estás muy de acuerdo con Al Descubierto, pero no se trata solo de nosotros, sino de algo más general. Desde luego, parece que estamos fallando. ¿Cómo se debería hacer en tu opinión, por un lado, para prevenir que más personas se vean seducidas por estas ideas y, por otro lado, para que la gente convencida cambie de idea? Que se debería hacer tanto a nivel individual como social…

DS: Te voy a zanjar rápido la respuesta. Creo que no se puede hacer ya nada. Soy pesimista, lo siento. No sé si has visto el informe que acaba de salir firmado por muchos científicos sobre el cambio climático, donde se dice claramente que ya hay un daño que ya es irreversible, que da igual lo que hagamos que ya no lo vamos a arreglar, que vamos a ir cada vez a peor.

Pues esto es un poco igual. Como te he dicho hace un momento, la línea roja ya quedó veinte pueblos atrás y esto cada vez va a ir a peor, a peor y a peor.

AD: Bueno, el nazismo se eliminó en Alemania.

DS: Sí, pero, ¿qué tuvo que pasar antes?

AD: Ya, una guerra mundial.

DS: Una guerra mundial, un genocidio, un Holocausto…

AD: Es decir, que por la vía pacífica no crees que se pueda arreglar.

DS: Mira, yo voy a orientar mi vida a la prevención. Al principio sí que me planteaba rescatar a gente de ahí pero es que es imposible. Lo he intentado es imposible. O sea da un proceso mental dentro de esa persona en el que algo le hace “click”… y, aun así, va a costar. Por lo tanto, para mí la prevención es fundamental.

Hace un mes hablé con una maestra que me ha ofrecido el año que viene a su instituto a hablar de todas estas cosas y ella me reconoce que, a día de hoy, se sigue sin enseñar lo que es el nazismo, el fascismo, etc. Y si se enseña, se enseña como si fueran los romanos o los griegos, como si fuera una vertiente política más igual de respetable que la defensa de los derechos humanos.

AD: Claro, hay que hacer pedagogía e dar información para prevenir según tú.

DS: Igual que se hace prevención de las drogas en los centros escolares, hay que hacer prevención del fascismo.

También tenemos el problema de que no sirve que te venga un teórico que se haya leído tres libros y vaya ahí a hablarte porque no te va a convencer. Por ejemplo, una persona que ha salido de las drogas es más fácil que pueda convencer a los chavales y se los va a ganar porque sabe en qué fase están exactamente en cada momento, una persona que haya sido yihadista va a llegar mil veces más que un policía que lleva combatiendo al yihadismo. Que seguramente sabrá muchísimo de grupos terroristas, pero de qué radicaliza a un joven, no tiene ni idea.

Esta creo que es una de las tareas que tenemos pendientes socialmente.

AD: ¿Cuáles son tus proyectos futuros?¿Hacia dónde te gustaría dirigir tu faceta de divulgador, más allá de lo que has dicho? Quizá otro libro, abrirte un canal de Twitch…

DS: Ahora mismo estoy enfocando todas mis energías en YouTube donde estoy intentando levantar mi canal. Está siendo una herramienta bastante similar a como fue el libro en su día. Escribir el libro me permitió entender muchas cosas y, gracias al canal, estoy entendiendo otras muchas.

El canal de YouTube me permite interactuar con mucha gente. Me ofrecen libros, me dan consejos, me cuentan sus propias experiencias… y para mí está siendo súper sanador.

Tengo pensado seguir escribiendo, ya a otro nivel, con más calma, totalmente relajado. Estoy pensando en una novela ambientada en la Alemania Nazi que vive un proceso similar al mío y que refleje un poco cómo piensa un nazi, que es un aspecto que he dejado caer en algunos fragmentos de mi libro pero creo que si lo hago a través de esta novela se va a entender mucho mejor.

Luego también había pensado en escribir otro libro sobre el machismo pero orientado a machistas, en plan, tú, machirulo, léete este libro que te va a ayudar, que creo que yo, que he sido súper machista, es algo que hubiera agradecido tener.

Y, por supuesto, fundamental el tema de las charlas en los institutos, que el año que viene espero poder dedicarme a ello. Y, a largo plazo, a muy largo plazo, porque todavía tengo que tomar contacto con psicólogos, trabajadores sociales, etc., me gustaría montar una asociación, como ya la hay en Alemania y en Estados Unidos de los tipos estos que te he mencionado al principio, para sacar a gente de ahí. Eso es lo más complicado de todo.

AD: David Saavedra, mucho ánimo con esos proyectos, estás invitado si algún día quieres escribir algún artículo para nosotros, te apoyaremos en esos objetivos y, ya para acabar, ¿hay algo más que quieras añadir para cerrar?

DS: Agradeceros la oportunidad de hablar con vosotros y nos vemos en la brecha.

AD: ¡Muchas gracias a ti!

Puedes saber más de David Saavedra siguiéndolo en sus redes:

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Adrián Juste

Jefe de Redacción de Al Descubierto. Psicólogo especializado en neuropsicología infantil, recursos humanos, educador social y activista, participando en movimientos sociales y abogando por un mundo igualitario, con justicia social y ambiental. Luchando por utopías.

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