La extrema derecha sueca podría convertirse en segunda fuerza en septiembre y cogobernar el país

Demócratas de Suecia (SD), el principal partido de la extrema derecha sueca desde el año 95, aparece como segunda fuerza en las principales encuestas del país.

Esta formación populista, ultranacionalista y furibundamente antiinmigración está viviendo un momento dorado justo cuando el país está llamado a elecciones el 11 de septiembre. Y no solo por la buena marcha de las encuestas si no porque por primera vez el resto de formaciones de derechas han abandonado el llamado cordón sanitario.

Así, la derecha tradicional formada por el Partido Moderado (la principal fuerza conservadora y parte del Partido Popular Europeo), como los Liberales (L) y los Demócratas Cristianos (KD) cuentan con la extrema derecha sueca para desbancar al actual gobierno formado por una coalición de socialdemócratas y verdes con apoyos externos centristas. El SD ya está celebrando esta posible victoria y contando las horas para echar a la primera ministra Magdalena Andersson.

Este crecimiento ha sido posible gracias a colocar en el centro de debate la narrativa de la problemática de la inmigración, muy habitual por otro lado en las fuerzas ultraconservadoras de los países nórdicos europeos.

Este es el tema predilecto del SD junto a la lucha contra el Islam. Y en esta campaña ha tenido un papel central, culpando a las personas migrantes de un posible colapso del Estado del Bienestar sueco.

Así, han propuesto todo tipo de medidas como deportar a los migrantes considerados “asociales”, detener a los refugiados de países lejanos, bajar el número de migrantes aceptados al mínimo y conseguir que más migrantes abandonen el país que los que consigan entrar.

Un tema que ha tenido especial éxito porque las otras formaciones han entrado de lleno. Este es el caso del Partido Socialdemócrata Sueco (SAP), que ha prometido limitar la migración al igual que Partido Moderado.

De la extrema derecha sueca marginada a la normalización

Demócratas de Suecia no es un partido de nuevo cuño si no que cuenta con décadas a su espalda. El partido fue fundado en 1988 como sucesor del Partido de Suecia. Su origen se remonta a movimientos fascistas y del supremacismo blanco del país.

De hecho, su primer auditor fue Gustaf Ekström, miembro del partido nazi y veterano de las Waffen-SS. Su primer presidente, Anders Klarström, fue miembro del movimiento neonazi Partido del Reino Nórdico. Hasta 2006, su logotipo era una versión de la antorcha utilizada por el Frente Nacional Británico, histórico y principal partido fascista de Reino Unido.

El partido se fue librando de los elementos más radicales, como los skinhead, durante finales de los 90, si bien siempre estuvo rodeado de polémicas, connatos fascistas, racismo, sexismo y homofobia.

Pese a esto, la extrema derecha sueca se mantuvo en una travesía por el desierto hasta 2010, donde obtuvo por primera vez un 5,7% en las elecciones generales y 20 diputados. La formación caló entre los descontentos y afectados por la crisis de 2008, permitiéndole tener una base y recursos para seguir expandiéndose.

Además tenía un líder joven, Jimmy Akkeson, quien lanzó un proceso de “desdiabolización” de Demócratas de Suecia, similar al de Marine Le Pen con el Frente Nacional, para normalizar la formación y hacerla más aceptable para la sociedad sueca.

El partido mantuvo su crecimiento en 2014, pasando al 12,86%, pero el resto de formaciones lo mantenían en la marginalidad rubricando el cordón sanitario, un pacto no escrito entre el resto de grupos políticos para evitar que la extrema derecha toque poder y que es habitual en países como Francia o Alemania.

Tras la crisis de refugiados de 2015, el partido potenció su carácter antiinmigración, teniendo un espectacular crecimiento hasta el 17,53% en las elecciones de 2018. Pese a esto, el resto de fuerzas seguían marginando al SD, naciendo un gobierno de izquierdas con el apoyo externo de la centroderecha que, fiel al cordón sanitario, prefirió esta opción antes que optar por apoyar a Demócratas de Suecia.

Pero durante 2019 y 2020, los conservadores vieron que solo podrían obtener el poder pactando con la extrema derecha sueca, por lo que comenzaron a abrirse en primer lugar a pactos locales y regionales.

Finalmente en 2020, conservadores, democristianos, liberales  y ultraderechistas firmaron un pacto para frenar la ley de migración del gobierno, poniendo fin al cordón sanitario a la extrema derecha sueca.

La victoria del relato cultural

La victoria de la extrema derecha no siempre tiene porque ser electoral. Ganar en la guerra cultural suele bastar para que finalmente su vencimiento a largo plazo sea inevitable como ya teorizó Alain de Benoist, el padre la Nueva Derecha. Y este ha sido el caso de Suecia.

Y es que la inmigración como un problema para el país es uno de los grandes debates.

Suecia ha sido históricamente un país acogedor con la inmigración, siendo uno de los países con las fronteras más abiertas de Europa. Ahora su política de acogida es de las más estrictas de la UE. Y lo lamentable es que este cambio ha sido con la izquierda en el poder.

De la misma manera que el caso de los socialdemócratas de Dinamarca, que se convirtieron en una formación antinmigración para arrebatar ese electorado a la derecha, los socialdemócratas suecos han ido virando a posiciones cada vez más hostiles contra la migración.

Si la extrema derecha sueca ha dibujado en el imaginario popular un paisaje dantesco, con la migración poniendo fin al Estado de Bienestar, como ocasionante de un sinfín de problemas de seguridad, criminalidad y atención médica, se puede decir que los socialdemócratas suecos han validado buena parte de este relato y sus marcos.

Primero los socialdemócratas regularon las leyes para blindar las fronteras del país. Ya entonces empezaron las declaraciones antiinmigración indistinguibles de la extrema derecha sueca. Miembros de los socialdemócratas acusaban a la migración de tirar por el suelo los salarios suecos y contribuir al crimen organizado.

Posteriormente, en 2021, el gobierno y tertulianos de la izquierda empezaron a culpar a los inmigrantes del elevado número de muertes causadas por el Covid19 en el país en comparación con el resto de países.

Estas muertes fueron evidentemente, y según todos los estudios, culpa de las nulas medidas que tomó el gobierno sueco para luchar contra la pandemia. Incluso desaconsejó en sus primeros pasos el uso de mascarillas. Posteriormente, en 2022, la primera ministra decía en Reuters que Suecia vivía en “dos sociedades paralelas” por culpa de la migración y que la “integración había fallado”. Así prometía más policía, control del crimen y métodos de integración en bienestar social.

Todo un relato que daba la razón a los Demócratas de Suecia en vez de apuntar a la desigualdad, que se ha disparado en Suecia en la última década.

Y es que comprar el relato y los marcos de la extrema derecha quizás no los haga ganar inmediatamente, pero es una apuesta segura para conseguir que lo acaben haciendo.

La extrema derecha sueca podría convertirse en segunda fuerza en septiembre y cogobernar el país

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

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