EEUU y Canadá

Trumpismo, la fase superior del imperialismo

El ataque de Estados Unidos a Venezuela y que han llevado a la detención de Nicolás Maduro, unido a las amenazas de Donald Trump de anexionarse Groenlandia o de repetir las mismas acciones en Colombia no son, por desgracia, un hecho aislado: obedecen a una nueva fase del imperialismo.

Un grueso hilo camuflado de cotidianeidad atraviesa y enlaza la crisis de vivienda, el turismo masivo, la crisis climática y sus desastres naturales, la crisis migratoria, el auge del militarismo y la extrema derecha y la desafección política en las democracias liberales.

El lazo invisible del imperialismo une todas estas luchas como manifestaciones aparentemente aisladas de un mismo proceso.

El imperialismo: la fase superior del capitalismo

El imperialismo es la etapa histórica del capitalismo posterior a la denominada fase mercantilista. La concentración del poder y patrimonio económico (capital) en cada vez menos manos (procesos de acumulación) crea estructuras financieras tendentes al monopolio y al oligopolio que expulsan del mercado a pequeños propietarios. Es decir que, con el tiempo el capitalismo tiende a concentrar la riqueza en pocas manos, lo que homogeniza la producción mercantil y asfixia la libre competencia, llevando al sistema a una profunda contradicción.

Pero eso no se acaba ahí. Esta «cartelización» de la economía arrastra al Estado consigo, creando un poder público-privado difuso y compacto en forma de corporativismo que actúa como un bloque político, económico y cultural en cooperación y conflicto con otros bloques compactos corporativos.

Esa disputa por la influencia y el acceso a los recursos, a menudo asistida y justificada por un nacionalismo expansionista y militarista, empuja a las naciones a la guerra o la disuasión avanzando hacia un modelo de globalización bélica. El estado imperialista es un bloque orgánico de la burguesía, el ejército, el poder político y civil, el poder militar y cualquier otro vector relevante. Esto explica, en buena medida, las dos guerras mundiales sufridas en el siglo pasado, amén de otros conflictos bélicos que se han dado desde finales del siglo XIX hasta la actualidad.

Esta concentración de la producción conlleva obviamente concentración de la renta, así el monopolio trae consigo estancamiento económico y pobreza, lo que lleva a su vez a una crisis sistémica. El capital excedente buscará entonces nuevos espacios donde extraer recursos, trabajo humano y rentas (plusvalías) mirando hacia países periféricos para poder seguir creciendo mediante la exportación de estas plusvalías, siendo estas  el átomo de la relación financiera capitalista.

Frente a este proceso tan matemático se asienta un mundo repartido por relaciones de poder y modelos de civilización en competencia por estos recursos y por el dominio cultural y político del centro sobre la periferia territorial. Esto propicia las condiciones para el conflicto militar y geopolítico.

Mapa mundial con las tres categorías del sistema-mundo: centro, semiperiferia y periferia. Autor: Jared Mckay Walker, abril de 2015. Fuente: Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0

Imperialismo y ultraderecha

Los primeros pasos del imperialismo se sostuvieron sobre una misión evangelizadora de los territorios conquistados, lo que se conoce como colonialismo.

Sin embargo con el avance de la modernidad ilustrada en Europa y la mundialización de la colonización imperialista, su sustrato ideológico evolucionó. La industrialización hizo necesaria hacia finales del siglo XIX, tras la primera gran crisis del capitalismo moderno, la exportación de plusvalías desde lugares donde producir a un interés más elevado que en la metrópolis. Lugares que además eran oportunidades de ascenso social para parte de la clase trabajadora metropolitana que podía viajar a las colonias para mejorar su posición social (aristocracia obrera). No hay que olvidar que esta crisis económica estaba relacionada con una acumulación de stock que llevó a la búsqueda de nuevos mercados y al control y dominio de otros pueblos. Y, de ahí, a la forja de los grandes imperios modernos.

Así, esta competencia por la exportación del capital excedente se pautó desde lógicas militares estratégicas: Reino Unido colonizó enclaves estratégicos para rutas marítimas; Rusia buscaba una salida hacía mares no congelados; Portugal estableció una red de dominio en el Atlántico; y España se centró en dominar el Mar Mediterráneo desde África mientras el resto de sus territorios de América se independizaban, trazando su propio destino.

Durante el forjamiento de los grandes imperios europeos se desarrolló toda una teoría política para justificar intelectualmente la causa imperialista. La modernización de la tesis evangelizadora fue el racismo: los imperios europeos se concebían a sí mismos como una raza superior con la responsabilidad divina de educar y civilizar a razas inferiores y “salvajes”. El propio desarrollo de la ciencia se hizo sobre esas premisas, desde las sociedades geográficas de exploradores civiles que al descubrir un territorio no reclamado tenían la potestad de explotarlo, hasta la experimentación científica a costa de pueblos aborígenes y la redacción deteorías científicas racialistas junto a campos de estudio como la frenología, la eugenesia, etc.

Es decir, a este proceso de dominio y control por la fuerza de pueblos para el enriquecimiento de las clases dominantes, le acompañó toda una serie de teorías y creencias para justificar estas desigualdades y que terminarían por globalizarse.

Mapa mundial de los imperios históricos europeos. Marrón: imperio colonial belga; rojo: imperio británico, azul oscuro: imperio colonial danés; naranja: imperio  holandés, azul claro: imperio francés; verde oscuro: imperio italiano; morado: imperio portugués; verde claro: imperio ruso; amarillo oscuro: imperio español. Autor: Rafy, Mayo de 2011. Fuente: Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0.

El fascismo emerge de este marco ideológico y económico: el imperialismo es la visión geopolítica de la ultraderecha y el nazismo; el corporativismo es su visión económica; y el militarismo, el nacionalismo y el racismo su visión social. Así, el capitalismo corporativo genera un marco global de relaciones económicas, sociales, militares y geopolíticas que el fascismo y la ultraderecha abrazan como base práctica de su ideología.

No en vano, los pilares teóricos de la extrema derecha de los años 20 y 30 surgieron de las mentes de las clases dominantes y se desarrollaron en grupos elitistas e incluso en sociedades secretas, buscando la forma de impregnar todos los estratos sociales para sostener sus privilegios y frenar el avance de todo aquel pensamiento que desafiara sus premisas, como las teorías marxistas.

La ultraderecha trumpista emerge así como la más honesta manifestación de un espíritu político latente que trasciende al propio Trump (de hecho, la administración de Joe Biden fue bastante continuista en las líneas generales de la política trumpista). No obstante, la naturaleza explícitamente imperialista de su retórica favorece la implementación desacomplejada de las líneas maestras de una nueva ofensiva global.

La ofensiva imperialista (2020-2026)

Si bien el periodo más significativo para el imperialismo propiamente dicho se dio desde finales del siglo XIX hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya que tras los dos grandes conflictos mundiales se dio un progresivo derrumbamiento de los grandes imperios, esto no se tradujo en la muerte del mismo, sino en una transformación progresiva: desde la conquista militar hasta el dominio cultural, económico, político, diplomático y en otros ámbitos. Una transformación favorecida por la Guerra Fría y el conflicto entre bloque capitalista y bloque comunista y que se tradujo en la creación de la CIA o de la OTAN y en operaciones estratégicas como el Plan Cóndor.

Y ahora podría decirse que nos encontramos ante una nueva etapa. Las limitaciones que en todo el mundo en mayor o menor medida está encontrando la política para dar solución a los grandes problemas sociales más importantes del momento (desastres naturales, turismo masivo, acceso a la vivienda, militarización, genocidio en Gaza, etc.) no son tendencias marginales inmóviles: son fruto de una ofensiva imperialista con un nexo común que encuentra explicación en el propio funcionamiento del capitalismo

Tras ciclos consecutivos de crisis (2008 y 2020) la concentración de capital excedente (que ya no puede rentabilizarse internamente) encuentra la necesidad de la exportación de plusvalías a periferias mediante monopolios globales (como los fondos de inversión). Pero esta transferencia de plusvalías encuentra límites en legislaciones estatales, en la propia gente e imperialismos adversarios. Esto implica conflicto por el dominio del capital tangible (tierra, recursos, etc.) y del mayor número (finito) de mercados posibles por pocos vectores de acumulación. 

Esta dinámica compacta se manifiesta de varias maneras visibles capaces de subvertir el orden político e imponerse por la fuerza de los hechos:

1. La turistificación

El turismo genera grandes beneficios a corporaciones extranjeras a través del dominio directo del recurso natural público, desplazando comunidades locales y degradando recursos naturales como parte de su acumulación, extracción y exportación de plusvalías (directas y externalizadas).

Esto no se limita a la burguesía. Las clases trabajadoras de países ricos con mayor poder adquisitivo que las clases trabajadoras de los destinos turísticos tienen la posibilidad de desarrollar su actividad turística desde una posición social superior a la de su país de origen, lo que ha derivado gracias a la sociedad digital en la noción de “nómadas digitales”: trabajadores de metrópolis imperiales que ejercen de aristocracia obrera digital garantizando un mejor nivel de vida y mayores oportunidades de ascenso social y poder adquisitivo. Lo que involucra incluso la propiedad especulativa de vivienda en España por parte de pequeños propietarios extranjeros desde el extranjero para alquilarlos a españoles o incluso para uso turístico de acceso prioritario para extranjeros.

El resultado de esto es una homogeneización productiva del espacio urbano que destruye el tejido productivo local. Concentrando la extracción de excedentes y empobreciendo económica y culturalmente los destinos turísticos, degradando el espacio de convivencia y ejerciendo una presión descomunal sobre los servicios públicos que termina asfixiando su propia rentabilidad.

Puesto que el proceso de afranquiciamiento y terciarización globalizada de la economía se lleva estas plusvalías a los centros mundiales de comercio pero las externalidades negativas sobre el mercado y los servicios públicos se quedan en el país de destino, hay un rendimiento decreciente cuya rentabilidad negativa asume el contribuyente.

Distribución de las instalaciones de alojamiento en la ciudad de Nápoles, 2021. Autor: Stefano De Falco y Alberto Corbino. Noviembre de 2023. Creative Commons Attribution 4.0 International.

Esta dinámica favorece el fenómeno de la “población flotante”. Las ciudades se desnaturalizan y pierden su identidad al aparecer un tejido social repentino y cambiante de individuos que no se reconocen entre ellos. Expulsados de sus barrios tradicionales, turistas ocasionales o de temporada, trabajadores temporales y precariados que crecen alrededor del negocio turístico.

Es decir, personas que, pese a no estar censadas residen en un territorio de manera temporal y ajena a la vida interna de la ciudad.

Esta población personifica la vitalidad económica de una urbe pero también desestructura la comunidad abriendo camino a la exclusión social y las corrientes internacionales de crimen organizado que movilizan también la delincuencia menor, favoreciendo la sensación de inseguridad ciudadana en los grandes centros turísticos.

La expansión del núcleo turístico respecto a su periferia degradada de ciudades dormitorios y barrios marginales sin acceso a servicios públicos de calidad, empleo y educación conforma un caldo de cultivo para la proliferación de economías informales, que se retroalimentan con la propia economía sumergida asociada a la turistificación (ocio nocturno, narcotráfico, actividades violentas, etc.).

En España puede verse esta ofensiva alrededor de nuestra industria más potente (turismo), como en Alemania se recrudece a través de la política industrial y energética, por ejemplo, desplazando pueblos en Renania y Brandemburgo para ampliar minas de carbón.

A esto se une, por supuesto, la degradación del medio ambiente, la contaminación, la destrucción de la biodiversidad y otros tipos de impactos ecológicos. Los datos hablan por sí solos: en las Islas Canarias acuden anualmente unas 18 millones de personas, llegando a concentrarse en un mismo mes hasta millón y medio en temporada alta, cuando los habitantes no llegan ni a los dos millones y medio. Cifras similares se dan en lugares como Ibiza, Macao (China) o Santorini (Italia), entre otros, donde el turismo masivo se realiza con multitud de problemáticas.

2. La crisis de vivienda

La crisis habitacional es la principal consecuencia de tres factores: por un lado, la turistificación; por otro lado, la propia financiación del entorno urbano, ya que la inversión extranjera especulativa encarece el suelo, perpetuando la precariedad habitacional como una exportación directa de la plusvalía que extrae el principal flujo de capital obrero; y, por otro lado, del proceso de concentración de la riqueza inherente del capitalismo, que termina transformando demográficamente los estados modernos atrayendo a las poblaciones a los grandes centros urbanos, donde terminan estando la mayoría de servicios y oportunidades laborales, dejando las periferias vacías.

Durante la fase expansiva del crédito la adquisición de vivienda fue más asequible para una parte de la población que sigue viva (generación baby boom). Sin embargo, ese proceso se estancó en torno a los años 90, con breves fases de desahogo como la burbuja inmobiliaria.

Pero esta dualidad generacional en el mercado de la vivienda es una dimensión anecdótica dentro del flujo de monopolización del mercado habitacional. Blackstone, el principal fondo de inversión estadounidense en España, adquirió vivienda masivamente tras la gran desposesión del estallido de la burbuja inmobiliaria, siendo hoy el mayor propietario de España en cártel con varios bancos en los que participa desde BlackRock. Esta extracción de plusvalías vía trabajo, capital inmueble y extracción de rentas inmobiliarias persigue una monopolización del rentismo. Esto es, una sociedad de inquilinos donde unas pocas personas acumulen la propiedad inmobiliaria. 

El volumen de activos gestionados por BlackRock (semicartelizada con Blackstone) equivaldría al tercer PIB mundial tras Estados Unidos y China. Como la mayor propietaria de activos del mundo, es un medio directo de extracción de plusvalías con alcance prácticamente global. Su software de análisis de riesgos es la espina dorsal del comercio mundial, como la principal autopista de información sensible que existe en la economía de los datos. Fue, asesorando al ex presidente de Estados Unidos George W. Bush, uno de los arquitectos de la crisis hipotecaria de 2008 y su principal beneficiario comprando masivamente activos tóxicos, convirtiéndose en pocos años en uno de los principales tenedores de vivienda del planeta.

Esta exportación de rentas inmobiliarias solo es una más de sus inversiones monopolistas, que también abarcan energía, transporte, salud y sectores estratégicos relacionados con recursos naturales y propiedad de tierras.

La máxima expresión de esta extracción forzosa de rendimientos es la violencia inmobiliaria, conductas del capital rentista que buscan la expulsión directa por ejemplo mediante el abandono de mala fe del mantenimiento de la vivienda y el deterioro del edificio así como sabotajes sobre este, la contratación de empresas de seguridad con la intención de perturbar el disfrute o el acceso a la vivienda a su legítimo propietario o inquilino (por ejemplo, las empresas de desalojos), el incumplimiento del contrato por parte del arrendador o propietario del edificio, la subida del alquiler, la interposición de falsas demandas de impago, etc. 

A este respecto, la política permanece inoperante. El mercado premia estas conductas, la justicia rara vez las penaliza y los medios de comunicación habitualmente participan de operaciones mediáticas al servicio de estas clases medias propietarias. Habitualmente, alrededor de la promoción de servicios de violencia inmobiliaria, seguridad privada o medios financieros de acumulación de renta inmobiliaria como seguros de alquiler. 

Y no solo grandes inversores. También existen grandes tenedores de viviendas que han hecho del expolio su principal medio de vida entrando en un círculo en el que las rentas de un inmueble le permiten la adquisición de nuevos inmuebles que, a su vez, le permitirán adquirir nuevos en el futuro.

Hipotecas constituidas y ejecuciones hipotecarias presentadas (2001-2018). Autor: Ricardo Méndez. Mayo de 2022. Creative Commons Attribution 4.0 International.

Parte de la competición imperialista trata de atraer inmigrantes diplomados y turistas extranjeros a territorios dominados por el imperialismo propio (Rusia, USA, China¹, etc) utilizando agencias internacionales, instrumentos diplomáticos en tiempos de bonanza que en tiempos de deslocalización del capital excedente pasan a ser auténticas corporaciones coloniales de las inteligencias extranjeras que roban conocimiento mediante la fuga de cerebros desde países menos poderosos que invirtieron en dicho conocimiento.

La crisis de vivienda retroalimenta un modelo caótico y neoliberal de crecimiento urbano que tensiona los recursos naturales y estrangula los ecosistemas, además de colisionar con la relación con el medio natural, exponiendo a la clase trabajadora a catástrofes naturales.

Por ejemplo la famosa “Rambla del Poyo” de la riada de València de 2024 ya se desbordó en 1957 además del río Turia, la principal destrucción se concentró en la ciudad de València y no en l’Horta Sud debido a que el crecimiento urbano en esa época estaba limitado a la capital. Sin embargo las décadas posteriores de crecimiento descontrolado de la urbanización al sur de la ciudad, por donde transcurre el flujo hidrológico del lago de La Albufera y la flexibilización de requisitos sobre construcción en zonas inundables nutrieron los condicionantes para la tragedia en 2024.

3. La crisis climática

El colapso climático es rentable. En contra las lecturas del llamado capitalismo verde², el hecho es que elecocidio es un mecanismo imprescindible del capital para robar y privatizar recursos a gran escala y rentas públicas. La DANA de 2024³ enriqueció a una minoría (especulación inmobiliaria, contratos de reparación adjudicados a dedo, etc.) a costa de la miseria global; los vectores de acumulación y extracción de plusvalías, desde el propio trabajo asalariado in itinere⁴ de muchas de las víctimas hasta su consumo forzado de nuevos bienes (automóviles, mobiliario, vivienda, etc.) fueron rentabilizados por los flujos de acumulación por desposesión.

La extinción de los incendios es un negocio privado que necesita de incendios para la acumulación. La prevención es un gasto social que corrompe las lógicas de las balanzas fiscales en el estado capitalista y repercute en el bien de la sociedad mientras que el proceso de extinción, reparación y adaptación tras el desastre natural es un negocio próspero que extrae rentas.

Muertes por desastres relacionados con el clima en cifras absolutas por millón de habitantes potencialmente expuestos cruzado con variables sociodemográficas. 2000-2017. Autor: Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres. 2018. Public Source.

El capitalismo del desastre implica que el desastre natural es un incentivo al desarrollo productivo; así evitar el desastre es un freno al crecimiento que además requiere de un gasto público imposible de rentabilizar. El desastre natural añade valor a la cadena de producción, es un negocio más con sus ferias anuales y cartelización monopolista. La investigación tecnológica corporativista de estados y agentes privados transita esta dinámica preparando a la sociedad para reparar daños en lugar de invertir recursos en la prevención y recuperación ambiental.

La propia contaminación inherente al modelo productivo capitalista-productivista ya supone una extracción de plusvalías privatizando recursos naturales globales como meros activos de producción y materia prima. Así no sólo recursos tangibles como el agua o la tierra sino también intangibles como la propia habitabilidad de la atmósfera entran a formar parte de ese juego de competición global, con participación corporativista de las instituciones (derechos de emisiones, etc).

Los combustibles fósiles fueron la piedra angular tecnológica sobre la cual se fundó el capitalismo; la energía nuclear fue el motor de la evolución tecnológica que hizo posible la mundialización integrada de la producción y la posterior explosión del capitalismo digital. Las energías renovables son la apuesta del “capitalismo verde” para mantener este proceso mundializado de extracción de plusvalías.

La crisis de 2008 involucró una gran desposesión de tierras y recursos por parte de Grecia, Italia, España y Portugal, los cuales fueron a parar a la producción energética y a la extracción directa de sus recursos naturales por parte de empresas de países especializados en producción energética como Canadá, Australia, Reino Unido, EEUU o Alemania (como es el caso de Altri en Galicia, Berkeley en Salamanca, o Infinity Lithium en Extremadura).

Además de esto, buena parte de la gestión global de residuos consiste en almacenarlos en estados pobres, a menudo sin ni siquiera capacidad para implementar un programa propio de tratamiento de residuos acumulando gran parte de la basura mundial en pocos puntos del planeta. Malasia, Agbogbloshie (Accra, Ghana), Bantar Gebang (Indonesia), Estrutural (Brasil), o cantidad de hectáreas en Filipinas y Pakistán

Grandes capitales promueven agendas reaccionarias extremistas en Latinoamérica o el espacio postsoviético para saquear recursos como tierras raras. Otra traducción de esta dinámica es el éxodo rural que genera tensiones entre el mundo rural y el urbano, lo cuál tiene una dimensión importante en el auge reaccionario y el aumento de los flujos migratorios. Los desastres naturales (como València en 2024) y el empobrecimiento climático de espacios ya están causando refugiados climáticos (~32,6 millones en 2022, IDMC) a escala global.

4. Inmigración 

La historia colonial de las naciones europeas con sus periferias ha generado lazos culturales e históricos entre comunidades del Norte y del Sur que facilitan la integración comunitaria de las personas extranjeras.

El idioma y la cercanía geográfica son dos elementos de peso para decidir el destino migratorio. Esta mano de obra precarizada contribuye a la sostenibilidad fiscal del Estado receptor aportando equilibrio demográfico y desarrolla tareas de una gran plusvalía a bajo coste hasta el punto de que son imprescindibles para que no colapse la cadena de suministros y la logística.

Idiomas oficiales mundiales por país. Excluye idiomas nacionales/regionales. Autor: Aogiri. 30 de octubre de 2020. Creative Commons Attribution 4.0 International.

Hay ~123 millones (según UNHCR) de personas desplazadas directas de guerras imperialistas por recursos, que en primer lugar acuden a los países más cercanos. Esto genera tensiones y extiende la crisis humanitaria a nuevos países, lo que acelera los procesos migratorios exponencialmente. Los procesos de desposesión y acumulación de recursos naturales, turistificación, violencia urbanística e inmobiliaria, crisis climática, guerra y persecución política debilitan sociedades que encuentran una gran masa sobrante de población trabajadora, la cual se ve forzada a emigrar

El aumento de la población en determinadas áreas cercanas a estas oportunidades laborales ejerce presión sobre los servicios públicos que asumen la parte del coste de reproducción de la fuerza de trabajo⁵ que se ahorra la patronal. La propia dinámica financiera asociada a estos trabajos tiene un efecto depresivo sobre el marco global del mercado laboral permitiendo al mecanismo optimizar la rentabilidad de las plusvalías. Las bajas rentas y el racismo inmobiliario les sitúan con mayor frecuencia en barrios humildes y degradados, que reciben menos atención e inversión. Esto favorece la exclusión social asociada a la delincuencia menor en sectores muy minoritarios, residuales y marginalizados de la población migrante.

Esta dinámica social de dominación económica global y extracción directa de población trabajadora es una condición necesaria para que la clase trabajadora nativa mantenga un nivel de vida incompatible con el modelo de sociedad que transitamos, que de hecho se encuentra en crisis. A pesar de esta posición relativa de aristocracia obrera, los desafíos socioeconómicos descritos generan fricciones xenófobas, alimentadas por el agenda setting de la ultraderecha que sobredimensiona y descontextualiza estos problemas para aprovechar la complejidad a su favor.

5. Militarismo y expansionismo militar

Escenarios como Ucrania, Asia, África central, el Caribe y fundamentalmente Palestina son expresión evidente de esta ofensiva: la explotación de recursos (gas, petróleo, agua, tierras, fuerza de trabajo…) necesita de un crecimiento permanente cuya última baza es la propia expansión militar como rostro más visible del imperialismo.

En Oriente Medio el control por potencias occidentales a través de Israel como proxy imperialista es necesario para extraer unas plusvalías que evitan la quiebra del capital. En el espacio postsoviético, el Sahel, Venezuela y Asia-Pacífico por el choque entre tres imperialismos (Rusia, China¹ y EEUU) por el control de las periferias enemigas.

Venezuela ha sido el ejemplo inaugural de 2026 de este enfoque de “reparto productivo del mundo”. El propio Trump en 2019 impuso restricciones a la compra estadounidense de crudo venezolano como estrategia de presión contra Nicolás Maduro. La operación de secuestro en Caracas, calcada al secuestro del presidente Noriega (Panamá, 1989) a través de acusaciones cuestionables de narcotráfico es ciertamente audaz: eliminado el tirano sancionado nada justifica mantener las sanciones que prohíben el consumo estadounidense de petróleo venezolano. Por si fuera poco, el propio Trump anunció un plan de toma bruta de los pozos de petróleo como operación explícitamente comercial.

El mayor exponente de periferia productiva en disputa es el entorno territorial de la Alianza de Estados del Sahel (AES) compuesta por Burkina Faso, Malí y Niger, una confederación de regímenes políticos que llegaron al poder mediante la insurrección armada, expulsaron a potencias coloniales tradicionales como Francia y EEUU, rompieron con las organizaciones internacionales africanas y han activado lazos geopolíticos con los sistemas imperialistas de extracción de plusvalías de Rusia, China, Irán y Turquía, desencadenando tensiones con los estados vecinos. 

La caída de Gadafi en Libia generó un enorme vacío de poder en el país que propició la proliferación de organizaciones terroristas islámicas que se expandieron hacia el sur encontrando terreno fértil en las áreas subdesarrolladas del Sahel.

Francia envió contingentes militares para proteger el suministro de materias primas imprescindibles como el uranio de Níger sobre el cual se sostiene el “milagro nuclear” francés. La militarización de la región enfocada en mantener estas vías de suministros produjo el “sentimiento anti-francés” que desencadenó desde 2020 estos golpes militares.

Rusia aporta apoyo armamentístico y militar a través del Grupo Wagner, además de ofrecer su aparato de propaganda.

China ofrece construcción de infraestructuras e integración en su gigante logístico multinacional obteniendo así minerales críticos. Se aceleran los ingredientes para una guerra regional a gran escala entre países pro-occidentales y países pro-AES cuya verdadera naturaleza es el control global de uranio, oro, diamantes, hierro, petróleo, gas natural y las rutas logísticas de tierras raras y semiconductores al sur de esta región. La presencia paramilitar rusa está fracasando en el mismo objetivo de contener al yihadismo en la zona, con la atención militar más centrada en extraer recursos y soldados hacia su propia guerra formal en el flanco oeste.

El tablero del Sahel, recursos minerales e inestabilidad. Autor: Néstor Siurana. 22 de Agosto de 2023. Creative Commons BY-NC-ND 2.5.

La guerra de Ucrania fue un importante golpe geopolítico para Europa. Rusia es el principal grifo de gas a Europa y Ucrania, una periferia en disputa importante también para el suministro occidental.

Israel, Arabia Saudí, Argelia y Qatar son los otros principales mercados energéticos de Europa, además de la exportación directa estos estados ejercen un papel político de estabilidad regional que permite un comercio fluido necesario para el funcionamiento del sistema. La fortaleza de estas potencias en Oriente Medio asegura rutas de suministros esenciales como el estrecho de Ormuz y el canal de Suez. Tras la invasión militar de Putin el mundo se volvió más dependiente de estos mercados alternativos

Producción de gas natural de los países según CIA World Factbook. Autor: Mauricio07. Febrero de 2013. Creative Commons Attribution 4.0 International.

Israel emergió como gendarme regional occidental frente a los gobiernos revolucionarios de Egipto, Siria y Libia en los años 60. Con la caída del Sha de Persia, Irán dejó de ser el principal aliado occidental en los años 70, lo que desencadenó la segunda crisis del petróleo. La caída de la URSS desplazó la influencia de la brecha geopolítica hacia Oriente Medio, lo que convirtió a Israel en una proxy vital para la capacidad de Occidente de sostener la transferencia de plusvalías en la región.

La administración de Barack Obama firmó un memorando de entendimiento militar por el que se comprometió a Israel 38 mil millones de dólares de asistencia militar hasta el año 2028, memorando que tanto Biden como Trump han ampliado.

Este papel de vigilancia armada de Oriente Medio necesita de medios bélicos que nutran a la industria armamentística occidental de unos beneficios necesarios para su viabilidad económica. Su naturaleza belicista le convierte en el laboratorio perfecto de experimentación e investigación militar y de desarrollo de tecnología de defensa.

Además, Israel revende armamento a regímenes vetados desde países occidentales por causas políticas como el apartheid sudafricano, la contra nicaragüense e incluso enemigos declarados como Irán o el DAESH. Maximiza así la extracción de plusvalías de esta industria permitiéndole llegar a nuevos mercados, e incluso incrementar la propia inestabilidad que justifica y aumenta estos beneficios.

La amenaza rusa desencadenó en Europa una oleada de solidaridad con Ucrania que se sumergió rápidamente de un espíritu belicista que puso en la agenda el desarrollo de los complejos militar-industriales. Rusia fue sancionada, se dio por cerrada la vía diplomática y comenzó un esfuerzo de inversión militar por parte de los socios europeos de la OTAN junto a la ideación de un ejército unificado europeo, si bien parece inviable a medio plazo. El objetivo de gasto militar del 5% del PIB (2% hasta 2025) busca modernizar los ejércitos, hacer frente a esa “amenaza rusa” y combatir otras amenazas como el apogeo chino. 

Sin embargo, la actual suma de los ejércitos occidentales, incluso solo los europeos, ya tiene capacidad militar de sobra para vencer a Rusia sobre el terreno en una guerra no-misilística. De hecho, si esta guerra convencional no se ha llevado a cabo (según el relato diplomático internacional) no es por la inferioridad militar occidental sino por la naturaleza misilística y la capacidad nuclear rusa heredada de la URSS.

China no representa por sí sola ni la más remota amenaza militar, ni por capacidades ni por doctrina bélica. Ahora, la estrategia de la OTAN frente a China consignada en la cumbre de Madrid 2022 í tiene una lógica de combate; la dominación militar de enclaves financieros estratégicos para hacer frente al gigante económico asiático. China es la primera potencia logística: refina casi el 90% de las tierras raras y controla el 70% de los recursos mineros mundiales. El concepto estratégico de Madrid es una redefinición táctica para confrontar este crecimiento desde el enfoque militar directo.

La estrategia de la OTAN de la cumbre de 2022 actualiza la idea de las amenazas híbridas, considerando un ataque militar contra los miembros “el uso de tácticas coercitivas sobre la política, la energía, la economía o la información”. Es decir, se arroga la responsabilidad de asegurar el sostenimiento vehicular de la logística del capitalismo por la fuerza y garantizar la exportación de plusvalías y el orden social.

El memorando señala esta intención China de controlar puntos estratégicos de la logística y la industria mundial y establece cuatro zonas de gran importancia geoestratégica: el indo-pacífico, el Mar Negro, Oriente Medio y el Norte de África-Sahel. Además, la integración de Suecia y Finlandia en el tratado fue un acuerdo cuya contrapartida fue el mayor control turco sobre Siria en detrimento del apoyo a varias facciones rebeldes democráticas que resultó en la toma de control actual por parte de una facción islamista radical apoyada por Occidente.

También incluye el cambio climático como una amenaza militar. Esto se relaciona con el “militarismo verde”, la militarización de la lucha contra el cambio climático y los desastres naturales.

Teniendo presente todo esto, el incremento del gasto militar en términos cuantitativos ni siquiera garantiza una mayor eficacia bélica, puesto que existen ejércitos en toda la alianza con estructuras hipertrofiadas y macrocefalia que podrían tener un mejor rendimiento con el mismo gasto. Sin embargo, este incremento del gasto en armamento protege intereses económicos globales, asegurando rutas comerciales y logística de extracción de plusvalías.

La necesidad del mercado armado occidental de extraer rentas directamente del Estado se camufla en un militarismo verde cuya verdadera manifestación es comenzar a militarizar todos los aspectos de la vida: desde la represión estatal (como en México, California, Alemania, Cádiz, etc) hasta las emergencias. Su verdadero propósito es el gasto militar en sí mismo, ya que al ser independientes los estados no existe una gobernanza europea que haga lógico y eficaz este esfuerzo de gasto en el complejo militar-industrial sobre todo estadounidense.

Lo observamos en la militarización de los asuntos interno. La UME y otras ramas son cada día más necesarias para atender crisis internas como la pandemia, las inundaciones recurrentes o la reconstrucción tras desastres, ocupando tareas que debería desarrollar la parte civil del Estado mediante un cuerpo de emergencias dotado de capacidades extraordinarias, destinando el ejército a un recurso excepcional y no cotidiano. Este proceso crea nuevos problemas en los países occidentales como el abuso de la población civil por parte del contingente militar en casos como la reconstrucción de València

Esta militarización se justifica políticamente valiéndose de marcos maniqueos, viscerales y patrioteros, lo que instaura un sentido común más dócil a marcos campistas (toman partido abiertamente por un bloque militar), belicistas (fanatismo y fascinación social sobre la guerra), chovinistas y social-chovinistas (reescritura deshonesta del socialismo para asimilar marcos imperialistas). La propaganda de guerra disuelve la conversación siendo campo abonado para el apogeo de discursos reaccionarios.

6. Auge reaccionario

El enlace común de estas dinámicas genera frustración en la clase trabajadora ante la incapacidad de la política de abordar estos problemas. La representación democrática pierde su funcionalidad al transformarse en una suerte de escaparate ideológico que se limita a favorecer una gestión pública más progresista o más conservadora y una producción legal fundamentalmente simbólica e impotente ante estas manifestaciones del imperialismo moderno y de crisis del sistema económico, social y político vigente.

La reacción ofrece un marco de análisis sencillo que consigue trenzar todas estas dinámicas en positivo: interpreta correctamente el sentido imperialista de estas manifestaciones, proponiendo como fórmula intelectual para afrontarlas fortalecer el imperialismo propio, acatando estas reglas del juego como vehículo político.

Desde su cosmovisión geopolítica media la ley del más fuerte y el objetivo del propio nacionalismo de cada experiencia reaccionaria aspira a la expansión imperialista que garantice la explotación de plusvalías del bloque corporativo nacional y desplace a competidores geopolíticos, revirtiendo en beneficio de la clase trabajadora nativa al recuperar y consolidar la aristocracia obrera a través de la discriminación nativista, identificando los intereses del individuo con los de su bloque corporativo de poder

Es decir, promueve que, en este escenario, la población que sufre sus consecuencias opte por un bando, que se alinee con un «nosotros» frente a un «ellos» reforzando, por un lado, un nacionalismo radical y, por otro lado, el racismo y la xenofobia. Y así justificar acciones políticas que, a la postre, ahondarán en estas consecuencias a medio y largo plazo, pero podrían resultar satisfactorias en el corto plazo. Porque si se trata de «o nosotros o ellos», aunque sea en buena medida un «ellos» prefabricado, siempre se optará por el «nosotros». «Son unos hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta», como dijo el escritor Arturo Pérez-Reverte en una entrevista en el podcast The Wild Project.

Mientras, la política mainstream vive alejada de la sociedad en una eterna espiral simbólica de gestos y batalla cultural, incorporando a menudo elementos progresistas para integrar a corrientes críticas con el sistema y legitimar su propia acción.

Esta cooptación retórica del statu quo de valores progresistas al dictado de la lucha política partidista genera una vinculación cultural en el imaginario colectivo entre las propias ideas democráticas y el orden imperante imperialista, muy lejano en su esencia de integrarlas a su funcionamiento, lo que favorece el rechazo de importantes masas sociales tanto a este status quo como a estas ideas democráticas y progresistas asociadas. 

Esta integración simbólica trabaja sobre una red viva de políticos, activistas, personalidades públicas y lobbies que personifican para el gran público una suerte de élite “intelectual-cultural”, que a menudo defiende el papel doméstico de estos gobiernos o determinadas políticas. Favoreciendo así el rechazo a esta élite cultural desde coordenadas reaccionarias y reactivas a cualquier marco político que defiendan. Se observa como corrientes políticas imperialistas de ultraderecha que se suponen antagónicas terminan colaborando en la práctica como Putin y Trump o Abascal y ambos. A esto se le suma el éxodo rural connatural a la crisis climática que provoca conflictos entre la ciudad y el campo, a menudo en contradicción con las premisas de desarrollo progresista urbano.

Sin embargo esta frustración política también puede impulsar una toma de conciencia antiimperialista. De forma improvisada y sobrevenida, la clase trabajadora europea, al ir dándose contra el muro de la política intentando atacar estas manifestaciones individuales (movimientos de inquilinas, movimiento de solidaridad con Palestina, movimiento contra el turismo masivo, ecologismo crítico, movimiento antirracista, movimiento antimilitarista…) en renovada respuesta a estos focos persistentes del capitalismo van dejando atrás luchas asimilables por el sistema como la igualdad formal o los derechos civiles.

Activismos clásicos (habitualmente autonomistas o anarquistas) no siempre perciben la intersección de estas luchas como un resultado irrefutable de una gran ofensiva imperialista de exportación de la plusvalía tras el momento inicial de recesión económica de 2008 y 2020. Sectores que sí lo perciben (habitualmente marxistas) pueden no entender el éxito del carácter descentralizado de estas luchas para llegar más lejos y dominar la pugna táctica por la atención social. Esta suma de posibles incomprensiones a menudo da como resultado un conflicto en el seno de los movimientos (autonomismo/confederalismo vs centralismo democrático).

Gaza, capital mundial de la ofensiva imperialista vigente

No es casualidad la confluencia de todos estos vectores en el genocidio de Gaza. Se presenta como plan para construir un resort turístico a través del exterminio de la población local y la expulsión por la fuerza de su ciudad mediante el imperialismo militar, la violencia inmobiliaria y el control de plusvalías y recursos naturales.

La propuesta de paz de 20 puntos de Trump busca desarmar Gaza haciéndola vulnerable a cualquier operación militar, vaciarla de ciudadanos mediante corredores humanitarios que no garantizan su derecho al retorno y la reconstrucción de la zona, vaciada de gazatíes, asesorada por urbanistas de los resorts turísticos del golfo pérsico.

La Gaza post-Trump será una “zona económica especial” dominada por la inversión extranjera con la intención expresa de gentrificar el área, lo que favorecerá la expulsión económica de población por vías no militares tal y como la conocemos en áreas turísticas como Barcelona, Venecia y Marsella.

Plano de “Gaza Riviera”; extraído del documento de la casa blanca The GREAT* trust, proyecto del gobierno estadounidense filtrado por The Washington Post. 2025.

El planteamiento político del acuerdo de paz ni siquiera concede la potestad de gobernar dicho proceso a los habitantes de Gaza, sino que lo reserva para una junta imperialista internacional liderada por Tony Blair al servicio del propio Trump encargada de supervisar personalmente la adecuada exportación de plusvalías sin interferencias identitarias regionales.

La principal misión de esta junta imperialista será destruir y deshabilitar toda la infraestructura “militar” de la resistencia gazatí y supervisar el proceso de desarme. Una fuerza internacional de estabilización protagonizada por países árabes aliados de Israel tomará entonces La Franja de Gaza, entrenando a la policía palestina y tendrá por misión principal garantizar el flujo de bienes y servicios. Las fases de retirada israelí sobre el control de la franja garantizan la posesión militar sobre todas las áreas de huerta durante todo el proceso de reconstrucción, lo que les confiere el poder para emplear el hambre como arma. 

La exportación de plusvalías sobre proxies en disputa articula sobre el plan de Gaza la turistificación de la franja asentada sobre un genocidio de aniquilación militar de la población civil, la completación del proceso de limpieza étnica mediante la violencia inmobiliaria, forzando a otra migración masiva que será recibida con xenofobia en sus países de destino, el control de los recursos energéticos por parte del Estado de Israel, que se suma a la expansión colonial en Cisjordania mediante la expulsión de palestinos para instalar plantas energéticas fósiles y renovables.

La normalización de esta terrible realidad agita y nutre a la reacción en las principales democracias liberales pero también recrudece y conciencia a las sociedades hacia una confrontación directa con esta ofensiva imperialista

En sus actuales tensiones organizativas, al sentido común progresista y demócrata de los países occidentales le duele Gaza por la crudeza directa del conflicto, pero también porque identifica el sufrimiento de Gaza con su propio sufrimiento. Ve en el resort planeado sobre la franja el resort que le expulsó de su barrio de toda la vida; comprende la violencia inmobiliaria que trasciende al plan de Trump porque la ha vivido en sus carnes; observa como avanza la militarización de su propia comarca tras una catástrofe natural y entiende proporcionalmente el régimen social que impone esta militarización de la franja; entiende la idea de “pelotazo urbanístico trumpista” porque lo ha vivido en su propio país; comprueba como los órganos militares y diplomáticos son impotentes ante la mayor tragedia de nuestro tiempo pero implacables cuando se trata de defender intereses geopolíticos funcionales a la extracción de plusvalías en periferias como Ucrania, Venezuela o el Sahel.

Gaza es la máxima expresión visible de la ofensiva imperialista que transitamos, por ello también el escenario donde todas estas luchas aparentemente autónomas se entrelazan dotando al proceso de reubicación del capital excedente mediante la extracción de plusvalías de una definición gráfica y comprensible en la dimensión emocional. Y por esa razón Gaza es el principal vector universal de toma de conciencia antiimperialista.

Es tiempo, pues, de articular proyectos políticos, económicos y sociales que se antepongan a la deriva del sistema actual y solucione de raíz los problemas de la mayoría social sin hipotecar el futuro de las generaciones venideras y sin comprometer al resto de pueblos que componen el mundo. Más al contrario: urge acabar con estos marcos que desde la extrema derecha se buscan imponer, de apostar por el conocimiento, las redes de apoyo y de ayuda mutua y hacer frente a la época oscura que nos ha tocado vivir.

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¹ China presentada como potencia imperialista por sintetizar ideas y no añadir matices innecesarios. En realidad hay conflicto entre los estudiosos sobre si se puede considerar como potencia imperialista (al menos según la definición leninista) a China, encontrando argumentos a favor y en contra; siendo más aceptable la clasificación como “potencia defensiva”.

² Relato interseccional ecologista de la socialdemocracia keynesiana al social-liberalismo verde unido al ecologismo tecnócrata y patronal verde: por un lado plantea medios de adaptación del estado capitalista que son mejores que la inacción ultraliberal, el obrerismo retardista y el negacionismo conservador. Sin embargo su tesis definitiva termina siendo presentar el ecologismo como algo positivo y productivo para el sistema. Ej: “la prevención de los desastres naturales es más rentable para todas las empresas que la reparación”. Esto obvia la contradicción capital-tierra y la propia mecánica del capitalismo en fase monopolista de adoptar automáticamente cualquier medio para optimizar la rentabilidad, además de otros factores como “la economía del desastre” y como el desastre natural (y otras manifestaciones del colapso climático) en realidad generan beneficios a las empresas más hegemónicas favoreciendo la acumulación privada. Por otro lado, como ideograma funcional a determinadas burguesías monopolistas energéticas y grandes capitales, habitualmente utilizada como pretexto para implementar privatización e incluso degradación ambiental. Tensión existente entre colectivos ecologistas rurales y colectivos ecologistas urbanos. Acusados respectiva y mutuamente de retardismo y de colaboracionismo con la patronal energética. Sea como fuere, un resultado político de este vector de ecologismo “de arriba hacia abajo” es descargar sobre las espaldas de la clase trabajadora todo el peso de las políticas públicas contra el cambio climático. Lo que además de científicamente ineficaz es contraproducente a escala política y alimenta la reacción negacionista del cambio climático.

³ Desastre natural histórico de gran magnitud en las comarcas litorales de la mitad sur de la provincia de València, producido por riadas a causa de una gota fría extraordinaria (evento de cada mil años) donde la peor parte se la llevó l’Horta Sud, comarca limítrofe con la ciudad de València situada en el cauce hidrológico de las ramblas que alimentan el lago de la Albufera.

⁴ En derecho laboral circunstancias relacionadas con la asistencia al trabajo o desde el trabajo que realiza un individuo para acudir a su puesto. Una cantidad importante de víctimas de la dana de València fueron trabajadores acudiendo a trabajar o regresando del trabajo. Un accidente laboral in itinere es aquel que se tiene de camino al trabajo o desde el trabajo.

⁵ Proceso mediante el cual el sistema capitalista asegura la continuidad de la capacidad laboral de los trabajadores. Esto incluye tanto la subsistencia física del trabajador (alimentación, salud, vivienda, descanso) como la reproducción social de la clase trabajadora (educación, cuidado familiar, formación de nuevos trabajadores). Según Marx, los capitalistas pagan un salario que cubre el valor de la fuerza de trabajo, es decir, lo necesario para su reproducción pero no demasiado para mantener la dependencia de la venta de fuerza de trabajo para subsistir, permitiendo así la perpetuación del sistema de producción capitalista.


La construcción del odio: racismo e inmigración en el discurso político

Denis Allso

Articulista. Estudiante de Ciencias Políticas. Activista y cofundador en varias organizaciones sociales y sindicales de izquierda valencianista. Primer coordinador de BEA en la UMH y ex-rider sindicado. Analizar al adversario es la única forma de no perder la perspectiva de lo que se hace y es un deber moral cuando de ello dependen las vidas de las personas más vulnerables.

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