A los monstruos no mirar

Fuera queda de toda duda que el mitin de Vox del pasado 7 de abril en el barrio madrileño de Vallecas, que destaca por muchos aspectos entre los cuales no se encuentra el apoyo a formaciones ultraderechistas, buscaba una reacción de los colectivos antifascistas desde la cual agitar la bandera del victimismo.

Tras saltarse el cordón policial entre manifestantes antifascistas y simpatizantes de Vox en un acto que ni siquiera estaba permitido, la Policía Nacional ha dictaminado que Santiago Abascal fue el principal instigador de la violencia que se suscitó después y donde, por cierto, se atacó a periodistas y a los vecinos y vecinas del barrio antes que a los que acabaron encontrando lo que buscaban.

Pero esto ni siquiera es nuevo. Ya lo vimos en las elecciones catalanas, por ejemplo en el municipio de Vic, en Girona o en Sabadell. O en las elecciones vascas con la famosa pedrada a la diputada de Vox Rocío de Meer en un mitin de Sestao.

Mucha gente compara estos actos con el intento de boicot a Pablo Iglesias durante su visita al barrio de Coslada por parte del grupo neonazi Bastión Frontal, pero, al margen de que el fascismo no debería tener el aval de protestar o manifestarse, Iglesias fue invitado expresamente por la asociación de vecinos precisamente por sufrir ataques de grupos neonazis.

Pese a quien le pese, no es lo mismo. La estrategia de victimización de una extrema derecha que siembra odio y recoge tempestades allá por donde pasa es clara y concisa. Si intentan impedir que opine, aunque mi opinión vulnere directamente los derechos humanos y las libertades civiles más básicas, es que me están censurando. Si intento concentrarme donde no se puede y al llegar me echan, es que vivimos en una dictadura.

Y así todo. El cómico Facundo Díaz, más conocido como Facu Díaz, ya habló de ello en un vídeo que ilustraba a la perfección cómo la extrema derecha busca, como parte de su modus operandi, presentarse como víctimas de un sistema injusto, al tiempo insultan, amenazan y promueven acciones que atentan contra derechos básicos.

Cada vez, de hecho, lo disimulan menos. En el propio mitin de Vallecas, se llegaron a dedicar varios improperios a los vecinos y vecinas del barrio, si bien los insultos fueron cruzados y continuos.

¿Cómo actuar frente a las provocaciones de la ultraderecha?

No obstante, este suceso a reabierto un viejo debate que se ha vuelto muy habitual: ¿cómo hay que reaccionar ante estas claras provocaciones de la extrema derecha?

En general, hay dos posturas. Una argumenta que a la extrema derecha no hay que dejarla respirar, es decir, que a cada paso que dé, se debe encontrar con una fuerte resistencia enfrente, lo que incluye boicots, concentraciones y otras acciones de protesta, a ser posible frente a sedes, locales y actos organizados por formaciones o grupos de este lado del espectro político.

La otra, por el contrario, defiende la premisa de “a los monstruos no mirar”, esto es, hacerle el vacío, lo que implica evitar menciones innecesarias, sobrerrepresentarla en los medios… y, por supuesto, no caer en sus provocaciones y victimismos, evitando que marquen la agenda política.

¿Quién tiene razón? La respuesta no parece estar del todo clara. Por un lado, parte de la derrota de un partido que llegó a ser referencia de la ultraderecha y tercera fuerza como Amanecer Dorado en Grecia se debe a la gran organización del antifascismo en las calles, que siempre aparecían frente a cada acto y acción de la formación neofascista.

Sin embargo, parece que estas acciones están muy encuadras en un contexto donde el principal partido de ultraderecha empleaba constantemente la violencia callejera, estando varios de sus cargos públicos condenados por crímenes violentos, y donde, además, los medios de comunicación decidieron cerrar filas con el antifascismo. Aspectos que no se están dando en España con Vox.

Por otro lado, parece que la indiferencia en algunos puntos, cuando se trata de mítines y encuentros donde se sabe que Vox no conseguirá afluencia favorable y que, por lo tanto, busca una respuesta en contra, tiene un resultado razonablemente favorable mirar hacia otro lado, como si no existieran.

Este fue el caso del mitin de Ermua durante la campaña de las elecciones vascas, donde el acto no solo tuvo triste en afluencia, sino que tampoco se les hizo ninguna protesta en contra. Así, en lugar de acaparar portadas por “ataques de violentos antifascistas cachorros de los comeniños narcobolivarianos de Podemos”, esta fue la fotografía que trascendió. Una fotografía donde se veía a más escolta que a simpatizantes de Vox:

Otra opción podría ser la de intentar boicotear el acto de manera pacífica, esto es, convocar una protesta o manifestación frente al acto del partido ultraderechista de turno, Vox en este caso, pero no dedicar violencia verbal y mucho menos física. Simplemente, un acto de protesta.

Pero, ¿es esto realista? Es más, ¿merece la pena el riesgo, teniendo en cuenta que los medios favorables a Vox y sus propias redes y herramientas de manipulación a su servicio intentarán buscar cualquier resquicio para hacerse las víctimas?¿Merece la pena el riesgo cuando el propio líder de un partido que es tercera fuerza política como Vox es capaz de saltarse un cordón policial a propósito solo para poder conseguir ser portada de un periódico y criminalizar a quienes no piensan como él?

Si pueden llegar a convencer a ciertos sectores de la población de que el cóctel molotov que lanzaron en la sede de Podemos de Cartagena la semana pasada fue provocado por el propio partido, pueden transformar una protesta pacífica en un acto antidemocrático, y un acoso sistemático en una protesta pacífica.

Por lo tanto, teniendo en cuenta el contexto social y político actual, lo que más beneficia a la izquierda no es amedrentar a Vox durante la campaña electoral, más aún cuando sabemos de sobra que es precisamente lo que busca: otra pedrada (simbólica) en una ceja para convencer de que los censores y los dictatoriales no son ellos, sino la izquierda (o cualquiera que crea de verdad en la democracia y, por lo tanto, no piense como ellos).

Desde luego, Vox seguirá con su particular estrategia:

No obstante, no caer en provocaciones no es suficiente. Saber ignorar y dejar en ridículo a la extrema derecha por sí sola cuando es lo apropiado es más una táctica que una estrategia en sí.

La estrategia en su conjunto debe de ser mucho más amplia y pasa por, evidentemente, tejer un antifascismo fuerte, una red asociativa solidaria y que responda a las necesidades básicas de las personas, un proyecto político progresista que ilusione, aglutine y funcione, crear herramientas democráticas que canalicen la voluntad de la gente, unos medios de comunicación que no blanqueen a la extrema derecha… y un largo etcétera.

De momento, tratemos de no repetir errores y no demos armas a la extrema derecha y a sus medios cómplices convirtiendo actos insignificantes en portadas de periódicos donde sea la protagonista en el papel de víctima.

No dejemos que marquen la agenda política. No dejemos que nos manipulen.

A los monstruos no mirar.

Adrián Juste

Jefe de Redacción de Al Descubierto. Psicólogo especializado en neuropsicología infantil, recursos humanos, educador social y activista, participando en movimientos sociales y abogando por un mundo igualitario, con justicia social y ambiental. Luchando por utopías.

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