Así es el Batallón Azov, el peligroso regimiento neonazi del ejército ucraniano

La guerra en Ucrania sigue su curso tras la invasión del país por parte de Rusia. Más allá de la complejidad del conflicto entre ambos países, que se refleja en diferentes aspectos y ámbitos, hay una cuestión que a menudo pasa desapercibida. Y es que, entre los defensores, junto a ejército y grupos civiles, se encuentran milicias abiertamente neonazis. Posiblemente la más famosa de estas sea el Batallón Azov, si bien hay otras como Sector Derecho.

El Batallón Azov es un grupo neonazi ucraniano que, tras el mal llamado Euromaidán de 2014, fue integrado en las fuerzas armadas y, como consecuencia, dotado con entrenamiento y equipamiento militar.

La presencia de este grupo y de otras milicias de corte neofascista ha sido la excusa de Putin, bajo el argumento de “desnazificar” Ucrania, para iniciar la invasión de su país vecino, exagerando la participación y poder real de dichos grupos. Un argumento pobre, ya que de haber querido «desnazificar» Ucrania, hubiera actuado años atrás, en su pleno apogeo cuando incluso tenían poder político, no ahora que tienen un apoyo considerablemente menor.

Por otro lado, su homólogo, Vodolomir Zelenski, ha negado la presencia de las milicias neonazis, negando así una realidad empírica y sumándose al blanqueo al que ha sido sometido este grave problema por parte de los medios y prácticamente todas las potencias occidentales, incluso cuando el Batallón Azov fue declarado organización terrorista por el Congreso de Estados Unidos en 2019.

Y es que el Batallón Azov se encuentra totalmente institucionalizado, añadido a las fuerzas de defensa ucranianas y a la Guardia Nacional, un grupo policial.

Desde ese punto de poder y equipamiento por parte del estado ucraniano, con el apoyo de sus aliados, el Batallón Azov ha tejido toda una red  con el objetivo de aumentar su influencia, creando un cuerpo civil y una organización política.

No solo eso, si no que se ha encontrado en el punto de referencia del neonazismo internacional, convirtiendo a Ucrania en un centro de entrenamiento de grupos neonazis de todo el mundo, desde Estados Unidos hasta Nueva Zelanda, un problema corroborado no solo por periodistas e investigadores, sino también por el propio Congreso estadounidense.

Todo esto con el objetivo de organizar una coalición de extrema derecha y tomar el poder en Europa. Así lo asegura, por ejemplo, Olena Semenyaka, cabeza de la gestión de los contactos internacionales del Batallón Azov para la revista TIME.

Pero, ¿cuál es la historia tras esta organización? ¿Su influencia real? ¿Su papel en el conflicto?

Una breve historia de la Ucrania reciente

Protestas de Euromaidán, calle Dynamivska con vehículos calcinados. Autor: Mstyslav Chernov, 21/01/2014. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).
Protestas de Euromaidán, calle Dynamivska con vehículos calcinados. Autor: Mstyslav Chernov, 21/01/2014. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

El grupo neonazi Batallón Azov tiene una larga historia desde su reciente creación en 2014. Este hecho viene relacionado con el Euromaidán, el golpe de estado blando favorecido por Occidente para expulsar del poder a Víctor Yanukovich, considerado alineado con los intereses de Rusia.

Euromaidán es la denominación promovida por los medios occidentales para dar nombre a una serie de protestas y disturbios que se sucedieron en el centro de Kiev, especialmente en la Plaza Maidán (Independencia, en castellano), como resultado de una serie de descontentos que se llevaban años arrastrando (corrupción leyes autoritarias, desigualdad…) y que detonaron tras la negativa del gobierno de Yanukovich de negarse a firmar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea para firmar un tratado económico con Rusia, lo que fue interpretado por la oposición como una traición a las aspiraciones nacionalistas.

Sin embargo, a pesar del carácter legítimo de las protestas, en ellas la extrema derecha tuvo un enorme papel. Distintos grupos ultranacionalistas y neofascistas se enfrentaron contra las fuerzas del estado, destacándose por su excelente labor de combate y con un fuerte apoyo de la oposición y de las potencias occidentales, que aprovecharon la ocasión para intentar que Ucrania no se alejara de su esfera de influencia.

El resultado final del Euromaidan, además de muertes y personas heridas, fue la expulsión del poder de Víctor Yanukovich, acusado de prorruso y corrupto, y sustituido por un gobierno provisional presidido por Oleksandr Turchínov, que tuvo como primer objetivo convocar elecciones, las cuales ganó el oligarca Petró Poroshenko, prooccidental pero como se descubriría en los siguientes años, aún más corrupto que Yanukovich, y también con tintes autoritarios.

A partir de aquí sería cuando estos luchadores extremistas empezarían a recibir reconocimiento por su labor.

El nuevo gobierno estaría ampliamente participado por la derecha y por la extrema derecha de carácter abiertamente neofascista.

La creación del nuevo gobierno fue visto por las regiones rusófonas del este del país como un auténtico golpe de estado y una traición, por lo que varias de ellas decidieron escindirse. Así, la región de Crimea celebró un polémico referéndum para independizarse y anexionarse a Rusia, mientras que se proclamaron las Repúblicas independientes de Donetsk y la de Lugansk, dando comienzo la guerra del Dombass, un conflicto civil que sigue hasta el día de hoy.

La historia del Batallón Azov: de la milicia a la institucionalización

La extrema derecha en Ucrania tiene un largo historial y se encuentra vinculada a ideales ultranacionalistas, tradicionalistas y de rechazo a la Unión Soviética y a Rusia, además de tener una postura discriminatoria hacia las minorías étnicas, incluyendo la rusa, que constituye alrededor del 17% del país.

La Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) es la organización fascista más antigua de Ucrania, creada en 1929 para exigir la independencia de la URSS y crear la «Gran Ucrania», reivindicando territorios más allá de las fronteras actuales del país bajo los pilares ideológicos del fascismo. Consiguió establecer una amplia red de influencia gracias al apoyo de potencias occidentales como Gran Bretaña.

En 1938, el asesinato de su líder provocó una escisión: la OUN-m y la OUN-b, esta última liderada por Stepan Bandera, líder histórico del fascismo ucraniano desde entonces. El inicio de la Operación Barbarroja, la invasión de la Alemania Nazi a la URSS, fue un incentivo para crear el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) en 1942, el brazo militar del OUN-b, que colaboró con el nazismo no solo para luchar contra la Unión Soviética, sino en implantar las ideas de Hitler, como crímenes antisemitas. También se enfrentó a los invasores alemanes para conseguir su independencia.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el UPA siguió luchando hasta su práctica aniquilación en los años 60, pero tras la caída de la URSS y la independencia en Ucrania en 1991, varias personas intentaron resucitar su legado. Así, nacieron partidos como el Congreso de Nacionalistas Ucranianos (KUN), que se terminaría integrando en Nuestra Ucrania de Viktor Yuschenko, o el Partido Social-Nacional de Ucrania.

Este último cobra especial relevancia porque es uno de los orígenes del Batallón Azov. Patriotas de Ucrania, registrada como asociación cívica en 1996 principalmente por militares, policías y veteranos de guerra, en 1999 se convirtieron en el brazo armado del Partido Social-nacional, pero entre 2004 y 2007 se empezaron a distanciar como parte de una política de renovación de imagen del partido. Y es que Patriotas de Ucrania utilizaba como símbolo el Wolfsangel, que forma parte de la iconografía nazi.

En 2004, el Partido Social-Nacional de Ucrania se cambió de nombre y de imagen y pasaron a llamarse Svoboda (Libertad, en castellano), y no solo llegaron a tener poder y representación política, condicionando los gobiernos de corte nacionalista y pro-europeo, sino que también tuvieron un papel destacado en el Euromaidán.

Es en este momento, ante el peligro de que se repitiera una escisión como la de Crimea, cuando voluntarios llegados de diferentes partidos políticos y organizaciones neonazis, un porcentaje muy importante de Patriotas de Ucrania, pero también de otros como Sector Derecho o C14, se unieron para formar el Batallón Azov.

Una de las personas referenciales es Andriy Blietsky, un historiador de 42 años y supremacista blanco. Obtuvo el cargo de diputado en la Rada Suprema (el parlamento ucraniano) gracias a Petro Poroshenko en 2014 por su labor en la milicia Zona de Operación Antiterrorista (ATO).

Andriy Blietsky tiene una larga historia de participar en distintos partidos y movimientos. Soñaba con “unir a toda la raza blanca para exterminar a los Untermensch”, subhumano,s un término extraído del nazismo. Es conocido entre sus afines como Lobo Blanco.

En 2016 se presentó por su propio partido Cuerpo Nacional sin lograr éxitos, pero fue devuelto a la política por Poroshenko. Pese a eso, tuvo una actividad baja, desplazándose al frente y dedicándose a la propaganda y captación de voluntarios para su regimiento.

Tras la invasión rusa, huyó inmediatamente del país junto a su familia.

Otras de las figuras claves en el nacimiento de Azov son Nikolái Krávchenko, ideólogo de la formación y muerto por un ataque ruso el día 15, el líder del Partido Radical Oleh Lyashko, los oligarcas Serhiy Taruta y Arsen Avakov, y el escritor ultranacionalista Dmytro Korchynsky.

Para el nombre tomaron primero Regimiento Azov, en honor al Mar de Azov, cercano a la ciudad de Mariúpol, donde los neofascistas tienen su principal sede y donde libraron una de sus batallas más exitosas. Después lo sustituirían por el de Batallón Azov

Logotipo del Batallón Azov. Autor: Mstyslav Chernov, 21/01/2014. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).
Logotipo del Batallón Azov. Autor: Mstyslav Chernov, 21/01/2014. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

Su principal símbolo es la runa Ángel Lobo (Wolfstangel) estilizada, ampliamente utilizada por el nazismo y que tiene su origen en las runas armannen, una serie de grafías nórdicas antiguas recopiladas por Guido Von List (El Secreto de Las Runas, 1908), figura clave del ocultismo nazi. En su escudo, tiene también otros símbolos del nazismo como el Sol Negro, símbolo tambiénj ocultista utilizado por las SS y por los grupos de extrema derecha, si bien también tiene otros significados no relacionados con el odio en las culturas del este.

También muestran el escudo de Ucrania, un símbolo nacional propio del país, pero muy usado por la extrema derecha ucraniana, hasta el punto que ha sido calificado como un símbolo de odio por diversos grupos antiterroristas.

Tras su creación, y utilizando las estructura del estado, el grupo consiguió popularizarse, apareciendo en televisión y siendo alabado por los políticos del nuevo gobierno. Además, desarrollaron una extensa labor de propaganda aprovechando las redes sociales como Facebook o YouTube, que vendieron una imagen positiva y épica del grupo, de forma similar a como lo hizo poco después el grupo terrorista fundamentalista islámico DAESH.

De esta manera, atrajo a un nutrido grupo de ultranacionalistas provenientes de partidos radicales como Svoboda (Libertad) o Sector Derecho, así como del mundo de los ultras del fútbol.

El grupo contó con financiación privada sorprendentemente de sectores judíos como el oligarca Igor Kolomoyskyi (quién se haría principalmente cargo de sus gastos) o la diáspora ucraniana en Occidente.

Tras su creación pasaría a ser parte del Ministerio de Asuntos Interiores de Ucrania, exactamente de la Guardia Nacional de Ucrania, contando con casi mil efectivos.

La profesionalización del Batallón Azov

A partir de aquí, el Batallón Azov empieza a entrar en combate contra las fuerzas separatistas de la región del Dombass. Y empieza a crecer y recibir privilegios por su situación como parte del Estado de Ucrania.

Durante este período, desarrolla su propio partido político dirigido por Blietsky, el Cuerpo Nacional, un milicia policial con el mismo nombre, una campamento de verano y distintas publicaciones, entre otras muchas actividades.

El Batallón Azov se reconvierte así a la rama paramilitar del Cuerpo Nacional, mientras mantiene su puesto en la Guardia Nacional de Ucrania, con al menos dos cuarteles. Así, es armado y dotado con equipamiento militar profesional, incluyendo piezas de artillería, drones y tanques, obteniendo un estatus privilegiado dentro de las milicias del neonazismo mundial.

Este equipamiento va junto a entrenamiento específico. Y aquí entra el papel de los Estados Unidos.

Según una investigación publicada recientemente por Yahoo! Noticias, la CIA lleva desde 2015 entrenando a fuerzas militares de élite en Ucrania, y es muy posible que en estos entrenamientos hayan incluido a grupos neonazis. Así lo atestiguan cinco exfuncionarios de inteligencia estadounidense.

El entrenamiento incluía todo tipo de entrenamiento y entre otros: manejo de armas de fuego, camuflaje, navegación terrestre, tácticas de movimiento e inteligencia.

En 2015, EEUU eliminaba de su proyecto de ley de gastos la prohibición de financiamiento a grupos neonazis como el Batallón Azov, tal y como recoge la revista The Nation en un artículo de 2016. Dos congresistas intentaron enmendar esto sin conseguirlo por supuestamente “las presiones del Pentágono”.

Como añadido, un reportaje de Jacobin asegura que Estados Unidos habría aprobado un proyecto de ley por parte del Congreso de Estados Unidos que contemplaba un presupuesto de cientos de millones de dólares para apoyo económico y militar en Ucrania, y que incluía deliberadamente al Batallón Azov.

Más tarde en 2018, el Congreso  de los EEUU finalmente denunció al grupo y prohibió armarlos o entrenarlos. Pero para entonces, el grupo ya estaba profesionalizado y entrenado. Esto le permitió seguir creciendo y en 2020 lanzar su nueva organización, Centuria.

Centro neurálgico del neonazismo mundial

Este entrenamiento y equipo han permitido que el Batallón Azov sea una referencia dentro del neonazismo mundial y han convertido a Ucrania en un centro internacional de entrenamiento de neonazis.

Según el experto Ali Soufan, que denunció al Batallón Azov en el Congreso de EEUU, hasta 17.000 combatientes internacionales habrían visitado Ucrania para entrenarse con dicho grupo de diferentes países del mundo, incluyendo Estados Unidos, España, Bélgica, Alemania o Nueva Zelanda.

Esto va en la línea del regimiento de conseguir reforzar el neonazismo internacional para hacerse con el poder en Europa, un objetivo que no han ocultado y que se desprende de la propaganda que distribuyen desde YouTube o Telegram.

Neonazis posando en apoyo a la Misanthopic Division del Batallón Azov. Autor: Desconcido. Fuente: Twitter (@Miquel_R, Dominio Público).

Desde hace años, diversas investigaciones concluyen que hay una gran conexión entre los distintos grupos neonazis. Por ejemplo, se sabe que Svoboda tiene delegaciones en diferentes países como España o Alemania, y que a través de sus redes han captado a voluntarios para entrenarse y luchar tanto en la Guerra del Donbass como en el actual conflicto con Rusia.

Estos contactos se desarrollan desde la Asociación Patriótica Volya, creada en 2014, que a su vez mantiene relaciones con Hogar Social Madrid, Frente Identitario o la Falange, partidos de extrema derecha españoles. De hecho, en 2017, el Batallón Azov dio apoyo al ultranacionalismo español contra el movimiento independentista catalán, evidenciando las redes de influencia que se estaban gestando desde Ucrania.

Estas conexiones se investigaron y evidenciaron en el informe De los neocón a los neonazis, de la Fundación Rosa Luxemburgo, publicado en 2020 y coordinado por el periodista e investigador Miquel Ramos.

Crímenes de guerra del Batallón Azov

A lo largo de los años, el Batallón Azov ha sido responsable de un amplio número de crímenes de guerra y violaciones de los derechos humano, crímenes que se desarrollaron bajo gobiernos que prácticamente no solo no hicieron nada por evitarlo, sino que los favorecieron mediante la institucionalización de este y otros grupos neonazis.

Así, durante el gobierno de Poroshenko se derogaron leyes que favorecían la protección de la cultura y la lengua propias de las minorías étnicas. De hecho el programa para el país era “una lengua, un ejército, una cultura”. Con esto en mente, las milicias neonazis y el Batallón Azov en particular tuvieron vía libre para actuar contra las regiones independientes en el Dombass.

En 2015 se publicaron un vídeos en el que varios hombres encapuchados quemaban en una cruz a un antifascista cerca de la ciudad de Schyrokyne. La supuesta autoría del crimen fue vinculada al Batallón Azov.

Junto a estos crímenes se suman el ataque a minorías o la participación en ataques terroristas supremacistas.

Un informe de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) concluía que el Batallón Azov era responsable de matanzas de prisioneros, creación de fosas comunes para ocultar los cuerpos y el uso sistemático de técnicas de tortura.

Mientras tanto, el gobierno de Kiev negaba la responsabilidad del grupo, negando cualquier investigación de crímenes de guerra sobre el Batallón Azov. Esta pugna podría decirse que finalizó con el reconocimiento de la milicia como organización terrorista en 2019, momento que coincidió además con la llegada de Zelenski al poder y la pérdida de casi toda la representación política de la extrema derecha en Ucrania, pero la realidad es que buscaron otras formas de seguir operando con cierta impunidad

Además el Batallón Azov ha demostrado ser un excelente propagandista, desarrollando una estética y discurso propio en redes que le ha generado muchos réditos. Gracias a esta actividad, principalmente en Facebook, el grupo ha conseguido captar gente y crecer, llegando teóricamente a tener hasta unos 20.000 miembros en la actualidad.

Es cierto que el Batallón Azov fue clasificado como «organización peligrosa» en 2016 por Facebook, pero las cuentas y páginas vinculadas al grupo supremacista siguieron activas hasta 2020. Estas son las conclusiones de una investigación del Centro para Contrarrestar el Odio Digital publicada en noviembre de 2021.

Incluso en diciembre, el ala política del movimiento Azov, el Cuerpo Nacional, y su ala juvenil, mantenían al menos una docena de páginas en Facebook, que finalmente fueron eliminadas poco después.

Después del peor ataque de este tipo en los últimos años, la masacre de 51 personas en Christchurch, Nueva Zelanda, en 2019, un brazo del Batallón Azov ayudó a distribuir el manifiesto del terrorista, impreso y en línea, buscando glorificar sus crímenes e inspirar a otros a hacerlo. En su carta al Departamento de Estado en 2019, los legisladores estadounidenses señalaron que “el vínculo entre Azov y los actos terroristas en Estados Unidos es claro”.

Facebook y Twitter por su parte, ya prohibieron la actividad del Batallón Azov en las redes, una pugna que fue especialmente dura en Facebook, que se resistía a censurar sus contenidos en la principal red social que utilizaban para la captación de miembros, pero tras la guerra de Ucrania han reactivada sus perfiles, reconociendo que pueden tener contenido de odio “pero que puede ser de interés para la opinión pública”.

El gobierno de Zelenski

El gobierno de Poroshenko fue enormemente generoso con los grupos neonazis, permitiendo convertir a su país en un hervidero ultraderechista.

Además, se intentó inculcar en la población valores ultranacionalistas, con grandes desfiles de carácter neofascistas u obras donde se ponía como enemigo a los judíos.

También con la adoración a Stepan Bandera, el líder fascista mencionado anteriormente y que es considerado un héroe nacional por los movimientos ultranacionalistas. De hecho, el grupo Sector Derecho debe su iconografía al OUN-b y al UPA, las organizaciones que lideraba Bandera. El estado ucraniano lanzó incluso sellos con su cara, decisiones que fueron señaladas con desagrado por la Unión Europea.

Paracaidistas del Ejercito de Ucrania cantando: «Nuestro padre es Bandera, nuestra madre, Ucrania». Autor: Paracaidistas de Ucrania. Fuente: Twitter (@DanielMayakosvki), Domino Público.

Esto cambió con Zelenski. El actor y comediante, de carácter más moderado y representante de una corriente liberal, no siguió por este camino.

Sin embargo, probablemente por una mezcla de interés político y la dificultad de desmantelar lo construido en más de cinco años, tampoco actuó contra estas milicias. Dada la escasez de fuerzas de seguridad y personal militar, el gobierno de Zelenski las mantuvo prácticamente en sus puestos. Además, la guerra del Donbass siguió activa durante su mandato, si bien es cierto que hizo esfuerzos y acercamientos por conseguir el fin del conflicto.

En muchos lugares de Ucrania, estas milicias ciudadanas sustituyeron a la policía, velando por el orden público, la moralidad y actuando sin ayuda policial.

De hecho, el gobierno de Zelenski estaba resultando impopular y su presidente en horas bajas antes de la invasión.

Su feroz defensa de Ucrania, su valiente decisión de mantenerse en el país y su obstinación ante el avance ruso le han catapultado a una fama mundial, tan enorme como inesperada.

El Batallón Azov en guerra

Actualmente, el Batallón Azov se encuentra en medio de los combates, pese a la huida del que fuera uno de sus líderes.

En estos momentos, se encuentra luchando por la defensa de Mauripol, donde se encuentra su sede principal, prácticamente sitiado por las tropas rusas.

Desde allí, este regimiento ha hecho constantes llamamientos al combate.

Video difundido por el Batallón Azov para animar a los combatientes a luchar contra Rusia. Autor: Batallón Azov, marzo de 2022. Fuente: Twitter (@Miquel_R) Domino Público.

Estos llamamiento no han sido solo a los civiles ucranianos, si no también a voluntarios extranjeros, con éxito. Muchos de estos combatientes, venidos incluso desde España, han resultado ser neonazis o afines al supremacismo blanco.

Esta defensa de Mariúpol les está ofreciendo enormes réditos. Por un lado, el envío de armas a las fuerzas de defensa ucranianas está acabando inevitablemente en manos de neonazis como el Batallón Azov.

De hecho, hace pocos días publicaban un vídeo mostrando algunas de las armas llegadas de España a través de sus principales canales de propaganda como el canal de YouTube del Cuerpo Nacional, su brazo político.

Algunas de ellas ya habían sido customizadas con símbolos neonazis, como la calavera Totemkopf de las SS.

Lanzamisiles envíados por la comunidad internacional al Batallón Azov. Ha sido customizado con una pegatina de  la calavera Totenkopf de las SS. Autor: Batallón Azov, marzo de 2020. Fuente: Twitter (@Miquel_R)
Lanzamisiles envíados por la comunidad internacional al Batallón Azov. Ha sido customizado con una pegatina de la calavera Totenkopf de las SS. Autor: Batallón Azov, 2020. Fuente: Twitter (@Miquel_R)

En el mismo lado, hay insistentes vídeos de civiles ucranianos y griegos que admiten que el Batallón Azov no les deja abandonar la ciudad para poder seguir utilizándolos como escudos. En el siguiente vídeo, un civil atrapado en Mariúpol lo reconoce ante el presentador que hablaba de «desinformación rusa».

En general, los canales utilizados por las redes neofascistas que se encuentran del lado de Ucrania se están empleando no solo en una intensa labor de propaganda, sino de captación de voluntarios a nivel internacional. Las mismas redes internacionales que se emplearon en el pasado, se utilizan ahora para que españoles, alemanes, búlgaros… se sumen a las fuerzas ucranianas contra el invasor ruso.

El peligro del blanqueamiento

Evidentemente, la decisión de Rusia de invadir Ucrania es muy grave. Independientemente de las razones de cada lado para mantener sus disputas geopolíticas, la guerra no debería ser la solución, en ningún caso. Además, Putin está utilizando la existencia de grupos armados neonazis como una burda excusa para hacerse con el control de Ucrania por la fuerza.

Sin embargo, de la misma forma, hay que continuar señalando el peligro que supone entrenar y armar a grupos neonazis por interés geopolítico.

Por un lado, la sombra del Batallón Azov quizás parece más alargada de lo que es en realidad y su peligro e influencia inmediata este exagerado. Pero hay que recordar que es tan solo una de las muchas milicias que operan en el país, apoyadas en las redes mencionadas anteriormente.

Así pues, es muy probable que, sin importar el resultado de la guerra, los grupos neonazis ucranianos hayan conseguido una mejor prensa exterior, y quién sabe que si pese a perder la financiación del estado ucraniano, puedan volver a obtener entrenamiento y armas de otras naciones al ser un arma contra Rusia.

Esto ya se ha visto, por ejemplo, en la televisión pública española, donde el Batallón Azov ha sido protagonista de varios reportajes y retransmisiones pero ocultando el carácter neonazi del grupo. Por ejemplo, el 9 de marzo de 2022 se pudo ver como recibían las armas donadas por varios países de la OTAN, como Reino Unido.

No obstante, antes ya habían realizado otra retransmisión donde un grupo de señoras mayores tejían ropa de camuflaje para las tropas, con logotipos y símbolos nazis de fondo, bastante inconfundibles. Son solo dos ejemplos, pero el blanqueamiento de la extrema derecha ucraniana ha sido deliberadamente ocultado a lo largo de los años, incluso anterior al Euromaidán.

Por otro lado, lo que es seguro es que su formación y entrenamiento serán transmitidos a otros grupos neonazis. Es muy posible que los que logren escapar den prioridad al salvamento de armas de guerra de las que no tendrían acceso de otra manera.

Distintas investigaciones han descubierto cómo desde hace poco una de las prioridades de los grupos neonazis es conseguir armamento de fuego para poder comenzar su guerra y realizar atentados supremacistas.

Además, varios medios de comunicación han entrevistado y dado pábulo a combatientes o voluntarios que luego han resultado ser neonazis. El peligro también existe en transmitir y relacionar a estos grupos con valores positivos.

Cabe recordar la polémica con Román Zozulya, el jugador ucraniano del C. F. Fuenlabrada conocido por sus controversias por sus ideas de corte ultraderechista, y que ha posado en fotografías con miembros de Sector Derecho y del Batallón Azov, y de cómo se ha intentado ocultar y/o restar importancia a su apoyo a estos grupos neofascistas.

Este blanqueamiento está llegando incluso a niveles institucionales. El embajador de Ucrania en Alemania ha pedido “dejar de demonizar” al Batallón Azov, alabando su trabajo de defensa de Mariúpol.

Así, el potencial de radicalización de la sociedad ucraniana hacia el ultranacionalismo es una realidad más que factible, más aún debido a la invasión de Rusia.

Y por supuesto, está por ver cual será su resultado en Europa. El hecho de dar armas y entrenar a grupos insurgentes ampliamente violentos encuentra su momentum más cercano en el caso de Afganistán y los Talibán. Estos grupos que en su día solo eran uno de los muchos grupos combatientes, consiguieron la supremacía gracias al entrenamiento de veteranos muyahidines armados y entrenados por EEUU.

Es muy posible que Europa vea, más pronto que tarde, nuevos atentados supremacistas de estos grupos, sobre todo considerando que el terrorismo de extrema derecha es la primera causa de terrorismo en Estados Unidos y en Europa, donde países como Alemania ya lo consideran la primera amenaza para la seguridad nacional.

Y es más que probable que las armas que cometan los asesinatos sean las que hoy está financiando la comunidad internacional occidental para Ucrania.

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

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