Neonazis del Batallón Azov torturan y detienen a pacifistas y activistas de izquierda

El periódico antifascista alemán Junge Welt ha desvelado como neonazis del grupo Batallón Azov secuestran y maltratan a activistas de izquierdas.

La actividad de la que se tiene conocimiento se concentra en la ciudad de Dnipro. Allí los miembros de esta milicia de carácter neonazi tienen un canal de Telegram en el que publican contenido y desde donde se subió el ataque denunciado hasta que finalmente saltó a las redes y de ahí se hizo eco el citado medio alemán.

Al tenor de lo documentado, Alexander Matyushenko, trabajador de hotel de 31, y su pareja, Maria M. sufrieron una redada en su piso.

Matyushenko es un antifascista miembro de Livitsya (Izquierda), una asociación de izquierdas de Dnipro que se ha manifestado por los derechos de los trabajadores, contra los recortes de los salarios, las medidas antidemocráticas y el dominio de los oligarcas ucranianos de los medios de comunicación. Nada que a primera vista fuera sospechoso de ser objeto de ningún registro policial.

La misma asociación denuncia que este dominio ha creado un “consenso de derechas” en la sociedad. Así lo aseguraba el mismo Matyushenko en 2020 en un artículo periodístico El gobierno de derechas y la oposición de derechas compiten entre sí en anticomunismo y xenofobia.

La unidad que entró a la fuerza no se identificó, pero portaba insignias de los Servicios de Inteligencia Nacional (SBU) y otro de ellos del Batallón Azov.

Este último personaje fue el que interrogó y torturó durante horas a la pareja. A María le escupieron y le cortaron el pelo. Con su pareja, Matyushenko, el neonazi de Azov le golpeó durante horas, hasta dejarlo tumbado en el suelo sangrando.

Posteriormente grabó el vídeo con una pistola en su sien donde le obligó a gritar el saludo nacionalista “¡Slava Ukrajini – Gerojam slawa!”, reapropiado históricamente por el ultranacionalismo de corte fascista.

Detenciones ilegales y represión policial

La SBU confiscó todo el material de la pareja: ordenadores, móviles y distintos objetos que pudieran contener información.

Tras esto, tal y como describe María M., se los llevaron detenidos. “Luego nos pusieron bolsas en la cabeza, nos ataron las manos con cinta adhesiva y nos llevaron al edificio del SBU en un coche», describe ella misma.

Dentro del edificio estuvieron interrogando a la pareja durante horas mientras seguían amenazándoles. Algunas amenazas incluían lesiones como cortarles las orejas.

Finalmente, María M. fue puesta en libertad tras pasar la noche en una celda. No fue así en el caso de Matyushenko.

El hombre fue trasladado a un centro de detención preventiva donde trataron sus heridas: contusiones, costillas rotas, laceraciones en la cara, etc.

Tras esto, fue acusado de “llevar a cabo una guerra u operación militar agresiva”, una acusación bajo el artículo 437 del código penal ucraniano cuya pena oscila entre los 10 y 15 años de cárcel.

Matyushenko afirma no haber empuñado jamás un arma. Se le ha denegado la libertad provisional.

Testimonios de activistas de izquierda a la periodista y escritora Von Susann Witt-Stahl, especializada en política y cultura que firma la crónica original, denuncian cómo, con el pretexto de la guerra, se esta realizando una “cacería” de las personas que pertenecen a la oposición al gobierno.

Esto incluye encarcelamiento, secuestros e incluso asesinatos, según denuncian los activistas a Junge Welt: “Todos debemos temer por nuestra libertad y nuestras vidas”.

Los servicios secretos ucranianos tienen además un largo historial de relaciones con grupos de extrema derecha, protegiendo y promoviendo sus acciones.

Neonazis de Azov también actúan como policías

Según las fuentes, las denuncias y los casos de detenciones arbitrarias e ilegales se mantienen en Dnipro. Y, por lo que se puede ver, en los mismos chats y grupos del Batallón Azov, queda claro que el grupo ultraderechista está actuando también como una fuerza parapolicial.

Por ejemplo, el grupo avisa del peligro de los “maleantes” y acusa a ciudadanos residentes de ser prorrusos.

Foto mostrada en los canales de Telegram de Azov contra  personas acusadas de ser agentes de inteligencia rusos infiltrados, colaboradores o pacifistas. Fuente: Telegram.
Foto mostrada en los canales de Telegram de Azov contra personas acusadas de ser agentes de inteligencia rusos infiltrados, colaboradores o pacifistas. Fuente: Telegram.

De hecho, Azov se jacta en sus canales de estar actuando desde el primer día contra agentes de la inteligencia rusa infiltrados, colaboradores y personas que apoyen una propuesta de paz. Para ello, pide la ayuda de la ciudadanía para detectar a estas personas con el fin de “procesarlas y neutralizarlas”.

Además, la organización sube vídeos de lo más siniestros actuando en hogares privados, en los que se acusa a diversas personas y grupos de actividades a favor de Rusia.

En este vídeo podemos ver cómo miembros del Batallón Azov han actuado contra un amplio grupo que, según sus propios miembros, son colaboradores rusos que recopilan información para el enemigo.

Además, los neonazis de Azov hablan de que pronto quizás no estén vivos. No parece cumplir ningún procedimiento penal mínimamente garantista: “Los saboteadores han sido neutralizados. Detenidos sanos y salvos. Casi. En resumen, vivirán. La verdad es muy cutre y lamentable. Y tal vez no por mucho tiempo. Pero vivirán por ahora 🤷‍♂️😉”

Es innegable que durante una guerra se cometan abusos y excesos, que pueden acabar en casos de tortura y muerte.

Y en estos casos es todavía más peligroso que los garantes de la justicia y los perseguidores de “colaboracionismo” sean grupos de extrema derecha como los neonazis de Azov.

Históricamente, estas organizaciones han aprovechado el contexto para realizar una auténtica purga ideológica y ajustar cuentas cuanto tenían la menor oportunidad.

Y con 11 partidos ilegalizados por Zelenski, la práctica totalidad de izquierdas bajo acusaciones de ser partidarios de Rusia, las zonas rusófonas u oponerse a la guerra, el pretexto está servido.

Neonazis de Azov torturan y detienen a pacifistas y activistas de izquierda

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

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