¿Qué es la ‘democracia iliberal’? El gobierno predilecto de la ultraderecha

Durante la última década, una nueva forma de organización de los estados modernos ha irrumpido, a tenor de las grandes tensiones globales producidas por la crisis económica de 2008 y sus secuelas, como el auge del discurso ultranacionalista y populista de la nueva derecha radical que se ha implantado en Europa y América.

Este término en boga, democracia iliberal, no es nuevo. Fue acuñado en 1997 por el politólogo Fareed Zakaria. En su artículo The Rise of Illiberal Democracy, hablaba de gobiernos que tenían legitimidad porque así habían salido de las urnas, pero guardaban un escaso respeto por los límites constitucionales, los derechos civiles y las libertades individuales. Es decir, planteaban una suerte de “régimen híbrido”, donde el autoritarismo se justificaba en la democracia.

Pero en aquel entonces el artículo pasó sin llamar demasiado la atención, ya que el libro con la teoría politológica del momento era El fin de la historia, del politólogo conservador Francis Fukuyama.

Según esta teoría, tras la caída de la Unión Soviética (URSS), el modelo de democracia liberal y el libre mercado habían demostrado su supremacía y se extendería por todo el mundo, dando lugar al fin de la pelea ideológica, la primacía de la economía y convergiendo la mayoría de países en este paradigma, con poca discrepancia.

Estas últimas décadas, aunque la calidad democrática de los países del mundo ha mejorado en algunos aspectos, muchos de los nuevos estados democráticos tienen profundas deficiencias democráticas, si es que verdaderamente lo son, y el libre mercado está copado por oligopolios que se reparten el pastel con la connivencia de grandes partidos políticos.

Otras consideradas democracias plenas, como Hungría, ejemplo histórico del éxito de la democratización en Europa del Este, han evolucionado a modelos que podrían tildarse de parcialmente autoritarios.

Ahora se puede decir que había un halo demasiado triunfalista en la teoría de El fin de la historia, que por aquel entonces ensombreció el análisis de Fareed Zakaria. Es decir, la caída del bloque soviético en 1991 no ha llevado a un mundo más democrático y libre, sino que conviven claroscuros e incluso cierta vuelta al autoritarismo, amén de un crecimiento de las desigualdades y un estancamiento en la calidad de vida de la ciudadanía.

Y aquí es donde entra este término, la democracia iliberal, un modelo de estado que no es una democracia plena pero que tampoco es un régimen autoritario, encuadrándose en los gobiernos semiautoritarios, también llamados regímenes híbridos.

El concepto de democracia iliberal

Democracia iliberal es a día de hoy un término aun vago y demasiado amplio. Una definición sería esta: modelos donde la elección del gobierno y del parlamento realiza mediante sufragio universal y por el voto mayoritario, pero donde los derechos civiles, la separación de poderes y las libertades individuales no están protegidas, o incluso padecen limitaciones importantes.

También se conoce con otros conceptos, como democracia de baja intensidad, democracia vacía, democracia dirigida, democracia parcial o régimen híbrido.

En el actual modelo de democracia liberal se juntan dos órdenes: por un lado, la democracia, es decir, el gobierno de la mayoría, que votando elige a unos representantes acordes a su pensamiento, lo que se conoce como el modelo de democracia representativa y que caracteriza a la mayoría de países de América y de Europa.

Y, por otro, el liberalismo constitucional (no confundir con liberalismo económico), que sirve de freno al poder de las mayorías sobre las minorías al conculcar las libertades y derechos como algo sagrado, el conocido Estado de Derecho.

Así se establecen unos derechos civiles amplios que amparan las libertades individuales y colectivas, la separación de poderes y los contrapesos al poder (los llamados Check&Balance) que evitan que el poder del gobierno (o de las distintas ramas) sea absoluto.

Hasta hace poco, ambos conceptos parecían inseparables. Los que solían prescindir de uno de los dos eran rápidamente tildados de dictadura o evolucionaban rápidamente a regímenes de esta clase.

Lo cual tiene cierta lógica. Si un gobierno es capaz de eliminar los contrapesos del poder y limitar las libertades civiles, parece cuestión de tiempo que termine disolviendo las competencias del parlamento y la capacidad de los electores para elegir a sus representantes políticos. O al revés: si un gobierno consigue acabar con el sufragio, nada le impide acabar también con los derechos y las libertades básicas.

Ahora en cambio el modelo de democracia iliberal se está extendiendo, no solo por las regiones de Europa del este, con democracias más jóvenes y menos asentadas, sino también en los países con una larga tradición democrática.

Estos nuevos gobiernos aceptan el peso de unas elecciones democráticas, que en muchos casos pueden estar en duda, y las convierten en un instrumento que legitiman todas sus acciones, desechando todo lo demás: la separación de poderes, poniendo a su afines en los puestos de mando de manera masiva; la independencia de los medios, actuando en general contra los medios de comunicación y organismos supranacionales; y los derechos de las minorías, generalmente con discursos racistas, xenófobos y/o supremacistas donde ciertos sectores sociales son considerados ciudadanos de segunda, cuando no directamente ni forman parte del estado.

Por lo tanto y, por el momento, su uso más común es el de las democracias representativas que reducen progresivamente su calidad democrática en base a los preceptos señalados anteriormente.

Países con una democracia iliberal

Como se ha comentado con anterioridad, el término democracia iliberal es aun vago y amplio. Pero ya hay cierto consenso sobre qué países estarían dentro de esta categoría, si bien sobre muchos de ellos todavía hay cierto debate.

Hungría

Viktor Orbán, presidente del Gobierno de Hungría, uno de los defensores del concepto de democracia iliberal. Autor: PP Europeo, 08/11/2018. Fuente: Flickr (CC BY 2.0.)
Viktor Orbán, presidente del Gobierno de Hungría, uno de los defensores del concepto de democracia iliberal. Autor: PP Europeo, 08/11/2018. Fuente: Flickr (CC BY 2.0.)

El nuevo estado que estamos construyendo en Hungría es un estado iliberal, un estado no liberal”. Así de rotundo se demostró Viktor Orbán, actual presidente de Hungría, cuando redefinió el camino de su país.

En sus más de 10 años de gobierno al frente del ultraconservador Fidesz, Orbán ha transformado el país, modificando más de 10 veces la Constitución, atacando a la prensa, remodelando el poder judicial para poner exclusivamente a sus jueces expulsando al resto y ahora pretende crear un Ministerio de Justicia paralelo, directamente al servicio del poder político.

Fidesz se considera un gobierno derecha populista, englobado dentro de la extrema derecha, lo que le ha provocado numerosos problemas dentro del Grupo del Partido Popular Europeo al que pertenece.

India

La hasta hace poco democracia más grande del mundo está degenerando rápidamente. Al mando de Narendra Modi y su Partido Popular Indio (Baratiya Janata Party), los derechos individuales se han visto reducidos, así como los de las minorías, en nombre de una nueva visión basada en el ultranacionalismo.

El Partido Popular Indio se considera populista, ubicado en el espectro de la derecha y la extrema derecha.

Israel

El país al mando de Benjamín Netanyahu desde 2009 también ha visto amplias transformaciones de sus instituciones, además de las restricciones individuales de derechos.

El secretario de Estado Michael R. Pompeo se reúne con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en Israel. Autor: Departamento de Estado de los Estados Unidos, 18/10/2019. Fuente: Flickr, democracia iliberal
El secretario de Estado Michael R. Pompeo se reúne con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en Israel. Autor: Departamento de Estado de los Estados Unidos, 18/10/2019. Fuente: Flickr

Además, el partido de Netanyahu ha tenido que hacer continuas concesiones a sus socios de extrema derecha, que esgrimen un discurso racista y contra las minorías, además de ejercer un comportamiento autoritario contra los territorios palestinos ocupados. Likud es un partido populista, ubicado en el espectro de la derecha conservadora, anteriormente más moderado.

Sin embargo, su dependencia constante de formaciones derechistas hace que sus políticas estén ampliamente influencias por la extrema derecha. La descripción de Israel como una democracia iliberal o no es algo aún en disputa, pero su tendencia hacia el autoritarismo es cada vez más clara y denunciada.

Polonia

La incansable aliada de Hungría, la Polonia gobernada por Ley y Justicia (PiS) desde 2015, ha transformado rápidamente el país. Bajo su gobierno, el rechazo total a la inmigración fue una bandera. Una restringida la inmigración al mínimo, su objetivo fueron las personas LGTB, hoy bajo asedio en el país.

De la misma manera, la separación de poderes se ha visto atacada, así como los medios de comunicación. Ley y Justicia se considera un partido populista, ubicado dentro de la extrema derecha.

Rusia

Por su historia y su posición geopolítica en el panorama internacional, Rusia tiene tanto detractores como fanáticos. Por ello, la consideración del país como una democracia iliberal o incluso como un país directamente autoritario, presenta una amplia disputa.

Vladimir Putin gobierna de facto el país desde 1999. El nivel de sometimiento de las instituciones al mandato de Putin es casi total, así como los ataques a la oposición, los derechos humanos y las libertades individuales.

Rusia Unida, el partido de Putin, se considera una formación conservadora y nacionalista pero atrapalotodo, es decir, que asume políticas y discursos que tienen como objetivo intentar atraer votos de todo el espectro político para alcanzar mayorías amplias, en lugar de tratar de convencer al electorado de una postura ideológica definida. Su ubicación en el espectro político es entre la centro derecha y la derecha.

Sin embargo, Rusia Unida tiene en su génesis componentes de la ultraderecha, además de una línea ultranacionalista y conservadora radical, cercana a la Iglesia Ortodoxa y en la que se apoya, por ejemplo, para restringir los derechos de las personas LGTB y del activismo.

De hecho, Rusia Unida goza de continuas mayorías absolutas en las que, además, se apoya en partidos políticos de derecha y de ultraderecha, que siempre terminan decantándose por su apoyo a Putin, como es el caso del Partido Liberal-Democrático de Rusia.

Además, los lazos de Putin con la extrema derecha internacional están más que demostrados, siendo especialmente cercano a Europa del este, pero también a La Liga de Italia y a Reagrupación Nacional de Francia.

Turquía

Recep Tayip Erdogan también tiene su propia gran visión para Turquía. Primer ministro desde 2003 y presidente de Turquía desde 2014, cargo que reformó en 2017 para obtener grandes poderes, cuando hasta entonces era un cargo estrictamente ceremonial.

Vladimir Putin, líder ruso, y Recep Tayip Erdogan, presidente de Turquía. Autor: Kremlin.ru, 19/11/2018. Fuente: Kremlin.ru (CC BY 4.0.) democracia iliberal
Vladimir Putin, líder ruso, y Recep Tayip Erdogan, presidente de Turquía. Autor: Kremlin.ru, 19/11/2018. Fuente: Kremlin.ru (CC BY 4.0.)

Turquía ha transformado sus instituciones, realizado purgas de personajes considerados rivales y señalado a los enemigos de Erdogan como enemigos de la Nación Turca.

Numerosos políticos, activistas, periodistas han sido encarcelados por oponérsele, así como medios de comunicación. Uno de sus objetivos ha sido la minoría kurda del país a través de una gran persecución política que incluye a periodistas, profesores, jueces y políticos, especialmente ligados al Partido Democrático de los Pueblos, tildado por Erdogan de “tapadera de terroristas”. Analistas consideran que la transformación de Turquía en los últimos 20 años sigue paso a paso lo descrito en el concepto de democracia iliberal.

El partido de Erdogan, Partido de la Justicia y el Desarrollo, se considera un partido populista, ubicado en la derecha, que además apoya su gobierno en el Partido de Acción Nacional, de ultraderecha.

Singapur

Singapur también es un país citado como un ejemplo de democracia iliberal, por ejemplo en el trabajo Illiberal democracy and the future of opposition in Singapore (2000), además de en otros artículos y análisis.

Durante el liderazgo de Lee Kwan Yew, Singapur adquirió la independencia completa, primero de Gran Bretaña y después de Malasia en la década de 1960.

Con el tiempo, cuando el gobierno del derechista y populista Partido de Acción Popular gobernante en Singapur consolidó el poder en las décadas de 1960 y 1970, estableció una serie de leyes y políticas que disminuyeron las libertades constitucionales (como el derecho de reunión o a formar asociaciones), y extendió su influencia sobre los medios de comunicación, sindicatos, ONG y el sistema educativo.

Si bien se celebran elecciones periódicamente, la represión, el miedo y la censura hacen que la participación política no sea libre y, además, sea muy difícil, lo que se traduce en mayorías absolutas constantes.

Países en tránsito a una democracia iliberal

Algunos países han sido señalados como posibles democracias iliberales en transformación. Algunos de estos son:

Brasil

El actual presidente, Jair Bolsonaro, ha destacado repetidas veces su rechazo a la democracia y al actual sistema. Desde su llegada al poder en 2019, ha militarizado instituciones y eliminado a los políticos o funcionarios que se le han opuesto, nombrado a sus allegados para los cargos.

Jair Bolsonaro discute con la diputada Maria do Rosário en la cámara de los diputados. Autor: Marcelo Camargo (AB), 14/09/2016, 11:25:59.  Fuente: Agencia Brasil (CC BY 3.0 BR).
Jair Bolsonaro discute con la diputada Maria do Rosário en la cámara de los diputados. Autor: Marcelo Camargo (AB), 14/09/2016. Fuente: Agencia Brasil (CC BY 3.0 BR)

Por eso, muchos autores creen que Brasil se encamina a ser considerada una democracia iliberal si esto se perpetúa en el tiempo. Actualmente el presidente carece de formación política tras abandonar el Partido Social Liberal, la organización que lo aupó en el poder.

Bolsonaro se considera un político populista ubicado en la extrema derecha.

Estados Unidos

En este espacio cabe también una mención a Estados Unidos. En el pequeño lapso de gobierno de Donald Trump por parte del Partido Republicano, el magnate siguió al pie de la letra el camino para convertir a los EEUU en una democracia iliberal, destituyendo a cualquiera que se le opusiera, sustituyendo los altos cargos por sus allegados, atacando a los medios y aprobando leyes (o intentándolo) contra grupos sociales minoritarios, además de ejercer la represión policial e incluso alentar a grupos afines a la violencia, lo que terminó desencadenando el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.

Muchos autores pusieron a Estados Unidos en el camino de las democracias iliberales, pero pese a su intento de forzar un segundo mandato, el sistema de Check&Balances de EEUU resultó efectivo e impidió, al menos por el momento, su asalto a la democracia representativa norteamericana.

La lenta transformación: de democracias a democracias ‘iliberales’

Algunos autores han señalado el camino por el que un país democrático termina transitando hacia una democracia iliberal. Un libro muy interesante al respecto es Breaking Down Democracy : Goals, Strategies, and Methods of Modern Authoritarians (2017) del autor Arch Puddington.

A su vez, un artículo de 2008 de Rocha Menocal, Fritz y Rakner describe la aparición de democracias iliberales y analiza algunas de las características que comparten.

Este y otros trabajos de momento son todo el conocimiento que hay sobre este concepto. Así, las características de una democracia representativa que deviene en democracia iliberal serían las siguientes:

1. Instituciones llenas de allegados y afines.

Durante este proceso, progresivamente, los cargos públicos nombrados son copados por personas de confianza del ejecutivo o bien del partido político que lo sostiene, dejando de lado a los funcionarios o a los expertos independientes.

También puede suceder que existan alianzas con fuerzas políticas afines con las que se reparten la influencia y el poder, ejerciendo una oposición que, en la práctica, no es tal, como por ejemplo sucede en Rusia.

El principio de lealtad es el más importante.

2. Asalto al poder judicial

Luchar contra la separación de poderes es una máxima de las democracias iliberales. Para conseguir esto, atacar el poder judicial, que suele ser el más independiente al no poder ganarse en elecciones, es vital.

Para ello, se intenta dominar los tribunales, sea aumentando el números de los magistrados para así poder acceder a puestos que son de carácter vitalicio o que están fuera del alcance del ejecutivo, poniendo a jueces afines al gobierno.

Otro método que también se usa es obligar a retirarse ante de tiempo a jueces y magistrados. Se cambian las leyes para retirar a viejos jueces imparciales o de signo contrario. Un ejemplo de esto fue la reforma judicial de Polonia de 2017 que obligaba a jubilar a los jueces mayores de 65 años.

3. Evitar la separación de poderes y los ‘Check&Balance’

El objetivo del gobierno que busca transformar el Estado en una democracia iliberales hacerse con el control absoluto de las instituciones. Esto generalmente es un camino de problemas, ya que las propias instituciones tienen reglamentos y leyes hechas expresamente a medida para evitar las injerencias del ejecutivo.

Pero con tiempo, estos mecanismos pueden sortearse: creación de nuevos tribunales, modificación de la carta constitucional, desoír los mandatos supranacionales, utilizar la amenaza y la represión, etc..

Un lento camino que puede transformar la realidad institucional de un país en unos años, especialmente a través de mayorías absolutas que permitan cambios legislativos de gran calado. Un ejemplo es la modificación de Hungría, que ha sido enmendada hasta en diez ocasiones por el ejecutivo de Orbán.

4. Rechazo de los organismos supranacionales y ONGs de Derechos Humanos

Las democracias iliberales se asientan generalmente en el concepto de nacionalismo patrio, cuando no directamente del ultranacionalismo populista. Bajo la defensa de este concepto y la “no injerencia del extranjero”, se permite un ataque constante contra organismos que generalmente denuncian las pérdidas de derechos en una región, como suelen ser muchos organismos supranacionales y ONGs.

Estos organismos suelen ser tildados de enemigos de la nación, muchas veces alimentando teorías de la conspiración.

Así, la extrema derecha tiende a ser euroescépica. No es raro ver en partidos como Vox, Fidesz o Ley y Justicia atacando a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la ONU o la Unión Europea (U). Lo que ahora desde la nueva derecha radical se tilda de “globalismo”.

Otro ejemplo puede verse en el abandono de Estados Unidos del Acuerdo de París contra el Cambio Climático.

Conclusión

Desde los años 60 y 70, la extrema derecha ha venido sufriendo un proceso de readaptación a las nuevos tiempos que no solo implica un cambio de discurso y de estrategia, sino también de posturas y acciones políticas.

La nueva derecha radical, alejada del fascismo clásico, ya no suele apoyarse como antaño en milicias callejeras, la violencia desmedida contra los rivales políticos y la disolución de las instituciones para imponer sanguinarias dictaduras corporativistas que frenen alternativas progresistas y aseguren los privilegios de las clases altas y de determinados grupos sociales.

Ahora pueden asegurar estos mismos privilegios pervirtiendo el parlamentarismo de las democracias representativas y tejiendo toda una red de influencia política y económica que asegure su omnipresencia en los poderes del Estado, en los medios de comunicación y en el sistema educativo, al tiempo que utilizan los instrumentos democráticos para legitimar el abuso de poder.

El concepto de democracia iliberal, a la postre, no es más que un autoritarismo disfrazado, un poder mal balanceado tildado erróneamente de democracia. No en vano, la ultraderecha se arroga constantemente palabras como “libertad”, “democracia”, “justicia” y “patriotismo”, etiquetas vacías que tergiversan para justificar vulneraciones de los derechos humanos y de las libertades civiles.

Así, la extrema derecha moderna no se dota únicamente de una estrategia para asaltar el poder, basada en bulos, mentiras y el discurso de la antipolítica, sino que se preparan para implantar su propio modelo de gobierno.

Un modelo que hay que dejar Al Descubierto.

Enlaces, fuentes y bibliografía:

– Foto de portada: Reunión entre Jarosław Kaczyński (Polonia) y Viktor Orbán (Hungría). Autor: Kancelaria Sejmu / Paweł Kula, 22/09/2017. Fuente: Flickr (CC BY 2.0)

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

Un comentario en «¿Qué es la ‘democracia iliberal’? El gobierno predilecto de la ultraderecha»

  • el 2 marzo 2021 a las 15 h 10 min
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    cuando todo sea privatizado seremos privados d todo
    y un accidente grave en la vida, te la arruinara hasta quizas acabar en la calle

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