La guerra de Ucrania: un conflicto militar y mediático

Guerra y desinformación son dos palabras que en la mayoría de ocasiones van de la mano, por no decir siempre. La propaganda de guerra durante un conflicto bélico ha sido un rasgo habitual de las guerras modernas. Los medios de comunicación de masas tenían la capacidad de influir de manera omnipresente en la población de los países, su visión de la realidad y, también, de condicionar su posición frente a los conflictos bélicos en los que su nación se viera involucrada. Fueron de esta manera instrumentalizados en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, así como en la Guerra Fría u otros conflictos modernos, incluyendo Ucrania.

En la actualidad, la mayor parte de tiempo mediático lo está copando la invasión por parte de Rusia a Ucrania, una operación militar que tiene como principal responsable a Vladimir Putin y su gobierno perteneciente al partido conservador Rusia Unida, que a su vez se apoya en formaciones de extrema derecha como Rodina y el Partido Liberal-Demócrata de Rusia.

Sin embargo, pese a estos acontecimientos, detrás del conflicto descrito se encuentran unas tesituras políticas, sociales, económicas y militares complejas, muchas de ellas opacadas u ocultadas por los medios de comunicación que, como herramientas comunicativas e influenciadoras sobre la población, son utilizados para defender distintos relatos frente al conflicto, alejando así a la población de una visión amplia y completa sobre la guerra en Ucrania.

Además, cabe añadir que, como se intentará argumentar en el presente artículo, el papel de los medios de comunicación no solo ha destacado por ser sesgado o imparcial, sino que se han utilizado una vez más bulos, fake news o informaciones falsas para apuntalar sus posturas ideológicas, dificultando así aún más el difícil poder informar a la ciudadanía de todas las aristas y puntos a tratar en algo tan atroz y complejo como una guerra.

El contexto sociopolítico: condición indispensable para entender el conflicto

Protestas del Maidán en 2014 en Ucrania. Autor: Michael Kötter, 06/04/2014. Fuente: Flickr (CC BY-N-SA 2.0))
Protestas del Maidán en 2014 en Ucrania. Autor: Michael Kötter, 06/04/2014. Fuente: Flickr (CC BY-N-SA 2.0))

El contexto sociopolítico y, por tanto, los antecedentes históricos a largo, medio y corto plazo del país ucraniano son fundamentales para poder aportar una mirada objetiva de la invasión de Putin y el Kremlin hacia Ucrania.

En primer lugar, cabe situar que este conflicto que se ha convertido en una invasión de un país vecino (Rusia hacia Ucrania) está indisolublemente ligado al conflicto ya existente en forma de Guerra Civil en Ucrania que ha acabado por ser la excusa utilizada por Vladimir Putin para invadir dicho país soberano.

Ucrania y su historia ha estado ligada históricamente a Rusia en muchos episodios a lo largo de los años, incluso siglos. Sin ir más lejos, en la Rusia Zarista (1721 y 1917) y también posteriormente durante la Unión Soviética (1922 y 1991), hubo varios intentos de rusificación de las poblaciones ucranianas. Además, el país se caracteriza por estar dividido en dos zonas diferenciadas, una separación que en primer lugar es geográfica, pues el río Dniéper divide la totalidad del país en oeste y este, pero que también se ha acabado traduciendo en una diferenciación cultural y étnica.

De esta forma, en la parte oeste del país se concentra en un mayor porcentaje la población étnica ucraniana, siendo la etnia mayoritaria con más de un 70% de la población. Por otro lado, en la parte este del país se aglutina en una densidad mucho mayor la población étnicamente rusa, que representa un 17% de la población total. Además, hay unos 15 grupos étnicos y culturales distintos en el país.

Mapa étnico-lingüístico de Ucrania. Autor y fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
Mapa étnico-lingüístico de Ucrania. Autor: Yerevanci, 11/12/2011. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Asimismo, la historia de Ucrania muestra como ha tenido episodios conflictivos tanto a través de la influencia europea, como puede ser la invasión de la Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial, concretamente en 1941. O también episodios muy negativos por parte de la URSS como el denominado Holodomor, conocido también como el Genocidio ucraniano, donde en regiones de Ucrania y Kubán durante el proceso de colectivización de la tierra iniciado durante los años 1928 y 1933 en el mandato de Iósif Stalin murieron de hambruna causada por dicho proceso de industrialización soviético entre un millón y millón y medio de personas.

Tras estos episodios narrados brevemente en los párrafos anteriores, acontece la caída del muro de Berlín en 1989 y, con esto, se inicia un proceso de soberanía y autonomía de Ucrania como país. Finalmente, el 24 de agosto de 1991, se hace oficial su independencia y, posteriormente, el 28 de junio de 1996, redacta y aprueba la Constitución que, actualmente, aunque con cambios producidos en las enmiendas del 8 de diciembre de 2004, sigue vigente.

Sin embargo, y pese a describir el camino del país ucraniano hacia una hipotética autonomía soberana y una democracia parlamentaria, la realidad es que el contexto político, económico y social en Ucrania ha sido convulso en sus tres décadas de democracia. En dicho país se ha ido consolidado un capitalismo neoliberal extremo y muy corrupto, que ha estado beneficiando no solo a las élites capitalistas nacionales, sino también a intereses extranjeros, principalmente de las dos potencias que más han intentado instrumentalizar los contextos sociopolíticos en Ucrania: Estados Unidos y Rusia.

De este modo, los gobiernos en Ucrania se han ido alternando entre posturas más próximas al Kremlin y los intereses socioeconómicos de Moscú o unas posiciones más favorables hacia los intereses de Occidente, más concretamente de Estados Unidos, amén de intentos por navegar entre en las aguas de la equidistancia.

Lo descrito en este párrafo se puede ver de manera clara y resumida en la alternancia en el poder de los diferentes presidentes ucranianos y como cada uno de ellos ha ido virando hacia un lado u otro de los dos bloques (occidental o ruso), incluso intentando sacar beneficio de los dos o buscando una tercera vía que le permitiera mantener la independencia de ambos.

En primer lugar, cabe mencionar a Leonid Kuchma (1994 a 2005). Considerado como un presidente prorruso, su gobierno estuvo caracterizado como todos sus sucesores por la corrupción e involucrado en la persecución e incluso asesinato de periodistas.

En segundo lugar, a Kuchma lo sustituyó en el poder Viktor Yushchenko, presidente que dio un giro radical en cuanto a las relaciones con Occidente, estando a favor de acercar posiciones de manera clara respecto a la OTAN y la Unión Europea.

Yushchenko fue envenenado en las campañas presidenciales de 2004, se sospecha que por orden directa de Vladimir Putin. Viktor Yushchenko también se caracterizó por ser un presidente con una fuerte ideología ultranacionalista, el cual fue sembrando las primeras semillas para el surgimiento del Euromaidán y, posteriormente, la consolidación de la extrema derecha como opción política dentro del país.

Yushchenko llegó al poder tras las protestas de la Revolución Naranja, una serie de movilizaciones participadas por movimientos ultranacionalistas que protestaron contra la victoria de Viktor Yanukovich en las elecciones, consideradas fruto de fraude electoral tanto por observadores internacionales occidentales como por la oposición política. Tras la repetición electoral, Yuschenko llegó al poder.

En tercer lugar, Viktor Yanukovich (2010-2014), es el presidente más importante para entender el movimiento del mal llamado Euromaidán. Su mandato comenzó con un acercamiento progresivo a la Unión Europea, aceptando reformas de calado para ser aceptado en el seno de la unión, pero sin dejar de lado sus tratados políticos y económicos con Rusia.

Yushchenko y Tymoshenko en el Parlamento Europeo. Autor: Partido Popular Europeo, 18/10/2007. Fuente: Flickr (CC BY 2.0)
Yushchenko y Tymoshenko en el Parlamento Europeo. Autor: Partido Popular Europeo, 18/10/2007. Fuente: Flickr (CC BY 2.0)

Sin embargo, su negativa a firmar un tratado de libre comercio al entender que Rusia le ofrecía un acuerdo más favorable, fue interpretado por la oposición política como la adopción de posturas prorrusas.

Así, la protesta contra algunas leyes, la corrupción y este cambio de orientación política fue el detonante del Euromaidán que, si bien es cierto fue un movimiento social heterogéneo, fue en buena medida participado, organizado y liderado por grupos neofascistas y partidos de extrema derecha, como Svoboda, Sector Derecho o C14.

Finalmente, dichas protestas acabaron derrocando al presidente Viktor Yanukovich e iniciando un nuevo gobierno hijo del Euromaidám presidido por Petró Poroshenko.

Para entender estos vaivenes, hay que tener en cuenta que estos dos bloques ideológicos representan dos maneras de entender Ucrania que son bastante poco reconciliables: el modelo más proeuropeo propone también un sistema de gobierno centralista, con un fuerte componente ideológico nacionalista y que históricamente ha sido apoyado por las élites económicas de Ucrania; mientras que el modelo más cercano a Rusia aboga también por un modelo federal, el respeto a las minorías étnicas y lingüísticas y con una mayor participación de la izquierda.

Esto ha provocado que quienes buscan una tercera vía se vean arrastrados por la crispación y la polarización que han sido avivadas por Rusia y Occidente en un intento de atraer a Ucrania a su esfera de influencia, tanto por su posición geoestratégica como por los amplios recursos que posee el país. Por no mencionar que la corrupción ha sido una constante en todos los gobiernos ucranianos, al menos hasta Petro Poroshenko, considerado uno de los líderes más corruptos del mundo.

La guerra del Donbass: un conflicto olvidado por los medios

El trato comunicativo sobre el movimiento Euromaidán fue sesgado por parte de la prensa occidental. Aunque el movimiento social y su motivación originaria, que Ucrania acercase posturas con Europa, es una reclamación política evidentemente legítima, dicho movimiento acabó con una escalada de violencia que fue y sigue siendo ignorada por la gran mayoría de medios pertenecientes a países de la OTAN.

La extrema derecha, a través de grupos organizados que acabaron militarizándose con el avance del conflicto como el Batallón Azov, fueron blanqueados y aceptados por parte del gobierno ucraniano y de los medios de comunicación occidentales. Tras el nuevo gobierno, estas milicias neonazis y neofascistas fueron progresivamente siendo institucionalizadas en el sistema, con puestos de poder político y militar, siendo integradas en el ejército.

Y es que 2014 fue un año muy convulso. Las regiones de mayoría étnica rusa no aceptaron el cambio de gobierno tras el Euromaidán, especialmente en Crimea y en la región del Donbass, al este del país, tildándolo de golpe de estado promovido por Estados Unidos, Europa y la OTAN, y donde sucedieron eventos dudosos, como el famoso caso de los francotiradores que dispararon contra la policía.

Como añadido, el gobierno fue aprobando leyes centralistas que discriminaban la lengua rusa, o de corte autoritario, como la prohibición de los partidos políticos comunistas y también de toda simbología comunista. Debido a la aprobación de un reglamento mediante el cual el parlamento podía expulsar a cualquier diputado siempre y cuando la decisión fuera aprobada por más de 150 escaños, aprobó en una sesión a puerta cerrada la expulsión de los 32 diputados del Partido Comunista.

También se consumó la aprobación del servicio militar obligatorio, lo que provocó todavía más rechazo entre las minorías étnicas del país.

Esta campaña culminaría en diciembre con la prohibición de toda simbología comunista en Ucrania, lo que permitió la apertura de numerosos procesos judiciales y la persecución contra el partido y contra toda publicación de ideología marxista.

A esto se le suma algunos escándalos. En marzo, por ejemplo, se filtró un audio de Thymosenko, antigua candidata política cercana a Yuschenko (y pro-occidental) llamando a la «limpieza étnica» de los 8 millones de rusos en Ucrania.

También diferentes medios e investigadores también advirtieron de que los grupos de extrema derecha y opositores que tomaron el poder habían estado regados por dinero estadounidense. Así lo concluyó una investigación del instituto canadiense Global Research y del que se hicieron eco diferentes medios. Expertos como el politólogo y periodista Ingo Niebel afirmaron que la Fundación Nacional por la Democracia (NED), que traspasó cientos de miles de dólares a organizaciones ucranianas, está vinculada a la CIA.

Sobre la financiación de los grupos neonazis, otro señalado fue el senador del Partido Republicano John McCain y la Fundación Adenauer. De hecho, McCain se encontró con Oleh Tiahnybok, líder de Svoboda, y ambos manifestaron públicamente su apoyo mutuo.

Finalmente, las regiones de Crimea o del Donbass iniciaron procesos para independizarse de Ucrania.

La península de Crimea había sido históricamente controlada por Rusia en la época de la URSS. Tras la caída de la Unión Soviética, permaneció dentro del territorio ucraniano, estableciéndose una república autónoma en la península, así como un régimen especial para la ciudad de Sebastopol, administrada directamente por el gobierno central ucraniano durante 24 años.

Además, Rusia ha seguido teniendo el control militar en la península con una base militar muy importante en ella. Así pues, a través de este contexto y en respuesta al Euromaidán, Rusia se hizo con el control militar de ciertos puntos de la península de Crimea y la anexionó a su territorio. Durante este proceso se convocó un referéndum donde el 97 % de la población votó a favor de la independencia y de la posterior anexión a Rusia.

No obstante, dicho referéndum ha generado mucha controversia por no ser aceptado por buena parte de la comunidad internacional.

Este hecho propició un efecto dominó en las zonas del Donbass, concretamente en las regiones de Donestk y Lugansk, zonas de predominio étnico ruso, aunque en menor medida que en Crimea.

Dichas localizaciones reivindicaban en un primer lugar su derecho a proteger su cultura, lengua y su deseo de independizarse de Ucrania ante las medidas mencionadas anteriormente que llevó a cabo el gobierno del Euromaidán. Sintiéndose con mayor seguridad con Rusia de su lado, iniciaron sus propios referéndums, aunque estos no incluían la anexión al país gobernado por Putin, sino únicamente crear dos repúblicas independientes.

Es así como se inició la guerra del Donbass donde los dos bandos implicados se han radicalizado y han sido instrumentalizados por las dos potencias externas que han influenciado en el devenir del pueblo ucraniano.

Mapa de la guerra del Donbass en Ucrania. Autor:  ZomBear, Marktaff. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY -SA 4.0)
Mapa de la guerra del Donbass en Ucrania. Autor: ZomBearMarktaff. 11/08/2014. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY -SA 4.0)

Por un lado, el gobierno del Euromaidán blanqueó, colaboró y dejó que milicias paramilitares neofascistas atacaran y participaranen la guerra del Donbass, matando a miles de civiles en los ocho años de conflicto y protagonizando acontecimientos atroces como la quema de la casa de los sindicatos en Odessa donde murieron más de 40 personas quemadas vivas.

De hecho, el Batallón Azov, un grupo neonazi constantemente blanqueado por los medios, recibe su nombre de la batalla que protagonizó en este conflicto que era cercana al mar de Azo.

Estos acontecimientos que envolvían al gobierno ucraniano fueron muy poco tratados y cuestionados tanto por Europa como por Estados Unidos, de manera mediática y más si cabe políticamente.

Por otra parte, las regiones del Donbass en rebeldía han sido apoyadas y radicalizadas por el Kremlin a través de apoyo logístico, armas y una relación de supuesto apoyo (todavía controvertido y con información contradictoria según la fuente) que finalmente ha acabado con la invasión de Rusia hacia todo el país soberano, causando un gran número de muertes, daños y sufrimiento en una guerra abierta por todo el país.

Además, diversos grupos y partidos neofascistas rusos, como la Unión Nacional de Rusia o el Movimiento Imperial Ruso (entre otros varios), han apoyado también a las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y de Lugansk.

No obstante, hay bastante consenso en que el apoyo de Ucrania en la guerra del Donbass ha sido bastante desequilibrado. Desde el Maidán, Estados Unidos y los países europeos han financiado, entrenado y armado al ejército de Ucrania, con un apoyo abierto y desmedido que incluso llegó a ser alertado por el Congreso de EEUU en 2019 por el constante peligro que representaba la presencia de milicias neonazis en la zona, amén de los numerosos abusos que estaban protagonizando contra la población étnica rusa y sectores izquierdistas.

Sin embargo, el apoyo de Rusia al Donbass, más orientado a la defensa, ha sido bastante menor y sutil en comparación, y más participado por grupos de un perfil heterogéneo, que va desde la extrema izquierda a la extrema derecha.

El sesgo y la propaganda como narrativa actual en la guerra

Obtener información objetiva en un conflicto bélico es de por sí complicado. El factor principal de dicha dificultad parte de la propaganda que lanzan ambos bandos (apoyadas por medios de comunicación afines), los sesgos cognitivos y perceptivos (al ser juez y parte en el conflicto) y las informaciones incompletas (fruto de la confusión, la dificultad de acceder a fuentes primarias, el interés de los bandos por ocultar la verdad…).

A todos estos factores de desinformación intencionada se le debe añadir que en la época actual de las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento (TICs), la oleada de sobreinformación que se puede llegar a emitir en los medios en de tal magnitud que se vuelve un auténtico esfuerzo maratoniano simplemente comprobar y contrastar la información. Esto pasa en el día a día, por lo que en caso de conflicto armado se recrudece.

Sin embargo, pese a lo narrado en el párrafo anterior se va a intentar aglutinar y explicar algunos de los discursos, malas informaciones o debates informativos que ha generado la cobertura mediática de la guerra.

El primer sesgo comunicativo que ha sido motivo de discusión es la participación de la extrema derecha en el conflicto.

Sobre esta cuestión se debe ir por partes. En primer lugar, es fundamental entender que el conflicto ucraniano tiene una presencia significativa de la extrema derecha en diferentes ámbitos. Por un lado, existen batallones paramilitares neonazis en los dos bandos. Se pueden encontrar ejemplos como el conocido Batallón Azov o Sector Derecho en Ucrania (que se encuentran en la zona de Mariúpol principalmente), pero también existen ejemplos en el bando ruso como el Grupo Wagner, una Compañía Militar Privada cuyo líder tiene tatuajes con símbolos nazis.

Se han visto hechos vergonzosos con este tema, desde medios de comunicación entrevistando a líderes neonazis como si fueran un soldado más, o el famoso vídeo de unas mujeres de edad avanzada cosiendo y fabricando material militar con símbolos del Batallón Azov de fondo (entre otra iconografía nazi).

Hay que tener en cuenta que, estos grupos neonazis y neofascistas, están reclutando a gente en países como España o Alemania a través de redes creadas en el pasado. Sin embargo, de esto tampoco se dice absolutamente nada, y eso que hay abundante material fotográfico que periodistas de medios alternativos se encargan de airear.

Esta tesitura ha sido ampliamente ignorada e incluso blanqueada en los medios occidentales ya desde 2014, mientras que en los medios rusos se ha utilizado el relato de la nazificación de Ucrania. Es decir, que la presencia de nazis en Ucrania es tan grande que es necesario invadirla para «desnazificarla».

Este argumento es del todo falso, una excusa elaborada por el Kremlin y Vladimir Putin para justificar su invasión. Si bien es cierto que los batallones neonazis han causado un gran daño en el conflicto del Donbass, la mayoría de población ucraniana no es afín a estos. Además, los partidos que nutrieron a estos grupos en la época de explosión del Euromaidán tienen una representación parlamentaria en la actualidad residual.

Es decir, por supuesto que la integración de las milicias neonazis en el ejército es un problema y que ha habido abusos por parte de estas en estos años de guerra. Y es cierto que desde las potencias occidentales se ha contribuido a entrenar y a armas a estos grupos y se ha estado ignorando el conflicto. Pero ni Ucrania ni su gobierno son nazis y, de hecho, el poder de la extrema derecha a nivel político ha ido disminuyendo desde que Volodimir Zelenski llegó al poder en 2019.

Es decir, interpretar este conflicto mediante el eje fascismo-antifascismo es otro craso error y obedece precisamente a la propaganda lanzada desde el Kremlin.

Otro de los relatos más abanderados por la extrema derecha o los partidos más conservadores es relacionar a Putin con el comunismo, algo totalmente falso, pues el partido de Vladimir Putin, llamado Rusia Unida, es un partido conservador, ultranacionalista y defensor del libre mercado.

Es más, dentro de este relato existe una vuelta de tuerca para alejar una realidad un tanto incómoda para la extrema derecha y es que Vladimir Putin es una figura fundamental para entender el auge de estos movimientos, tanto por paralelismo como por ayuda y apoyo directo a figuras como Marine Le Pen o Matteo Salvini.

Es más, como se ha explicado anteriormente, Putin y Rusia tienen su propia historia con la extrema derecha. Desde Alexander Dugin, una figura clave en el fascismo patrio ruso, que fue asesor de su gobierno, pasando por la ultraderecha parlamentaria y extraparlamentaria, hasta las milicias neofascistas que luchan en el Donbass y el Grupo Wagner, Rusia no puede ser ajena a este fenómeno.

Además, en los medios occidentales también se evita explicar el contexto del Euromaidán y las posiciones irresponsables e incoherentes de la OTAN y la UE en estos últimos años que, lejos de intentar resolver, han azuzado el conflicto. Sin ir más lejos, la OTAN no ha dejado de incorporar y ocupar territorios desde la disolución de la URSS, quedando tan solo por la zona ruropea Georgia y Ucrania como los únicos dos países que hacen frontera con Rusia sin algún tipo de presencia de la Alianza Atlántica.

Igualmente, también existen desinformaciones y sesgos reproducidos por sectores de la izquierda. Por ejemplo, uno de los más extensos es el que tilda al presidente actual de Ucrania Volodímir Zelenski​ de pertenecer a la extrema derecha, algo que es falso. Zelenski pertenece al partido populista Servidor del Pueblo, que, si bien es un partido neoliberal y un tanto “atrapalotodo” (es decir, que busca la transversalidad e incorporar elementos de distintos ámbitos ideológicos para conseguir apoyos de sectores diversos), no es de extrema derecha.

Asimismo, un siguiente sesgo fundamental para entender la incertidumbre y las dudas que la proliferación de la propaganda y la mala praxis informativa siembran, es como se ignora y evita hablar desde una perspectiva holística y sistémica.

Es decir, explicar el conflicto analizando todas las partes implicadas, los intereses de cada uno de los bandos y el contexto capitalista. Es prácticamente residual observar información en los medios hegemónicos donde el sistema económico y sociopolítico sea cuestionado o simplemente sometido a análisis, algo que es fundamental al ser dicho contexto que ocasiona de manera estructural las problemáticas colectivas, incluidas las guerras.

Guerra en Ucrania: un choque de intereses

Esto significa que, al final, lo que domina un conflicto militar son los intereses de los dos bloques enfrentados: por un lado, el imperialismo ruso, que busca mantener su área de influencia lejos de sus fronteras por cuestiones económicas, estratégicas e ideológicas; y, por otro lado, el imperialismo occidental que, liderado por Estados Unidos, busca arrinconar a Rusia para mantener su hegemonía mundial y su posición económica predominante.

De esta manera, el contexto descrito acaba ofreciendo una simplificación de relatos e instrumentalización mediática por parte de dos bandos, utilizando la construcción de un discurso de demonización del otro. Por ejemplo, en Rusia el villano es La OTAN; en Europa, Estados Unidos y occidente es Putin y el gobierno oligárquico del Kremlin.

Sin embargo, pocos o ningún medio está prestando atención a quienes se quedan al margen de este choque de trenes. Existen grupos, ideas y personas con ningún interés en adherirse a los intereses de uno y de otro bando, y que ven con absoluto horror lo que está sucediendo. Personas para las cuales, ambos bandos tienen su parte de responsabilidad y que lo que quieren es vivir en paz, sin negar que es absolutamente condenable quien inicia la agresión.

Los medios de comunicación, en cambio, están tomando partido hoy más que nunca. Es interesante hacer una comparación en cómo las televisiones y cadenas de las potencias occidentales están volcándose con Ucrania y con las personas refugiadas, apoyando un discurso concreto, cuando en otros conflictos han caído justo en lo contrario, como con la Guerra Civil de Siria.

Cabe añadir que el principal culpable, en mayúsculas, de la guerra y las muertes en Ucrania es Vladimir Putin y su gobierno. No obstante, la mala praxis periodística, donde se han observado ejemplos tan dantescos como el uso de imágenes no reales pertenecientes a un videojuego afirmando que eran imágenes pertenecientes al conflicto, han generado un tono inicial de incertidumbre y confusión que se ha ido aclarando con la llegada de las imágenes reales y el buen hacer de los reporteros de guerra que han ido al territorio ocupado jugándose la vida para poder contar lo ocurrido a la ciudadanía.

Esto ha continuado pasando. Medios difundiendo imágenes falsas del conflicto como si fueran reales, bulos y «fake news» sobre la guerra, mentiras interesadas… se han sucedido a decenas en apenas dos semanas. Así lo recogen verificadores de información como Maldita.es, que están trabajando casi sin descanso para intentar desmentirlo todo.

Hoy mismo mientras se escribe este artículo llegan imágenes desgarradoras del bombardeo por parte del ejercito ruso sobre un hospital materno-infantil en Mauripól. Sobra decir que no hacía falta utilizar imágenes falsas para apuntalar un relato propagandístico que genere terror y demonice a Putin cuando la realidad de la guerra y sus acciones nos arrojan la verdadera cara de este.

Así pues, como decía el senador estadounidense Hiram Johnson, aunque «La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad» se tiene que exigir ahora más que nunca el derecho a una información digna, contrastada, sin amarillismo y morbosidad que busque el entendimiento de este conflicto

En definitiva, Ucrania ha sido invadida y es un país soberano. No hay mucho debate en que tiene derecho a defenderse. La pregunta es cuál sería la manera más efectiva, que cause menos víctimas y que retorne la soberanía al pueblo ucraniano, una soberanía que no debería estar supeditada ni a los intereses expansionista del gobierno del Kremlin o a los de la también antidemocrática y expansionista OTAN, los dos bandos implicados y que más desinforman en un conflicto donde la población civil ucraniana es la única víctima.

Álvaro Soler

Articulista. Sociólogo y gestor medioambiental, con suerte de poder compartir vocación y formación. Las Ciencias Sociales son una parte muy importante de mi vida. Considero la divulgación a través de la sociología como una gran herramienta para destapar las injusticias sociales y arrojar luz sobre la actualidad diaria contribuyendo así a ser un poco más libres y justos.

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