Del Macarenazo al Macarenada: los errores de la peor campaña de Vox

La campaña de Vox para las elecciones andaluzas había sido diseñada desde Madrid al milímetro. La formación de extrema derecha contaba con la posibilidad de obtener una segunda vicepresidencia en un momento de crecimiento que confirmase su buena tendencia. Para asegurar esta victoria, mandaron a la diputada Macarena Olona, uno de los nuevos pesos pesados del partido, quien había obtenido su popularidad entre las bases de Vox de manera propia.

Las encuestas externas e internas eran muy generosas: les ofrecían un suelo de 20 escaños, pudiendo llegar hasta los 25 escaños. Esto haría que fueran imprescindibles en la construcción del próximo gobierno andaluz, momento en el que repetirían, presumiblemente, la misma estrategia que en Castilla y León: exigir un papel protagonista a cambio del apoyo al Partido Popular (PP). De hecho, tan seguros estaban de su éxito que anunciaron que no darían sus votos gratis al PP aunque obtuviera más votos que el resto de la izquierda.

Desde luego, no contaron con la desastrosa campaña que protagonizaría Olona estas elecciones, capaz de darle la vuelta a las encuestas de la peor manera.

Este mal rumbo de la campaña de Vox fue comentado por distintos analistas durante el transcurso de la primera semana. Desde la organización ultraderechista, despreciaron estos análisis, si bien internamente empezaban a tener las mismas dudas tras la primera semana de campaña.

Los resultados confirmaron los peores temores: 14 escaños, dos más que en 2019. Esta ganancia de casi 100.000 votos puede no parecer un mal resultado, pero es que en 2019, con un candidato desconocido y en sus primera elecciones en la autonomía, lograron 12 escaños, siendo determinantes para el bipartito conformado por PP y Ciudadanos. De hecho, en las elecciones generales del 10N en 2019, obtendrían 869.909 votos lo que implicaría una pérdida de casi 400.000 votos en comparación.

Por todo esto, conseguir solo 2 escaños más en un momento de auge, quemando a unos de sus pesos pesados y convirtiéndose en irrelevantes ante la mayoría absoluta del PP ha sido un auténtico varapalo para la formación. Uno del que culpan en buena manera a Olona, tal y como desvela El Español, cuando el pasado martes la dirección de Vox se reunió para valorar las elecciones.

A continuación, se analizan los errores de la campaña de Vox en estas elecciones andaluzas.

La elección de Olona como candidata y el identitarismo

¿Fue Macarena Olona una buena elección? A todas luces ahora mismo se puede confirmar que no, pero estas primeras dudas ya aparecieron cuando fue designada. Y es que Olona no tiene la menor relación con Andalucía, siendo valenciana de nacimiento.

Así, el tema de la identidad andaluza ha perseguido a la candidata antes de la campaña y durante la misma. Para más inri, su empadronamiento en Salobreña bordeó la ilegalidad: el empadronamiento se hizo en tiempo y forma, pero no ha cumplido con el requisito de vivir en el pueblo, que es lo que exige la ley.

Pese a que la candidata logró salir indemne de este problema gracias a una extraña resolución de la Junta Electoral, este tema se convirtió en un punto clave utilizado por sus enemigos junto al hecho de que no fuera andaluza, ni tuviera tampoco la menor idea de Andalucía.

Ante esto, el identitarismo andaluz de la candidata se convirtió en el centro de la campaña de Vox. Así, esta identidad se redujo a una suerte de folclore fetichista, que se dedicó a vestir a la Olona de gitana, haciéndola llevar peineta y abanico en distintas ocasiones, trotar a caballo o visitar toreros. Esto se convirtió en un meme.

Y aunque es cierto que estas polémicas no suelen afectar a Vox (e incluso a veces, como la famosa instantánea al más puro estilo Peaky Blinders de la campaña en Castilla y León, pueden beneficiar al partido), decidir concentrarse en el identitarismo andaluz de su candidata cuando este era su punto débil parece un error bastante básico. De alguna manera, la formación de extrema derecha quiso vender que su candidata podía ser tan andaluza como cualquiera de sus rivales políticos, pero esta insistencia se quedó en un intento un tanto ridículo y superficial.

Además, Olona ha mostrado un auténtico desconocimiento de la realidad andaluza que ha sido más que evidente.

Así, reducir la identidad andaluza a una colección de trajes sin tener idea de su realidad ha sido algo que no ha gustado al electorado andaluz, cansado precisamente de tópicos sobre lo que es ser andaluz.

También ha quedado demostrado que entusiasmar a las bases de Vox es insuficiente para convencer a los no convencidos.

Exceso de confianza y soberbia

La cúpula de Vox señaló distintos fallos de Macarena Olona como culpables de los resultados. Y uno de ellos fue el exceso de confianza de la candidata y, por ende, un comportamiento un tanto soberbio.

Esto se vio incluso en el Congreso de los Diputados, donde Macarena hizo un discurso riéndose de que su candidatura seguía pese a incumplir parte de la ley y autodenominándose “Macarena de Salobreña”.

En Andalucía, Vox señaló como obvio su entrada al gobierno, escapando del argumentario de humildad que hasta ahora usaba la formación, vendiéndose como una herramienta para vencer a la izquierda y, como se suele decir, vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.

Esto ha sido especialmente señalado en las reivindicaciones de Olona, que incluso preguntó a Juanma Moreno si estaría dispuesto a ser su vicepresidente.

Un ejercicio de arrogancia que el electorado suele castigar, como la campaña de Compromís con carteles de Mónica Oltra como “Presidenta” (cuando todas las encuestas señalaban lo lejano de este hecho) que fue muy mal recibida, o el argumentario de que “Pablo Iglesias es muy arrogante”, ideario que caló a fondo en el imaginario de la población y que, de hecho, perdura a día de hoy.

Es, además, muy difícil venderse como fuerza anti-establishment, como irreverente e incluso como víctima (pilares básicos del discurso ultraderechista moderno) y al mismo tiempo vender una imagen de victoria e invencibilidad. Un exceso de frenada que quizá Vox pagó demasiado caro.

La dirección de la campaña de Vox y el histrionismo

Cabe destacar no solo la mala elección de la candidata, si no también de su director de campaña, Álvaro Zancajo. El polémico experiodista de Antena 3, muy cercano siempre a la derecha española, ha estado permanentemente envuelto de polémicas, acusado de manipular las noticias y abusar de su poder.

Ha diseñado una campaña demasiado exagerada, visiblemente histriónica y protagonizada por momentos del todo surrealistas. Así, las actuaciones de Olona se han criticado tanto interna como externamente por sobreactuadas.

Quizás uno de los peores momentos fue aquel donde un hombre se acercaba a hablar con Olona mientras una cámara lo grababa. El hombre decía que confiaba en la candidata, tras lo que rompía en directo su carnet del PP, dando a entender que abandonaba este partido para unirse a Vox.

Resultó ser que este anónimo ciudadano era José Antonio García Reche, un habitual colaborador de Vox desde 2019, y el encuentro un mero montaje. Un montaje que, probablemente, muy poca gente se creyó.

Algunos sucesos aleatorios tampoco mejoraron la campaña, como los choques de las furgonetas de Vox con la cara de la candidata, un evento que quedó fijado en la mente de los electores y que le costó numerosas burlas y memes en redes sociales.

Los fallidos debates

La formación esperaba mucho del primer debate, considerándose como una actuación que podría dar muchos puntos a la campaña de Vox.

El resultado fue casi al contrario. La actuación de Macarena Olona no convenció ni tan siquiera a los votantes de derecha, que tuvieron una respuesta tibia. El principal comentario es que parecía sobreactuada, poco natural, precisamente uno de los mayores errores comentados anteriormente.

Olona mostró en el debate su desconocimiento de la realidad andaluza, siendo zarandeada con este tema por el resto de candidatos, en especial por Teresa Rodríguez.

Uno de los momentos más mediáticos fue lo que se conocería como “el torrijazo”. Tras un comentario de Olona sobre unas torrijas, surgió un momento de humor con aires muy del sur que hizo conectar a la totalidad de candidatos menos a Olona. A ella se la vio totalmente desubicada.

Además, intentó marcar el debate con puntos de Vox más propios de su programa electoral general, como la educación sexual o la inmigración. Temas que se percibieron como demasiado lejanos y poco propios de Andalucía.

Así, la candidata intentó convertir en central el tema de la educación sexual, mostrando un libro escolar que, supuestamente, enseñaba a masturbarse a niños. En realidad, era un libro no escolar sobre el respeto y el autoconocimiento editado por el Ayuntamiento de Sevilla y de carácter extracurricular.

Aunque este bulo suscitó cierta polémica, no parece haber ayudado a Vox en una comunidad donde la educación sexual lleva dos décadas en vigor.

Tan fallido fue el primer debate que Vox anuló las intervenciones de la candidata durante los siguientes tres días, reforzando la imagen de fracaso.

La semana siguiente, se celebraría el segundo debate donde se esperaba que una Macarena desatada pudiera ganar puntos.

Si bien su actuación fue mejor que en el primer debate, no suscitó tampoco ninguna pasión.

Una campaña radical

Si hay una seña de esta campaña ha sido la radicalidad y el tono duro de Vox. A diferencia de otros de sus campañas, esta ha girado puramente hacia los temas más sociales y culturales de la formación, tales como la inmigración, la educación sexual, el inexistente adoctrinamiento LGTB o las críticas a la “izquierda radical”. Es decir, centrándose más en la agenda puramente ideológica y en lo que llaman «guerra cultural» y no tanto en la gestión o las cuestiones económicas y materiales.

Esto provocó que los puntos sobre la gestión o la administración se apartaron a un lado durante prácticamente toda la campaña. De hecho, en uno de sus mítines Abascal reconocía: “no somos gestores… vamos a derogar todas las porquerías de la izquierda, desde Zapatero a Sánchez”, marcando el estilo que dominaría la campaña de la formación de extrema derecha.

No es de extrañar que en esta campaña electoral Vox desplegara un discurso notablemente más radical que en anteriores comicios.

Otro de los momentos cúlmenes de esta estrategia fue la invitación de la neofascista Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia  (FdI). Si bien el objetivo era mostrar los nexos internacionales de Vox, Giorgia dio uno de los discursos más duros y escandalosos que se recuerden, señalando como enemigos a las personas LGTB o a los inmigrantes mientras hablan de una “civilización cristiana blanca europea” o la “universalidad de la cruz”.

Esta visión radicalizada en una comunidad que tradicionalmente se autodefine en el centro ideológico no ha venido bien a un partido que precisamente debe parte de su ascenso electoral a una estrategia basada en ocultar sus puntos más radicales.

Demasiada España, poca Andalucía y ningún programa

Si la radicalidad ha sido un signo, que la campaña ignorase la realidad andaluza ha sido otra de las marcas.

Todas las propuestas han sido en clave estatal, intentando repetir el modelo de las elecciones madrileñas, citando múltiples veces al gobierno de Pedro Sánchez y hablando de las problemáticas que forman el ideario de Vox a escala global. En sus mítines, era imposible encontrar otra bandera que no fuera la de España.

 Su “programa electoral” ha sido una buena muestra de ello: un texto de 10 puntos que podría presentarse con escasos cambios en cualquier territorio de España.

De hecho, Vox ha reivindicado esto como una ventaja, anunciado que ellos son un partido de ámbito nacional y que su deseo es destruir la autonomía andaluza.

El error de Vox aquí ha sido grande, obviando que la población de Andalucía se considera muy española pero también muy andaluza, y muy orgullosa de su tierra, su cultura y sus tradiciones.

Además, esto es un diferencia con las elecciones de Castilla y León, donde Juan García Gallardo, pese a todo, puso el foco en problemas locales como la agricultura, la despoblación, el empleo o la juventud, incluso cuando las enfocara a veces desde un punto de vista poco realista.

También lo desacertado de algunas de sus propuestas. Vox fue muy insistente en la idea de desmontar Canal Sur, una de las televisiones autonómicas con más peso de entre su categoría y un valor histórico de la autonomía.

Parece que esta idea desagradó a muchos andaluces e incluso el icónico presentador de televisión Juan y Medio hizo una broma al respecto.

El omnipresente Santiago Abascal y el poco tirón de Olona

Santiago Abascal, el líder de Vox, suele ser un clásico en todas las campañas del partido, celebrando múltiples eventos junto a sus candidatos. En esta campaña, pese al supuesto tirón de Olona, no solo no ha sido diferente si no que además se ha intensificado.

Según algunos analistas, esto puede haber eclipsado un poco a Macarena Olona. Otros en cambio señalan el escaso tirón que tenía la candidata entre la población andaluza, lo que habría motivado precisamente al partido a tomar esta decisión.

Uno de estos hechos que posiblemente debió dar la alarma fue el evento del 1 de mayo por el día de los trabajadores y trabajadoras. Este evento debía ser el primer gran acto de Olona. Solo acudieron unos pocos cientos de personas.

Además, parece que ha habido cierta desconexión y competencia entre Santiago Abascal y Macarena Olona. Esta segunda ha invadido ciertos discursos del líder de Vox, que incluso ha hecho alguna referencia en sus discursos a este tema.

De hecho, en los fallos que debatió Vox en su reunión, este fue uno de los señalados como error de la candidata, acostumbrada a ser un verso suelto en la formación.

El peso de las expectativas y la influencia en el futuro

Indudablemente, Vox ha crecido, aumentando en casi 100.000 votos su masa de votantes. Un resultado que no debería ser una catástrofe si no se tenían en cuenta las enormes expectativas puestas en Andalucía.

Además, Vox fue uno de los causantes de estas elecciones anticipadas, generando inestabilidad en el gobierno de PP y Ciudadanos, esperando que unas elecciones les favorecieran.

Así, las grandes expectativas con las que contaban otorgaban un suelo de 20 escaños, ser la llave de la gobernabilidad del PP, obtener una vicepresidencia, múltiples consejeros y el poder de moldear políticamente el futuro de Andalucía.

En cambio, Vox ha conseguido solo el convertirse en irrelevante al obtener el Partido Popular una abultada mayoría absoluta.

El golpe ha sido mayor sabiendo que han quemado a uno de sus mejores políticos a nivel nacional, cuando cualquier candidato desconocido hubiera podido firmar esos resultados, como hizo García-Frings en Castilla y León.

De esta forma, aunque Abascal y Olona acudían al recuento con una sonrisa, diciendo que no eran los resultados que querían (la única autocrítica pública hasta la fecha) pero que eran buenos resultados para España, la sensación interna y externa ha sido demoledora.

La decepción se apoderó de buena parte de la formación y algunos de sus comunicadores más mediáticos reconocieron el fiasco.

En general, parece que la reunión de Vox para analizar los resultados de las elecciones andaluzas culpa a Olona de buena parte de este resultado agridulce precisamente a sus errores.

Parece que finalmente no volverá a su puesto en Madrid, quien sabe si como parte de su penitencia.

Además, la formación se encuentra finalmente con la sensación de haber “tocado techo”. Una sensación más irreal que real, pero que puede transmitirse en el imaginario de la población.

Esto cambia con la dinámica hasta la fecha. Durante el mandato de Pablo Casado, la sensación entre ambas fuerzas era de constante enfrentamiento, con un PP que intentaba que Vox no le siguiera devorando su espacio.

Ahora la sensación es la contraria, con un PP muy fuerte percibido como el voto útil de la derecha y con un Vox a la defensiva que tiene que proteger un espacio cada vez más menguante.

Un traspiés de proporciones enormes, que hace que por primera vez la formación navegue contracorriente y que para Vox tiene un claro culpable: Macarena Olona.

Del Macarenazo al Macarenada: los errores de la peor campaña de Vox

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

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