La extrema derecha española dividida ante la guerra en Ucrania

Como ya sucedió cuando estalló el conflicto en 2014 en las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y de Lugansk en la región del Donbass de Ucrania, los grupos y partidos políticos de extrema derecha de todo el mundo, especialmente en Europa y en Rusia, se encontraron frente a un gran dilema. Es el caso también de España y de partidos como Vox, la principal formación ultraderechista de España, o grupúsculos neofascistas como Hogar Social Madrid. Un dilema que vuelve con la invasión militar de Rusia a Ucrania.

Así, en el caso de España, hay ejemplos para todo. Por un lado, hay quienes apoyan a Ucrania, no en vano, es un país que lleva desde 2014 institucionalizando el neonazismo incorporando en la política, en el ejército y en la policía a grupos neonazis como Batallón Azov o Sector Derecho, convirtiéndose en todo un punto de referencia para las redes de extrema derecha mundiales, hasta el punto que incluso el Congreso de Estados Unidos advirtió en 2019 que estas milicias estaban reclutando y entrenando a grupúsculos neofascistas de todo el mundo gracias a los recursos proporcionados por el gobierno ucraniano, por otros países occidentales y por entidades de alcance internacional.

Por otro lado, hay quienes apoyan el imperialismo euroasiático de Vladimir Putin inspirado en la corriente ultraderechista de Alexander Dugin, uno de los teóricos más influyentes de Rusia, que fue asesor de personalidades del gobierno ruso y que ha mantenido relaciones con partidos de extrema derecha de todo el mundo.

El propio Putin mantiene (al menos hasta ahora) estrechas relaciones con Marine Le Pen (Agrupación Nacional, Francia), Matteo Salvini (La Liga, Italia) o Viktor Orbán (Fidesz, Hungría), entre otras personalidades y partidos de extrema derecha europea. Como añadido, su gobierno se asienta cobre los partidos Rodina y Partido Liberal-Demócrata de Rusia, ambos extremistas de derecha, y la Compañía Militar Privada Grupo Wagner, también asociada a ideas neonazis, tiene sus orígenes en personalidades cercanas al Kremlin.

Por supuesto, hay quien prefiere no pronunciarse o mostrarse deliberadamente ambiguo.

Sobre el papel de la extrema derecha en Ucrania, Rusia y el conflicto actual se han hecho muchos análisis, como el de Roger Souso para La Directa, o el de Miquel Ramos para Público, y parece que hay suficiente evidencia para afirmar que ambos lados tienen mucho que decir al respecto sobre su coqueteo con la ultraderecha. Esto es importante para entender la tesitura a la que se enfrenta la extrema derecha global frente al choque de trenes, incluyendo España.

El caso de Vox

La relación de Vox con la Rusia de Putin siempre ha sido un tanto ambigua. Aunque se encuentra en el grupo parlamentario europeo más atlantista (es decir, más cercano a Estados Unidos y la OTAN), el de los Reformistas y Conservadores Europeos (ECR), la formación liderada por Santiago Abascal mantiene buenas relaciones con los aliados de Rusia, como el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán.

Además, una investigación publicada en 2019 por OpenDemocracy señaló que la junta directiva de CitizenGo, la organización internacional del grupo ultracatólico de Hazte Oír y que ha estado ligado históricamente a Vox, tiene de socio a Konstantin Malofeev, un «oligarca ortodoxo» que ha sido objeto de sanciones por parte de Estados Unidos y Europa por haber supuestamente apoyado a las repúblicas del Donbass.

Vox también tiene buenas relaciones con Marine Le Pen, de Agrupación Nacional, o las tenía también con Matteo Salvini, de la Liga, partidos de Francia e Italia respectivamente, que mantienen relaciones con Rusia Unida, el partido político de Putin.

De hecho, hace poco, un informe europeo señalaba las amplias conexiones de Putin con varios partidos de extrema derecha en Europa. Un informe cuya aprobación contó con el voto en contra de Vox, a través de Jorge Buxadé.

Como añadido, a Santiago Abascal se le ha recriminado las relaciones que mantiene con partidos políticos como Fidesz, Agrupación Nacional, Interés Flamenco o Alternativa para Alemania, partidos que, a su vez, mantienen relaciones con Putin. Esto puede deducirse de las sucesivas cumbres de la extrema derecha europea que se han celebrado en diciembre de 2021 y en enero de 2022, esta última en España con Vox como anfitrión.

Estas relaciones, en muchos casos, tienen implicaciones económicas. En 2014, Marine Le Pen recibió al menos 9 millones de euros de préstamo del banco ruso First Czech Russian Bank para la campaña de 2014; Matteo Salvini, por su parte, negoció con la petrolera estatal Rosneft la donación de 3 millones de euros para la campaña electoral en 2019, según varios medios.

Las relaciones de Putin con la extrema derecha cruzan fronteras y llegan hasta Donald Trump, el expresidente de Estados Unidos, y Jair Bolsonaro, actual mandatario de Brasil. En 2020, estableció alianzas diplomáticas con ambos, y han celebrado varios encuentros a lo largo del tiempo. Bolsonaro ha seguido tejiendo buenas relaciones con Hungría y Rusia incluso en medio del conflicto, y hace poco regañó al vicepresidente de Brasil por condenar el ataque a Ucrania.

Alexander Dugin, el autor mencionado anteriormente, llegó a encontrarse con Steve Bannon, exasesor de la campaña electoral de Trump en 2016 y uno de los principales ideólogos de la «derecha alternativa» o alt-right, el movimiento que impulsó al magnate estadounidense a la Casa Blanca. Por supuesto, Vox es muy cercano a ambos mandatarios, compartiendo eventos, ideas y alianzas políticas.

Por otro lado, Hazte Oír, la asociación ultracatólica pantalla de la secta El Yunque, ha mantenido vínculos con el Kremlin. Estos vínculos se habrían forjado a través del Congreso Mundial de Familias (WCF), un evento ultraconservador que se celebró por primera vez en Moscú en 1995 y del cual Hazte Oír forma parte a través de su filial internacional, CitizenGo. En 1997, consiguieron traer el evento a España.

Además, el ruso Alexey Komov es miembro del patronato de CitizenGo y representante ante la ONU de este congreso. Anton Shekhovtsov, autor del libro Russia and the Western Far Right: Tango Noir, describe cómo Komov es el nexo entre Hazte Oír y la extrema derecha ultraconservadora rusa. En 2014, la WCF cambia de nombre pero eso no evitó que Ignacio Arsuaga y Pablo Santana fueran invitados a gastos pagados gracias a una fundación de Natalia Yakunina, mujer de un gran magnate ruso cercano a Putin.

Hay que recordar que Hazte Oír fue uno de los principales impulsores de Vox desde sus inicios, que ha recibido financiación a través de campaña y que han compartido multitud de eventos, e incluso cargos públicos como Alicia V. Rubio proceden del entorno de Hazte Oír y de El Yunque, si bien hace unas semanas que la relación entre ambos se torció.

Recientemente, Vox ha vetado dos intentos de acuerdos institucionales, concretamente en Aragón y en Catalunya, para condenar la guerra a Ucrania. Algún que otro tuit de líderes de Vox, por otro lado, ha sido borrado precisamente por ensalzar la figura de Putin en algún sentido.

Por otro lado, hay que señalar que no existen pruebas ni evidencias de relaciones directas y cercanas entre Vox y el Kremlin, más allá de compartir alianzas e ideas. De hecho, Rusia no parece tener especial interés en España en lo que respecta a su política exterior. Es más, recientemente, la postura oficial del partido es la condena a Putin y a su agresión a Rusia, y en sus discursos trata de establecer una relación entre Putin, el comunismo y la izquierda.

De hecho, la extrema derecha europea más institucional está haciendo un revisionismo profundo de su discurso para oponerse en mayor o menor medida a la agresión rusa y así no perder apoyo popular. Así, también Salvini ha borrado tuits donde llevaba una camiseta con la cara de Putin; o el equipo de campaña de Le Pen, que ha decidido tirar a la basura un millón de folletos electorales porque en ellos aparecía la líder ultraderechista junto al mandatario ruso.

Por otro lado, Vox también mantiene relaciones con enemigos de Moscú, como Ley y Justicia, el partido político de ultraderecha que gobierna en Polonia.

No es de extrañar, por lo tanto, que la posición de Vox haya sido relativamente ambigua en los últimos meses. De hecho, es muy probable que el partido contenga elementos rusófilos entre sus filas, bastante trufadas de corrientes ideológicas un tanto heterogéneas, y que el hecho de que Rusia ataque Ucrania haya forzado al partido a posicionarse y a virar su discurso.

La extrema derecha extraparlamentaria

Que la extrema derecha española y europea esté dividida ante el conflicto ucraniano se debe a muchos factores: alianzas, ideas, discurso, relato… y es que tanto Ucrania como Rusia tienen un largo historial de corrientes ultraderechistas, algunas con nexos comunes, otras con amplias diferencias.

Así, partidos como Hogar Social Madrid, el Movimiento Social Republicano (MSR) en su momento o Democracia Nacional (DN) son fuerzas neofascistas de España que han mantenido lazos con Rusia, tal y como describe el informe informe De los neocón a los neonazis. La derecha radical en el Estado español, publicado por la Fundación Rosa Luxemburgo y coordinado por el periodista Miquel Ramos.

Así, por un lado, estos partidos han defendido y apoyado a Rusia. Partidos políticos como el MSR o Alternativa Europea que fueron cercanos a las teorías políticas de Dugin, especialmente en su libro La Cuarta Teoría Política, que postula una unión de ideas fascistas y de izquierdas encuadradas en el espacio nacionalbolchevique pero con un alto componente imperialista, defendiendo lo que denomina «Gran Rusia» a través de una unión social, política y económica de Rusia y de Europa.

Aunque estos partidos ya no existen, sus ideas sí que perduran en parte de la extrema derecha española, incluyendo en Vox, debido a las conexiones que ha establecido Dugin a lo largo del tiempo, ya descritas anteriormente. El informe de la Fundación Rosa Luxemburgo señala al escritor neonazi Juan Antonio Llopart como una de las figuras clave en este sentido.

Por su lado, se sabe que Democracia Nacional, uno de los principales partidos neofascistas de España, tiene vínculos con el Movimiento Imperial Ruso, uno de los partidos políticos de extrema derecha que ha enviado voluntarios al Donbass para hacer la guerra con Ucrania y que es considerado un grupo terrorista por Estados Unidos.

Hogar Social Madrid, que en 2015 organizó un encuentro con militantes de Sector Derecho en España, parece también alinearse con los intereses rusos, si bien no ha emitido un comunicado oficial al respecto.

Uno de los relatos defendidos por el neofascismo español es que la guerra con Ucrania está dirigida por élites globalistas a las órdenes de Europa, OTAN y Estados Unidos, amén de intereses económicos, para hacer que dos pueblos hermanos se peleen entre ellos, afectando a la población civil. Esta retórica la han aplicado Bastión Frontal, Democracia Nacional, España 2000, FE de las JONS, La Falange o Devenir Europeo. También rechazan que España se meta en la guerra y apuestan por centrarse en los problemas del país y que el foco no esté en el conflicto militar del este de Europa.

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La posición de estos partidos al conflicto se mantiene un tanto ambigua, rechazando la guerra y señalando algunos culpables adaptándolo al discurso contra el «globalismo» y el «multiculturalismo», pero no señalan en ningún caso a Rusia o al gobierno de Putin, con excepciones.

De hecho, Democracia Nacional se manifestó frente a la embajada de Ucrania. No obstante, la mayor parte del tiempo se centran en poner el foco en otras noticias y señalar a los medios y al resto de partidos como parte de una conspiración para no hablar de inmigración u otros temas.

También se ha distribuido en mensajes internos de Democracia Nacional en canales de Telegram que los grupos neonazis que defienden el bando ucraniano, como Batallón Azov, no son nazis reales, sino que están financiados por Israel y que no pertenecen a la causa, por lo que podría decirse que hay evidencias de que Democracia Nacional está más del lado ruso.

Esta aparente ambigüedad ha sido descrita con bastante literalidad por José Luis Roberto Navarro, líder de España 2000, en su Twitter, donde declara «sentirse dividido» ante quienes defienden su soberanía (Ucrania) y los que quieren recuperar lo que les han quitado (Rusia). Una retórica que, no obstante, parece decantarse con Rusia al posicionarse claramente en contra de la independencia de Ucrania.

Existen muy pocas evidencias de partidos o grupos que apoyen a Rusia, al menos de forma explícita. Lo ha hecho Agencia Faro, medio asociado a Comunión Tradicionalista Carlista, un partido político marginal de extrema derecha asociado al movimiento carlista.

Otros partidos y grupos de extrema derecha se han puesto decididamente del lado de Ucrania, señalando a Rusia como el principal actor responsable del conflicto, sin dejar de lado las críticas a la OTAN, a las que parece que todo el mundo se suma. Esta retorica ha sido utilizada por Falange Auténtica, el FNI-PNSOE, el FNC y diversos grupúsculos neonazi sin reconocimiento jurídico.

Además, Svoboda, uno de los principales partidos de extrema derecha de Ucrania, tiene una delegación en España, la Asociación Patriótica Volya, fundada en 2014 y dirigida por Iván Vovk y que ha estado intentando conseguir recursos materiales y humanos para apoyar al país. Existe abundante material fotográfico difundido por esta asociación y Svoboda donde se observa a personas armadas, símbolos nazis, la bandera española y entrenamiento en combate. Entre las amplias alianzas de este grupo, está La Falange y Hogar Social Madrid.

También se ha reportado que varios canales de Telegram de grupos y de ideología neonazi, están en contacto con milicias de ultraderecha como C14 o Batallón Azov, en Ucrania, para ir a la guerra a defender el país. Esto está sucediendo tanto en España como en otros países europeos, como es el caso de Alemania y el partido El III Camino, de ideología strasserista.

Por último, hay quienes han decidido no pronunciarse oficialmente, como el partido Alianza Nacional, Alternativa Española, el grupo Hacer Nación o algunos partidos del movimiento carlista. Hacer Nación organizó un debate público con gente externa donde se compartieron diversas posturas desde diferentes aspectos, pero sin que se llegara a un consenso como tal. Sus militantes y portavoces parecen compartir mensajes en contra de la guerra, tanto hacia un bando como a otro, y replicando también la conspiración del «Nuevo Orden Mundial».

La extrema derecha, dividida

La ambigüedad en las posiciones oficiales, que varios argumentarios choquen entre sí o que por un lado se diga «no a la guerra» pero por otro se difundan métodos para alistarse a la guerra, o que Orbán firme un manifiesto contra Putin y a los dos días acuda a Moscú a hablar con él, refleja la amplia división de la extrema derecha en general y que tiene su reflejo en España.

La escena neonazi, que bebe tanto de la tradición nacionalsocialista germana como de la corriente de Dugin, parece que tiende a considerar a Europa y a Rusia como un mismo grupo racial y que, por lo tanto, el conflicto bélico que se desarrolla obedece a intereses económicos y políticos ajenos al interés poblacional, mostrándose distantes con el concepto de Estado-nación.

Sin embargo, sobre este mismo relato, se da una ambigüedad manifiesta. Por un lado, hay quienes señalan que es Putin quien tiene la culpa por iniciar la invasión; por otro lado, otras personas señalan al imperialismo estadounidense, la OTAN y la Unión Europea; y, por otro, se señala al «sionismo» y al «globalismo», es decir, que todos son malos y que nada tiene sentido.

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No parece haber un consenso general sobre cuál es el relato dominante, por lo que todos los grupos de extrema derecha han difundido una gran cantidad de información sobre problemas internos de España, como personas migrantes saltando la vaya de Melilla, o bien han coincidido en rechazar al gobierno (por enviar armas a Ucrania, por ejemplo) o en apoyar el acogimiento de refugiados ucranianos (al considerarlos de la misma «raza»). Por supuesto, no ha faltado quien ha tachado al presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, de sionista por ser judío.

Por otro lado, la derecha radical más alejada de los postulados nacionalsocialistas y más afines al ultranacionalismo patrio, también se encuentra en una tesitura complicada, al simpatizar con ideas y formaciones políticas de ambos bandos, y con redes desarrolladas alrededor de los dos polos. Sin embargo, poco a poco, los más afines grupo parlamentario europeo del ECR parece que se colocan más del lado de Ucrania y de Europa y se centran en tildar a Putin de comunista, como sucede con Vox.

A modo de conclusión, resulta curioso que la extrema derecha, habitualmente unida en dos o tres relatos comunes, haya sido descolocada por un conflicto geopolítico de esta magnitud, mientras el discurso y la postura de los dos bandos enfrentados están siendo contundentes y firmes, defendiendo su propio oficialismo.

Así, probablemente, ante la bajísima popularidad de Putin en territorio español, los grupos o militantes neofascistas más próximos a Rusia hayan optado por esconderse bajo el paraguas del relato más ambiguo posible.

Incluso las organizaciones de izquierda, movimientos sociales y activistas, así como comunistas, socialistas y anarquistas, han sabido mostrar posturas comunes frente al suceso (con alguna excepción), condenando el imperialismo de Estados Unidos, la agresión de Rusia y pidiendo una salida diplomática al conflicto que respete los derechos humanos, las libertades civiles y la democracia. Los propios grupos y activistas que están sufriendo el conflicto lo tienen claro: rechazo a la guerra, rechazo al fascismo y rechazo al imperialismo.

Una prueba de que la extrema derecha no tiene unos principios éticos que guíen su acción política y su discurso, sino que tratan de adaptar su maquinaria propagandística para que sea más deseable según el momento con la intención de que su agenda reaccionaria sea aceptada por la sociedad. Si tienen que acercarse a Putin, lo harán, y si tienen que borrar tuits después, también.

Fuentes, enlaces y bibliografía:

– Foto de portada: Salvini y Abascal. Autor: Vox. Fuente: Twitter

Adrián Juste

Jefe de Redacción de Al Descubierto. Psicólogo especializado en neuropsicología infantil, recursos humanos, educador social y activista, participando en movimientos sociales y abogando por un mundo igualitario, con justicia social y ambiental. Luchando por utopías.

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