Los Fujimori acorralados: hasta 30 años de cárcel para Keiko, Alberto investigado por las esterilizaciones forzosas

El poderoso linaje ultraderechista de los Fujimori vive uno de sus peores momentos judiciales. Alberto Fujimori, quien fue dictador del Perú, y su hija, Keiko Fujimori, heredera del fujimorismo y derrotada por el izquierdista Pedro Castillo, se sientan de nuevo en el banquillo acorralados por sus delitos.

En el caso de Keiko Fujimori, la líder ultraderechista se enfrenta a una petición de 30 años de cárcel. Esta petición esta formulada por el fiscal José Domingo Pérez, del equipo especial Lava Jato. Este equipo ha reunido 1.900 pruebas de la corrupción de Keiko Fujimori, pertenecientes a la campaña presidencial de 2011.

En estas pruebas se muestra como Fujimori recibió millones de dólares para financiar ilegalmente su campaña, en un entramado que incluía a figuras como empresarios, narcotraficantes y banqueros. Esta organización buscaba evitar la victoria del izquierdista Ollanta Humala y lograr un gobierno “fujimorista” del que obtener beneficios.

El dinero fue depositado a través de paraísos fiscales y bancos en el extranjero del país. Algunos de los casos más llamativos fue el de la constructora brasileña Odebrecht, que depositó 1 millón de dólares, las aportaciones del banquero Dionisio Romero, por un importe de 3,65 millones de dólares o los 15.000 dólares de Luis Calle Quirós, llamativos por ser un narcotraficante buscado por EEUU.

Con estas pruebas el fiscal quiere demostrar que Keiko Fujimori estuvo a la cabeza de una “organización criminal”. Por ello pide una pena de 30 años por delitos de crimen organizado y blanqueo de capitales.

Nueva investigación contra Alberto Fujimori por las esterilizaciones forzosas a mujeres pobres

Fujimori se eternizó en el poder desde su victoria electoral en los 90, pasando por el autogolpe de estado del 92 hasta que finalmente los escándalos acumulados lo obligaron a huir del país en los 2000 y dimitir de manera insólita en Japón. Su gobierno autoritario tiene una historia oscura, donde las constantes violaciones de los derechos humanos eran la norma.

Y uno de estos casos que no habían sido investigados hasta la fecha eran los concernientes a las esterilizaciones forzosas de personas pobres, mayoritariamente mujeres. El caso ha tardado 12 años en llegar a su fase penal, siendo presentada la denuncia en 2009. Causas similares han sido sobreseídas durante estos años.

Cientos de documentos demuestran como Fujimori tenía un plan para reducir la natalidad en los lugares más pobres, afectando especialmente a las indígenas.

En este plan colaboraron múltiples funcionarios públicos, que cumplían cuotas de esterilizaciones y que se enfrentaban a perder beneficios si no llegaban a estas.

En muchos casos mentían a las mujeres y hombres que reclutaban para ser esterilizados con el hecho de que si se negaban perderían beneficios sociales.

También se organizaban “festivales de salud” en aldeas lejanas donde las víctimas eran esterilizadas sin su consentimiento.

En este plan de “reducción de la pobreza” se realizaron 340.000 ligaduras de trompas y 24.000 vasectomías. Se estima que al menos 180.000 de estas quebrantaron los derechos humanos.

Pese a estos números, la denuncia presentada solo representa a 1.300 mujeres demandantes.

El comienzo del juicio puede demorarse aún, ya que Alberto Fujimori fue extraditado desde Chile, pero esta extradición no contemplaba los delitos de las esterilizaciones forzosas, por lo que el país chileno deberá dar su aprobación, que puede demorarse hasta un año.

Alberto Fujimori ya fue condenado a 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad (homicidio calificado, lesiones graves y secuestro agravado entre otros) en 2009, recibiendo 5 condenas hasta la fecha. Actualmente sigue cumpliendo condena en la prisión de Barbadillo.

El fujimorismo que amenaza con romper Perú

Tras el fin del legado de Alberto Fujimori, el fujimorismo se escondió en algunos partidos. Posteriormente su hija Keiko Fujimori fundó su propio partido, Fuerza 2011.

Tras pasar años defendiendo el legado de su padre, convocando protestas en su favor, acusando a sus rivales de persecución política y haber mantenido una actividad parlamentaria discreta, se presentó a las elecciones ese año, y lo haría también en 2016 y 2021, ya con Fuerza Popular, un partido personalista que incluso tiene la inicial de su nombre en el logotipo.

En esas tres elecciones, Keiko Fujimori ha estado muy cerca de conseguir la presidencia de Perú, pasando a la segunda vuelta en todos los casos y perdiendo por estrecho margen.

Así, Keiko Fujimori se ha beneficiado de las estrategias comunicativas y del apoyo internacional hacia la nueva derecha radical o alt-right desde el año 2015, organizando agresivas campañas en redes con bots y fake news.

La campaña contra Pedro Castillo fue un ejemplo máximo de este modo de hacer las cosas, contando con cientos de miles de bots, largas cadenas de fake news y la complicidad de los poderes mediáticos peruanos.

Tras su derrota, Keiko Fujimori calificó la victoria de Pedro Castillo en las pasadas elecciones peruanas como un fraude electoral de la misma manera que la estrategia trumpista.

El ambiente en Perú es muy tenso, con un Pedro Castillo sostenido por un estrecho margen.

Y la historia de los presidentes de Perú no es nada positiva:  han pasado por la cárcel, por los tribunales o incluso se han suicidado. Y en muchos casos con mandatos muy cortos, víctimas de la moción de vacancia, proceso similar a la moción de censura o al americano impeachment.

Ahora, Pedro Castillo acaba de superar su primer juicio político. Pero el fujimorismo seguirá presionando en la calle, las instituciones y los medios para intentar conseguir su alto al poder. Aunque quizás sin ningún Fujimori al frente.

Juan Francisco Albert

Director de Al Descubierto. Estudiante de Ciencias Políticas y máster en Política Mediática. Apasionado del estudio y análisis del hecho político, con especial interés en el fenómeno de la extrema derecha, sobre la que llevo formándome desde 2012. Firme defensor de que en política no todo es opinable y los datos, fuentes y teorías de la ciencia social y política deben acompañar cualquier análisis.

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