Lucha de clases, digitalización de la realidad y auge de la extrema derecha

La comunicación está mutando a pasos agigantados. A nadie se le escapa este hecho. El cara cara pierde su lucha cada vez más frente al ámbito online, generando así una especie de contraposición entre dos realidades: la red y el mundo material.

La realidad actual vive una especie de proceso de desmaterialización, de hecho. Lo tangible, lo material, lo palpable empieza a perder terreno frente a lo que se lee, se escucha y se observa a través de un mensajero tecnológico. Es decir, a través de las nuevas tecnologías: dispositivos electrónicos, Internet, redes sociales… Y estos cambios sacuden la civilización cada vez con más fuerza y frecuencia. No hay más que dar un repaso a la evolución de este ámbito en las últimas dos décadas, y muy especialmente en la última.

Desde el principio de los tiempos los seres humanos han construido su historia e identidad a través de los símbolos y significados. Ambos elementos piedras angulares de la comunicación. Por tanto, a través de esta premisa se debe comprender que las personas son seres intrínsecamente sociales y que la comunicación con sus congéneres da forma a su psicología: su cultura, identidad, personalidad…

Además, también se debe tener en cuenta que el contexto descrito, donde lo material pierde terreno frente a la información digital, donde las cosas dejan paso a las no-cosas, la sociedad actual va tener que enfrentarse a cambios, retos y amenazas cada vez más mayúsculas.

El concepto de no-cosas y como la digitalización afecta a la percepción de la realidad

El concepto de no-cosas, aunque a primer golpe de vista parezca críptico, es bastante útil para entender la realidad sociopolítica en la actualidad. Este concepto tiene su origen en la obra del filósofo surcoreano Byun Chul Han. El autor describe a través de dicho término un proceso por el cual la digitalización se está convirtiendo en una causa de sustitución de la realidad material por otra nueva dimensión: la online.

De esta manera, los recuerdos, la memoria histórica, la ética y los valores consensuados en décadas pasadas son reemplazados por la marabunta de datos y de información a la que las personas acceden a través de medios en línea. Según Byun Chul Han, dicho proceso es dañino ya que este tipo de información falsea los acontecimientos o, más bien, es utilizada para esto en muchas ocasiones.

Además, el surcoreano también ahonda en como esta tesitura afecta a las sociedades y su capacidad de discernir. Este punto de vista se puede entender como una clara crítica a las consecuencias que ocasiona la mala gestión de las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento.

Este nuevo contexto, si bien es cierto que es una revolución sin precedentes con puntos potenciales muy positivos, está también presentando a su vez una gran cantidad de problemáticas ligadas a la pérdida de objetividad y visión realista de lo que pasa en el mundo real o tangible (por lo menos en los países con acceso a las nuevas tecnologías de manera masiva).

Hoy estamos en la transición de la era de las cosas a la era de las no-cosas. No son las cosas, sino la información, lo que determina el mundo en que vivimos.

Byung Chul Han

De este modo, la información online ha pasado a ser una de las variables fundamentales que construyen el sentido de la percepción de la realidad. Dicho contexto genera una gran cantidad de cambios en todos los paradigmas. Los modelos que antes estaban más estáticos y sólidos con la llegada de las no-cosas se vuelven líquidos.

Algo así como el paso de la modernidad sólida a la modernidad líquida que el sociólogo Zygmunt Bauman explica en su obra. Es decir, la transición de una sociedad que tenía unas instituciones sólidas y unos tiempos de vida, pautas y normas relativamente estables, pasa a ser una sociedad donde las normas e instituciones en los que los individuos sociales se miran para formar su identidad son mucho más dinámicos y cambiantes.

Este sociólogo polaco tiene bastantes paralelismos con Byun Chul Han, y es que los dos apuntan a un cambio de paradigma causado por la revolución digital. Un nuevo campo de relacionarse, comunicarse y, en definitiva, de transformación social que tiene como principal causa el aumento de los ritmos de vida, de información, de interacción y de estímulos, todo ello guiado a través de las nuevas tecnologías y los canales comunicativos ligados a estas como las redes sociales.

Lo explicado en los párrafos anteriores presenta varios tipos de conflicto. En un primer lugar, con el contexto descrito una premisa queda bien clara: la información es poder, un poder que, aunque provenga desde las no-cosas se traduce en un dominio de lo material.

Es decir, quien controle en propiedad las redes sociales, los medios de comunicación y, en general, el cuarto poder y los mensajes e información trasmitida al seno de la sociedad, tendrá una capacidad de influencia mayúscula en todas las estructuras de la sociedad.

Esto ha sido así por lo menos desde el inicio del capitalismo y el surgimiento de la prensa, pero, si bien es cierto el periodismo en sus décadas de apogeo sirvió de contrapoder y como pilar base de las democracias liberales, hoy en día, la concentración de estos mismos medios periodísticos en propiedad de muy pocas manos impiden esta función tan vital para una democracia como es tener acceso a la información más objetiva y veraz posible.

Cabe añadir a esta tesitura que el monopolio de la información antes recaía en las grandes empresas de comunicación y los medios hegemónicos como la televisión, la radio o la prensa escrita. Sin embargo, con al surgimiento de Internet, la capacidad de organizar proyectos informativos, divulgativos y periodísticos independientes se ha multiplicado exponencialmente.

No obstante, lejos de ser todo positivo, a causa de este mismo factor, la mala praxis, las teorías de la conspiración, la desinformación y demás prácticas muy poco profesionales han entrado con fuerza copando gran parte del material informativo de la red, siendo este un problema y una paradoja, pues en internet a día de hoy se pueden encontrar los periódicos online más honestos con la antigua profesión periodística y los panfletos de desinformación y de discursos de odio más peligrosos.

La lucha de clases a través de la pugna por la información

El campo de la información es un campo de significados, es un campo de símbolos, es un campo cultural y, sobre todo, es un campo de luchas de poder. La lucha de clases es presentada por las posturas más conservadoras como un relato anticuado.

Pero nada más lejos de la realidad: es más compleja, pero está más vigente que nunca, quizá ya no se libre solo en las fábricas o en las luchas sindicales, sino que, además, hay que añadirle ahora la lucha por los significados en el ámbito comunicativo digital. Por tanto, la disputa por quien crea las categorías de pensamiento hegemónicas en nuestra sociedad.

En un régimen en el que el más explotado menos enuncia, el oprimido tiene que entablar una lucha contra los dominadores también en el plano del lenguaje.

Paulo Freire

Es en esta confrontación abierta donde la extrema derecha actual ha encontrado su nicho de acción. A través de la lucha de los significados, a través de la degradación del lenguaje, a través de transponer, como hacía Goebbels ya en el nazismomostrando a los oprimidos como verdugos y a los verdugos como víctimas.

Cultura de la cancelación, políticamente incorrecto, apolítico, libertario… palabras que esconden detrás significados bien diferentes, en concreto uno que las engloba: ser reaccionario. También otro: ser engañoso y mostrarse como lo que uno no es. Lo que desde la extrema derecha se ha llamado «guerra cultural» y que lleva décadas fraguándose en numerosos laboratorios de ideas, y que guarda estrecha relación con el concepto de «hegemonía cultural» de Antonio Gramsci.

La primera revolución que experimentó Alemania bajo el nazismo fue la del lenguaje. Cuando empieza la palabra a degradarse, detrás van las ideas.

José María Lasalle

Siguiendo con la reflexión, existe un concepto muy bien explicado por el sociólogo Iago Moreno que habla sobre la extranjerización del otro como arma política. Es algo que siempre ha utilizado la extrema derecha. Es decir, mostrar la disidencia como un otro, un extranjero o un extraño foráneo y peligroso, aunque sea parte del mismo país y la misma cultura, sin embargo, al pensar diferente se le debe deshumanizar y hacer creer que no forma parte del grupo. Se tergiversa el significado de la identidad de esas personas para poder agredirlas.

Estas maneras de actuar cobran más vigencia que nunca en la sociedad de las no-cosas. La extrema derecha puede realizar estos ejercicios de desinformación y resignificación de la realidad a través de las redes sociales con mucha efectividad. Bulos, fake news y demás maneras de desinformar constituyen parte de este nuevo contexto que Byung Chul Han muestra, donde también se puede incluir a Bauman en la ecuación.

Un nuevo contexto donde no solo la extrema derecha, sino también los grandes capitales usan su influencia en los medios de los que son propietarios para manipular la realidad, desviar la atención e influir de manera trascendental en la percepción social de lo que ocurre en el día a día cotidiano de la clase trabajadora.

Es este un factor fundamental para entender cómo se sigue perpetuando y es tan difícil de hacer frente a través de la lucha política y social a los grupos que conforman las posiciones sociales más altas y hegemónicas en la sociedad que, si bien siempre han pujado fuerte para que sus valores e ideas fueran vistas como las predominantes en el plano cultural, hoy en día cobran, quizá, una omnipresencia sin precedentes a causa de las nuevas tecnologías y las redes sociales.

El contexto de digitalización clave para el surgimiento de la nueva derecha radical

La Rana Pepe, símbolo de la alt-right

Es necesario entender los procesos de digitalización conjunto a las consecuencias que los rápidos y vertiginosos cambios están produciendo a causa de dicho fenómeno. La irrupción de las redes sociales es fundamental para entender el surgimiento de posturas reaccionaras como el movimiento Incel, una subcultura surgida en comunidades online, concretamente en espacios virtuales como los foros 4chan, 8chan o Reddit.

En muy resumidas cuentas, esta ideología/subcultura sostiene la idea de que sus miembros (hombres jóvenes) no pueden o son incapaces de tener las relaciones sexuales que ellos quisieran, mostrando como culpables de su situación al progresismo y al feminismo, exponiendo así posturas muy violentas frente al género femenino y siendo profundamente misóginos.

De alguna forma, sostienen que se les margina por esta cuestión, que las mujeres se encuentran en una posición dominante (o es lo que buscan) y que se les niega su derecho a mantener relaciones sexuales. También señalan a ciertos hombres, los que cumplen con ciertos criterios (estatus social, cánones físicos…) y que acaparan de alguna forma todas las relaciones sexuales. Una subcultura que ha generado toda una ola de bromas, memes, lenguaje propio…

La subcultura incel ha acabado estando relacionada, prácticamente uniéndose, con la derecha alternativa conocida en inglés como alt-right al encontrar puntos en común en los aspectos socioculturales. Sin embargo, aunque esta ideología se presente como algo novedoso o nuevo, lo cierto es que su postura política se encasilla de manera muy clara en la extrema derecha, teniendo además como máximo ejemplo de representante político que ha conseguido llegar al poder a Donald Trump.

Hay que destacar que Trump se alzó como referente de la nueva derecha radical al dictado de la estrategia diseñada por Steve Bannon, periodista relacionado con el portal difusor de bulos y «fake news» Breitbart News y uno de los máximos ideólogos de la alt-right.

Este movimiento de extrema derecha descrito, tiene su origen en Estados Unidos a principios de 2010. Richard B. Spencer, el neonazi y supremacista blanco presidente del think thank Instituto de Política Nacional, fue el primero en usar dicho término en una publicación llamada Alternative Right. Spencer y su corriente de pensamiento defienden el supremacismo blanco, el racismo cultural y postulados ultranacionalistas.

Desde entonces, esta nueva ola de discursos racistas y de odio han seguido una línea de desarrollo ascendente, basándose en la propagación de sus ideas a través de las redes sociales tanto en América como Europa y absorbiendo las ideas, discursos y escritos de otras personalidades como el paleoconservador Paul Gottfried, el locutor Axel Jones de InfoWars o el influencer Milos Yiannopoulos, entre otros muchos.

¿Pero cómo ha podido la extrema derecha aglutinar tanta fuerza como para incluso asaltar la presidencia de Estados Unidos con todas las evidencias históricas de lo que este tipo de ideologías han realizado a lo largo de su existencia?

Es fundamental entender el contexto que en los apartados anteriores y de la mano del filósofo Byun Chul Han se ha descrito. Pues la realidad material, la objetividad y el interés colectivo de informar con veracidad han perdido la partida, de momento, frente al flujo caótico de la red. Un flujo que, en realidad, es cada vez menos caótico debido a los algoritmos y los intereses de quienes manipulan la información.

Este contexto se presenta como una distopía que niega la verdad. Se ha llegado a tal punto en la problemática de la información que da igual lo que ocurra en el mundo real, pues los bulos, las mentiras y las campañas premeditadas de desinformación acaban socavando los hechos objetivos.

La mentira se instala como verdad, no importa lo que realmente ocurra en el mundo material: el plano digital ha ganado tanto terreno al mundo fuera de la red que se adueña por completo de la percepción política, social y, en general, existencial de las sociedades.

Es decir, la nueva era digital ha creado una sociedad donde las cosas se diluyen al igual que sus significados: el fascismo se viste de libertad, el machismo de amor, el conservadurismo de familia, la explotación de meritocracia, el hombre blanco de oprimido, el racismo de orden y seguridad, la conspiración de verdad, la idiotez de sabiduría y el diablo de cordero.

Todo esto tras una pantalla que da forma a los significados que articulan la manera que se tiene de ver el mundo, un mundo que está poniendo una alfombra roja para que los postulados más reaccionarios entren de lleno en la vida de las sociedades amparado en la mentira, la tergiversación y la posverdad.

Álvaro Soler

Articulista. Sociólogo y gestor medioambiental, con suerte de poder compartir vocación y formación. Las Ciencias Sociales son una parte muy importante de mi vida. Considero la divulgación a través de la sociología como una gran herramienta para destapar las injusticias sociales y arrojar luz sobre la actualidad diaria contribuyendo así a ser un poco más libres y justos.

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