‘La Haine’: el odio como arma política

El miedo, la inseguridad, el odio o la violencia, son conceptos abstractos pero que tienen su repercusión en la vida diaria de los individuos, y también de las sociedades.

Las personas, al ser seres sociales, se relacionan entre ellas, formando grupos o colectivos. Esta naturaleza social intrínseca lleva al humano a generar una identidad individual que siempre está condicionada por el grupo en el que se relaciona y socializa.

De esta manera, existen múltiples motivos o causas por las cuales los individuos buscan formar parte de un grupo, motivos estudiados desde hace décadas por la sociología, la psicología o la antropología, amén de otras disciplinas

En primer lugar, una de las causas principales que propician formar parte de un grupo, es la de compartir espacio físico, esto es, vivir en la misma ciudad, mismo barrio, mismo bloque de pisos, ir a la misma escuela, etc.

En segundo lugar, un claro motivo para intentar formar parte de un grupo es la necesidad de satisfacer una serie de necesidades, tanto materiales (supervivencia), como afectivas (ya que al ser animales sociales el bienestar general depende en gran parte de ello).

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que el simple hecho de compartir ciertas características con otros individuos genera una empatía grupal: tener una misma ideología política, pensar de forma parecida, compartir la misma profesión… incluso vestir de forma similar o tener aficiones o gustos en común.

Así pues, los aspectos nombrados, indican de manera general diferentes dimensiones que provocan la agrupación de las personas en colectivos sociales. No obstante, esta característica innata de buscar las semejanzas con los demás, utilizarlas para sentirse más seguro y formar una identidad, también tiene una dimensión negativa.

Dentro de los grupos sociales, siempre ha existido la visión de lo foráneo o externo percibido como una posible amenaza: otras culturas, otros países, otros barrios y, en general, otros grupos, representan a menudo contextos de incertidumbre e inseguridad.

De esta manera, el enfrentarse a la diferencia y a la diversidad es un reto, tanto en el plano individual como colectivo, pues muchas veces exige salir del ambiente habitual y relacionarse en campos sociales difusos, que no se dominan y, por tanto, están llenos de incertidumbre.

A pesar de esto, la diversidad es algo positivo y enriquecedor. Además, exige aprender, tolerar, empatizar con el extraño y, sobre todo, facilita la creación de puntos de encuentro y la amplitud emocional, social y cognitiva.

Sin embargo, existen contextos político-sociales que potencian (tanto de manera intencionada como de manera inconsciente) esta dimensión de incertidumbre que, en ocasiones, surge cuando diferentes culturas, clases sociales, etnias, barrios, o nacionalidades se relacionan.

De esta manera, el miedo, la inseguridad y la violencia, pueden ser consecuencia directa de una mala gestión de la diversidad. Sobre todo cuando factores como la desigualdad, la precariedad o los estereotipos negativos y prejuicios actúan en la interrelación de dos grupos sociales distintos.

Como se ha observado en estos últimos años, la extrema derecha mundial ha usado este factor de incertidumbre frente al diferente, para potenciar dimensiones como el odio, el miedo, la inseguridad y la violencia.

¿Cómo lo han hecho? A grandes rasgos, la extrema derecha ha utilizado como estrategia comunicativa los denominados discursos de odio.

Los discursos de odio son definidos por la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia como:

El fomento, promoción o instigación, en cualquiera de sus formas, del odio, la humillación o el menosprecio de una persona o grupo de personas, así como el acoso, descrédito, difusión de estereotipos negativos, estigmatización o amenaza con respecto a dicha persona o grupo de personas y la justificación de esas manifestaciones por razones de ‘raza’, color, ascendencia, origen nacional o étnico, edad, discapacidad, lengua, religión o creencias, sexo, género, identidad de género, orientación sexual y otras características o condiciones personales (ECRI, 2015).

La extrema derecha ha conseguido inocular esta serie de discursos a través de la televisión y la radio. Pero también, con una elaborada estrategia de comunicación masiva en las redes sociales e Internet.

No obstante, se pretende reflexionar sobre los conceptos de odio y violencia y cómo la ultraderecha los aprovecha para obtener rédito político. Todo esto, a través de la película de culto La Haine.

La Haine’: el cine como tesis sobre el odio

La película francesa La Haine, guionizada y dirigida por Mathieu Kassovitz, es un material excepcional para entender los conceptos expresados en los párrafos anteriores: odio, violencia, inseguridad, diversidad, diferencias sociales, guetos, brutalidad policial, disturbios, clases sociales, xenofobia, racismo, etc. Los mensajes plasmados en esta película son muchos y adecuadamente expresados.

Cartel promocional de la película La Haine en 1995. Autor: Les Productions Lazennec, Studiocanal, La Sept Cinéma, Kasso inc. Productions Fuente: Filmaffinity.com (Fair Use)
Cartel promocional de la película La Haine en 1995. Autor: Les Productions Lazennec, Studiocanal, La Sept Cinéma, Kasso inc. Productions Fuente: Filmaffinity.com (Fair Use)

En concreto, La Haine traslada al espectador a un barrio de la periferia de París, los denominados banlieue. Este término hace referencia a los barrios periféricos de alrededor de las grandes urbes. Existen tanto banlieues burguesas, obreras o totalmente marginales, como es el barrio que presenta en la película.

“Es la historia de un hombre que cae de un piso cincuenta. Y que se repite según va cayendo, para tranquilizarse: hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien… Pero lo importante no es la caída, sino el aterrizaje”. Frase inicial de la película La Haine.

Así empieza esta fabulosa película protagonizada por tres jóvenes de orígenes diversos. Un judío (Vinz), un africano (Hubert) y un árabe (Saïd), que viven en un suburbio marginal de las afueras de París.

El film narra la vida de estos tres jóvenes durante 24 horas. Previamente, en los primeros minutos de la película, el director indica a través de una serie de imágenes en forma de telediario, como la noche anterior sucedieron una serie de disturbios multitudinarios contra la policía, donde un joven, amigo de los tres protagonistas, ha sido ingresado en coma a causa de los golpes propiciados por la policía durante los disturbios.

En La Haine, todo está elegido de manera muy meditada. En primer lugar, los protagonistas pertenecen a las comunidades que históricamente más discriminación han sufrido en Francia (y en muchos otros países occidentales); un judío, una persona de origen subsahariano y un árabe.

Los protagonistas como punto de partida en ‘La Haine’

Los protagonistas de La Haine con la ciudad de París a sus espaldas. Autor Alatele fr, 9/03/2015. Fuente: Flickr (CC BY-SA 2.0)
Los protagonistas de La Haine con la ciudad de París a sus espaldas. Autor Alatele fr, 9/03/2015. Fuente: Flickr (CC BY-SA 2.0)

Además, cada personaje representa una dimensión de la psicología humana. De esta manera, Vinz (interpretado por Vincent Cassel) representa el odio, Hubert (interpretado por Hubert Koundé) hace referencia a la razón y, por último, Saïd (interpretado por Saïd Taghmaoui) personaliza la inocencia.

Estos tres personajes, son utilizados por Kassovitz para describir los diferentes discursos y contradicciones a las que debe hacer frente la gente que vive en los suburbios.

Los barrios marginales, son la clara representación material de las diferencias sociales a través de la segregación social y geográfica. Es decir, a través de la fisionomía urbana se puede ver cómo existen espacios vetados para ciertos grupos sociales. No solo esto, sino que las clases sociales marginales se ven apartadas y aisladas de una manera evidente.

Los suburbios se presentan en esta película como lugares ajenos a la gran ciudad. Unos lugares que están sometidos a la estigmatización de los medios de comunicación y de la gente de otras zonas de la urbe parisina.

Además, todo esto refuerza la desigualdad material que estos lugares tienen en comparación a otros barrios: no existen servicios, equipamientos, infraestructuras o lugares donde trabajar. La vida comunitaria del barrio es rica, pero aislada. Esta marginalización, provoca que sus habitantes sientan odio y rabia frente al resto de la sociedad. Un odio y una rabia personificadas en Vinz.

Por otro lado, muchas de las personas del barrio que participan en los altercados son jóvenes, con ese grado de inocencia que otorga la juventud. A estos jóvenes les cuesta entender por qué les toca vivir esta situación de marginalidad.

Realmente, si estuvieran en otro entorno, la mayoría serían pacíficos, como el personaje de Saïd; un joven alegre y algo pícaro que se comporta de manera pacífica y con un carácter mediador a pesar de estar rodeado de violencia, estigmatización y precariedad.

Por último, la voz de la razón, representada en el personaje de Hubert. Los barrios marginales están llenos de reflexión, de gente que toma conciencia de su posición y quiere intentar vivir mejor, de gente que sabe que la violencia no les va ayudar y que tienen las de perder.

Hubert y Vinz siempre están discutiendo, pues el segundo está obsesionado con matar a un policía (para igualar las tornas, según él), ya que se encuentra una pistola extraviada por un agente en los disturbios de la noche anterior. Esto le hace fantasear aún más con la opción de convertirse en un asesino justiciero. Saïd hace de intermediario entre los dos, intentando poner paz a las disputas que surgen entre Vinz y Hubert.

La historia girará entre los dilemas de estos tres personajes, voces de los suburbios que prestan por un día su mirada para entender por qué el odio es una pieza fundamental de las problemáticas que asolan la convivencia en las ciudades y, en general, en las sociedades modernas.

La importancia del entorno urbano para fortalecer la convivencia y la tolerancia

Chanteloup-les-Vignes, ciudad donde se rodó la película La Haine, concretamente en el barrio de La Noé.
Autor: Frederic Masson, 2003. Fuente: Wikimedia Commons (CC-BY-SA-2.5)
Chanteloup-les-Vignes, ciudad donde se rodó la película La Haine, concretamente en el barrio de La Noé.
Autor: Frederic Masson, 2003. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.5)

La historia de La Haine, se ubica principalmente en dos lugares muy diferenciados. Por un lado, los suburbios donde viven los protagonistas, una zona sin servicios, azotada por las drogas, la precariedad y la estigmatización. Una zona que, a su vez, tiene una rica cultura urbana (como bien representa Kassovitz) haciendo referencia directa a expresiones de la cultura hip hop como el grafiti o el brake dance.

Por otra parte, en el lado contrario al suburbio se sitúa la ciudad de la luz, París. El director de La Haine desmitifica la ciudad. La usa para echar en cara la gran diferencia que existe entre las vidas de algunas personas que están separadas a unos minutos en metro.

París y la sociedad en general han dado la espalda a los suburbios. Como se observa en la película, los protagonistas son continuamente rechazados en la capital de Francia. Es bastante característica la escena en la cual los tres chicos entran a una exposición de arte. Sin duda no encajan, desentonan, no entienden las obras de arte, un arte alejado de la realidad material, absurdo y que contrasta por ejemplo con el hip hop, que bebe directamente de la cultura más urbana.

En esta escena, se observa como las diferencias son insalvables, la gente de los suburbios no entiende a la clase media parisina. Por otro lado, la clase media parisina trata con miedo y desconfianza a los jóvenes. El resultado; crispación, odio e insultos.

Una escena que sin lugar a dudas recuerda un poco a la película Hater, estrenada hace un año en Netflix, y que representa a las clases medias progresistas con estilos de vida, ideas y pensamientos muy alejados de la realidad social.

El director usa el espacio urbano para mostrar cómo el rechazo a la diferencia se puede observar de manera visual, las fronteras están marcadas.

En sociología, el espacio urbano se ve dinamizado por las lógicas que esconden los patrones de sociabilidad, representados tanto por las instituciones cómo por la sociedad civil.

Así pues, las relaciones de poder entre los grupos sociales generan confrontaciones y resistencias, moldeando y afectando a las normas, valores, roles y comportamientos individuales, que a su vez puestos en interacción dentro de los colectivos generan una estructura social determinada.

Esta estructura social no solo se observa de una manera abstracta en el plano normativo o institucional, sino en cómo el espacio urbano está organizado por diferenciación y separación.

De este modo, se puede encontrar una separación y distancia entre tipos de residencias condicionada por el estatus social. Por tanto, existen unas fronteras rígidas dentro de la propia ciudad, donde actúan formas de control a través del derecho de admisión y negación de la presencia. En muchos casos, esto se produce de manera simbólica, en otros, a través de barreras físicas o económicas.

Un ejemplo de este tipo de segregación son los condominios. Barrios enteros de gente adinerada formados por viviendas amuralladas con seguridad privada. Espacios que se alejan de la comunidad y entran en una esfera de socialización diferente, que, en muchas ocasiones, debilita de manera notable los lazos de relación y comunidad, así como el fomento de la segregación y la homogeneización social y cultural.

Existen otros fenómenos relacionados con estas disputas, como la gentrificación. En origen, este término es acuñado por la socióloga Ruth Glass en 1964, definiendo un proceso por el cual se lleva a cabo una instalación de clases medias superiores en antiguos barrios populares desplazando a la población residente.

Por otro lado, en la simple fisionomía de la ciudad se puede observar la segregación socioespacial que sobre todo las grandes urbes presentan, estando claramente divididas en barrios separados por clases sociales. Dentro de estos espacios, existen diferentes tipos de relaciones y de sociabilidades.

De esta manera, la segregación socioespacial tiene como consecuencia más nociva la creación de guetos o barrios marginales. Zonas como las que se observan en la película La Haine, azotadas por la falta de trabajo, por actividades delictivas, pocos recursos e inexistentes servicios e infraestructuras públicas.

Para contrarrestar estas problemáticas, lo socialmente saludable sería la creación de espacios comunitarios y públicos que fomenten la interacción entre barrios diferenciados: la heterogeneidad y la aceptación de la diversidad limitarían los conflictos sociales y ayudarían a llegar a consensos y soluciones. Como apunta el sociólogo Zygmunt Bauman:

“La exposición a la diferencia es la que, con el tiempo, se convierte en el factor principal de una convivencia feliz, porque hace que, en ese caso, sean las raíces urbanas del miedo las que se consuman y se sequen” Vida líquida, p. 105.

El odio y la violencia: el ingrediente favorito de la extrema derecha

Antidisturbios en una manifestación. Fuente: Pixabay.

La violencia en la película La Haine se puede observar a través de dos situaciones concretas: los disturbios de la gente de los suburbios con la policía y un encontronazo que tienen los protagonistas con una pandilla de skinheads neonazis.

En primer lugar, el papel de la policía es ambiguo. Kassovitz no los presenta como los villanos, simplemente son una herramienta que utiliza la sociedad y la clase política para mantener arrinconados a los suburbios. Realmente, ellos también son víctimas del odio.

No obstante, la policía tiene la legitimación de la violencia, y eso les hace propensos al abuso. En el film, se plasman dos caras de la misma moneada; un policía del barrio que ayuda a Saïd al inicio de la trama, y unos policías parisinos que abusan de los jóvenes en comisaría.

La película muestra este conflicto eterno, que lejos de estar solo en Francia se extiende a muchos otros países. La violencia entre la policía y los barrios más marginales es uno de los ejemplos de odio y violencia más visibles en la actualidad, muy patente por ejemplo en Estados Unidos, donde además se mezcla el racismo, la xenofobia y la pobreza, como se ha evidenciado en casos de violencia racista donde policías blancos han sido los protagonistas.

De esta forma, Kassovitz indica cómo este conflicto generacional ha llegado a crear una cultura en los barrios en contra de la policía, algo que se ve plasmado en la famosa escena de La Haine donde un DJ pincha la canción Nique La Police mientras se ve una panorámica del suburbio parisino.

La extrema derecha también está presente en La Haine. El antiguo presidente del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, padre de Marine Le Pen, es nombrado de manera despectiva por los protagonistas.

Además, los tres jóvenes tienen un altercado con una pandilla de skinheads neonazis, donde Vinz apunta con el revólver extraviado por la policía a uno de ellos. No obstante, aunque sabe que estos neonazis los hubieran matado de una paliza si él no hubiera llevado el arma, decide no disparar, pues, aunque Vinz representa el odio del barrio, de los marginados y de los estigmatizados, no es un asesino.

De este modo, Kassovitz enseña su particular visión del odio que envuelve las relaciones entre diferentes clases sociales. El odio engendra más odio, violencia y miedo. Es un círculo que nunca acaba.

Pero, en este mar de incertidumbre e inseguridad, los discursos de la extrema derecha se mueven como pez en el agua. La ultraderecha criminaliza a los colectivos, los deshumaniza y los convierte en una amenaza, aunque la amenaza no sea real: invasión de okupas, de inmigrantes, dictadura progre, invasión islámica, reconquista, etc. Son algunos términos muy conocidos y usados por la ultraderecha para favorecerse del miedo.

La ultraderecha no da soluciones reales al crimen, la precariedad, los barrios conflictivos, el tráfico de drogas y, en general, a la necesidad de integración de todos los colectivos de manera enriquecedora y pacífica.

En primera instancia, rechaza la integración. En segunda instancia, utiliza el odio para generar miedo y, así, a través de la inseguridad y la crispación, obtener votos.

No hace mucho, se observó un ejemplo de este tipo de estrategia política por parte del partido español Vox. El cual, realizó un mitin electoral en Vallecas, un barrio obrero de Madrid, multicultural, con un alto porcentaje de población migrante y que ha sido constantemente estigmatizado por los discursos de odio de Vox.

El presidente del partido, Santiago Abascal, desobedeció las indicaciones de la policía, se saltó el cordón policial e intentó pasar a través de la multitud de personas del barrio de Vallecas que ejercían su derecho a manifestarse.

El resultado fueron múltiples cargas policiales, detenidos y enfrentamientos violentos entre policía y vecinos, reconocido por las propias autoridades policiales. La historia de siempre, la historia que Kassovitz nos contó en 1995 en La Haine repetida una y otra vez. Vallecas es solo un ejemplo reciente, pero hay centenares.

La extrema derecha se alimenta del miedo, de la incertidumbre, de la violencia, de la irracionalidad y de la incomprensión. Por eso, aunque se choque una y otra vez con la misma piedra, se debe dejar siempre sus intenciones Al Descubierto.

“Es la historia de una sociedad que se derrumba, y según va derrumbándose se repite sin cesar, para tranquilizarse: hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien… Pero lo importante no es la caída, sino el aterrizaje”. – Última frase de la película La Haine de Mathieu Kassovitz.

Enlaces, fuentes y bibliografía:

– Foto de portada: Los protagonistas de la película La Haine: Vinz, Saïd y Hubert. Autor: Alatele fr, 09/03/2015. Fuente: Flickr (CC BY-SA 2.0)

Álvaro Soler

Articulista. Sociólogo y gestor medioambiental, con suerte de poder compartir vocación y formación. Las Ciencias Sociales son una parte muy importante de mi vida. Considero la divulgación a través de la sociología como una gran herramienta para destapar las injusticias sociales y arrojar luz sobre la actualidad diaria contribuyendo así a ser un poco más libres y justos.

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