‘Novecento’: una epopeya sobre la lucha de clases y el fascismo

Existen películas icónicas que, como todo arte, expresan un significado interpretativo o subjetivo. No obstante, Novecento, aunque siendo una película obviamente abierta a interpretaciones, es un film claramente marxista y lo es además sin complejos. Esta larga película de cinco horas y cuarto, la cual fue pensada en un primer momento como una miniserie, es una película que aparte de marxista es histórica. En concreto, cuenta la historia italiana desde enero de 1901 hasta el mes de abril de 1945.

El film dirigido y guionizado por Bernardo Bertolucci y acompañado por la música de Ennio Morricone consiguió alzarse como una película de época y, sobre todo, una obra cinematográfica clave que mostraba sin complejos el surgimiento del fascismo, el papel del liberalismo y los grandes capitales en dicho proceso y, además, la postura antagónica plasmada en el movimiento obrero de carácter izquierdista y antifascista. Hoy en día, Novecento está considerada como una de las más importantes películas históricas del cine y una obra de culto.

A partir de aquí, el artículo tiene detalles de la trama y del argumento.

‘Novecento’: una historia de amistad detrás del devenir histórico

La historia de Novecento se inicia en el conocido Día de la Liberación de Italia. Esta importante fecha hace referencia al fin de la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación nazi del propio país.

En la primera escena se observa como los jornaleros están vengándose de los fascistas y patronos por los años de vejaciones y esclavitud que han sufrido. Attila y Regina, personajes antagonistas, intentan escapar atravesando el campo. Dos personas moralmente miserables reflejo del fascismo personificado que huyen de un destino inevitable: la muerte por ajusticiamiento.

La siguiente escena muestra al personaje de Alfredo Berlinghieri, el patrón (interpretado por Robert De Niro). Uno de los adolescentes jornaleros que tiene a su cargo lo apunta con un arma de fuego dentro del salón donde come tranquilamente. Posteriormente, los dos caminan por el establo, el joven sigue amenazando a Alfredo. No obstante, este parece tener controlada la situación. Estando cara a cara los dos, Alfredo le lanza la siguiente pregunta: ¿Dime pequeño guerrero qué opinas de tu patrón? A lo que el joven le contesta airadamente: ¡Ya no hay patrón!

Después de esta intensa escena, Novecento nos traslada hacia atrás en el tiempo, concretamente 50 años. Un oscuro camino se ve en la pantalla, un camino por donde avanza un bufón exclamando ¡Verdi a muerto! ¡Giuseppe Verdi a muerto!

Este acontecimiento, la muerte del mundialmente compositor de ópera y músico Verdi, marca el nacimiento de dos niños, dos infantes que tendrán una relación que, el mismo tiempo, en toda su dimensión, les marcará para siempre. Esta relación es un vínculo de amistad y gira alrededor de los dos protagonistas: Olmo Dalcó, interpretado por Gérard Depardieu, y Alfredo Berlinghieri, interpretado por Robert De Niro.

Estos dos personajes presentan la cara y la cruz de las posiciones sociales: el pobre y el rico, el patrón y el jornalero, el proletariado y la burguesía. Sin embargo, pese a estas diferencias de clase, los dos entablan una fuerte amistad que irá guiando el argumento durante toda la película. Bertolucci, cineasta abiertamente comunista, narra una historia italiana centrada en grandes acontecimientos.

En primer lugar, la ya nombrada muerte de Verdi en 1901; en segundo lugar, la huelga agraria del año 1908; en tercer lugar, la Primer Guerra Mundial; en cuarto lugar, la creación del Partido Comunista Italiano en 1921; en quinto lugar, la subida al poder de Mussolini en el año 1922; en sexto lugar la prohibición del Partido Comunista; en séptimo lugar, la Segunda Guerra Mundial; y, por último, el día de la liberación el 25 de abril de 1945, que se sigue celebrando hoy día.

Todos estos acontecimientos históricos son superpuestos en la película a través de la relación entre Olmo y Alfredo y, a pesar de que el contexto social los enfrente a lo largo de su vida, la gran amistad surgida en su niñez y juventud siempre estará presente.

Al principio de su juventud la relación entre ellos es muy intensa y transmite una gran amistad. Sin embargo, después de la Primera Guerra Mundial, el personaje de Olmo empieza a politizarse dada su condición de clase obrera. Además, conoce a Anita, la maestra del pueblo, con la que desarrolla una relación sentimental. Estos dos personajes serán motivadores para los posteriores movimientos reivindicativos de los trabajadores dentro de la finca de los Berlinghieri.

Por otro lado, Alfredo que hasta esa época había llevado una vida tranquila y con todos los lujos que le permitían su clase social, se ve empujado a ser el patrón tras la repentina muerte de su padre.

Attila, el antagonista principal del film y encargado de la seguridad dentro de la finca, cobra un papel más significativo a partir de esta etapa, una etapa que indica el nacimiento del partido comunista pero también el ascenso al poder del fascismo encumbrado en el movimiento miliciano y fascista de las camisas negras, vinculado de manera directa con Benito Mussolini, dictador fascista que fue su fundador.

El liderazgo del Alfredo dentro de la finca se muestra dubitativo y blando. Él representa a una nueva clase social elitista que asume unos valores más progresistas o, al menos, esa es la autopercepción que el personaje se muestra así mismo. Sin embargo, su equidistancia y posición apolítica frente a la barbarie fascista solo conseguirán que Attila y sus seguidores vayan cobrando fuerza dentro de la hacienda.

La película de Novecento no solo es popular por ser un símbolo de la izquierda, sino también, quizá, por sus ricos matices sobre las tesituras sociales. Uno de los puntos fuertes de la historia es la humanización de las clases altas. A través de un relato que tiene claras influencias de Shakespeare, Olmo y Alfredo representa un relato con tono religioso, pues el destino divino parece haberles ligado hasta el fin de sus vidas, los cierto es que más bien es el destino social. Pues tanto el hijo del trabajador del campo como el hijo del patrón tendrán que hacer frente a la muerte de sus abuelos y, posteriormente, se verán empujados al conflicto de clases que definió el siglo XX: la burguesía contra el proletariado.

Cómo ya se ha nombrado en párrafos anteriores, los únicos personajes que son mostrados con una crueldad y egoísmo intrínseco son los fascistas. Attila, personaje interpretado de manera magistral por el actor Donald Sutherland. Es contratado por el inseguro, cruel e infeliz padre de Alfredo, Giovanni, para hacer frente con mano dura a las continuas protestas de los jornaleros que tiene a su cargo en el periodo de entre guerras (entre la Primer y la Segunda Guerra Mundial).

Es en esta parte la película, aproximadamente a la mitad del metraje, donde la amistad de Olmo y Alfredo empieza a resquebrajarse. Una amistad que había sido sólida incluso en las etapas de juventud, donde el romanticismo, la sexualidad y la búsqueda de una compañera los unía. Sin embargo, esto tan solo parece una ilusión y tras la Gran Guerra el fascismo cobra fuerza, el estigma de clase se hace más grande y la confrontación es inevitable.

El surgimiento del fascismo y la caída de los patrones

La segunda mitad de Novecento va narrando el auge del fascismo y la participación directa de los terratenientes y la Iglesia Católica en el surgimiento de dicho movimiento como respuesta a los movimientos revolucionarios de la clase obrera.

Fotograma de 'Novecento'. Autor: Vittorio Storaro/Bernardo Bertolucci, 1976. Fuente: 20th Century Fox/United Artists / Dominio público
Fotograma de ‘Novecento’. Autor: Vittorio Storaro/Bernardo Bertolucci, 1976. Fuente: 20th Century Fox/United Artists / Dominio público

Olmo se ha alzado como un líder revolucionario en el pequeño territorio local y como reconocido comunista es perseguido por Attila. Esta persecución adquiere un punto de inflexión cuando Olmo recibe una paliza que casi les cuesta la vida a manos del mismo Attila y sus secuaces, los cuales lo acusaban falsamente de infanticidio.

En realidad, había sido el propio Attila y su mujer quien abusaron sexualmente de este niño y lo habían matado. Una vez más, Bertolucci no tiene ningún reparo en presentar a los fascistas como lo que son: criminales sin escrúpulos. Finalmente, en dicho episodio Olmo es salvado a punto de morir gracias a un joven discapacitado que se autoculpa del asesinato para salvarle de la paliza mortal.

Después de este acontecimiento, la deriva autoritaria sigue en la hacienda de los Berlingieri. Alfredo se aísla en un ataque de inseguridad hacia así mismo, donde le acompañan celos absurdos hacia Olmo y un miedo que se agiganta sobre la relación que tiene con su mujer Ada y el temor de perderla.

Este último personaje, Ada, y también el tío de Alfredo llamado Octavio, son los representantes de las clases altas que simbolizan a la ideología burguesa liberal más clásica. Los dos se muestran claramente en contra del fascismo y de las camisas negras. Es más, este es el principal motivo por el cual los dos acaban rompiendo lazos con Alfredo, el cual, cada vez parece más próximo y permisivo con el fascismo en su finca.

Otro de las ideas más claras de esta película es que el fascismo se gesta en lugares oscuros, privados, se gesta en el poder. Sin embargo, el socialismo se gesta a través de lo colectivo, la solidaridad y la necesidad de ayuda mutua frente al semejante. Es por ese mismo motivo que el antifascismo acaba triunfando frente al fascismo, el cual se desmorona en la película de manera decrépita después de dejar una gran lista de cadáveres y aberraciones morales.

Famosa es la escena donde Attila es rociado con excremento de animal por los jornaleros cuando vende a Olmo a otro terrateniente como si fuera un animal, intentando humillarlo. Es por este acto que Olmo debe huir y, además, Attila acaba matando a varios jornaleros en forma de venganza días posteriores.

Finalmente, llega el día de la liberación. Bertolucci traslada el largometraje a su principio. Alfredo, el patrón, tiene que someterse a juicio. Pues esta historia entre dos amigos es una historia sobre la lucha de clases, sobre miles de personas que comparten unas condiciones materiales de vida y, por tanto, son antagonistas dentro de una estructura social injusta en su misma lógica, muy a pesar de las amistades individuales de cada uno.

En esta última parte de la película Alfredo y Olmo tienen un diálogo de lo más esclarecedor sobre la historia que cuenta Novecento:

Alfredo: Yo solo sé una cosa, jamás he hecho daño a nadie.

Olmo: Eso es lo que dicen todos los patronos, y son tan hipócritas que casi les creemos.

Alfredo: Jamás he hecho daño a nadie…

Olmo: ¿Por eso habéis sacado de las cárceles a los delincuentes y encerrado a los comunistas? ¿Eh? Así es compañeros, los fascistas no son como los hongos que nacen así en una noche, no. Han sido los patronos quienes han plantado a los fascistas, les han querido les han pagado. Y con los fascistas los patronos han ganado cada vez más hasta no saber donde meter el dinero. Y así inventaron la guerra y nos mandaron a África, a Rusia, a Grecia, a Albania, a España ¡Pero siempre pagamos nosotros! ¿Quién paga? ¡El proletariado, los campesinos, los obreros, los pobres!

Finalmente, Alfredo es liberado por los jornaleros que condenan y auguran la muerte del patrón “como figura”. Al ocaso del día Alfredo sigue en la plaza de la hacienda donde lo han juzgado. El adolescente del inicio de la película que lo había llevado hasta allí a punta de escopeta, llora. Alfredo lo busca con la mirada y le dice: El patrón está vivo.

Olmo, que presencia la escena, empieza a forcejear con él como cuando eran niños. La escena cambia a un futuro lejano donde los dos son ancianos. Siguen peleándose frente a las vías del tren donde jugaban cuando apenas tenían diez años. Toda una vida de amistad marcada por la historia. Dos individuos que se quieren traspasados por la clase social que les ha condicionado desde niños.

Novecento es como la sociología: recuerda que los individuos no son átomos inconexos y autónomos, sino que todas las personas están traspasadas por las inercias sociales de su tiempo, unas inercias que dirigen en muchas ocasiones el devenir de su corta vida.

Álvaro Soler

Articulista. Sociólogo y gestor medioambiental, con suerte de poder compartir vocación y formación. Las Ciencias Sociales son una parte muy importante de mi vida. Considero la divulgación a través de la sociología como una gran herramienta para destapar las injusticias sociales y arrojar luz sobre la actualidad diaria contribuyendo así a ser un poco más libres y justos.

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