Bolivia, un año después del golpe

En medio de una crisis política y social provocada por el golpe de Estado de noviembre de 2019, Bolivia se encamina hacia unas elecciones, aplazadas una y otra vez, en un contexto de polarización ideológica y con una gran crispación social reflejada en concentraciones, manifestaciones y otras acciones de protesta promovidas desde diferentes grupos activistas y políticos.

Desde los hechos que rodearon a la llegada al poder de Jeanine Áñez, Bolivia ha estado tomada por un gobierno interino que aseguró que su mandato en funciones duraría unos pocos meses pero que, prórroga tras prórroga, lleva asentado en el poder casi un año, aun cuando la principal fuerza política que la apoya es minoría dentro de la cámara legislativa.

A esta crisis política, se le suma la crisis sanitaria por coronavirus que, con las necesarias cuarentenas y una población dependiente del trabajo diario, han provocado una fuerte caída del PIB y dañado las economías familiares en un país ya de por sí en vías de desarrollo.

Este contexto de inestabilidad ha sido fuertemente respondido por los seguidores del expresidente Evo Morales, que se han manifestado continuamente tras los constantes retrasos electorales, especialmente a través de las redes sociales pero también en diferentes medios de comunicación.

Además, la noticia de la inhabilitación de Evo promovida por el gobierno ultraderechista de Jeanine Añez no ha servido precisamente para rebajar la tensión. Tampoco ha ayudado la reciente filtración de documentos que aseguraban que existía un plan entre militares y el gobierno interino para retrasar una vez más las elecciones y culpar al Movimiento Al Socialismo (MAS) de diferentes actos violentos.

La violencia y los enfrentamientos han ido a más en los últimos meses, también según se acercaban los comicios. Ahora, estas elecciones son necesarias para dotar al país de paz institucional y acabar con el largo conflicto con cientos de muertos y miles de personas heridas que dura ya un año, y que ha provocado la militarización de buena parte del país. Pero ¿cómo ha degenerado tan rápidamente la situación en un año?

Las elecciones de Bolivia de 2019

Evo Morales como presidente de Bolivia. Autor: Joel Álvarez, 2008,
para Wikimedia Commons.
Evo Morales como presidente de Bolivia. Autor: Joel Álvarez, 2008. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0.)

En noviembre de 2019 se celebraron las elecciones en Bolivia, donde el Movimiento al Socialismo (MAS) salía como primera fuerza, quedando en duda si conseguiría ganar en la primera vuelta o si se iría a una reñida segunda vuelta. El sistema electoral de Bolivia es a doble vuelta (balotaje), es decir, hace que las dos candidaturas más votadas entre todas vayan a una segunda ronda de votaciones, donde ahí ya quien obtenga más voto accede a la presidencia.

Sin embargo, si en primera vuelta el ganador obtiene el 50% más uno de los votos o tiene más del 40% del voto y le saca al menos 10 puntos al segundo candidato, este se convierte automáticamente en ganador de los comicios. Además, los resultados de la primera vuelta determinan el número de escaños de los partidos, como sucede en otros países.

Bolivia acudía a estas elecciones con un Evo Morales contestado por parte del país en un escenario de polarización política. Aparte del largo mandato del gobernante, que llevaba ya 13 años, Morales era un dirigente indigenista que, con sus claroscuros y alguna polémica, por primera vez dio voz a la población indígena, acostumbrada hasta esa época a estar en un segundo plano.

Esto causaba un fuerte rechazo al dirigente por parte de las oligarquías y de grupos tradicionalistas, una cuestión enraizada con fuerza en la Historia de Bolivia ya desde el siglo XIX y reflejado también en la rivalidad entre las ciudades de La Paz y Sucre. Pese a eso, el mandatario conseguía mantenerse en el poder gracias a los excelentes resultados económicos y sociales de sus sucesivos mandatos, siendo el presidente boliviano que más años había conseguido mantenerse en el poder legalmente y de los que más prestigio internacional había conseguido.

Pero Evo ofreció una excusa a sus enemigos cuando un referéndum en 2016 para reformar la Constitución lo perdió por estrecho margen, la primera derrota seria del mandatario. Sin embargo, Evo presentó un recurso al Tribunal Constitucional en 2017, que determinó que presentarse a las elecciones era su derecho inherente en función del artículo 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Si bien este Tribunal contaba con mayoría de miembros partidarios de Evo Morales, cabe destacar que son elegidos por sufragio universal (elecciones siempre cuestionadas por la oposición). Así, en 2018 se dictamina que Morales puede presentarse por cuarta vez a las elecciones presidenciales, lo que divide y genera conflictos en el país, históricamente dividido.

En el proceso electoral de 2019, donde también concurría el expresidente Carlos Mesa como principal rival, la duda estaba en si Evo conseguiría sacar 10 puntos percentuales de diferencia a la segunda candidatura en primera vuelta.

Durante el conteo rápido de votos hubo un parón de 24 horas con más del 80% escrutado. La posterior reanudación dio la victoria a Morales (47,07%) frente a Mesa (36,52%). Organismos como la UE o la OEA criticaron las elecciones sin tener aún informes, mientras que la oposición exigía la repetición de los comicios o la destitución del presidente. O ambas.

El golpe de estado de Bolivia

Jeanine Áñez asume la presidencia de Bolivia el 12 de noviembre de 2019. Autor: Todo Noticias. Fuente: Youtube (CC-BY-SA-3.0)
Jeanine Áñez asume la presidencia de Bolivia el 12 de noviembre de 2019. Autor: Todo Noticias. Fuente: Youtube (CC-BY-SA-3.0)

Las calles de Bolivia explotaron con los opositores al gobierno del MAS de Evo Morales. El presidente, intentando calmar la situación, pidió la intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA) para que hicieran una auditoría independiente y, de determinarse la existencia de irregularidades, se dirimieran responsabilidades y se celebraran unos nuevos comicios.

Tras la auditoría, la OEA anunció que los datos recabados eran sospechosos, posiblemente fraudulentos y pidió una repetición de las elecciones.

Algunos miembros de la oposición pidieron lo mismo, pero otros, como el recién aparecido ultraderechista Fernando Camacho, un líder empresarial de la parte rica del país, Santa Cruz, pedía la dimisión del presidente.

La violencia sacudió las calles, golpeando a dirigentes del MAS. Buena parte de la policía se reveló en todo el país contra el Gobierno. Morales ofreció la repetición de elecciones cuando Williams Kaliman, Comandante de las Fuerzas Armadas de Bolivia, le aconsejó que huyera, ya que no podrían asegurar su integridad física, una noticia que recorrió el mundo entero por su significado en un país y en una zona del mundo donde los golpes militares han sido demasiado frecuentes.

Así, el 10 de noviembre de 2019, Evo Morales presentó su dimisión y, junto a distintos miembros del MAS, huyó a México donde pidió asilo político, acabando finalmente en Argentina. En todo momento, el dirigente insistió en que había sido un golpe de Estado.

Tras esto, al no ser elegibles otros de los miembros del Congreso, la ultracatólica y conservadora Jeanine Añez, presidenta del Senado y líder un de partido con tan solo el 4% del voto, se convirtió en presidenta de Bolivia.

Áñez, cercana a las élites económicas del país y al éjército, accedió al cargo de manera interina. Con una Biblia en la mano, entró en el palacio presidencial donde aseveró: “la Biblia vuelve al palacio”. La presidenta interna anunció que convocaría elecciones rápidamente, pues así lo mandaba la legislación. Casi un año después, sigue en el poder.

Así, las sospechas de un golpe de Estado en cooperación con los Estados Unidos (que fue uno de los primeros países en reconocer a la nueva presidenta interina) recuerda al Plan Cóndor y a la ofensiva judicial de la derecha latinoamericana contra los gobiernos cuando no han podido ganar en las urnas.

La teoría del golpe es más plausible viendo informes posteriores sobre las elecciones de 2019. Uno del CERP y otro posterior del New York Times, aseguran que la OEA trató erróneamente los datos donde aseguró que Evo había cometido fraude.

Junto a esto, en octubre de 2020 se ha filtrado un plan del gobierno junto a militares para evitar un retorno al poder del MAS. En los documentos filtrados se hayan los nombres de más de una veintena de militares cercanos a Jeanine Áñez que planeaban atentados para evitar las elecciones, planeando culpar al MAS de estos actos violentos.

La convulsión de un año de Jeanine Áñez

Bolivia continúa luchando en las calles. Autor: Captura de pantalla realizada el 17/08/2020 a las 13:01h. Fuente: Youtube.
Bolivia continúa luchando en las calles. Autor: Captura de pantalla realizada el 17/08/2020 a las 13:01h. Fuente: Youtube.

Jeanine Áñez llegó al poder tras el golpe, siendo presidenta interina siguiendo el mandato legal. Realizó dos promesas: la primera que su presidencia duraría semanas, tras las que convocarías elecciones; y, la segunda, que no se presentaría a las elecciones. Ambas promesas se rompieron.

Originalmente, la primera convocatoria de las elecciones estaba prevista para el 3 de mayo de 2020, ya en un ambiente bastante crispado por razones evidentes. Para entonces, el nuevo coronavirus ya estaba afectando Bolivia, por lo que los partidos políticos se pusieron de acuerdo inicialmente en posponer las elecciones al 6 de septiembre a la espera de que la crisis sanitaria estuviera más controlada.

Sin embargo, Áñez no estaba muy de acuerdo con esta fecha, optando por posponerlas por segunda vez. Además, durante estos meses, la ultraderecha boliviana planeó prohibir la inscripción del MAS como partido. Terminaron por deshechar esta opción, ya que hubieran levantado a buena parte del país contra un gobierno que en realidad era débil y no tenía la situación bajo control.

De acuerdo con varios analistas, la gestión de la pandemia ha sido bastante deficitaria. La popularidad de Añez más preocupada en privatizar empresas caía, mientras los sectores sociales agitaban las revueltas. Como añadido, diferentes casos de corrupción en muy poco tiempo acosaron a la dirigente y empañaron su gestión.

Ya en verano, Áñez informó de un nuevo cambio electoral citando otra vez la crisis sanitaria. De esta forma, del 6 de septiembre pasarían al 18 de octubre.

Este cambio provocó una nueva y fuerte contestación social con bloqueos de carreteras, manifestaciones, enfrentamientos y envíos de fuerzas de seguridad a reprimir a manifestantes. La policía y el ejército fueron movilizados por el gobierno para conseguir el retorno del orden, algo que nunca llegó a conseguirse del todo.

El MAS, por supuesto, criticó esta maniobra, señalando que no era más que una estrategia para seguir postergándose en el poder. Y no fue el único, ya que, esta vez, otros líderes opositores enfrentados al MAS también criticaron la nueva postergación de la fecha. Así, en menos de un año, el gobierno interno fue quedándose cada vez más solo y perdiendo apoyos de manera progresita.

Desde distintos órganos se llamó a la calma a la población, ya que el aumento de enfrentamientos acercaba peligrosamente al país a una nueva guerra civil, algo que lleva temiéndose en realidad desde hace tiempo.

Elecciones en Bolivia: las candidaturas

Luis Arce Catacora, Ministro de Economía y Finanzas Públicas de Bolivia. Autor: Casa de América, 26/04/2019. Fuente: Flickr. (CC BY-NC-ND 2.0)
Luis Arce Catacora, Ministro de Economía y Finanzas Públicas de Bolivia.
Autor: Casa de América, 26/04/2019. Fuente: Flickr. (CC BY-NC-ND 2.0)

En este contexto, pese a todo, seguían las listas y las candidaturas para ocupar la presidencia de Bolivia. Originalmente, ocho eran las candidaturas que se presentaban a esta cita electoral, ordenadas por previsión de voto.

Por el Movimiento Al Socialismo, el que en principio sería el primer partido en porcentaje de voto, presentaba al exministro Luis Arce. Arce es un fiel de Morales y ha acompañado al expresidente desde su victoria en 2005. Pese a eso, tiene un perfil muy diferente al de Evo, siendo más bien un tecnócrata al que se le atribuye el éxito económico de Morales, pero que no cuenta con el gran carisma personal del expresidente.

Frente a él, aparece como principal contendiente el expresidente Carlos Mesa, un veterano político que gobernó brevemente Bolivia de 2003 a 2005, tras una fallida legislatura de 1 año y 8 meses. Sobre él pesa este hecho y también su carácter tibio, que no consigue movilizar a los grupos empresariales de la derecha ni a los movimientos sociales que moviliza efectivamente el MAS. Es el representante de la alianza política Comunidad Ciudadana.

Como tercer miembro en disputa y bastante lejos de los dos principales contendiente,s se encuentra el ultracatólico Fernando Camacho, apodado el Bolsonaro Boliviano, un empresario y líder social de la rica zona de Santa Cruz que saltó a la fama tras capitalizar las protestas en la región, un bastión de la derecha, contra el expresidente Morales. Se presenta por el religioso partido Creemos.

Como cuarta candidatura, se encontraba la presidenta Jeanine Áñez, que se retiró sorpresivamente el pasado mes de septiembre para, según sus propias palabras, no facilitar una victoria del MAS diviendo el voto con su candidatura.

El quinto candidato con una cantidad de voto sensiblemente inferior es Chi Hyun Chung, del Partido Demócrata Cristiano. Este politólogo y pastor evangélico es conocido por sus ataques a las personas LGTB. Aunque en 2019 consiguió ser el tercer candidato, esta vez sus opciones están seriamente por debajo.

Jorge Tuto Quiroga es el sexto candidato. Fue presidente de Bolivia desde 2001 a 2002. Su formación de corte liberal esta ahora fuera de la contienda, tras anunciar su retirada invocando razones similares a las de Jeanine Áñez.

La catedrática María de la Cruz Baya es la séptima candidata. Esta catedrática y política se presenta por el nacional conservador Acción Democrática Nacionalista. Su candidatura apenas llega al 1% de voto estimado.

Con un porcentaje aún inferior llega Feliciano Mamami, del Partido Acción Nacional Boliviano (Pan-Bol) de carácter populista y obrerista.

Todos contra el MAS

Carlos Mesa, ex presidente de Bolivia en diálogo con la prensa. Autor: Cancillería del Ecuador, 18/08/2014, 17:12:41. Fuente: Wikimedia (CC-BY-SA-2.0)
Carlos Mesa, ex presidente de Bolivia en diálogo con la prensa. Autor: Cancillería del Ecuador, 18/08/2014, 17:12:41. Fuente: Wikimedia Commons (CC-BY-SA-2.0)

De las 8 candidaturas originales, 6 quedan en la contienda. El objetivo de la retirada de las dos candidaturas sigue el acuerdo tácito entre las fuerzas con posibilidades para evitar un retorno del MAS al poder. Esto será más plausible si el MAS no gana la presidencia en primera ronda tal y como se ha explicado con anterioridad y que fue el principal motivo de conflicto en las elecciones de noviembre de 2019.

Así, si el partido de Evo Morales es incapaz de ganar en primera ronda, pasará a una segunda donde toda la oposición podría votar al candidato que no fuera el MAS, concentrando el voto, al estilo del cordón sanitario que se emplea contra la ultraderecha en Francia o Alemania.

Por ahora la mayoría de las encuestas indican una victoria de Luis Arce, pero que sería insuficiente para ganar la presidencia en la primera vuelta, al quedar por debajo del 40% de votos. A una diferencia de entre 5 a 10 puntos se encontraría el candidato de Comunidad Ciudadana, el expresidente Carlos Mesa, que debería pasar a la segunda vuelta.

A bastante distancia queda Fernando Camacho, con un porcentaje de votos rondando el 13%. El resto de los candidatos se encuentran todavía más lejos y sin ningún tipo de posibilidad, sumando entre todos un porcentaje de voto inferior al 5%.

De confirmarse estos resultados, es muy posible que Bolivia fuera a una segunda vuelta. Y en esta tesitura la ventaja de Carlos Mesa como alternativa al MAS al concentrar los votos de la oposición posiblemente provocarían su victoria, aunque las encuestas señalan un escenario ajustado.

Conflictividad y resultados inciertos

Luis Fernando Camacho en conferencia en 2019. Autor: 
Abya Yala Digital, 4/11/2019. Fuente: Youtube (CC-BY-3.0)
Luis Fernando Camacho en conferencia en 2019. Autor: Abya Yala Digital, 4/11/2019. Fuente: Youtube (CC-BY-3.0)

Esta campaña marcada por el coronavirus ha sido verdaderamente atípica. Los encuentros físicos se han reducido al máximo, siendo las redes sociales el punto de encuentro de la sociedad boliviana con sus candidatos.

También ha habido métodos de evitar la pandemia como las caravanas en apoyo de un candidato y algunos eventos físicos.

Pero, además de estos elementos, otro ha sido omnipresente en esta polarizada campaña: la violencia. Todas las formaciones políticas han denunciado agresiones a sus militantes, simpatizantes y líderes, generalmente culpando al MAS y viceversa

Los organismos como el Tribunal Supremo Electoral, la Defensoría del Pueblo y la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas han pedido calma a la población y un desarrollo pacífico de las elecciones, aunque hay movimientos por todos lados que impiden esto, no solo desde la vida civil sino también desde el ejército y el Gobierno.

De hecho, uno de los temores es que el resultado de la campaña sea muy ajustado ya que, si el resultado final cumple este hecho, posiblemente los derrotados no acepten el resultado y las protestas sociales se mantengan.

Y este sería un escenario donde la larga crisis política sufrida por el golpe se alargaría en Bolivia. Incluso en el caso de que el MAS retornase al poder o ganase Carlos Mesa, el nuevo gobierno estaría ante una difícil tarea de recuperación de un país golpeado por una crisis política, social y sanitaria, totalmente dividido tras el golpe de 2019.

Los sucesos más importantes todavía están por ver.

Enlaces, fuentes y bibliografía:

– Foto destacada: Manifestaciones en La Paz, Bolivia en contra del supuesto fraude electoral y el gobierno de Evo Morales. Autor: Paulo Fabre, 23/10/2019. Fuente: Wikimedia Commons ( CC BY-SA 4.0.).

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

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