Jordi Borràs: «El nacionalismo español y la extrema derecha históricamente siempre han confluido»

Jordi Borràs es un ilustrador y fotoperiodista catalán conocido por sus reportajes sobre la extrema derecha y el movimiento independentista catalán. También ha publicado varios libros sobre la misma temática, como Plus ultra, una crónica del españolismo en Catalunya en 2015, además de colaborar con varios medios de comunicación.

Al Descubierto: Muy buenas, gracias por aceptar esta entrevista. La primera pregunta la solemos emplear para que la persona entrevistada se presente un poco y se dé a conocer. ¿Quién es Jordi Borràs?¿Cómo te definirías?

Jordi Borràs: Soy Jordi Borràs y soy fotoperiodista freelance. Trabajo para varios medios de comunicación, especialmente catalanes, algún medio vasco y para alguna otra agencia cuando se tercia. Me dedico al fotoperiodismo porque es lo que más me gusta y, dentro de ese campo, empecé a especializarme en la cobertura de temas relacionados con la extrema derecha.

En un momento dado, por ciertas cuestiones, a mí se me pone una diana encima… bueno, ciertas cuestiones muy básicas: todo periodista que mete las narices en ese tema, en general, si hace bien su trabajo, le echan la diana encima. Es así de sencillo.

Lo digo porque es raro que un periodista que toca ese tipo de temas no acabe pillando en algún momento si hace bien las cosas. Así que, a partir de ese momento, empiezo sobre todo a escribir, porque me veo incapaz de ir a los sitios y documentar, ya que el trabajo como fotoperiodista es presencial, y además como periodista creo que las coberturas deben realizarse en el sitio donde pasan los hechos.

AD: Claro.

JB: Sinceramente, con el tema de la extrema derecha…

AD: Está complicado.

JB: Una cosa es el estudio académico. Eso es otra historia. Pero, a nivel periodístico, tienes que ver, tienes que saber, tienes que percibir, tienes que hablar. Y eso no es demasiado común que suceda (ríe). Por eso de la extrema derecha hay bastante desinformación. Por las razones que sean, los periodistas no quieren cubrir esos temas y prefieren tirar de tópicos, de agencia, de teletipos…

Entonces yo empecé a escribir porque ya no podía ir a los sitios a hacer fotos. Y empecé a a viajar por Europa, ya que aquí no puedo hacer fotos, estoy más seguro en Berlín rodeado de neonazis que en Barcelona en una manifestación de Societat Civil Catalana. Para que te hagas una idea.

AD: Nos podemos hacer una idea.

JB: La realidad es esa. Desde 2015 he estado documentando sobre la extrema derecha en distintos puntos de Europa de forma presencial en un proyecto que tengo entre manos que espero que vea la luz dentro de poco.

Y bueno, ¡hago muchas más cosas! Que la gente me dice, “ah, tú eres el de los fachas”, pero hago de todo. Soy fotoperiodista, pero sí que hay cosas que me gustan más. Por ejemplo, todo el tema de los movimientos nacionales.

AD: Obtuviste un grado superior en Ilustración en la Escuela Massana y a partir tomas la decisión de dedicarte al fotoperiodismo.

JB: No fue exactamente una decisión. Yo soy ilustrador en cuanto a mis estudios, de hecho, me he dedicado bastantes años a dibujar. Y poco a poco me empezó a gustar la fotografía. Entonces por mis intereses personales, iba a las manifestaciones a hacer fotos, donde no había fotoperiodistas, y claro, me encontré con que tenía material que no tenían otros medios.

Así empiezo a colaborar con medios de comunicación y a vender mi trabajo como fotoperiodista. Esto lo hago como un extra más. Nunca me he planteado »buah, quiero ser fotoperiodista». No. Un día me encuentro que estoy ganando más dinero con el fotoperiodismo y que además me gusta y me llena más que la ilustración.

Así llegó un momento que me dediqué exclusivamente al periodismo y al fotoperiodismo.

Lo que la extrema derecha ha conseguido es posicionarse en un punto central de la política española porque los demás les han seguido el baile.

AD: Jordi Borràs, ¿por qué decides mantenerte como freelance?¿Cuál es tu experiencia trabajando en este sentido?

JB: El hecho de trabajar por tu cuenta te da una libertad que en un medio no vas a tener. Si un medio me dice que tengo que hacer una faena dentro de lo que me corresponde por mi horario laboral aunque no me guste, pues no tengo más remedio.

Si hay alguna cosa que no quiero hacer por los motivos que sean, que no encuentro correctas o porque no me da la gana, al ser freelance te lo puedes manejar mejor, dentro de tener unos clientes estables y dentro de unos acuerdos estables con los medios que sean.

Así, no entro dentro del embudo de una redacción. No entro en la editorial del periódico en ese sentido.

AD: Claro, tú haces tu trabajo y a quien le interese que lo compre, y a quién no, pues no.

JB: Exactamente. Ya saben que viene con el pack de… mis cosas (ríe). Y tengo relaciones estables, ¿eh? Y soy jefe de fotografía de La Mira, uno de los medios donde trabajo; también colaboro en otros medios como el diario El Món donde llevo desde que nació el periódico, o la revista vasca Argia … pero prefiero mantener esa libertad y ese margen que me da poder trabajar con distintos medios de distintos ámbitos.

AD: Uno de estos medios es la revista Hope not Hate, especializada en la extrema derecha. Y es que una de las grandes vertientes de tu trabajo es dedicarte a documentar y denunciar a los movimientos de ultraderecha, especialmente en Catalunya. ¿Cuándo y por qué decidiste enfocarte en esta cuestión y no en otras?¿Por qué ese interés en la política en primer lugar y, seguidamente, en la ultraderecha?

JB: Con Hope not Hate he hecho alguna colaboración puntual, igual que con Expo y alguna otra revista, pero cosas puntuales. Cuando me piden algo, lo hago sin problemas.

Pero sí, es una de mis especialidades es la extrema derecha, supongo que por una cuestión de interés personal. Siempre me ha asombrado cómo en el estado español la extrema derecha hasta hace cuatro días era una cosa que no existía.

“No, no, España, después de 40 años de dictadura, es imposible que vuelva a haber extrema derecha a nivel institucional”. Esto a mí me lo han dicho catedráticos de universidad. Gente que, teóricamente, sabe mucho. Y yo: “¡pero si lo tenemos aquí al lado!”.

AD: (ríe)

JB: Ahora tenemos a Vox como tercera fuerza. Y mucha gente todavía no ha entendido por qué. En fin, básicamente se reduce a una cuestión de interés personal por mi parte: una voluntad de denuncia de una situación que considero anómala.

AD: A raíz de estas experiencias escribiste el libro Plus ultra, una crónica del españolismo en Catalunya, en 2015, que llegó incluso llegó a presentarse en Berlín. ¿Puedes contarnos cómo se te ocurrió escribir ese libro, como fue se proceso, de qué trata…?

JB: Este fue mi segundo libro, el primero fue Warcelona: Una historia de violencia en 2013. En cuanto a Plus Ultra, que está escrito en catalán, en castellano y en inglés, es básicamente un libro de fotos, pero con una parte importante de textos, que recoge material fotográfico desde 2009 a 2015, más o menos, y es la primera parte del nombrado “procés independentista català”, cuando el nacionalismo español más militante empezó a plantar cara a las manifestaciones y a las políticas independentistas que se hacían desde el gobierno catalán.

¿Qué pasa? Evidentemente, nacionalismo español es una cosa y extrema derecha es otra, pero históricamente siempre han confluido, partiendo de la idea de la “anti-España”, una idea que se renueva. Así, tocando la campana de la “anti-España” contra Podemos, el “procés” independentista… contra todo lo que no sea la España nacionalcatólica de siempre…

AD: La España “Una, Grande y Libre”.

JB: Exacto. Pues ahí esos mundos confluyen. Confluyen y son capaces de crear bloques como hemos visto hace unos años donde han coincidido neonazis de Democracia Nacional, la derecha del PP, la derecha populista radical de Vox o de Plataforma per Catalunya cuando existía, el MSR cuando existía, todas las falanges habidas y por haber, y hasta el PSOE.

Este es el drama. Las manifestaciones que hubieron el 8, 12 y 29 de octubre en 2017 en Barcelona tuvieron todos estos actores. Por una parte neonazis puros y duros y, por otra parte, el PSOE. E incluso un exsecretario general del PCE, Paco Frutos. Todos ellos detrás de una pancarta de Societat Civil Catalana.

La realidad es esa. ¿Por qué? El libro trata de responder a esa pregunta. Mi trabajo intenta explicar eso: por qué cuando suenan las campanas de la “anti-España”, acuden estos actores. Lo que la extrema derecha ha conseguido es posicionarse en un punto central de la política española porque los demás les han seguido el baile.

Desde 2013, yo no puedo hacer vida normal en muchos aspectos. […] No puedo coger un tren o un autobús o un metro desde hace muchos años porque no sé a quién me puedo encontrar dentro y lo que no puedo hacer es entrar en un sitio donde no pueda salir.

La extrema derecha no se ha movido. Vox no se ha movido. ¿Qué ha pasado entonces? Que la órbita parlamentaria en su mayoría ha dado un giro a la derecha en momentos puntuales. Por ejemplo en 2017 y 2018.

Eso es un problema. Le estás dando una centralidad a la extrema derecha que, si siguiera en solitario con sus políticas, no la tendría. Y, además, la legitimas y la haces necesaria. Por eso tenemos a Vox con esa fuerza en el Congreso español, en parte, ¿no?

La posición de fuerza que le da Vox el juicio contra los presos políticos catalanes que hicieron el referéndum al presentarse como acusación particular antes de ser un partido parlamentario en el Congreso español y el caso que hicieron los medios de comunciación publicándolo en todas partes… eso fue sin duda un trampolín político tremendísimo.

AD: Totalmente. Jordi Borràs, escribiste otro libro, Desmontando Sociedad Civil Catalana, donde intentabas demostrar los vínculos de esta organización españolista con la ultraderecha. ¿Qué puedes contarnos de este libro?

JB: Societat Civil Catalana es una organización que se presenta el 23 de abril de 2014 el día de Sant Jordi, una festividad muy importante aquí en Catalunya, con la voluntad de presentarse como el “verdadero catalanismo”.

La idea es muy similar al blaverismo valenciano: apropiarse del concepto de valencianismo o catalanismo, cuando lo que realmente queremos decir es nacionalismo español o españolismo. De hecho, Societat Civil Catalana creó algunas delegaciones fuera de Catalunya como en el País Valencià o en Navarra con esa misma idea: fragmentar.

Lo que consiguió Societat Civil Catalana fue unir sectores del PSC, del PP, de Cs, de Vox (o del PxC en su momento), del carlismo… y de otros grupos de ultraderecha. Societat Civil Catalana es una organización donde la extrema derecha, bajo el paraguas de “constitucionalismo”, confluye con el resto de fuerzas políticas para luchar contra la independencia de Catalunya presentándose como la viva imagen de la sociedad civil de Catalunya.

De hecho, el nombre está escogido con mucha idea. Es un nombre inteligente. Pero, evidentemente, a la sociedad civil catalana no la representan ellos. Su idea fue copiar el modelo de Assemblea Nacional Catalana y de Òmnium Cultural, que son asociaciones de base con centenares de miles de asociados, que nacieron de abajo hacia arriba.

¿Qué pasa? Que Societat Civil Catalana se da cuenta de que el nacionalismo español no tiene una base militante activista en Catalunya. ¿Qué hace? Son las élites políticas y empresariales, el statu quo, las que crean esta organización, es decir, de arriba a abajo. Y es muy difícil movilizar a la gente de esta forma. Siempre han tenido muchos problemas para movilizar a gente en las calles.

Cuando lo ha hecho, ha sido porque han movilizado a gente de toda España, que han venido en trenes, autocares, etc. pagados por vete a saber quién… aunque en el libro cuento algo de eso…

AD: Muy bien.

JB: … en fin, además, hinchando las cifras de asistencia de una manera grandísima, rozando el ridículo. Eso no quiere decir que no tengan capacidad de convocatoria, pero es infinitamente menor que la del movimiento independentista.

AD: Por supuesto, a raíz de toda tu actividad como fotoperiodista, has recibido amenazas y agresiones por parte de la ultraderecha. En 2013 si no recordamos mal con Pedro Chaparro, vicepresidente de Democracia Nacional, y en 2018 donde llegaron a agredirte incluso. ¿Puedes relatarnos qué pasó, y si has recibido más amenazas aparte de esta? Por ejemplo en redes, etc.

JB: Sí, desde 2013, yo no puedo hacer vida normal en muchos aspectos. Lo que pasa que lo tengo incorporado en mi vida diaria, por lo que no es una cosa que padezca diariamente como una cruz, ¿no? Yo sé que por ejemplo no puedo coger un tren o un autobús o un metro desde hace muchos años porque no sé a quién me puedo encontrar dentro y lo que no puedo hacer es entrar en un sitio donde no pueda salir.

AD: Qué mal.

JB: Eso lo hago desde hace muchos años, por recomendación policial, básicamente. Eso por darte un ejemplo de como hago mi día a día. No digo nunca a dónde voy si no es que es algo programado y tal, no voy anunciando por redes si voy a algún sitio a hacer cualquier cosa.

Tampoco digo dónde vivo. Mi domicilio forma parte de mi vida privada.

Lo hago también porque me han hecho la vida imposible. Me han amenazado de todas las formas posibles: con anónimos, de forma presencial, en actos con centenares de neonazis, en redes, por carta, con pintadas… y han estado presentándose en mi casa. Y, cuando han podido, me han roto la cara, como pasó en 2018 con un agente de la brigada de información de la Policía Nacional, que me agredió mientras gritaba “viva Franco y viva España”.

La realidad es esa, y es la consecuencia de no esconder lo que pienso. Así de sencillo.

AD: Tanto que se queja la extrema derecha de censura, pues aquí una muestra de hasta dónde puede llegar.

JB: Y no es un caso aislado. Si hablas con cualquier periodista te dirá lo mismo. Con Miquel Ramos, Joan Cantarero… el mejor ejemplo que te puedo poner es el de Xavier Vinader, uno de los mejores periodistas de la Transición acerca de la extrema derecha aquí en Catalunya, que asaltaron su casa y le pusieron una bomba. Y por un motivo muy concreto: por investigar estos grupos.

Esto pasa quí, pasa en Suecia, pasa en Francia y pasa en Italia. Si no me equivoco, el único periodista de Europa que va con escoltas armados es el italiano Paolo Berizzi, especializado en extrema derecha y que, desde hace unos años, tiene que hacer vida con unos tíos que le acompañan 24 horas al día. Si no lo seguís, os recomiendo hacerlo. Escribe para Repubblica, es un tío muy interesante.

También os recomiendo seguir a Alba Sidera, corresponsal en Roma del diario El Punt Avui especializada también en extrema derecha de la Italia actual. Escribe en varios medios catalanes y también en CTXT. Es muy buena.

AD: Pues sí, es necesario apoyarse.

JB: Además Alba Sidera ha escrito un libro, que es este (enseña la portada del libro). Se llama Feixisme Persistent. Te lo recomiendo. Es un libro grandioso.

AD: Pues muchas gracias por las recomendaciones, seguro que a la audiencia también le gustan. Continuando con la entrevista, Jordi Borràs, hace bien poco participaste en el Informe europeo de la Fundación Rosa Luxemburgo De los neocón a los neonazis.

Concretamente, te ocupaste de dos cuestiones: por un lado, hacer un análisis de las principales organizaciones de extrema derecha catalanas y, por otra parte, de los grupos independentistas de extrema derecha, que también los hay. ¿Qué puedes contarnos de los grupos de extrema derecha en Catalunya?¿Qué rasgos les caracterizan, se diferencian en algo con la ultraderecha del resto del estado español…?

JB: La extrema derecha catalana es básicamente la extrema derecha españolista. De hecho, la extrema derecha en el estado español tiene tres núcleos irradiadores: uno es Barcelona, otro es Madrid y otro es València. Son los tres núcleos irradiadores, militantes y activistas de la extrema derecha.

Barcelona, una de las características que tiene es que ha sido una fábrica de ideas de la extrema derecha, seguramente también por su posición geoestratégica en Catalunya, que no solo favorece cuestiones económicas o comerciales, sino también la confluencia de ideas.

Aquí en Barcelona se funda CEDADE en 1966, se funda el Movimiento Social Republicano (MSR)… ha habido una voluntad de adaptación y de reconversión ideológica de la extrema derecha venidas del otro lado de los Pirineos.

El nacionalismo español es el catalizador de la extrema derecha y el principal blanqueador de Vox. Salvador Illa se ha manifestado al lado de los grandes líderes de Vox en Catalunya en nombre de la unidad de España. Eso sí que es un problema grave

Plataforma per Catalunya (PxC) es el primer partido de la extrema derecha española que decide cerrar las puertas a la España franquista y comienza a mirar experiencias en Austria, en Francia, en Alemania… todas estas líneas.

Por otro lado, la extrema derecha en Catalunya ha intentado, desde hace muchas décadas, de crear un espacio propio dentro del catalanismo y del independentismo para desarrollar una ultraderecha realmente propia. Son experiencias que, en general, siempre han fracasado. Han fracasado mucho.

Si vas a la época anterior a los años 70, de hecho, no hay un antecedente de este tipo, como sí pasa con otros movimientos y corrientes ideológicas. Eso no pasaba con el independentismo por diferentes motivos, siendo uno el principal: la extrema derecha en España siempre ha tenido la obsesión de enfrentarse al nacionalismo catalán.

Por lo tanto, intentar crear movimientos nacionales propios de extrema derecha era un poco ir contra natura. Era un poco complicado. De hecho, CEDADE, en 1978, si no me falla la memoria, funda un globo sonda llamado Partit Nacionalista Català (PNC), constituido por miembros de la propia CEDADE.

Esto lo explica Xavier Casals en un libro llamado Ultracatalunya. Este globo sonda intenta atraer a gente independentista a la órbita nacionalsocialista. Fracasa. Acaban fracasando porque no tienen una base militante.

No obstante, siempre ha habido pequeños grupos y partidos minoritarios y residuales, en los años 80, 90, 2000, que han intentado ir en esta línea. ¿Qué pasa? En la crisis política a raíz del independentismo en 2017, se crea una fragmentación dentro del movimiento donde se empiezan a ver ciertas actitudes antipolíticas: “todos los partidos son igual”, “nos sentimos engañados por los líderes independentistas”, etc.

Entonces, ciertos sectores han recogido este discurso y se han presentado como los auténticos independentistas. Y algunas de estas organizaciones, que buena parte ya existían y que siempre han orbitado en este entorno ideológico, se han presentado como los salvadores de la patria del independentismo. Y algunas de ellas tienen la pata dentro de la extrema derecha.

La lectura que yo hago es que si han tenido cierta relevancia, que no deja de ser residual, es por el momento antipolítico que ha vivido el independentismo. Y eso ha alimentado sus perfiles en las redes sociales, sus liderazgos, etc.

Evidentemente, ni el independentismo, ni el españolismo, ni el nacionalismo de ninguna nación, ni tampoco de las naciones sin estado, tiene la vacuna contra la extrema derecha. Por otro lado, históricamente, el independentismo siempre ha combatido los grupos de extrema derecha propios. Cuando ha ido el Moviment Identitari Català a las manifestaciones, los ha expulsado. Es decir, siempre ha habido un antifascismo militante dentro del independentismo.

AD: Sí, de hecho, hace poco hubo enfrentamientos entre grupos del MIC y de la izquierda independentista.

JB: Sí, eso es muy habitual. El independentismo catalán es antifascista. Si es que, además, durante la dictadura, ¡estuvo perseguido por la extrema derecha españolista! El independentismo catalán tiene una matriz ideológica muy distinta a la del nacionalismo español.

Con la derecha pasa lo mismo. Mucha gente compara la derecha independentista con la derecha españolista. Creo que eso es un error. En general, la derecha independentista ha mirado más hacia la derecha europea que hacia la derecha española, que siempre ha mantenido una relación directa con la extrema derecha nacionalcatólica.

AD: Jordi Borràs, llevas desde 2010 trabajando en estas cuestiones, por lo que has vivido la evolución de la derecha radical en esta última década y todos los cambios políticos que han sacudido Catalunya y el resto del estado español. ¿Cómo ha evolucionado la extrema derecha desde entonces?¿Qué cambios has visto, en general?

JB: La extrema derecha española está clarísimo que se ha modernizado. Ha roto con unos liderazgos que le lastraban como el de Blas Piñar y se ha apostado por otros nuevos que funcionan mejor; y después ha adaptado su discurso poniéndose en la órbita de la extrema derecha de Europa.

En una manifestación de Vox no veremos banderas franquistas. Y si alguien la lleva, rápidamente se la harán esconder. Eso no quiere decir que no la saquen en la intimidad, ya lo sabemos. Pero no interesa reivindicar una dictadura genocida en la Europa actual, de la misma manera que la extrema derecha alemana o la italiana tampoco lo hacen.

AD: Bueno… la italiana (ríe)

JB: (ríe) La cuestión es que eso funciona. Los primeros que modifican esto es Plataforma per Catalunya. De hecho, PxC tiene mucha importancia en el Vox actual. Buena parte de los cuadros actuales de Vox en Catalunya proceden de aquí, y de esta experiencia.

De hecho, PxC empezó a funcionar bien y tenía cierta importancia a partir de 2007, especialmente a nivel municipal, pero en el resto de España había un gran desierto. Vox no existía, no se funda hasta 2013 y no se presentó a elecciones hasta 2014, cuando se presentó a las europeas.

¿Cómo lo hace? Pues cambiando las tácticas que se habían hecho hasta entonces. Ni nostalgia franquista, ni liderazgos fracasados, ni imagen de radicalidad… de hecho, Vox es una escisión del Partido Popular que, llegado un punto, deciden salir de ahí.

¿Cómo consigue Vox estar en la palestra y en primera línea política? A través de lo que te decía antes: del juicio contra los presos políticos catalanes. Eso los valida como los grandes salvadores de la patria. Y su posición de centralidad y de fuerza hace que el resto del arco parlamentario español, con la única excepción de Podemos, gire para la derecha. Eso provocó la validación de su discurso.

De hecho, la aplicación del artículo 155 en Catalunya, los primeros en reclamarlo cuando nadie sabía lo que era, fueron los de Vox, haciendo una manifestación cada semana enfrente de la Delegación de Gobierno de Barcelona.

El nacionalismo español es el catalizador de la extrema derecha y el principal blanqueador de Vox. Salvador Illa se ha manifestado al lado de los grandes líderes de Vox en Catalunya en nombre de la unidad de España. Eso sí que es un problema grave porque acabas legitimando a la extrema derecha.

Pero es que, además, ha habido otro factor. Vox ha venido precedido por un partido que, sin ser de extrema derecha, se ha comportado como tal, que es Ciudadanos, utilizando un ultranacionalismo visceral y muy radical, unas formas y un modus operandi en el Parlament de Catalunya incluso más radical que el de Vox.

Es decir, los numeritos que montaba Albert Rivera, Inés Arrimadas y Jordi Cañas en el Parlament no los hace Vox actualmente. Protagonizaban unos shows esperpénticos que es que ni la extrema derecha los hacía. Ciudadanos ha sido el que le ha puesto la alfombra roja a Vox en el Parlament de Catalunya.

Y de los 36 diputados que tenía, se ha quedado en 6. Los otros que perdió se han ido principalmente al PSC y a Vox. ¿Cómo se explica que esta fuga se haya producido hacia la supuesta izquierda y hacia la extrema derecha? Porque, en el fondo, lo que les importa es el nacionalismo español.

AD: ¿Crees que la extrema derecha es más bien una moda que igual que ha subido, bajará, o de verdad tiene peligro de instaurarse, no solo en España, sino en todo el mundo, con un peligro real de regresión a nivel global de derechos fundamentales?

JB: No creo que sea una moda. La extrema derecha ha venido para quedarse y ha conseguido las patas de poder que tiene, y además es un espectro político creciente en todo el mundo, desde la India hasta los Estados Unidos, pasando por Europa.

No podemos tirar de tópicos. La extrema derecha, y eso lo dijo Miquel Ramos en una entrevista, no se cura ni leyendo ni viajando. Ellos han leído y viajado más que tú y que yo. Han sido más hábiles y más inteligentes. Hemos de desmontar ese tópico y conocerla realmente.

No es ninguna moda, es una realidad política después de décadas de transformación y mutación política. Es evidente que parte de la extrema derecha europea actual tiene unas diferencias importantes con los fascismos de entreguerras, pero no se entienden estos movimientos sin los fascismos de entreguerras. Son alumnos avanzados del siglo XXI.

Hemos de tener claro que la extrema derecha actual son una realidad política creciente y que eso se refleja en los datos que vemos alrededor del mundo. Ahora mismo, si no me falla la memoria, el único país que no tiene representación de la extrema derecha en la cámara alta de la Unión Europea es Irlanda. Hace dos años, ni Portugal ni España tenían tampoco. Es un fantasma que recorre Europa, parafraseando, solo que en este caso no solo recorre Europa, sino que recorre el mundo.

AD: Se ha criticado mucho al independentismo catalán del auge de partidos como Vox y de crear las condiciones que han permitido su crecimiento. ¿Qué piensas de esto?

JB: Encuentro esto absolutamente perverso. Como decía Pablo Iglesias de que el independentismo había despertado al fascismo. Eso es como decir que los flujos migratorios de gente que intenta cruzar la frontera para ganarse la vida despiertan la extrema derecha.

Es decir, estás responsabilizando a la víctima de los ataques de la extrema derecha de ser responsables del auge de la extrema derecha. Es como si dijéramos que como los homosexuales se pasean ahora por la calle eso provoca una reacción porque, claro, es que vas provocando.

A nadie se le pasa por la cabeza hacer esta comparación con el colectivo LGTBI, o con los flujos migratorios, o con las personas refugiadas. Pero con el independentismo sí que se hace. Y se hace desde todas partes.

No, la extrema derecha no la ha despertado el independentismo catalán. Quien ha despertado a la extrema derecha es la reacción nacionalista de todo el arco parlamentario español. La extrema derecha ya existía. Ha existido siempre.

AD: Jordi Borràs, ¿cómo se podría, desde el antifascismo, combatir el discurso de la extrema derecha?¿Cuál crees que es el papel de la izquierda independentista en la lucha contra la extrema derecha?¿Cuál es su futuro en el panorama actual?

JB: No soy de firmar recetas mágicas. Es una pregunta que también me hago. Y esto, ¿cómo lo paramos? Y creo que es una pregunta que me haré siempre.

En primer lugar, tenemos que tener muy claro que primero se ha de conocer a la extrema derecha. No podemos tirar de tópicos. La extrema derecha, y eso lo dijo Miquel Ramos en una entrevista, no se cura ni leyendo ni viajando. Ellos han leído y viajado más que tú y que yo. Han sido más hábiles y más inteligentes. Hemos de desmontar ese tópico y conocerla realmente. Eso es fundamental.

Además, hay otra cuestión fundamental: no comprar los relatos de la extrema derecha. “Es que si no hablamos de inmigración, llegará la extrema derecha y harán ellos su propio discurso”, bien, hablemos de inmigración pero, ¿eso significa copiarle el discurso antiinmigación? Así lo único que harás es darle la centralidad política.

El mejor combate que podemos tener contra la extrema derecha son las buenas políticas. La extrema derecha son como unos buitres esperando un momento de debilidad para atacar. Pero si tú haces lo que tienes que hacer, especialmente desde la izquierda, si tienes un gobierno capaz que da respuesta a las necesidades de la gente a la que quieres representar, no tendrás extrema derecha.

¿Qué ha pasado en Francia con el Partido Socialista? Se ha deshecho la izquierda francesa. ¿Quién ha recogido esos votos?

AD: Pues Le Pen.

JB: Por lo tanto, el mejor antídoto contra la extrema derecha es un buen gobierno.

AD: ¿Y qué piensas que pueden hacer las personas de a pie para combatirla, en el día a día?

JB: Es complicado, como te decía, ni yo ni nadie tiene la receta mágica. Cuando me presentan reportajes de “las 10 maneras de combatir el fascismo”, “la receta infalible…”… pues no me lo creo. No hay nada que funcione que sea universal. Cada caso es un mundo: lo que hoy funciona en el estado español, no tiene por qué funcionar en Suecia.

Pero, evidentemente, tienen puntos en común, y es aquí donde tenemos que ir. Por ejemplo, a la extrema derecha se la desmonta discursivamente con datos y hechos, en parte. Ellos viven de lo que ahora se denomina “fake news”, viven de eso, pero no de ahora, sino desde los tiempos de Los Protocolos de los Sabios de Sion que surgieron de la Rusia zarista y que el nazismo aprovechó hasta la actualidad.

No estamos hablando de algo nuevo. La fabricación de noticias falsas para alimentar su argumentario es un hecho histórico en los movimientos fascistas y de la extrema derecha. Por tanto, desmontar esto es una de las armas que tenemos. Pero alerta a la hora de contrarrestar mensajes porque a veces, sin quererlo, sobretodo a través de las redes sociales, lo que se hace es amplificar su mensaje.

Los algoritmos de las redes sociales le dan bola a un tema que es popular. Si tu estás contrarrestando un mensaje en las redes de un grupúsculo de extrema derecha, cuidado porque, sin quererlo, puede ser que le estés haciendo crecer. Esto es solo un ejemplo, pero lo que quiero decir es que cada gesto cuenta.

Tenemos que cobrar consciencia de que la extrema derecha no está compuesta de gente analfabeta y poco inteligente. Si han llegado donde están, es porque son hábiles. Por lo tanto, tenemos que darle la importancia que tiene a un enemigo tan grande, tan poderoso y tan peligroso como es la extrema derecha.

Cada gesto cuenta, no solo el voto, sino las actitudes. Por ejemplo, en el caso del familiar que en una cena te suelta argumentos racistas. En este caso, contrarrestarlo con datos es una buena opción. O presentarle a alguien de esta gente que odia y ver que realmente la tolerancia es un factor importante para la convivencia humana.

Resumiendo, no hay una receta infalible. Creo que debemos ser conscientes del peligro de esta gente, que son gente poderosa, y que han venido para quedarse. Veo el futuro muy negro, muy negro y muy incierto. Estamos en aquella etapa gramsci, ¿no? «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos». Estamos en ese punto de la historia.

AD: Para ir acabando, ¿qué proyectos futuros tienes?¿Puedes adelantarnos algo de tu libro?

JB: Poca cosa. Puedo decirte que será un libro sobre la extrema derecha en Catalunya, en el estado español… y hasta aquí puedo leer, que si no la editorial me matará (ríe).

AD: (ríe) Bueno, muchas gracias por la entrevista y por tu tiempo.

JB: ¡A ti!

Puedes saber más de Jordi Borràs siguiéndolo en sus redes:

Cuenta de Twitter: https://twitter.com/jordiborras
instagram_icon Cuenta de Instagram: https://instagram.com/jordiborrasfoto
Sitio web: https://jborras.cat

Adrián Juste

Jefe de Redacción de Al Descubierto. Psicólogo especializado en neuropsicología infantil, recursos humanos, educador social y activista, participando en movimientos sociales y abogando por un mundo igualitario, con justicia social y ambiental. Luchando por utopías.

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