Un año después del asalto al Capitolio: Trump, radicalización y… ¿conflicto civil?

Hace un año que los seguidores de Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, realizaron un hecho tristemente recordado por inaudito: el asalto al Capitolio.

Allí miles de personas agitando banderas estadounidenses y de simbología libertariana y supremacista, se congregaron en protesta por «las elecciones robadas”, es decir, por la teoría de la conspiración del fraude electoral que Trump lanzó tras su derrota (y que estuvo promocionando meses antes). Una teoría que lo dibujaría a él como un ganador y un mártir capaz de volver a presentarse con opciones en 2024 en vez de convertirse en un «jarrón chino”, que suele ser el destino de la mayoría de los expresidentes.

Este relato solo tendría un pequeño precio a pagar: la perdida total de fe en la democracia de parte del electorado y el empuje final al ambiente de guerra civil que se vivía antes de las elecciones.

Así, el Capitolio fue asaltado por una horda de republicanos, libertarianos, amantes de la confederación, milicianos y ultraderechistas de todo tipo que buscaban a distintos políticos para matarlos, en un desesperado intento por detener la ratificación de Joe Biden como presidente de EEUU, que había vencido en las elecciones por amplio margen unos meses antes.

Fue la rápida actuación de la policía del Capitolio la que evitó males mayores, salvaguardando a distintos líderes. Otros atrancaron las puertas y se encerraron en sus despachos. La horda pasó de largo no sin hacer daños: 140 agentes fueron heridos. Cuatro se suicidaron en los meses posteriores.

Poco después el resto de fuerzas del orden expulsarían a los invasores y empezaría un período de búsqueda de los culpables. Más de 1000 personas han sido imputadas desde entonces. De estos, 700 han sido detenidos ya, mientras el FBI busca al menos a otros 350. Muchos han sido juzgados, pero la pena mas cuantiosa ha sido ahora de tan solo 5 años.

Se podría pensar que los caóticos eventos del 6 de enero de 2021 se han quedado allí. Que Estados Unidos podría haber aprendido el peligro de la tentación ultraderechista y autoritaria. Que el presidente que alentó el golpe hubiera sido condenado y la democracia hubiera seguido su curso. Pero no ha sido así.

Sin duda se puede decir que de los caminos que pudo tomar EEUU, el que está tomando se encuentra entre los peores. El panorama, de hecho, está peor hoy que hace un año.

La definitiva radicalización del Partido Republicano

Donald Trump en Iowa. Autor: Matt A.J, 29/12/2015. Fuente: Flickr (CC BY 2.0).
Donald Trump en Iowa. Autor: Matt A.J, 29/12/2015. Fuente: Flickr (CC BY 2.0).

Los días siguientes del asalto al Capitolio todo fueron reproches para Trump y sus seguidores. Muchos miembros y afines del Partido Republicano se apartaron del presidente y, unos pocos, la mayoría perteneciente a la bancada de los grandes centristas como Mitt Romney, lo condenaron con rotundidad.

Pese a eso, muchos otros se quedaron en silencio y otros incluso exculparon a Trump.

El consiguiente juicio político era la oportunidad soñada por muchos republicanos para librarse por siempre del expresidente. Pero las encuestas eran públicas y mostraban que un 75% de los votantes republicanos creían que las elecciones no habían sido limpias. Y que más del 60% apoyaba todavía a Trump.

Así, el Impeachment al presidente solo consiguió sumar a diez republicanos. Mal augurio. Además, no admitía de modo alguno su derrota y se preparaba para seguir polarizando e influyendo en el Partido Republicano.

Todas las encuestas posteriores mostraban que seguía siendo el favorito de los votantes conservadores. Y Trump declaró que iría a por cada conservador que se opusiera a él.

Esto facilitó la revolución interna del GOP (Gran Old Party, uno de los nombres del Partido Republicano), donde los congresistas radicales y los recién electos afines al trumpismo se hicieron indirectamente con el control del partido.

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

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