El antisemitismo y su vínculo con las teorías de la conspiración de la extrema derecha

La creencia en las conspiraciones ha existido desde el inicio de la humanidad. La política y el devenir de las sociedades están repletos de conspiraciones, traiciones y luchas por el poder: de la muerte de Alejandro Magno o Julio Cesar al asesinato de John F. Kennedy. La realidad pone de su parte para que las teorías de la conspiración florezcan, pues no se puede negar que la historia muchas veces se oculta o directamente está protagonizada por actos premeditados que en principio eran imprevisibles o desconocidos, complots que en muchos casos pueden entenderse como conspiraciones.

Ahora bien, existe una gran diferencia entre entender las complejidades geopolíticas de las sociedades humanas y creer en teorías de la conspiración pseudocientíficas o que sostengan relatos históricos ficticios, sin evidencia o lógica. Unos discursos que siempre han existido pero que impregnan cada vez más el imaginario cultural en el siglo XXI.

La extrema derecha, por su parte, ha estado y está estrechamente ligada a las teorías de la conspiración. En gran parte, esto es debido a la gran utilidad de los discursos pseudocientíficos y conspirativos para manipular, tergiversar y fortalecer posiciones incriminatorias que utiliza la ultraderecha para culpabilizar a grupos o sectores concretos de la población a modo de chivo expiatorio, un elemento básico dentro del discurso ultraderechista.

Antecedentes del antisemitismo

Primera página de 1893 del periódico antisemita francés La libre parole, fundado por Édouard Drumont, en el que aparece una caricatura sobre la "ambición judía" de dominar el mundo
Primera página de 1893 del periódico antisemita francés La libre parole, fundado por Édouard Drumont, en el que aparece una caricatura sobre la “ambición judía” de dominar el mundo

Un claro ejemplo de lo descrito son las teorías de la conspiración sobre los judíos, marxistas o masones. Teorías utilizadas por la extrema derecha y el fascismo en el siglo XIX y XX, las cuales han llegado a la actualidad, y que, como todo chivo expiatorio, se asentaban sobre prejuicios y falsas creencias ya instauradas de algún modo en la sociedad, como es el caso del racismo.

Así pues, las teorías de la conspiración judía no tienen su origen en la ultraderecha, sino más bien en la historia del antisemitismo que siempre ha perseguido al pueblo judío.

De esta forma, estas teorías se han alzado como uno de los temas más populares dentro del ámbito de las teorías de la conspiración. Estos relatos giran en torno a la acusación de que los judíos son la causa de la dominación de la sociedad, culpables de males globales como guerras, pobreza y demás tesituras sociales negativas, típicas por otro lado en según qué épocas.

No obstante, aunque estas teorías se suelen relacionar con el fascismo del siglo XX, tienen su origen siglos atrás. El historiador hispanista Joseph Pérez, apuntaba al inicio de la conspiración judía a causa del surgimiento de diversas redes de ayuda y solidaridad entre los judíos sefardíes. Unas redes de ayuda comunitaria que se originaron cuando fueron expulsados de España en 1492 por los Reyes Católicos a través del denominado Edicto de Granada, justificando con este decreto la expulsión de los sefardíes para impedir que siguieran coexistiendo con los cristianos, una coexistencia que podría acabar de judaizar a los cristianos españoles.

A raíz de estos acontecimientos de clara discriminación y rechazo hacia los sefardíes se escribieron las primeras obras que hablaban de la conspiración judía. La Carta de los judíos de Constantinopla está consideraba la primera obra que relata una historia de la conspiración judía. Este texto fue una falsificación de mediados del siglo XVI escrita por el arzobispo de Toledo Juan Martínez Silíceo para convencer al por entonces aun príncipe Felipe II de aprobar el estatuto de limpieza de sangre.

Este estatuto provocó la discriminación legal hacia las minorías conversas al cristianismo residentes en España, tildándolas de traidoras y de practicar sus antiguas religiones a escondidas. En concreto a los “marranos”, término por el cual se llamaba a los judíos conversos que aun practicaban el judaísmo en secreto, y también a los “moriscos”, musulmanes conversos al cristianismo que practicaban el islam de manera clandestina.

De esta manera, la obra recopilaba documentos y escritos antisemitas, textos donde se denunciaba el papel conspirador de los conversos españoles en multitud de conflictos y acciones como sacrificios rituales, revueltas e incluso el fomento y surgimiento del luteranismo.

A esta obra le siguieron otras como La isla de los Monopantos (1650), un relato antisemita escrito por Francisco de Quevedo cuya estructura argumentativa fue precursora del famoso relato de Los Protocolos de los Sabios de Sión (1905).

Los Protocolos de los Sabios de Sión tiene una vital importancia para entender las argumentaciones antisemitas del siglo XX sobre los judíos. Una argumentación fundada en su mismo génesis por las teorías de la conspiración.

De este modo, Los Protocolos de los Sabios de Sión se publicó en 1905, teniendo una gran difusión tanto en Europa como en Estados Unidos (en Norteamérica fue publicado por el empresario Henry Ford). Paradójicamente, a mediados de 1921 quedó demostrado que el texto era un plagio de los libros antisemitas de Hermann Goedsche y Maurice Joly, los dos publicados a finales del siglo XIX.

Edición española de Los protocolos de los sabios de Sion en 1930
Edición española de Los protocolos de los sabios de Sion en 1930

En una primera instancia, este libro publicado en el seno del Imperio Ruso cuando aún estaba el reinado de los zares pretendía justificar el maltrato a los judíos en dicho país. En concreto, el texto relata unas supuestas transcripciones de las reuniones de los “sabios de Sion”, donde se van relatando los diversos planes de los judíos a través de la masonería y el comunismo para hacerse con el poder mundial.

Este libro es el más difundido y famoso de la época contemporánea, el propio Adolf Hitler, líder del nazismo y de Alemania entre 1933 y 1945, así como principal instigador del genocidio judío, lo usaba como demostración de lo necesario que era el antisemitismo en el seno de su partido, el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (por sus siglas en alemán NSDAP, también denominado partido nazi), hasta el punto de que fue uno de los pilares vertebradores de la ideología nazi.

El dictador español Francisco Franco también se haría eco de estas teorías, esta vez sobre la base del ultracatolicismo, en este caso en la llamada conspiración judeo-masónica-comunista internacional, una suerte de teoría que argumentaba que comunistas, masones y judíos formaban parte de un complot para dominar el mundo.

En la actualidad, dicho texto sigue circulando en redes de extrema derecha, también en páginas de fundamentalistas islámicos, y es una base argumentativa por la cual se han desarrollado nuevas teorías conspirativas en el siglo XXI.

La herencia de la conspiración judía en las conspiraciones actuales

El mapa, decorado con símbolos masónicos (templo, plaza y delantal) muestra propaganda alemana de 1935 denunciando la acción de la judeo-masonería en varias revoluciones europeas
El mapa, decorado con símbolos masónicos (templo, plaza y delantal) muestra propaganda alemana de 1935 denunciando la acción de la judeo-masonería en varias revoluciones europeas
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La extrema derecha actual, tanto en su vertiente más clásica en forma de neofascismo como en su vertiente más moderna, la nueva derecha radical o alt-right, han seguido alimentándose de las construcciones argumentativas de las teorías de la conspiración, utilizando en muchos casos la misma técnica de plagio y malinterpretación intencionada que ya realizaron con obras basadas en el antisemitismo como Los Protocolos de los Sabios de Sión.

Una de las teorías antisemitas más famosas en la actualidad es el denominado Plan Kalergi, un relato conspirativo utilizado por políticos como el italiano Matteo Salvini. El Plan Kalergi sostiene la existencia de un complot mundial orquestado por las élites políticas y económicas para atraer mano de obra proveniente de Asia y África, generando así una hibridación” con la “raza blanca”.

No obstante, ¿cuál sería el supuesto objetivo de este plan? En primer lugar, terminar con “la raza blanca”. En segundo lugar, crear una raza de humanos mestizos dóciles, débiles y manipulables con el fin de tener mano de obra barata que será utilizada por una élite judía europea. Es decir, el Plan Kalergi parte de la base de que existen unas razas inferiores, las asiáticas y africanas, y que existe un plan para mezclarlas con la raza blanca y así acabar con sus hipotéticos rasgos positivos. Una teoría de la conspiración pues doblemente racista.

El Plan Kalergi tiene su origen en una malinterpretación intencionada de la Unión Internacional Paneuropea, organización fundada por Richard Coudenhove-Kalergi (de origen judía y masón) que buscaba la creación de un estado europeo basado en los principios del liberalismo, el cristianismo, el nacionalismo europeo y la responsabilidad social. Así pues, personas tan ilustres como Albert Einstein o el escritor Thomas Mann formaron parte de esta organización prohibida por el nacionalsocialismo en la Segunda Guerra Mundial.

De esta manera, el escritor de ideología neonazi Gerd Honsik publicó desde 1970 multitud de escritos manipulados de Richard Coudenhove-Kalergi con la intención de argumentar la teoría descrita en párrafos anteriores. El trabajo de manipulación de Gerd Honsik finalizó con la publicación del libro Kalergi Plan (2005). Diferentes analistas se hicieron eco del gran paralelismo en las formas y la tergiversación que este nuevo panfleto racista y ultraderechista tiene con las manipulaciones del relato ficticio de Los protocolos de los sabios de Sion.

Además, se pueden encontrar relatos gemelos de esta teoría por distintas partes del mundo. Por ejemplo, con el denominado “genocidio blanco” o “El Gran reemplazo” utilizados por el Ku Klux Klan y la mayoría de organizaciones neofascistas, las cuales usaban y usan el argumento de la pérdida de la raza biológica y el peligro del mestizaje de la raza blanca con otras razas. Una teoría que se acerca a los postulados más clásicos del racismo biológico de la época imperialista y los fascismos de la primera mitad del siglo XX y que se han demostrado falsos una y otra vez.

Otra teoría ampliamente popular y relacionada con este tipo de conspiraciones ultraderechistas es el “marxismo cultural”. Esta teoría argumenta que, el marxismo, lejos de estar en declive, se ha adaptado y pasado a controlar la esfera cultural, siendo los iniciadores de esto los pensadores sociales y filosóficos de la Escuela de Fráncfort (muchos de ellos de origen judío). El objetivo de la introducción de esto valores marxistas sería la destrucción de las instituciones tradicionales, así como la implantación de un nuevo orden mundial, dando rienda suelta al multiculturalismo (siendo este visto como algo negativo).

Precisamente fue esta teoría la que se encontraba presente en el texto 2083: Una Declaración Europea de la Independencia que el terrorista ultraderechista Anders Breivik envió a 1003 direcciones de correo electrónico horas antes de que cometiera un atentado terrorista que se saldó con 77 muertos y centenares de heridos en la ciudad de Oslo, Noruega el 22 de Julio de 2011, hace justo diez años.

David Icke , escritor inglés y partidario de teorías de la conspiración judía. Autor: Stegano Maffei, 08/09/2008. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
David Icke, escritor inglés y partidario de teorías de la conspiración judía. Autor: Stegano Maffei, 08/09/2008. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Asimismo, existen otros relatos pertenecientes a la esfera informal de Internet y las redes sociales ligados a historias más difusas sobre familias judías multimillonarias como la familia Rothschild u otras supuestas organizaciones secretas como los Illuminati (también relacionadas con el judaísmo). Teorías de la conspiración que engloban discursos muy variados, pero que se centran en la misma lógica basada en el antisemitismo: una supuesta élite ligada al judaísmo que ostenta un poder omnipresente, un poder que los hace culpables de todos los males sociales, políticos y económicos. Estas teorías han sido ampliamente difundidas por conocidos antisemitas como los escritores David Icke o Gerd Honsik, ambos negacionistas del Holocausto y con múltiples libros y canales comunicativos que difunden este tipo de relatos.

Han llegado a tener tanto éxito que hasta activistas y movimientos de izquierdas se han llegado a hacer eco de estas teorías, aunque usualmente desde una perspectiva anticapitalista y con el enfoque en la cuestión económica y no tanto en el antisemitismo o, en todo caso, en el antisionismo.

Por otro lado, los relatos antisemitas del nazismo y el fascismo también se repiten en su forma más burda, aunque se ven menos. Un ejemplo se vio cuando, en febrero de 2021, la falangista Isabel Medina Peralta, de Bastión Frontal , protagonizó un discurso antisemita en un homenaje a la División Azul en el cementerio de la Almudena de Madrid que le valió numerosas portadas y entrevistas.

Las teorías de la conspiración como discursos “lógicos” en la actualidad

Las teorías de la conspiración no son ni mucho menos ámbito exclusivo de la ultraderecha, ni del antisemitismo. Existen teorías que inundan todos los campos, desde la astrofísica, la medicina, la biología, la política… todos los ámbitos humanos son propensos a tener sus propias pseudociencias, teorías conspirativas o creencias basadas más en un sentimiento que en cuestiones objetivas. No en vano, las conspiraciones responden a necesidades psicológicas y sociales humanas.

Ejemplos se pueden ver en las teorías acerca de la Tierra plana o “terraplanismo”, o el movimiento antivacunas.

No obstante, anteriormente estas teorías eran apartadas y puestas en evidencia o por lo menos, aunque tuvieran repercusión, no eran el discurso principal que explicaba la realidad.

Sin embargo, cabe destacar como con la introducción de las redes sociales y las nuevas tecnologías, la capacidad de difusión de estos discursos se ha multiplicado exponencialmente. ¿Quién no ha tenido acceso a algún artículo, vídeo o publicación de carácter pseudocientífico y conspirativo? Las redes están plagadas de este contenido, incluso la literatura, la televisión y la radio lo explotan por atraer grandes cuotas de audiencia. Además, el propio funcionamiento de las redes sociales provoca que se creen burbujas informativas, auténticas cámaras de eco, donde una persona termina rodeándose únicamente de aquella información que le conviene.

De esta forma, existe un peligro real de que la capacidad analítica de una sociedad se vea claramente dañada por estos discursos nocivos, manipuladores y ficticios que son vistos por gran parte de la población como lógicos, pero, que si acaban asentándose frente al sentido común pueden llevar a toda una población a la irracionalidad.

La ciencia y el conocimiento académico no tienen el monopolio de la verdad, tan solo es otro método más de construir conocimiento. No obstante, hasta la fecha es el más objetivo, dando resultados mucho más fiables que otras maneras de entendimiento. Por tanto, hay que saber diferenciar el conocimiento lógico o científico de un conocimiento irreal, sin base alguna e incluso manipulado intencionadamente como el que construyen los relatos antisemitas expuestos.

En definitiva, aunque el discurso conspirativo o pseudocientífico se puede observar fuera de la extrema derecha, tanto en la televisión, en internet, en boca de celebrities (incluso en ocasiones presentándose como algo gracioso o simplemente extravagante), no se debe olvidar el peligro social que estos relatos ficticios pueden llegan a encerrar, pues son un tipo de narraciones que se han utilizado históricamente para manipular, mentir, engañar, perseguir, estigmatizar, agredir y asesinar a grupos poblaciones como los judíos, protagonizando episodios tan detestables como el Holocausto.

Campo de exterminio nazi alemán Auschwitz en Polonia, llegada de judíos húngaros. Autor: Ernst Hofmann, 1944. Fuente: Bundesarchiv, Bild 183-N0827-318 (CC BY-SA 3.0)
Campo de exterminio nazi alemán Auschwitz en Polonia, llegada de judíos húngaros. Autor: Ernst Hofmann, 1944. Fuente: Bundesarchiv, Bild 183-N0827-318 (CC BY-SA 3.0)

Enlaces y fuentes:

– Foto de portada: Graffiti antisemita y antiislam. Autor: NYC2TLV, 10/10/2009. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Álvaro Soler

Articulista. Sociólogo y gestor medioambiental, con suerte de poder compartir vocación y formación. Las Ciencias Sociales son una parte muy importante de mi vida. Considero la divulgación a través de la sociología como una gran herramienta para destapar las injusticias sociales y arrojar luz sobre la actualidad diaria contribuyendo así a ser un poco más libres y justos.

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